JOE JONAS

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 Una mujer a mi medida

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sofia1



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MensajeTema: Una mujer a mi medida   Miér Feb 01, 2012 11:26 pm

El ranchero Jake Randall no confiaba en las mujeres. De hecho, había dejado de buscar a su otra mitad hacía mucho tiempo. Pero cuando Laura irrumpió en sus vidas, todo su mundo se volvió del revés. Ella no estaba dispuesta a dejar que la tratara como a otra de sus terneras. Y por otro lado, Jake no había visto jamás una ternera tan atractiva. Debía deshacerse de ella o estaría en un buen lío.


Laura dejó la pesada maleta en el suelo, mirando con desagrado al tipo que la saludaba desde la ventanilla de furgoneta.
- Buena suerte, nena.
Murmuró un gracias entre dientes, mientras recordaba la hora y media de viaje que había compartido con aquel hombre sudoroso que hablaba por los codos. Escuchó como hacía rugir el motor para impresionarla y pasaba junto a ella haciendo derrapar las ruedas y levantando una polvareda que la dejó cubierta de tierra hasta las cejas. ¡Estupendo! Era lo que le faltaba. Miró en todas direcciones, siguiendo las indicaciones que le habían dado en la Agencia y que su buen amigo, el conductor maloliente, había confirmado. Pero lo cierto es que en mitad de la nube de polvo, apenas podía distinguir sus propias narices del resto del paisaje. Así que emprendió la marcha, siempre en dirección recta, convencida de que tarde o temprano tropezaría con la casa. De hecho, alguien debió escuchar sus plegarias, porque después de dar unos pasos, la vio. Se cubrió los ojos con la palma de la mano para cerciorarse. Allí estaba. El rancho Randall se dibujaba ante ella en toda su magnitud. Observó hasta donde la vista le alcanzaba. ¿Cuántos acres podía tener? Lo calculó mentalmente y pensó que no le iba mal al señor Randall después de todo. En realidad, se estaba preguntando porqué alguien con una propiedad como aquella estaría interesado en venderla. Pero ese no era su problema. Su jefa en la Agencia, Alana Steel, había sido muy clara al respecto. “No hagas preguntas”, le había dicho antes de darle el trabajo.”Saca fotos, prepara un buen reportaje, habla con la gente…Pero no hagas preguntas. Y no dejes que te las hagan”. Y en realidad, ella no tenía intención de hacerlas. Lo suyo era la fotografía. Si Alan Steel le hacía el encargo de realizar un buen reportaje sobre la vida en un rancho, ella se limitaba a hacerlo. Aunque, curiosamente, fuera la primera vez que le pedía que fotografiara algo que no fueran los suculentos menús de algún restaurante para las revistas de sociedad.
Avanzó un poco y elevó los ojos hacia el cielo. El sol se ponía. Y muy en contra de su voluntad, porque estaba cansada, pegajosa y hambrienta, tuvo que reconocer que era la puesta de sol más hermosa que había visto. Entrecerró los párpados para ver más allá. Tragó saliva con dificultad. Lo que tenía delante, también era hermoso, pero en otro sentido. Disimuló mientras se acercaba a él con paso decidido. El hombre la miró con desgana, dejando la llave inglesa que tenía en la mano sobre el capó del Mustang y secándose el sudor con el dorso de la mano. Llevaba el pecho descubierto y sus músculos relucían bajo los últimos rayos de sol. Los vaqueros se le adherían al cuerpo, marcando unos muslos fornidos y al girarse para buscar su camiseta del asiento del coche, Laura pudo comprobar que también era el trasero más perfecto que había tenido el placer de admirar. Incluso con aquel pequeño descosido que se abría justo en la parte baja del glúteo derecho, era el trasero que Leni’s habría soñado para su spot estrella. “Estupendo”, pensó, “aún no me he instalado y ya veo problemas”. Porque, para qué negarlo, la visión de aquel magnifico ejemplar masculino, la había dejado de una pieza. Y lo que era peor, por el modo en que él la observaba con expresión insultante, lo había adivinado. Le tendió su mano como saludo, esperando que no se hubiera llevado una impresión equivocada de ella. No era su estilo desvestir vaqueros con la mirada y no quería que él pensara que lo era.
- Laura Abbot.- se presentó con una sonrisa, pero dejó caer la mano al ver que él no respondía. El hombre se limitó a colocarse la camiseta. Parecía incómodo y molesto por la forma en que ella le había analizado. Pero no se dejó intimidar e insistió- ¿Llego en mal momento?
El no contestó. De un par de zancadas largas, llegó hasta la casa. Ella le seguía, arrastrando su pesada bolsa de viaje con dificultad. Chocó contra la dura espalda cuando se detuvo para evitar que alguien les atropellara en la puerta.
- ¡Ha llegado!- una jovencita de unos dieciséis o diecisiete años, se abalanzó sobre ella y se apresuró a invitarla a pasar, haciendo a un lado al hombre con brusquedad e ignorándole completamente. La chica le arrebató la maleta y la cargó con una sonrisa.- Demonios, ¿qué llevas aquí dentro, un cadáver?
- Sólo mi ropa y mi equipo fotográfico.- contestó, sonriendo a su vez. Se sintió agradecida de que alguien le mostrara al fin un poco de amabilidad.- Y tú eres…
- Amber. Y este vaquero bruto y maleducado, es Jake. Mi hermano mayor.
- Es un placer.- Laura lo intentó de nuevo. Pero era inútil. Por más amistosa que se mostrara, aquel tipo no estaba dispuesto a que congeniaran.
- No le hagas caso. Jake es un poco tímido, pero no te comerá. ¿No es así, Jake?- la joven le dio un codazo en el costado y él la miró como si quisiera estrangularla.- Vamos, saluda a nuestra invitada. Va a pensar que somos unos catetos sin educación.
- ¿Nuestra invitada?- por primera vez, el tal Jake abrió la boca para decir algo y ella descubrió con agrado una voz grave y profunda que despertó sin querer todos sus sentidos. Lo malo es que la voz también denotaba su malhumor y él ni siquiera se molestó en disimularlo.- ¿Quieres explicarme eso, Amber?
- Oh, no seas tonto, Jake. ¿Pensabas que iba a permitir que la señorita Abbot se alojara en el motel?
- ¿Y qué tiene de malo el motel?
- Pues tiene…- la chica parecía pensarlo y de repente, su cara se iluminó.- Tiene a Louise y a Penny Craven, que se pasearán como pavos reales en mis narices, en cuanto tengan a Laura en su casa. ¡Ni lo sueñes!
La mirada de Laura iba de uno a otro sin comprender una palabra de lo que discutían. Alana le había dicho que los Randall se habían ofrecido amablemente a hospedarla el tiempo que fuera necesario. ¿Acaso se lo había inventado? Por la cara del hombre, supo que Alana no había sido del todo sincera con ella.
- A ver si lo entiendo…- Jake se rascaba el mentó ligeramente cubierto de barba.- ¿Pretendes que meta a una extraña en mi casa, solo porque Louise y Penny Craven no te caen bien?
Pero, ¿quiénes eran esas Craven? Laura comenzaba a impacientarse. Sobre todo, porque sabía el aspecto que tenía y sus tripas rugían ya de manera incontrolable.
- ¡Jake!- Amber hizo un puchero.- ¿Porqué eres así? Sabes que me hace mucha ilusión que ella haya venido. ¡Imagínatelo! Mis amigas se morirán de envidia… Y además, me aburro. ¡Siempre me aburro! ¿No podrías hacerlo… por mí, por tu hermana favorita?
- Amber, no eres mi hermana favorita. Eres mi única hermana.- puntualizó muy serio.- Y confieso que ya estoy un poco harto de hacer de hermano mayor contigo.
- Pues entonces, no me des órdenes.- la chica se cruzó de brazos con expresión rabiosa. Era increíblemente bonita, con el cabello oscuro sujeto en una trenza que le caía por el hombro y los ojos azules, brillantes y curiosos. Y a pesar de su corta edad, tenía bastante carácter, a juzgar por el tesón con que defendía su postura.- Esta también es mi casa. Puedo invitar a quien quiera cuando quiera. Tú lo haces.
- No, no lo hago.- los ojos del hombre, del mismo tono azul de mar, brillaron con intensidad al hablar. Había una velada advertencia en aquella mirada. Como si con ella, quisiera decirle que la discusión había terminado para él y que más le valía no insistir.
- Sí que lo haces.- replicó Amber.- Y yo no me opongo cuando esa imbécil de Lana Jackson aparece por aquí, husmeando en todas partes y preguntándose cuando mi casa será la suya.
El recibió el comentario como una bofetada. Sus mandíbulas se contrajeron tanto que su rostro adquirió en cuestión de segundos la consistencia de una piedra.
- Se acabó, haz lo que quieras… Voy a ver como va la ternera.- cruzó de nuevo la puerta, deteniéndose un momento junto a Laura y apuntándola con el dedo.- Y en cuanto a usted…Espero no encontrarla cuando vuelva.
Laura no contestó. Amber la tomó por el brazo, sonriendo de nuevo en cuanto él desapareció.
- No te preocupes. Se le pasará.
- En serio, Amber… - se atrevió a decir al fin.- No quiero causarte problemas. Puedo hospedarme en el motel y…
- ¿Bromeas?- Amber negó con la cabeza- Oye, Laura. La señora Craven no es mala persona. Pero sus hijas, las gemelas Craven… Bueno, son dos brujas con cara de caballo. Me odian desde que íbamos a la escuela. No dejaré que pases con ellas un solo día. Aunque tenga que atizarle a ese cabeza hueca de Jake para hacerlo entrar en razón.
- Pero, ¿porqué está tan enfadado?- preguntó.
- Verás, cuando tu Agencia nos envió aquella carta, pidiendo que colaboráramos en tu reportaje, yo me tomé la libertad de contestar a la señorita Steel para decirle que estaríamos encantados.- Amber sonrió.- Tenías que haber visto la cara de Jake. Se puso hecho una fiera cuando se enteró.
- ¿Y porqué lo hiciste? Contestar sin su permiso, quiero decir.
- Oh, porque sabía que si no intervenía, mi salvaje hermano diría que no. Jake no tiene en cuenta mi opinión la mayoría de las veces, ¿sabes?
- Y te encanta llevarle la contraria, por lo que veo.- observó Laura sagazmente. Amber soltó una sonora carcajada.
- Es que soy la única que lo hace. Laura… ¿puedo llamarte Laura, verdad?
Ella asintió.
- Bueno, ya te darás cuenta de que Jake es algo así como una leyenda por aquí.- le explicó con buen humor.- Mi hermanito tiene un genio de mil demonios. Si él dice blanco, es blanco. Y si dice negro, ni se te ocurra dudarlo. Creo que por eso, deja que Lana Jackson revolotee a su alrededor. A Jake no le gusta que le contradigan y esa cabeza de chorlito finge ser una mujercita obediente para echarle el lazo.
- ¿Y él?
- ¿Si cae en la trampa?- Amber encogió los hombros.- No lo se. Pero si se casa con ella, no volveré a dirigirle la palabra. Bueno, ya está bien de cotilleos. Ven, te ensañaré el resto de la casa.
Laura la acompañó, sin poder apartar de su mente la idea de que Jake Randall volvería en unas horas y tal vez, quisiera echarla a patadas de allí.

Laura se sentía mejor después de haber tomado los emparedados que Amber había preparado amablemente. La había instalado en un magnífico cuarto con amplias ventanas y tras darse una buena ducha, Laura estaba preparada para enfrentarse a lo que fuera. Incluso a la expresión ceñuda y malhumorada del hombre que en esos momentos se detenía frente a ella para intimidarla con su elevada estatura. Como Amber estaba exhausta ya por el interrogatorio al que la había sometido durante varias horas, se había retirado pronto a descansar. Había anochecido y Laura se había tomado la libertad de acomodarse en el balancín del porche. Estaba medio adormecida cuando él lo empujó con brusquedad, obligándola a levantarse para no caer.
- Veo que sigue aquí.- comentó él y por su tono de voz, ella comprendió que su enfado no había desaparecido.- ¿Acaso las mujeres de la ciudad no tienen dignidad? Creo recordar que fui muy claro antes. Le dije que no quería verla cuando regresase.
- Pero Amber…- se defendió, furiosa también por la agresividad que percibía.
- Amber es sólo una chiquilla malcriada.- la interrumpió.- Pero usted es una mujer. Y no parece tan tonta como para no darse cuenta de que no es bien recibida.
- ¡Un momento! - Laura reaccionó con la misma violencia.- ¿Ha tenido un mal día y me ha elegido de sparring para descargar su mal humor? Si quiere que me vaya, me iré. Pero no voy a permitirle…
- Cállese.
Ella se quedó de una pieza al escucharle. ¿Cómo se atrevía? Era evidente que Jake Randall no estaba acostumbrado a tratar con mujeres o con cualquier cosa que tuviera vida y no andara a cuatro patas. Pero le haría entender que ella no era una de sus terneras y que no podía pisotearla solo porque le diera la gana.
- ¿Cómo ha dicho?- le retó con la mirada, poniendo los brazos en jarras.
- He dicho que se calle.- repitió él y presionó sus hombros para obligarla a sentarse de nuevo.- ¿Qué le pasa, está sorda?
- Oiga…
- Mire, señorita Abbot… ¿se llama así, verdad?
- Laura para los amigos.- ella le fulminó con la mirada.- Pero para usted, señorita Abbot estará bien.
- Muy bien, Laura. – Él ignoró su comentario deliberadamente.- Le seré sincero. A mi, su reportaje me importa un rábano. Si acepté que Amber contestara a esa carta, fue solo porque pensé que en el último momento, su agencia encontraría otro lugar más interesante donde meter las narices.
- Pues ha metido la pata hasta el fondo, ¿no cree?- ella sonrió con malicia.- Porque he venido. Y le guste o no, pienso hacer mi trabajo.
- ¿Pretende retarme?- los ojos de él la recorrieron con desdén.
- Pretendo hacer lo que he venido a hacer.- le corrigió.
- ¿Qué es…?- las pobladas cejas del hombre se arquearon, proporcionándole un aspecto diabólico y sensual a la vez.
- Ya lo sabe.
No, no lo sabía, se dijo Jake al mirarla. Pero tenía algunas sospechas que, por supuesto, no pensaba compartir con una desconocida. Tenía sus métodos para averiguar lo que se escondía tras aquel rostro hermoso que le desafiaba a escasos centímetros. ¡Demonios! Era tan incómodo que ella estuviera allí. La estudió con detenimiento. Metro setenta, no excesivamente delgada, con aquellas curvas sexys que se adivinaban bajo la camisa… Cabello castaño y ligeramente rizado… Super atractiva… Agitó la cabeza inconscientemente. Reconoció que Laura Abbot le ponía nervioso. Era todo lo que él evitaba en una mujer: inteligente, cabezota y orgullosa. ¡Justo lo que necesitaba! Una sabelotodo de la ciudad que le llenaría la cabeza de pájaros a Amber… Y que podría hacer peligrar su propia cabeza.
- Bueno, ¿qué piensa hacer conmigo?
La voz de ella le devolvió a la realidad. Reprimió el impulso inicial de confesarle lo que le apetecía hacer con ella en aquel momento. Estaba seguro de que ella tenía el suficiente carácter como para darle una buena coz allí donde más le dolería si lo hacía. Y por otro lado, lo último que quería es que ella supiera lo mucho que le inquietaba su presencia.
- Está bien.- se resignó, convencido de que se arrepentiría de lo que iba a decir.- Puede quedarse. Sólo para evitar que Amber envenene mi desayuno.
- Estupendo.- Laura sonrió contra su voluntad y por un momento, creyó ver un atisbo de humanidad en los ojos del hombre.
- Pero procure no estorbarme.- advirtió y Laura supo que no estaba bromeando.- Y no le cuente tonterías a mi hermana acerca de la vida en la ciudad. No quiero que se convierta en otra jovencita tonta que se escapa de casa para ver mundo, ¿está claro?
- No se arrepentirá, Jake.- Laura rozó su brazo al entrar en la casa para dirigirse a su cuarto y él se apartó como si el contacto le hubiera quemado.
La miró fijamente, con dureza.
- Nena… Ya estoy arrepentido, créame.- dijo y desapareció con rapidez.







Laura despertó al escuchar las voces en la cocina. Se levantó de un salto al comprobar la hora que era. “¡Dios mío! Van a pensar que soy una holgazana”. Se duchó con rapidez y se colocó unos vaqueros y una camiseta. Anudó sus zapatillas deportivas y corrió hacia la cocina. Antes de llegar, Amber le interceptó el camino y le puso un dedo en los labios, indicándole que guardara silencio.
- ¿Qué pasa?
- Ssshhhh.- Amber hablaba en voz muy baja.- Tengo una noticia buena, una mala y una peor. ¿Cuál prefieres primero?
- Dispara, Amber.- Laura sonrió por lo cómico de la situación.
- Está bien. La buena es que Jake se ha levantado de buen humor y me ha prometido que se portará bien si no le damos mucho la lata.- sonrió quedamente, satisfecha por su victoria.- La mala, es que está preparando sus famosas tortas de calabaza para demostrarlo. Y está decidido a que las dos nos las comamos sin rechistar.
- ¿Jake sabe cocinar?- arqueó las cejas sorprendida. Lo último que esperaba por la mañana es ver a aquel bruto de casi dos metros vestido con un delantal para ella.
- Y de lo hace de maravilla.- aseguró Amber.- Excepto las dichosas tortas… Las odio, te pringan los dedos de miel... Pero Jake no lo sabe. Cuando nos quedamos solos, él se esforzaba tanto por cuidar de mí, que nunca he tenido valor para decírselo. ¿Me guardarás el secreto, verdad?
Laura hizo una señal sobre su pecho para sellar su promesa.
- ¿Y la mala?- preguntó y Amber se golpeó la frente como si de repente recordara algo.
- ¡Caracoles! Tienes razón.- tiró de ella- Lana Jackson está ahí adentro. Llegó nada más amaneció y por lo que veo, amenaza con quedarse a desayunar. Como ves, las noticias vuelan por aquí.
Laura frunció el ceño.
- Tú, Laura.- Amber la abrazó por los hombros.- Lana debe estar comiéndose las uñas ahora mismo. No creo que le haga gracia la idea de que estés aquí… Y me alegro.
- Amber…- Laura la regañó con la mirada, sospechando cuales eran las expectativas de Amber con respecto a su estancia en el Rancho.- No quiero tener problemas con Jake, ¿vale? Aunque apenas nos conocemos, tengo la sensación de que eres una buena chica. Así que no inventes cosas que puedan molestar a la señorita Jackson. No estaría bien.
- No sé a qué…- la joven puso cara de inocente, pero no la engañó.
- No estaría bien.- repitió con firmeza.- He venido a sacar unas cuantas fotografías, Amber. No estoy interesada en tu hermano y ya te habrás dado cuenta por como me trató ayer, que él tampoco lo está en mí. Y por supuesto, no quiero convertirme en la mujer más odiada de por aquí, ni que la gente haga comentarios que incomoden a Jake. ¿Lo entiendes, verdad?
- Claro.- Amber suspiró y le hizo un simpático guiño.- Pero no me negarás que mi hermano está para comérselo.
- Amber…
- Bueno, me callaré. Pero ni tú ni Jake podéis evitar que me sienta feliz porque a Lana Jackson se le atragante el desayuno al verte.
¡El desayuno!
- Por mi parte, no tengo intención de crearme enemigos el primer día. Pienso comerme esas tortas de calabaza aunque reviente. ¿Vamos?
- Vamos.







Lana era tal y como se la había imaginado. Toda una mujer, de pies a cabeza. Nada más verla, supo que era todo lo que un hombre como Jake Randall podía desear en su vida. Increíblemente alta, casi tanto como él. El cabello del color del trigo que le caía como una cascada por la erguida espalda. Delgada y esbelta, con aquellas sugerentes formas que se adivinaban bajo su precioso vestido de algodón salpicado de flores. Al notar su presencia, se volvió hacia ella, dejando la bandeja que llevaba sobre la mesa para saludarla efusivamente. Sus ojos eran de un verde intenso y alrededor de las pupilas, pequeños puntitos del color de la miel salpicaban su mirada curiosa.
- ¡Señorita Abbot!- estrechó su mano y de no ser por la frialdad contenida que percibió en el gesto, Laura hubiera caído en la trampa de pensar que aquella mujer era un encanto.- Es un placer conocerla por fin… Desde que amaneció, los vecinos no hablan de otra cosa. Dallas, ese bruto que la trajo ayer, dio la noticia en el bar y desde entonces, la gente está ansiosa por salir en su reportaje.
- ¿En serio?
- ¡Pues claro! Todos quieren conocer a la guapa fotógrafa que se hospeda en el Rancho Randall.
A Laura no se le escapó el tono sarcástico que ella había utilizado al referirse a ella. Y tampoco se le escapó el modo en que Jake la observaba con disimulo mientras servía el café en las tazas.
Se sentaron a la mesa y Amber rechazó con amabilidad el plato con las tortas que Jake le ofrecía.
- ¿No?- él parecía extrañado.
- Tomaré solo café, Jake. Anoche debí comer algo que me sentó mal y no quiero arriesgarme.- mintió, golpeando el pie de Laura por debajo de la mesa.
- ¿Quieres que vayamos a ver a Doc?- preguntó Jake con expresión preocupada.
- No será necesario.- Amber negó con la cabeza, interpretando a la perfección su papel de enferma.- No es más que una pequeña indigestión. Ya me conoces, siempre he sido una tragona.
- ¿Qué te he dicho, Jake?- Lana intervino y su voz era tan dulce como el almíbar al dirigirse a él.- Alguien debería enseñar a tu hermana a comer como es debido.
- ¿Alguien como tú, querida Lana?- por su parte, la voz de Amber estaba cargada de veneno.- No, gracias. Prefiero que me estallen las tripas antes de convertirme en una flacucha con las piernas como palillos, créeme.
- ¡Amber! Discúlpate ahora mismo.- Jake no se lo estaba pidiendo. Se lo ordenaba.
Amber pareció dudar un instante. Sin embargo, al cabo de unos segundos se volvió hacia Lana y sonrió.
- Perdona, Lana.- ahora su actuación dejaba mucho que desear.- No quise ser grosera.
- No importa.- pero por la forma en que brillaban sus ojos verdes, Laura supo que sí le importaba. Y mucho. Lana la miró condescendiente.- Todos sabemos lo que es tener diecisiete años, ¿no es así, señorita Abbot?
Laura estaba a punto de decirle que sus diecisiete años probablemente no habían sido como el del resto de las chicas. Lo cierto es que había pasado su infancia y la mayor parte de su juventud, viajando de un lado a otro. Su madre había muerto cuando ella apenas tenía tres años y desde entonces, su padre siempre había cuidado de ella. Marion Abbot le había inculcado su pasión a la fotografía y en muchas ocasiones, le había confesado lo orgulloso que se sentía de ella. El también era fotógrafo, de los mejores y Laura recordaba con nostalgia los años en que ambos, recorrían juntos los más hermosos paisajes del mundo. Una ligera punzada de dolor le agitó el corazón y sonrió para apartar los recuerdos penosos de su mente.
- Tal vez en la ciudad, las chicas como Amber hacen todo lo que quieren.- comentó Lana, insistiendo.
- No somos bichos raros, señorita Jackson.- replicó Laura con la mayor amabilidad posible, a pesar de que la otra mujer parecía dispuesta a declararle la guerra.- Pero si le interesa tanto, le diré que no soy experta en la materia. Debido a la profesión de mi padre, me crié un poco en todos sitios y en ninguno. Así que soy de las que opinan que la educación no depende tanto de un lugar, como de las personas que te rodean y te quieren.
- Una sabia respuesta.- Jake le sirvió más café.- Y dígame, Laura, ¿a qué se dedicaba su padre?
- Era fotógrafo. Y muy bueno, por cierto.- explicó con orgullo.- El me enseñó cuanto se. Y también me enseñó que a veces, una imagen vale más que mil palabras.
- ¿Por ejemplo?- Jake parecía interesado.
- Bueno…- entornó los párpados y colocó sus manos como si enmarcara a los dos hermanos entre sus dedos.- Por ejemplo, ustedes dos. Si tuviera mi cámara ahora mismo, haría una gran fotografía de ambos.
- ¿Es que le parecemos tan atractivos?- él se burlaba, pero Laura había podido leer entre líneas lo que escondía realmente su pregunta. Jake había querido decir “¿te parezco tan atractivo?”. Y aunque se lo parecía, jamás se lo hubiera confesado, mucho menos mientras la mirada asesina de Lana Jackson se clavaba en ella.
- Como les he dicho, señor Randall, a veces las imágenes hablan por si mismas.
- ¿Ah, sí? ¿Qué cree que diría su foto de Amber y de mi?- alargó su mano para untar con miel una enorme torta y se la ofreció. Laura la mordisqueó distraída.
- Diría que los dos son cabezotas y que, sin duda, llevan la misma sangre. Y que se tienen tanto amor que darían la vida el uno por el otro… Eso diría mi fotografía.
- Ah, pero se equivocaría en algo, señorita Abbot.- Jake chasqueó la lengua divertido.- Amber es cabezota. Yo solo soy sensato.
- Oh, cállate, Jake. Eres un aguafiestas.- Amber sonrió y la miró entusiasmada.- ¿Nos harás unas fotos para tu reportaje? Dime que sí, por favor.
Lana carraspeó. Al parecer, se habían olvidado de ella durante la conversación.
- Pero solo si la señorita Jackson acepta ser mi primera modelo.- ofreció Laura, esperando que su invitación, hiciera que Lana enterrara el hacha de guerra. Por la expresión radiante de la mujer, supo que había logrado su propósito y añadió zalamera.- Debo confesarle, señorita Jackson, que he conocido cientos de chicas bonitas debido a mi profesión. Pero nunca antes había visto un rostro tan perfecto, tan fotogénico como el suyo. ¿Me permitirá que la incluya en mi reportaje, verdad?
- Será un honor para mí.- Lana se mostraba agradecida y por fortuna, había bajado la guardia.- Usted dirá cuando le viene bien, Laura. Ahora mismo tengo que irme a hacer unas compras. Pero si quiere, puedo volver esta tarde.
- Esta tarde, entonces.- Laura la vio salir de la cocina y Jake, solícito, la acompañó hasta la puerta. Cuando regresó, su expresión era pensativa.
Amber estaba recogiendo los platos y Laura se levantó enseguida para ayudarla.
- Oh, no. Eres nuestra invitada.- Amber la empujó hacia su hermano- ¿Porqué no llevas a Laura a ver el rancho, Jake?
- ¿Ahora?
- No quiero ser una molestia, de verdad.- Laura tenía por costumbre no aceptar las invitaciones hechas por cortesía. Y de todos modos, la expresión disgustada de él era todo menos cortés.
- Venga, Jake.- se impacientó Amber y le lanzó un poco de espuma del fregadero sobre la cara en actitud traviesa.- Confiesa que no tienes nada mejor que hacer. Es sábado.
- Está bien. Si ella lo soporta…- se volvió dispuesto a marcharse y Laura le siguió detrás, casi pegada a su espalda.
- Lo soporto.- dijo de inmediato y la sonrisa se le heló en los labios al comprobar que la mirada de él era severa.- Es decir, sólo si no tiene nada mejor que hacer.
- Querida, no tiente su suerte.- advirtió de camino hacia la puerta. La abrió para hacerla pasar primero y justo cuando ella pasaba bajo su brazo, pronunció su nombre en voz baja. Laura le miró a los ojos, quedando paralizada bajo él.- ¿Es usted tan lista o realmente quiere vérselas con Lana Jackson esta tarde?
Laura encogió los hombros, fingiendo que no sabía a qué se refería. Escapó de su sombra y le esperó afuera. Jake le hizo un gesto para que caminara a su lado.
- Jake…- empezó a decir, pero se arrepintió al instante. Quizá a él no le gustaban las preguntas y no quería que se enfadara con ella antes de lo que prometía ser un interesante paseo.
- ¿Qué?- para su sorpresa, él le prestaba toda su atención a pesar de su gesto aparentemente distraído.
- No es nada.
- Vamos, Laura. No sea tímida.- él se burlaba otra vez.- Porque, ¿no lo es, verdad?
- No, no lo soy.- confesó. “Al menos, no lo era hasta ayer” estuvo a punto de confesarle.
- Bien. ¿Qué quería decirme?
- Yo…- Laura dudó. ¿Y si se ponía hecho una fiera y la enviaba de vuelta a casa? Se arriesgaría, ya que él insistía tanto.- Me ha parecido que le divertía la situación.
- ¿Situación? ¿Qué situación?
“Oh, qué gran farsante es”, pensó Laura.
- Ya sabe… Amber me contó que la señorita Jackson y usted son muy amigos.- murmuró.
- ¿Y?
- Bueno… Tuve la sensación de que a ella no le gustaba que yo estuviera aquí.
- ¿Y?
- Oh, déjelo ya.- suspiró exasperada.- Sabe muy bien de qué estoy hablando.
- Señorita Abbot.- Jake señaló un sendero oculto tras los árboles y tiró de su mano. Laura aceleró el paso para avanzar al mismo ritmo, ya que él daba grandes zancadas y Laura estaba segura de que lo hacía a propósito. Sin duda, Jake Randall estaba acostumbrado a que los demás le siguieran sin rechistar. “Un día de estos, señor Randall, alguien hará que sea usted quien corra”, sonrió ante la idea, pero no se lo dijo.- ¿Quiere saber si me divierte que Lana me considere algo así como de su propiedad?
- Básicamente… Sí.
- ¿Porqué? ¿Le molesta que sea así?
- En general – ella tomó aire para contestar. La carrera la estaba dejando exhausta.- me molesta que la gente vea a los demás como una propiedad.
- Qué alivio.- le oyó reír.- Pensaba que se trataba solo de mi.
- No diga tonterías.- le reprendió Laura y cuando le alcanzó, agradeció con una mirada que se hubiera detenido a esperarla.- Pero es evidente que la señorita Jackson no opina lo mismo que yo, ¿no cree?
- Eso es porque la señorita Jackson, no tiene una visión tan romántica de la vida.- Jake alargó sus dedos hacia ella y Laura contuvo la respiración. Sintió como los dedos de él recorrían su mejilla durante unos segundos que le parecieron eternos.- Tenía restos de miel en la cara.
- Ah.- Laura tragó saliva con dificultad. Por un momento… Mejor que no pensara en lo que se le había ocurrido que él haría.
- Y volviendo a lo de antes…- él cruzó los brazos sobre el pecho y al hacerlo, su elevada estatura se hizo aún más patente. A su lado, Laura parecía tan insignificante como indefensa.- ¿Qué es lo que le molesta en realidad? ¿Que me divierta lo que Lana piensa o que sea cierto lo que piensa?
- ¿Es un acertijo?- Laura sonrió para aliviar la tensión entre ellos.
- Conteste, Laura Abbot. Me interesa mucho su respuesta.
- Es que…- Laura tenía que ser cuidadosa o él terminaría pensando que solo era otra mujercita con… ¿cómo había dicho?, la cabeza llena de pájaros.- Bueno, es que no es asunto mío.
Jake soltó una sonora carcajada, lo que demostraba que después de todo, había sido la respuesta adecuada.
- ¿Ve todo esto?- Jake señaló el increíble paisaje que se extendía ante ellos. Laura asintió en silencio, incapaz de decir una palabra que rompiera el hechizo de aquella hermosa visión.- Hasta donde le alcanza la vista, pertenece al rancho Randall.
- Es… Fascinante.- murmuró.
- Lo es. Cuando nuestros padres murieron, yo solo tenía diecinueve años.- continuó él y por un instante, Laura percibió cierto tono de melancolía en su voz.- Amber era solo una cría. La mayoría de nuestros vecinos, me aconsejaron que encontrara un comprador y vendiera.
- Pero no lo hizo.- adivinó ella. “Brillante, Laura. Has estado brillante”, pensó contrariada. Era evidente que no lo había hecho. Jake Randall le mostraba por fin que tenía un corazón en algún lugar, bajo aquel musculoso pecho que se elevaba bajo su camiseta de algodón y del que no podía apartar la mirada. Y a ella, solo se le ocurría hacer un comentario estúpido como aquel.
- No.- él la sorprendió gratamente al no hacer ninguna observación jocosa.- En lugar de eso, convertí el rancho en lo que ve ahora. Era una cuestión personal, señorita Abbot. ¿Sabe lo que es eso?
- Tengo una ligera idea.- respondió, algo molesta porque él la consideraba poco menos que retrasada mental.
- Pues lo era.- repitió él, embelesado por la contemplación de su obra.- Yo quería que Amber despertara algún día y me dijera: “Gracias, Jake. Estoy muy orgullosa de ti. Construiste un hogar para los dos”.
Laura frunció el ceño, sospechando que había moraleja en toda aquella historia.
- Y ya ve. Cuando Amber despierta por la mañana, todo lo que dice es:- imitó el tono chillón de su hermana.- “Ey, Jake, grandísimo bruto, a ver cuando me llevas a la ciudad. Me aburro como una ostra”.
- ¿Se arrepiente de lo que hizo?
- Nunca.- él giró sobre los talones para mirarla directamente.- Es por eso que no quiero que le llene la cabeza de tonterías acerca de lo bien que se vive en la ciudad, Laura. Se muy bien como se vive allí, créame. Pero esto es diferente y ella no pasará por eso a menos que quiera. Muy pronto, tal vez antes de que me de cuenta, Amber crecerá y se convertirá en una preciosa mujer. Y no tendrá que soportar a ningún tipo que se crea su dueño, porque siempre tendrá un hogar que la confortará cuando lo necesite. Y como dijo antes, siempre me tendrá a mí.
- Es muy hermoso.- Laura estaba emocionada. No sabía si se debía a sus palabras o al hecho de que los dos estaban tan cerca o simplemente, a la sorpresa de que aquel vaquero de rudo aspecto revelara su aspecto más sensible. De cualquier modo, sus rodillas temblaban de manera incontrolable.
Jake sonrió y al hacerlo, Laura sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Definitivamente, él no poseía el típico atractivo de los hombres de la ciudad, que acudían tres veces por semana al gimnasio para fortalecer sus músculos y adquirir un esmerado bronceado. El gimnasio de Jake era la propia vida y su bronceado era el resultado de muchas horas de trabajo bajo aquel sol brillante que les hacía de techo. Sin embargo, su aspecto no podía ser más seductor. Observó su rostro con detenimiento. Los rasgos varoniles, el mentón pronunciado y la nariz recta. Los labios delgados, arrogantes. Y unos ojos azules enmarcados por espesas cejas oscuras, que invitaban a mirarse en ellos y perderse del mundo durante horas.
- Si promete no hacer un chiste, algún día le contaré un secreto.- susurró él junto a su oído.
- ¿Porqué no ahora?- Laura no podía esperar un minuto para saber más.
- Porque por hoy, mi curiosa señorita Abbot, ya le he contado demasiado.- Jake tocó ligeramente la punta de su nariz.- ¿Seguimos nuestro paseo?










La siguiente semana fue de lo más gratificante para ella. En el pueblo, los vecinos la saludaban al pasar y Amber se había encargado de presentarles a todos antes de que llegara el fin de semana. Feliz, Laura descubrió que los amables habitantes de aquel lugar, habían nacido para ser retratados por su cámara. No había hombre, mujer, niño o animal que no quisiera hacer de modelo para su reportaje, lo cual era un alivio porque facilitaba bastante su labor. Por su parte, Jake la evitaba cuanto podía y Laura lo achacaba a su advertencia inicial de no estorbarle. Apenas le veía en todo el día y era una suerte que tuviera tanto trabajo que hacer. Por las noches, él siempre llegaba tarde a casa y Amber y ella se conformaban con cenar juntas y charlar hasta tarde o hasta que el sueño las vencía. Aquella era una de esas noches en las que el sueño aún no la vencía. Amber y ella habían pasado la tarde repasando viejas fotografías de la familia Randall. Más tarde, Amber le había dicho que podía quedarse en el salón y echar un vistazo por si encontraba alguna que quisiera utilizar en su reportaje. Y justo en ese momento, estaba hipnotizada contemplando lo hermosa que había sido Lillian Randall en su juventud. En la foto, aparecía con un apuesto vaquero que debía ser el padre de Amber y Jake. El la sostenía por la cintura y besaba su cabello con ternura, los dos listos para posar. Laura se dijo que debían haberse querido mucho, a juzgar por el modo en que se miraban. Sin querer, sintió pena por ella misma. Su madre se había ido tan pronto, que no recordaba cómo había sido la relación entre su padre y ella salvo por lo que Marion le contaba. Y era que se habían amado hasta el último momento, en que un desgraciado accidente la había apartado de ellos para siempre. Se volvió al escuchar unos pasos tras el sofá y la fotografía cayó al suelo. Laura se agachó para recogerla, pero él fue más rápido. Se la arrebató de los dedos con brusquedad, la colocó con cuidado en el álbum y lo puso fuera del alcance de la mujer.
- No sabía que habías vuelto.- Laura se agazapó en sofá, intuyendo que algo malo sucedía. La expresión de Jake era de furia y se preguntó qué habría ocurrido para que la mirara de aquel modo.
- Ya veo.- él se paseó por la habitación como un animal enjaulado y al cabo de unos segundos, volvió a plantarse frente a ella con el rostro descompuesto por la ira.- Por eso, has estado tan ocupada metiendo tus narices en nuestra intimidad.
- Yo no pretendía…- se defendió ella, furiosa a su vez porque él la estaba acusando sin motivo. Precisamente, Amber había insistido en lo orgulloso que se sentiría Jake al ver las fotografías de sus padres en aquel reportaje.
- ¿No lo pretendías?- él estaba casi gritando y al darse cuenta de ello, bajó el tono de voz para no despertar a Amber.- Escúchame bien, señorita Abbot. Nuestra vida privada no es un circo que puedas retratar para tus revistas de sociedad. Pero, ¿quién demonios te has creído que eres?
- Te estás equivocando, Jake. Deja que te explique…
El levantó la mano, en un gesto muy claro que indicaba que no pensaba escucharla.
- Será mejor que no lo hagas. Porque, ¿sabes qué? Eso que esta ahí- dijo señalando el álbum de fotos.- no te interesa. Ni le interesa a toda esa gentuza que lee las revistas mientras se hace la manicura en un salón de belleza. Y si por un momento has creído que convertir nuestra vida privada y la memoria de mis padres en algo del dominio público era parte del trato, es que estás más loca de lo que pensaba.


Última edición por sofia1 el Vie Mar 23, 2012 11:26 am, editado 1 vez
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sofia1



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MensajeTema: Re: Una mujer a mi medida   Miér Feb 01, 2012 11:28 pm

- Mira, Jake. No se que diablos te ha pasado hoy ahí afuera.- Laura se levantó y se enfrentó a él, intentando mostrarse serena y controlada. Pero le costaba un esfuerzo sobrehumano conseguirlo mientras él la miraba con aquella rabia contenida. Mientras se aproximaba tanto a ella que su aliento le rozaba la cara en cálidas bocanadas que hacían evidente que había bebido algo más que agua durante el duro día de trabajo. Aún así, no se dejó intimidar.- Pero tanto si quieres escucharlo como si no, voy a explicártelo. Amber sugirió que sería bonito que alguien inmortalizara la historia de amor de tus padres y su lucha por sacar adelante el rancho durante los malos tiempos. Me habló de la terrible enfermedad que había mermado el ganado un invierno, de los ladrones de caballos a comienzos de los noventa, de aquel verano en el que los hermanos Brown y tú os enfrentasteis solos a aquellos timadores que robaron sus ahorros a la pobre señora Blade… Por favor, no te enfades con Amber. Ni conmigo. Yo solo quería…
Laura iba a continuar, pero su propia rabia le impedía darle más explicaciones a aquel necio insensible que no tenía oídos más que para escucharse a sí mismo.
- Estás borracho.- le acusó, pestañeando repetidamente para evitar que las malditas lágrimas echaran a perder su intención de mostrarse fuerte y decidida.
- No lo estoy. Al menos, no lo bastante.- Jake se aproximaba peligrosamente a ella y Laura colocó las palmas de sus manos entre ambos, percibiendo la rigidez del pecho masculino bajo sus dedos. “No pienses en ello, Laura” se ordenó a si misma y retrocedió hasta que su espalda tocó la pared de la habitación. Jake parecía haber quedado pegado a su cuerpo y se deslizaba sigilosamente en su mismo camino sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo. La miraba fijamente, a los ojos, imponiéndole su presencia con el único poder de aquellos ojos cristalinos que le devolvían su propia imagen como en un espejo.- Si estuviera lo bastante borracho, querida señorita Abbot, estarías en un serio problema. Porque si lo estuviera, haría lo que me apeteciera contigo. Y mañana, con un poco de suerte, correrías como un conejillo asustado a hacer tus maletas. Y con un poco de suerte también, no tendría que preocuparme más por ti.
- Jake, vete a la cama, ¿quieres?-Laura volvió el rostro hacia un lado.
- ¿Eso es una invitación?
- Vete a la cama- repitió - Si lo haces, tal vez te haga un favor y haga las maletas de todas formas.
- ¿Y perderme el resto de tu explicación?- se burló él, inclinando lentamente la cabeza para recorrer con sus labios el cuello femenino.
- Ya te lo he dicho. Pensé… Amber pensó…- musitó en un hilo de voz. No había duda. Jake estaba completamente borracho. O completamente loco. Era lo mismo, ambas cosas le traerían problemas si no le enviaba rápidamente a su cuarto.
- ¿Quién quiere hablar de Amber ahora?
- Es que ella dijo… Pensó que…
- ¡Demonios! ¿Es que nunca te callas?
Jake la silenció, apresando los temblorosos labios con los suyos. Laura no supo cuanto duró, pero cuando la soltó, se alegró de que Jake hubiera bebido y por la mañana, no pudiera recordar la pasión con que ella había correspondido a su beso. Por lo pronto, la observaba con una mezcla de culpa y diversión en la mirada que la irritó aún más.
- Eso está mejor.- comentó, complacido por su mutismo.- Entonces, ¿de qué estábamos hablando?
Laura le empujó con fuerza. Así que se trataba de eso. ¡Maldito arrogante! Ese era el modo en que aquel tipo daba por concluida sus discusiones. Pues le demostraría que se equivocaba de mujer. Aunque tal vez no ahora. Tal vez lo hiciera al día siguiente.
- Jake Randall.- le abofeteó con fuerza.- Espero que tengas una buena excusa para esto.
El se frotó el mentón dolorido por el golpe. “Sí que pegaba fuerte esa chica”, pensó conteniendo una carcajada.
- Nena, la única excusa es que hablas demasiado.
- Ya veo que no.- Laura escapó de su lado y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta en sus narices al ver como la seguía. Le oyó detenerse al otro lado de la puerta y llamarla en voz muy baja. Rezó porque no la derribara a patadas. Sobre todo, porque no sabía si le apetecía echarle de su cuarto o invitarle a pasar. Por fortuna, él se marchó después de un rato y no tuvo que tomar esa decisión.

Amber había madrugado mucho y a las siete y media, ya tenía preparado todo un manjar para las dos personas que se sentaban cabizbajas a la mesa.
- ¿Has pasado mala noche, Jake?- preguntó, tan observadora como era costumbre en una jovencita despierta como ella. Se volvió hacia Laura con expresión ceñuda.- ¿Laura? ¿Estás bien?
- Muy bien, gracias.- concentró su rabia en engullir todo lo que Amber iba depositando en su plato. Jake, por su parte, solo tomó café y mordisqueó una tostada con desgana. Ante tal panorama, Amber anunció que como ya había desayunado antes que ellos, iría al establo a ver a los caballos. “Muy lista, Amber. Pero preferiría que te quedaras”, quiso decirle, pero ella ya salía por la puerta canturreando una vieja canción country. Laura recogió los platos y los llevó al fregadero, remangando su camisa para comenzar a lavarlos. Aunque no le veía, supo que Jake también había abandonado la mesa y se colocaba tras ella. Podía sentir su respiración lenta y acompasada muy cerca de su nuca. Recogió sin mirarle la taza que él había utilizado para el café y la dejó caer con brusquedad en el agua, salpicándole a propósito. Jake suspiró y la tomó por los hombros con suavidad, obligándola a darse la vuelta para mirarla a la cara. Aquello si era una novedad para ella. Laura se preguntó si se trataba de otro truco para hacerla quedar en ridículo.
- ¿Estás enfadada?- preguntó y de no ser por el brillo de sus ojos, Laura hubiera caído en la trampa. El muy desgraciado… Lo estaba pasando en grande interpretando para ella el papel de arrepentido que no se arrepiente de nada.
- Claro que no.- mintió, consciente de que eso le dolería más que cualquier bofetada. Sin duda, el mejor golpe era el que le propinaba directamente a su ego.- ¿Por qué habría de estarlo?
Jake arqueó las cejas, confuso.
- Porque ayer me comporté justo como esperabas que lo hiciera.- y añadió al ver que ella no decía nada.- Como un vaquero bruto y sin modales.
- No puedo enfadarme por algo que era tan evidente, ¿no crees?- comentó mordaz y le fue pasando los platos para que los secara y los colocara en su sitio.
- Aún así, estás enfadada.- insistió él.
- ¿Y qué si lo estoy?
Jake colocó el último plato y sonrió.
- Dime qué quieres.
Laura encogió los hombros.
- Vamos, di algo.- la instó él - Haré lo que sea con tal de que no me denuncies ante el sheriff. O lo que es lo mismo, ante Amber, que es mucho peor que la maldita Santa Inquisición.
- Entiendo. Entonces es por Amber.- concluyó, furiosa porque en el fondo, a él le importaba un rábano si ella decidía marcharse o no.
- Y por mis buenos vecinos, que organizarán un motín si su famosa fotógrafa desaparece sin terminar su reportaje con ellos como protagonistas.- rectificó Jake, de mejor humor al parecer.
- ¿Tanto te preocupa lo que piensen?- ahora era ella quien se burlaba.
- Menos que nada, en realidad.- confesó Jake.- Pero tú te irás dentro de unos días. Yo, sin embargo, tengo intención de pasar aquí el resto de mi vida. No sería inteligente por mi parte ganarme el odio de mis vecinos.
- Claro. ¿Porqué si no?
- Está bien, negociemos.- él le apartó un mechón que le caía sobre los ojos y Laura le fulminó con la mirada. Jake retiró su mano al instante.- Tu silencio a cambio de…
- Una disculpa.- contestó ella, plenamente convencida de que vería derretirse la nieve en Alaska antes que él aceptara.
- Nena… Yo nunca me disculpo.- dijo Jake, sin dejar de sonreír.- Por si lo has olvidado, esta es mi casa. Y en mi casa, todo cuanto hay en ella es mío. Y anoche, eso te incluía a ti, querida.
- ¿Eso crees?- Laura se humedeció los labios, ignorando que aquel único gesto, ya hacía que Jake se sintiera tentado a repetir lo que motivaba aquella conversación.- Ni se te ocurra pensar que soy una de tus vacas, Jake Randall. Quiero esa disculpa o tendrás que explicarle a Amber porqué voy a hacer mi reportaje en otro lugar.
- ¿Bromeas?- él apenas podía pensar en otra cosa que no fuera el movimiento de aquella lengua sobre sus labios carnosos.
-¿Te parece que esté bromeando?- Laura imitó el tono grave de su voz.
-¿Qué tal una avería en la furgoneta, tres terneras enfermas y un par de cervezas en el bar de Ray? ¿Te vale como disculpa?- si se trataba de una broma, a Laura no le pareció nada divertido, a juzgar por la seriedad de su expresión. Comprendió que a pesar de lo mucho que le costaba reconocerlo, ella merecía esa disculpa solo por el valor que tenía al exigírsela.- ¿Qué tal, lo siento?
Laura le quitó el paño de cocina de las manos y lo colgó.
- Me valía lo de las terneras enfermas y la avería. Pero me alegro de que hayas picado – sonrió y tiró de su brazo para que la siguiera al exterior de la casa.- Y ahora, señor Randall, quiero que me hagas de guía sin rechistar. O después de todo, me veré obligada a delatarte.
Jake no rechistó. Simplemente, porque estaba cansado. Había sido una semana muy dura. Y, qué diablos, ¿por qué no? Laura Abbot prometía ser mucho más interesante que su rutinaria partida al billar de los sábados. Se dijo que mantendría firme su propósito de no acercarse a ella más de lo necesario. Y eso era una distancia lo bastante prudente como para no oler su cabello ni sentir sus manos pequeñas y suaves apoyándose en su brazo. Pero no había nada de malo en pasear junto a ella y mostrarle algunos lugares hermosos de los que podría sacar unas buenas fotos. No había nada de malo en escuchar su encantador parloteo durante unas horas. Eso no era peligroso. Excepto si ella le miraba con aquellos ojos oscuros que eran toda una declaración de lo fuerte, valiente y testaruda que era. “No dejaré que lo haga”, se dijo mientras le abría la puerta de su furgoneta y la invitaba a pasar.












A Laura le había cautivado el modo de vida de aquellas personas. Después de un mes de estar allí, ya se había acostumbrado a madrugar como el resto. Y por otro lado, estaba Jake. Había cumplido su promesa de ser un chico bueno y siempre que ella no se inmiscuyera demasiado en su vida, aceptaba su presencia como la de uno más entre ellos. A estas alturas, su reportaje estaba más que terminado y ya había enviado una copia a Alana Steel para su supervisión. En realidad, ese día estaba algo más que deprimida ante el hecho inminente de su marcha. Pronto se le acabarían las excusas convincentes para quedarse y la idea la entristeció. En ese momento, mientras veía las manos expertas de Doc moviéndose sobre la ternera, pensaba que no le importaría quedarse allí para siempre. Doc pareció adivinar sus pensamientos. La miró y le guiñó un ojo, invitándola con un gesto a que se acercara para contemplar al recién llegado. Laura lo hizo, emocionada hasta el punto que las lágrimas amenazaron con brotar de sus ojos. Doc se limpió las manos, dejó al pequeño ternero junto a su madre y comenzó a guardar sus utensilios de cirujano en el maletín. Laura le observó, calculando mentalmente su edad. Al principio y por como hablaban de él todos, con plena confianza sobre sus habilidades como veterinario, había creído que Doc debía ser poco menos que un anciano. Sin embargo, al conocerle había descubierto con agrado que aquel veterinario no tenía más de veinte años. Habían congeniado desde el principio y a esas alturas, Laura ya le consideraba un buen amigo a quien contarle sus inquietudes. Sospechaba, por la amabilidad que él le demostraba, que Doc sentía lo mismo.
- Casi he llorado al verle asomar la cabeza.- confesó y el hombre sonrió. Era lo bastante atractivo como para que cualquier mujer intentara coquetear con él. Pero a Laura no le interesaba en ese sentido y no tenía intención de estropear una bonita amistad. “Vamos, confiésalo. No es a Doc a quien echarás terriblemente de menos cuanto te vayas”, pensó, molesta consigo mismo.
- En el fondo eres una sentimental, señorita Abbot – bromeó él para animarla.- ¿Estás bien?
Laura asintió, pero no fue muy convincente.
- ¿Seguro?
Ahora ella negó con sinceridad.
- He terminado mi reportaje.- confesó abatida.
- Espero que me hayas sacado bien guapo en tus fotos.
- Ya sabes que sí.
Doc la tomó del brazo y juntos salieron del establo.
- ¿Estás triste porque has acabado tu trabajo?- preguntó él mientras se dirigía a su camioneta. Entrecerró los párpados para observarla.- No quieres irte, ¿verdad?
- Tengo que volver.
- No te pregunto lo que tienes que hacer. Te pregunto lo que quieres hacer – enfatizó Doc.
- Es que… Bueno, ambas cosas no son compatibles.- explicó con expresión apenada.
- ¿No lo son?
- Hay que ganarse la vida, ¿sabes?- Laura se mordió los labios.- Y no hay mucho que una chica como yo pueda hacer para ganarse la vida por aquí, ¿no crees?
- Podrías ayudarme con la consulta.- sugirió Doc de buen grado y a Laura se le hizo un nudo en la garganta por la emoción.- O podrías montar tu propio negocio. La gente de por aquí estaría encantada de que les hicieras el álbum familiar para la posteridad, ya los conoces.
- Estoy segura de que lo harían solo para hacerme feliz.- aceptó ella. Lo cierto es que también sus buenos vecinos le habían tomado cariño y estaba convencida de que harían cualquier cosa para convencerla de que se quedara. Todos, excepto Jake, por supuesto. El ya le había dejado bien claro que solo estaba allí de paso y que su marcha no le causaría ningún trauma insuperable.
- También podrías trabajar para Jake.- Doc sonrió como si de pronto, se le hubiera ocurrido una gran idea.- He oído que está buscando a alguien que le ayude en la casa. Amber se pasa el día quejándose de que no puede estudiar y ser el ama de llaves perfecta para él al mismo tiempo.
- ¿Bromeas?- Laura le miró como si hubiera perdido el juicio.- Jake se cortaría las venas antes.
- No lo creo.- Doc abrió la puerta de la camioneta y encendió el contacto, sin dejar de observarla sonriente.- Tú le gustas, Laura. Nunca lo reconocerá, pero es así.
- Te equivocas, Doc. La única razón por la que es amable conmigo, es porque sabe que me iré en unos días.
- Entonces, dale una buena sorpresa. Quédate y demuéstrale a ese cabeza de chorlito lo que vales.
Laura lo pensó. ¿Y porqué no? Jake no era dueño del pueblo, no podía obligarla a abandonarlo solo porque él se sentía más seguro si lo hacía.
- Lo pensaré.- le prometió y le vio alejarse en mitad de la polvareda de tierra que levantaban las ruedas de su vieja camioneta.










Muy a su pesar, estaba cumpliendo la promesa hecha a Doc. A decir verdad, no podía pensar en otra cosa. La cuestión era, ¿cómo plantearle a aquel tipo terco como una mula su deseo de quedarse? ¿Qué le diría? No podía contarle las verdaderas razones. No podía confesarle que les había tomado tanto cariño en aquel corto espacio de tiempo, que ya no imaginaba la vida en otro lugar. No podía decirle que a pesar de que su padre le había dado más de lo que podía agradecerle, nunca le había dado un hogar. Por algún motivo, ahora consideraba que lo había encontrado. Un hogar. No una habitación de motel ni una tienda de campaña que su padre y ella tendrían que abandonar en cuanto él terminara el trabajo. Un verdadero hogar. Con personas que la trataban con cariño, como si ella fuera parte de sus vidas, de sus familias… Cerró los ojos, armándose de valor mientras se dirigía hacia Jake. Dios, él no podía ser consciente de lo atractivo que resultaba incluso con aquel aspecto sucio y sudoroso por el trabajo. Esperó a que él terminara de clavar las maderas nuevas, sustituyendo las rotas que ponían en peligro la seguridad del ganado. Después, carraspeó levemente y él giró el rostro hacia ella, sorprendido por su presencia.
- No te había oído llegar.
- Pensé que tendrías sed.- le ofreció la limonada recién hecha y él se quitó los guantes para coger el vaso. La bebió de un trago y le devolvió el vaso, secándose el sudor con la parte inferior de su camiseta. Laura ignoró la visión de su pecho, que había quedado al descubierto en aquel movimiento.
- ¿Ya has terminado?- preguntó con una sonrisa y él frunció el ceño con desconfianza. No entendía mucho de mujeres, pero reconocía cuando una quería algo a cambio de una limonada. Y estaba claro que Laura quería algo.
- Por ahora sí.- contestó con rudeza y señaló el otro lado de la valla, que a juzgar por su aspecto, también necesitaba algunas reformas.- Aguantará hasta mañana. ¿En qué puedo ayudarte, Abbot?
Laura sonrió. Ya se había acostumbrado a que él la llamara de aquel modo. Era su manera de convertirla en alguien que aunque tenía formas y modales de mujer, no representaba un peligro para él. Era su manera de llamarla para dejarle bien claro que nunca escucharía de sus labios palabras amorosas y por descontado, que no esperaba que ella las tuviera hacia él. No se lo dijo, pero había adivinado casi desde el primer día, que Jake se sentía más seguro si la trataba como a uno de sus amigos vaqueros.
- Esta mañana he enviado mi reportaje.- anunció con voz firme, aguardando su reacción. Se sintió decepcionada y estúpida a la vez por ello. Jake no dijo nada. No parecía en absoluto triste o apenado por la noticia. El maldito ni siquiera fingía que la echaría de menos.
- Eso quiere decir que te vas, ¿no?- Jake no la miraba. Estaba recogiendo sus herramientas y las metía en una bolsa de lona, como si tuviera prisa por llegar a casa y celebrarlo.
- Supongo que eso es lo que quiere decir.- murmuró, rabiosa.
- ¿Es lo que querías, no?
- Claro, ¿por qué lo preguntas?
- No se.- Jake se irguió y Laura alzó la barbilla para mirarle directamente.- No pareces contenta.
“Y no lo estoy, bruto insensible”, estuvo a punto de gritarle.
- A lo mejor te haces famosa y nos haces famosos a todos.- comentó con su sarcasmo habitual.- Anímate, Abbot. Por fin dejarás de madrugar.
- No me he quejado.- replicó.
- No, no lo has hecho.- Jake le retiró un mechó que le caía sobre la cara, pero apartó los dedos enseguida.- Has sido una chica valiente, tengo que reconocerlo. Has madrugado, has ayudado en la casa, has aprendido a ordeñar vacas y has soportado el calor como una verdadera heroína. Y no has llorado una sola vez.
- Muy gracioso. Pero se te olvida una cosa.- le recordó ella – También me he comido tu asqueroso estofado sin protestar y he aguantado todas tus bromas de mal gusto sobre mí.
- Eso son dos cosas.- rectificó él, esbozando al fin una sonrisa.- Pero tienes razón. Aunque cuando te vayas, ya no tendrás que aguantar nada de eso. ¿No te parece que eres una chica con suerte?
- Sí, con mucha suerte.- masculló. Aquel tipo no se ablandaba con nada.
- ¿Porqué estás enfadada?
- No lo estoy.- mintió.
- A mi me parece que si.- insistió él y la obligó a levantar aún más la barbilla para poder leer la expresión de sus ojos.- Lo estás.
- Jake… Estaba pensando…
- Oh, no. No me lo digas.- Jake sacudió la cabeza.- Se que no me va a gustar.
Ella no contestó.
- No va a gustarme, ¿verdad?- Jake ya estaba seguro de que era así.
- Es que… Doc y yo hemos estado charlando…
- ¿Vas a casarte con Doc?- las facciones de Jake se habían endurecido de repente.
- Pero, ¿qué tonterías dices?- Laura abrió los ojos desmesuradamente.
- Se me acaba de ocurrir.- el tono de él estaba cargado de dureza.- He visto que os habéis hecho muy amigos. Creí que ibas a invitarme a vuestra boda.
- Lo que iba a decirte, es que me ha ofrecido ayudarle en la consulta.
- Entiendo.- empezó a andar en dirección a la casa y ella le siguió.
- Pero, ¿qué te ocurre?- le increpó y Jake se detuvo en seco, volviéndose hacia ella con expresión seria.- ¿He dicho algo malo?
- ¿Es que eres ciega, Abbot?- Jake la sacudió por los hombros, pero al ver como ella retrocedía, se contuvo y dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo.- Todos los tipos solteros de por aquí, querrían que fueras su ayudante en lo que fuera. Doc es un buen hombre, Abbot. Pero este no es tu lugar. Y además, ¿qué sabes tú de animales?
- Nada. Pero él cree… Bueno, sugirió que podría quedarme y ayudarle hasta que encontrara alguna ocupación.
- ¿Es que no hay nadie que te espere en la ciudad?- si su respuesta le importaba lo más mínimo, no lo parecía.- Amber me dijo que no tenías familia. Pero tendrás a alguien. Amigos, un novio. Algo, Abbot, que te haga volver a tu verdadera vida.
- Tú no sabes cuál es mi verdadera vida.- le reprochó furiosa.
- ¿En serio?- Jake torció los labios en una mueca y añadió.- Se que no es esta, créeme.
- Mira, Jake. Ya se que no te importa. Pero el tiempo que he pasado aquí, ha sido una revelación para mí.- admitió con sinceridad.- Nunca entenderías los motivos que tengo para querer quedarme y no tengo intención de que lo entiendas. Y siento mucho que la idea de tenerme como vecina te moleste tanto. Pero no es tu decisión.
- ¿Crees que la vida por aquí es fácil?- Jake entornó los ojos para observarla con fijeza.- Presiento que la amabilidad de la gente y las noches estrelladas te han confundido, Abbot. Pero no te engañes. Esto no es para ti. Aunque te quedes, no tardarás en darte cuenta de eso y querrás volver.
- ¿Por qué estás tan seguro, Jake?
- Porque mi buen amigo Doc nunca lograría retenerte junto a él.- golpeó ligeramente la punta de su nariz con su dedo índice y continuó la marcha. Laura corrió tras él y agarró su brazo para hacerle girar.
- Te demostraré que te equivocas.- le retó con la mirada.- No estoy interesada en Doc y él no está interesado en mí. Pero me quedaré de todas formas, Jake Randall.
- ¿Siendo su ayudante?- él arqueó las cejas, divertido.
- ¿Tienes una oferta mejor?
Jake se rascó el mentón.
- No te hagas el huidizo.- le dijo a sabiendas que él ya estaba pensando lo mismo que ella y que se mordería la lengua antes que proponérselo.- Doc me dijo que estabas buscando a alguien que te ayudara.
- ¿Tú?- él no ocultó la burla que había en sus ojos.
- ¿Por qué no?
- Porque no.- Jake fue rotundo en su respuesta.
- Ya lo imaginaba.- Laura sonrió, consciente que cuanto más segura se mostrara, más le enfurecería.- Imaginaba que dirías algo así.
Lo había hecho. Había despertado en él la curiosidad.
- Se que te doy miedo, Jake Randall.- le soltó para acelerar su reacción.
- ¿Cómo dices?- él estaba perplejo.
- Por eso quieres que me vaya. Y por eso no me ofrecerás que trabaje para ti.
- Has perdido el juicio, Abbot.- Jake empujó la puerta con brusquedad, soltándola sin esperar a que ella entrara. Laura no se dejó intimidar y le siguió nuevamente en el interior de la casa.
- Entonces, ¿qué me dices?- insistió.
Jake la apuntó con el dedo. Iba a decir algo, pero finalmente, se limitó a mirarla con aquella expresión extraña que solía utilizar con ella.
- Digo que estás loca.- respondió después de un buen rato.- Pero puedes quedarte. Ya veremos cuanto aguantas.
Desapareció al instante de decir aquellas palabras. Laura esperó a que él estuviera lejos para emitir un gritito de alegría. Y al hacerlo, Amber levantó la cabeza de la revista que estaba ojeando y la miró.
- No sabía que estabas ahí.- Laura se sentó a su lado.
- Déjame adivinarlo.- Amber lanzó la revista contra la mesa y puso cara de perro policía.- Le has dicho a Jake que te vas y está furioso.
- No exactamente. – la corrigió sin dejar de sonreír.- Le he dicho que me quedo y está furioso.
- ¿Te quedas? ¿Y tu trabajo? ¿Cómo es eso de que te quedas?- Amber estaba fuera de si de felicidad y se lo demostró abrazándola con fuerza. – Ya me lo contarás todo… ¡Estoy tan contenta de que te quedes! Será como tener una hermana mayor…
Laura reprimió el impulso de decirle que era exactamente así como se sentía ella. Como no tenía familia, había llegado a tomarle verdadero cariño a Amber. Aunque si era sincera, no se trataba solo de Amber. “No debes pensar en eso”, se ordenó a si misma.
Estaban tan concentradas haciendo planes sobre las cosas que podían hacer juntas, que ninguna de las dos se percató de la presencia del hombre. Escondido tras la puerta de la cocina, Jake ya se estaba arrepintiendo de lo que había hecho. ¿Y qué había hecho? Dejar que ella entrara sus vidas, en la Amber, en la suya… Esa Laura Abbot iba a ser un serio problema. Lo había adivinado la primera vez que la había visto. Sin embargo, al verla allí, abrazada a Amber, charlando animadamente con ella como si realmente fueran dos hermanas que se contaban sus secretos, algo en su interior se movió. No supo que era. No quiso saberlo. No era bueno, lo sabía. Ella desbarataría sus vidas, estaba convencido. Y un buen día, les anunciaría que no estaba hecha para aquello y haría su maleta. Y le rompería a Amber el corazón. Y quizá, solo quizá, también a él. Se apartó antes de que lo descubrieran. Ya pensaría algo para deshacerse de ella.







- ¿Qué no vuelves? ¿Cómo que no vuelves?
Laura separó un poco el auricular para evitar que los gritos de Alana Steel le rompieran los tímpanos.
- Me quedo. Lo digo en serio, Alana.- Laura suspiró.- Querías que hiciera ese trabajo y lo he hecho. Puedes enviarme un cheque aquí. Pero no cuentes más conmigo de momento.
- Eres una desagradecida.- la acusó Alana al otro lado de la línea.- Te di trabajo cuando nadie apostaba por ti. Lo hice por tu padre, porque había sido un gran profesional durante mucho tiempo y pensé que eras como él. Ya veo que me equivoqué contigo.
- No dramatices, ¿quieres?- la atajó. Ella mentía y lo sabía.- Me diste trabajo porque ningún fotógrafo que se precie te soporta. Y porque ninguno quería rebajarse tanto haciendo fotografías de menús para los restaurantes. No lo hiciste por lo mucho que apreciabas a mi padre. Y lo sabes. Así que no me hagas sentir culpable solo porque he encontrado un lugar donde me siento querida.
- ¿Querida?- escuchó la risa de Alana.- Niña, eres más tonta de lo que creía. Pero si quieres pasar el resto de tu vida ordeñando vacas, es tu problema. Buena suerte, Laura.
Alana colgó antes de que ella pudiera decir nada más. Laura miró el teléfono, preguntándose si había hecho lo correcto. ¿Y si ella tenía razón? ¿Y si era lo bastante tonta como para equivocarse? ¿Y si no había tomado la decisión adecuada? No tuvo tiempo de seguir planteándoselo. Amber ya tiraba de su mano para que la acompañara a hacer unas compras.







Aquella tarde, Jake le había hecho una extraña petición. Le había pedido que le acompañara en su camioneta y que no le dijera nada a Amber. Laura suspiraba de vez en cuando mientras él conducía en silencio. Se sentía inexplicablemente feliz por el hecho de que él quisiera compartir un secreto con ella.
- Para ser mujer, no eres demasiado curiosa.- él interrumpió su silencio. Al ver que no contestaba, sonrió.- Ni siquiera me has preguntado a donde vamos.
- No me importa. Me apetecía pasear.- confesó, esperando que su respuesta no hubiera delatado su emoción.- Pero ya que lo dices, ¿adonde vamos?
- A buscar un regalo para Amber. Mañana es su cumpleaños y voy a organizarle una fiesta sorpresa. Pensé que podrías ayudarme a elegir algo bonito para ella.- la miró de reojo.- Ya sabes, un vestido, unos pendientes… Algo especial para alguien especial.
Laura estuvo a punto de echarse a llorar. Nadie había hecho nunca nada especial por ella. Pero Amber tenía a Jake. La envidió por un instante.
- ¿Cuántos años cumple?- preguntó, tratando de ocultar sus emociones.
- Dieciocho.
- ¿Tantos?
- Amber engaña un poco al principio.- explicó él de buen humor.- Como es pequeña y chilla todo el tiempo, parece menor de lo que realmente es. Pero ya es una mujer, aunque odio reconocerlo.
- ¿Por qué ya no puedas ejercer de hermano mayor?
- Y porque cada vez, es más difícil impedir que haga todo lo que le viene en gana.
- Eso es egoísta por tu parte, Jake Randall.- le recriminó con suavidad y sonrió al ver como se encogía de hombros.
- Solo quiero lo mejor para ella.
- Lo se. Y me parece que en el fondo, no eres tan duro como pareces.
- Puede que no.- la miró un momento- Pero no se lo digas a Amber.
Y se quedó callado el resto del camino hasta la tienda de la señora Tracy. Estuvieron curioseando un rato hasta que Laura encontró algo que le pareció perfecto para Amber. Era un vestido de gasa en tonos lilas, con tiras a los hombros y un chal que hacía juego del mismo color. Se lo mostró a Jake con orgullo. El arrugó la nariz.
- Es para alguien mayor, ¿no crees?
- Claro que no. Jake, es precioso.- insistió ella y se lo colocó por encima para que él captara como quedaría puesto.
- Y muy escotado.
- No seas ridículo. Amber se volverá loca cuando lo vea.
Jake extendió hacia ella una prenda que había cogido antes y Laura negó repetidamente con la cabeza.
- ¿Volantitos? Jake, ese vestido es para una cría.
El lo dejó a un lado refunfuñando.
- Está bien. Tú ganas.- le quitó el chal de las manos y le hizo un gesto para que la acompañara hasta la señora Tracy.- Pero si alguien le pone las manos encima a Amber, te hago responsable.
- Trato hecho.- aceptó ella con alegría.- Y ahora, busquemos unos zapatos.
- ¿Unos zapatos? Abbot, no estamos en Rodeo Drive. No te emociones.
- Hazme caso y Amber te obedecerá hasta el fin de sus días.- prometió.
El la siguió y la obedeció en todo. Y cuando regresaron a la camioneta, ya había anochecido y Laura parloteaba todo el rato sobre las buenas compras que habían hecho. Y una vez más, se vio envuelto en la magia que ella desprendía al hablar. Chasqueó la lengua, contrariado por aquella idea. Le pidió que escondiera en su habitación los regalos de Amber y rezó porque ella tuviera mucho sueño y se acostara temprano. Aquel día, estaba especialmente hermosa. Con aquel brillo intenso en los ojos y aquella expresión feliz que se estrellaba contra todas sus barreras. Sí, definitivamente, Laura Abbot se había convertido en una mujer distinta durante su estancia en el rancho. Se había convertido justo en el tipo de mujer del que él podría enamorarse si se lo propusiera. La cuestión era: ¿quería proponérselo realmente?









Laura dejó que la noche la envolviera, mientras fantaseaba con los destellos que la luna irradiaba en su misma dirección. Entornó las palmas de las manos en el aire, tratando de encerrar entre ellas el perfil de aquella luna hermosa y plena. Una ráfaga de aire pasó sobre ella y se estremeció ligeramente. Sintió como unos dedos fuertes colocaban sobre sus hombros una chaqueta y la sujetó, cruzando los brazos sobre el pecho. Ladeó la cabeza y sonrió al ver a Jake, apoyando los codos sobre la barandilla de madera del porche, muy cerca de ella.
- Gracias.
El no contestó.
- No podía dormir. ¿Te he despertado?- le vio negar con un gesto. Sus ojos miraban a lo lejos, quizá a un lugar donde ella jamás llegaría por más que esforzara la vista.- ¿Amber está dormida?
- Como un tronco.- la voz de Jake era un susurro en el silencio de la noche.- ¿Qué hacéis todo el día para que siempre esté agotada?
- Esta semana hemos comprado mucha tela donde la señora Tracy.- le informó ella, sonriendo otra vez. – Espero que no te importe. Pero Amber y yo hemos pensado que la casa necesitaba renovar las cortinas. No te preocupes, hemos gastado lo mínimo en la tela y vamos a coserlas nosotras mismas.
- El dinero no es problema.- la tranquilizó. Ahora la observaba con incredulidad y Laura adivinó que no tenía mucha confianza en sus dotes como costurera.
- Amber me enseñará. Te prometo que tus ventanas tendrán esas cortinas aunque pierda los dedos en el intento.- ella suspiró – Quiero ganarme mi sueldo, Jake Randall.
Jake se atusó el cabello y Laura le miró. Sus miradas se encontraron durante un instante.
- ¿Hay algo que no sepas o no te atrevas a hacer?- preguntó Jake en voz baja y tal vez fue solo una ilusión, pero a Laura le pareció que su cuerpo se había aproximado al suyo al hablar.
“No se llegar a ti”, pensó ella. Claro que no se lo dijo. Estaba segura de que si lo hacía, Jake desaparecería con tanta rapidez que no tendría tiempo de decir nada más. Y no deseaba que lo hiciera. Estaba disfrutando del momento, de la conversación a media voz y de la noche que se cernía sobre ellos para envolverlos.
- Te dije que te demostraría que te equivocabas conmigo, Jake Randall.- contestó con orgullo.
- ¿Y si te digo que ya casi me has convencido?- Jake frotó su mentón contra el cabello de ella, complacido al ver que no se movía ni hacía ningún gesto que estropeara la espontaneidad de su caricia. Le gustaba eso en ella. Le gustaba que aceptara aquella caricia sin pretender nada más, sin malinterpretarla y echarse en sus brazos.- Abbot, hay algo en ti que me desconcierta.
- ¿Porque soy una rata de ciudad que se adapta bien a la vida en un rancho?- bromeó ella, consciente de su proximidad.
- Eres todo menos una rata de ciudad, Abbot.- Jake estaba ahora tras ella y sus manos se aferraban a la madera a ambos lados del cuerpo de la mujer, apresándolo bajo su enorme estatura. Sintió el aliento de él sobre la nuca y volvió a estremecerse.
- ¿Cómo lo sabes?- estaba coqueteando sin querer. Era cierto. No quería provocar situaciones incómodas entre ambos y se lo había propuesto desde el principio. Sin embargo, él estaba tan cerca… Podía sentir los latidos de su pecho golpeando su espalda, desarmando sus buenas intenciones…
- Lo se porque nunca he querido besar a una rata.- la voz de él se perdió a medida que ella se giraba para recibir su boca en la suya. Jake abrió sus labios con suavidad, invadiendo el interior y explorándolo con lentitud. Laura se aferró a sus brazos y notó como las manos de él se cerraban sobre su cintura, arrastrándola hacia él de forma posesiva. Cuando separaron sus labios y abrió los ojos, lo que vio en los del hombre hizo que algo indescriptible estallara en su interior. Acarició con ternura las facciones del hombre, sonriendo al ver como el cuerpo de él se endurecía bajo el suyo. Jake estaba intentando mantener el control, pero comprendió que no era fácil para él.
- ¿Quieres una disculpa?- preguntó Jake con voz grave. Parecía confundido y eso la conmovió.
- No. – lo dijo con naturalidad. Las manos de él continuaban sobre su cintura y las apartó como si le quemaran- ¿Y tú?
- No hemos debido hacer esto.- masculló entre dientes.- Nos dejamos llevar por esa maldita luna. Y ahora lo hemos complicado todo.
- Jake… Relájate.- dejó que su mano descansara sobre el poderoso brazo masculino.- Por una vez en tu vida, solo vive el momento, ¿quieres? No ha pasado nada.
Jake la miró como si estuviera loca. ¿Qué no había pasado nada? Pero, ¿qué clase de mujer era? Desde luego, no era demasiado lista. No lo suficiente observadora como para advertir el temblor que recorría su cuerpo mientras la miraba. No supo si descubrirlo le hacía sentir mejor o simplemente, hería su orgullo. ¿Es que era habitual para ella besar a cualquiera sin que tuviera la menor importancia? Si era así, todas sus sospechas se confirmaban. La idea le enfureció de inmediato.
- Así que lo de ganarte el suelo iba en serio.- dijo con dureza. Aunque se arrepintió enseguida de haberlo dicho, ya era tarde. Las mejillas de ella se habían encendido y sus labios palpitaban de manera incontrolable. “Que no se eche a llorar, por favor”, pensó, sintiéndose como el peor de los miserables. Aunque en el fondo, sabía que era mejor para los dos que ella le considerara un gusano. Esperó con resignación que ella le lanzara unos cuantos insultos y quizá unos golpes para responder a su ofensa. Sin embargo, una vez más, ella le sorprendió con su silencio.
- ¿No dices nada?- espetó, interpretando su papel de tipo despreciable para ella.
- ¿Para qué? No podría superarte aunque quisiera, Jake.- Laura empujó su pecho con firmeza pero sin brusquedad. Eso le dolió más que si le hubiera estrellado el pequeño puño contra las narices. La vio caminar hacia la puerta con paso seguro. La siguió, apresando su mano antes de que alcanzara la entrada. Ella se volvió, el rostro apacible y la mirada amable. La visión le dejó deshecho. Pero fingió que no le importaba.
- ¿Eso quiere decir que ya no habrá más besos a la luz de la luna?- preguntó con sarcasmo.- ¿No más escenas de seducción, Abbot?
Ella le sonrió con una dulzura que asustaba.
- Una gran actuación, Jake.- la voz femenina se metía en sus oídos y le llegaba hasta el cerebro, martilleando con sus palabras en él, volviéndolo loco. Soltó su mano, enfadado consigo mismo por sus pensamientos. Lo único que deseaba en ese momento, era levantar aquel cuerpo menudo en sus brazos y llevarla hasta su dormitorio para hacerla suya. ¿Cómo era posible que ella le retara con la mirada a hacerlo a pesar de cómo la había tratado? ¿Es que no había una sola pizca de sentido común en aquella testaruda mujer?
- No se volverá a repetir.- aseguró con la voz ronca por el deseo.
- Bien. Entonces, no lo repitas.- soltó ella con indiferencia.
- ¿No te importa?- él luchaba contra el impulso incontenible de hacerla callar de una vez. Esa Abbot tenía la extraña facultad de sacarle de quicio, con aquella manía de tener siempre la última palabra en todas sus discusiones. Por un momento, pensó en olvidar el peligro que ella representaba y silenciar su boca respondona con un beso. Uno más, solo uno para demostrarle quien estaba al mando… Pero no. Por suerte, la razón venció sobre sus impulsos.- Nena… Siempre logras sorprenderme.
- Jake Randall – ella pronunció su nombre con dulzura – Confío en mis otras virtudes para ganarme el sueldo.
Y le dejó allí, desconcertado, recogiendo los pedazos de si mismo que ella había hecho trizas con sus palabras amables.










Para demostrarle a la señorita Abbot que lo de la noche anterior no había significado nada, se le ocurrió que Lana Jackson fuera su pareja en la fiesta de cumpleaños. Laura se había llevado a Amber con la excusa de revisar su correo en la oficina postal y a esa hora, debían estar a punto de llegar. Se aseguró de que todo estuviera perfecto. Había montado unas mesas plegables en el exterior y Lana le había ayudado a adornarlas con los manteles y las flores que Laura había dejado preparados al efecto. La comida estaba en su sitio, la bebida fresca y los farolillos brillando a punto para alumbrar cuando cayera la noche, que sería enseguida.
- Amber se llevará una buena sorpresa, Jake.- Doc le palmeó la espalda y le puso unos cuantos discos en las manos. Jake le miró extrañado.- He conectado mi equipo de música y he traído unos discos de casa. No puede haber fiesta sin baile, amigo… ¡Ahí llegan!
Laura dejó que Amber se adelantara. La vio gritar como una chiquilla al ver las luces y los adornos y saltar sobre Jake, derribándolo casi al hacerlo.
- ¡Mentiroso!- le chilló, besuqueándole y dirigiéndole a Doc una mirada de complicidad.- Me has hecho creer que te habías olvidado de mi cumpleaños. ¿Dónde está mi regalo?
- En tu cuarto.- Jake se zafó del abrazo, avergonzado.
Amber no esperó. Arrastró a Laura escaleras arriba y al descubrir el paquete sobre su cama, lo desenvolvió a toda prisa.
- ¡Es precioso!- le enseñó a Laura el vestido y ella asintió, suspirando aliviado al comprobar que había dado con la talla exacta.- ¿Has sido tú, verdad? ¡Lo sabía! ¡Eres la mejor, Laura!
- ¿A qué esperas para ponértelo? Tus invitados te esperan.- era cierto. Laura se asomó por la ventana y vio como algunas camionetas se detenían frente a la casa.
- Ayúdame a abrocharlo.
Laura le dio algunos consejos sobre el maquillaje. “Suave, natural”, le había dicho en tono maternal, recordando con nostalgia que nunca había tenido la oportunidad de que su madre la aconsejara en aquellas cuestiones. “Que nadie vea el maquillaje, pero que cautive sin ser visto”. Cuando Amber le mostró el resultado, Laura se sintió tan orgullosa como si realmente fuera su hermana.
- Esta noche, pareces una verdadera señorita, Amber Randall.- le dijo y Amber la abrazó de repente.
- Te quiero, Laura.
- Vamos, vamos… Vas a hacerme llorar.- la empujó hacia la puerta, ocultando la humedad de sus ojos y sonriendo.
- ¿No vas a cambiarte?- Amber se detuvo al pasar junto al cuarto de Laura.- Ponte algo bonito para la ocasión. Por favor, por favor…
Laura asintió, en realidad porque quería contentar a Amber en todo esa noche. Era su fiesta. Todo cuanto Amber quisiera, lo merecía. Incluso si lo que quería era que Laura brillara. Aunque lo que ella deseaba en realidad, era estrangular a Jake por pavonearse delante de todos del brazo de Lana Jackson. Aún así, cambió sus vaqueros por un vestido sencillo con la espalda y los hombros al aire y la falda amplia que la cubría hasta las rodillas. Se soltó el cabello de la trenza que lo recogía y después lo sujetó en las sienes con unas graciosas trabas en forma de mariposa que Amber se apresuró a prestarle. Dio una pincelada de color rosa tenue a los labios y se miró al espejo.
- Ahora sí que estamos perfectas.- dijo Amber y la arrastró nuevamente con los demás.
Laura no se sorprendió cuando Doc tragó saliva al verlas salir y unirse al grupo. A estas alturas, ya había descubierto su pequeño secreto. No era por ella por quien suspiraba el joven Andrew Mcqueen, a quien todos llamaban familiarmente “Doc”. Y por el modo en que Amber se colgaba de su brazo y entornaba los párpados con coquetería, sus sentimientos eran correspondidos. Desvió la mirada hacia Jake, que les espiaba desde el otro lado de la mesa y fruncía el ceño. Laura comprendió que le tocaba hacer de carabina con ellos, al menos hasta que Jake bajara la guardia. Sabía que Jake apreciaba a Doc, pero no estaba segura de si aquel afecto llegaba al punto de permitir que le arrebatara a Amber de su lado. Por si acaso, decidió no arriesgarse. Charló con los dos animadamente durante toda la noche, alternando la vigilancia entre las piezas de baile. Por suerte, sus buenos vecinos se compadecieron de ella y no echó de menos el hecho de que Jake la ignorara durante toda la noche a propósito. Además, ya le había visto pisotear los graciosos pies de Lana en un par de ocasiones. Así que si no quería bailar con ella, mucho mejor. Sin embargo, cuando todos habían comido y bebido hasta reventar y la música comenzó a sonar, supo que había llegado el momento de dejarles algo de intimidad. Se apartó con disimulo y observó satisfecha como Doc y Amber se perdían entre los demás para unirse al baile. Doc era respetuoso y delicado y Amber parecía realmente sacada de un cuento de hadas con su vestido nuevo. Sonrió. Hacían buena pareja. Ladeó la cabeza al descubrir la mirada de Jake, astuta y vigilante, buscando la suya en la distancia. Le vio deshacerse de Lana con un gesto y caminar hacia ella con paso decidido. Laura aprovechó la oportunidad que el sheriff Graves le brindaba y le tomó del brazo, aceptando su invitación.
- Sheriff, ¿me acompaña?
El hombre la miró con sorpresa. Era un tipo atractivo, de unos treinta y cinco años. Los ojos grises y el cabello rubio perfectamente cortado y brillante, a juego con su placa reluciente. Había escuchado rumores sobre ellos. En el pueblo, se decía que él y Jake no se llevaban demasiado bien, desde que Lana Jackson plantara al sheriff y pusieras sus ojos sobre Jake Randall. Le pareció que Graves se pegaba a su cuerpo más de la cuenta mientras Jake se acercaba a ellos.
- Graves.- Jake le saludó con indiferencia.- ¿Puedo robarte a la señorita Abbot un momento?
- Estamos bailando, Randall. ¿No tienes modales?- el tono de Graves era hostil.
- Ya sabes que no, sheriff.- el hombre la soltó y Jake la atrajo hacia él con brusquedad.- ¿Nos perdonas?
Laura vio como Graves se alejaba a disgusto. Claro que el disgusto solo le duró unos segundos, justo el tiempo que tardaba en recorrer la distancia hasta Lana Jackson y apartarse con ella del resto. Elevó la barbilla por encima del hombro de Jake y les espió mientras discutían acaloradamente pero sin levantar la voz, bajo la copa de un árbol.
- Randall, creo que el sheriff intenta robarte la chica.- murmuró y él inclinó la cabeza para aspirar el aroma de su cabello.
- Ahora ya no.- la voz de él también era un murmullo que acariciaba el lóbulo de su oreja peligrosamente.
Laura no entendió lo que quería decir. Estaba demasiado concentrada controlando las sensaciones que él le producía con su cercanía. Jake no era el mejor bailarín, de acuerdo. Pero sabía como hacer que una chica perdiera la cabeza solo con el lento recorrido de sus dedos sobre su espalda desnuda.
- No mires ahora, Jake. Pero creo… Creo que deberías volver con Lana.- insistió contra su voluntad.
- Lana no es asunto mío.- contestó él con voz grave.- Pero tú si, Abbot. ¿Qué pretendías, bailando con todos los tipos de la fiesta y sonriendo para todos?
- No he hecho eso.- se defendió y notó como las manos de él se cerraban aún más alrededor de su cintura.
- ¿Ah, no?- él arqueó las cejas con expresión burlona.- Entonces, dime qué hacías bailando con ese idiota de Graves hace un momento. ¿Acaso no sabes que él tiene la extraña fijación de querer todo lo que cree que es mío? Me declaró la guerra cuando Lana comenzó a frecuentar el rancho, ¿no has escuchado los chismes que circulan sobre eso? El muy cabezota no entiende nada.
- ¿A qué te refieres?
-Nena, ¿en realidad eres tan tonta?- preguntó con evidente sarcasmo. Laura trató de desprenderse de su abrazo, pero Jake se lo impidió, obligándola a moverse junto a él al compás de la música.- Lana Jackson solo tontea conmigo porque está furiosa con él. El idiota de Graves no se decidía a poner un anillo en su dedo y Lana me utiliza para darle celos. ¿En serio no te habías dado cuenta?
- Pero ella… Bueno, se puso furiosa cuando supo que viviría en el rancho.- le recordó.- Pensé que tú… Que tú y ella… Ya me entiendes.
- Abbot, Lana Jackson quiere un anillo en su dedo.- y añadió – Cualquier anillo, ¿comprendes? Y por Dios, que rezo todas las noches para que ese cretino se decida.
- Ya veo.- supuso que Jake quería decir que cuanto antes desapareciera Graves de escena, antes podría ofrecerle su propio anillo sin tener remordimientos de conciencia.- Me alegra que no estés preocupado.
- Y yo me alegro de que seas tan buen perro guardián.- comentó él y Amber supo que él estaba hablando de Amber.- No creas que soy tonto, Abbot. Y tampoco estoy ciego. He visto como se miran esos dos.
- Jake, son jóvenes…- Laura se dispuso a interceder por ellos.
- Lo se.- su voz era dura al hablar.- Por eso, no me entrometeré a menos que sea estrictamente necesario.
- ¿Qué quieres decir?- le oyó suspirar en su cuello y cerró los ojos para recibir su respuesta… o lo que fuera.
- Quiero decir, que no le romperé la crisma a Doc siempre y cuando se comporte como un caballero.
¿Estaba bromeando? Laura no estaba segura. Su expresión era un misterio para ella.
- ¿Desilusionada?
Su pregunta la desconcertó y escuchó su risa tenue que se mezclaba con el sonido de la música.
- Porque Doc no está interesado en ti.- aclaró él.
- Lo superaré.- contestó de buen humor, esperando que él captara la nota humorística de su comentario. Al parecer, lo hizo, porque aflojó la presión de sus manos y la miró directamente a los ojos.
- La lista de hombres disponibles para ti se va reduciendo, Abbot.- observó él.- ¿Imaginas el desastre cuando solo quede mi nombre en ella?
- También puedo superar eso.- replicó, furiosa y excitada a la vez por lo que él estaba insinuando.
- ¿Qué harás cuando eso suceda, Abbot?- Jake aprovechó que se habían alejado un poco de los farolillos y en la oscuridad, dejó que sus labios rozaran su mejilla con suavidad.- ¿Volverás a la ciudad?
- Eso no es asunto tuyo, Jake.- respondió, permitiendo a pesar de su enfado, que los dedos de él acariciaran la línea de su nariz.- La pregunta es: ¿qué harás tú cuando eso suceda?
- Creo que te echaré de menos.- confesó él con una sonrisa.- No hay nadie por aquí que me haga perder los estribos como tú.
- ¿Eso es un insulto o un piropo?
- Es un hecho, Abbot.- ella creyó que iba a besarla. Pero Jake apartó el rostro del suyo, fiel a la promesa que le había hecho la noche anterior. Se deslizó con ella hasta quedar entre los demás bailarines nuevamente. La música dejó de sonar un momento y Laura recordó que había olvidado algo. Se golpeó la frente con la palma de la mano y corrió hacia la casa. Jake la siguió, preocupado.
- Se me olvidaba. La tarta que encargaste…- destapó el pastel y colocó cuidadosamente las velas en el centro. Buscó con la mirada un encendedor y sonrió cuando Jake sacó uno de sus bolsillos y encendió las velas.- ¿Vamos?
- Abbot, eres mi salvación.- comentó él, quien también había olvidado el motivo de aquella fiesta. La vio salir para unirse al resto, con su pastel en las manos, radiante… En ese instante, se le ocurría que no había sido demasiado acertado en su frase. Debía haber dicho “Abbot, eres mi perdición”. Claro que entonces, ella le habría puesto la tarta de Amber por sombrero y habría tenido que explicárselo a los invitados. Lo dejó estar y la acompañó, tratando de no pensar en lo hermosa que se la veía con aquella sonrisa que podría iluminar la noche más oscura.
Cuando Amber sopló sus velas, fingió que no advertía el ligero beso en la mejilla de Doc. Por esa vez, lo pasaría por alto. Soportó estoicamente hasta el final, consciente cada minuto de la felicidad de su hermana y de que Laura era en parte responsable de aquella felicidad. Cuando tuvo la oportunidad de estar cerca de ella, le susurró algo al oído.
- Gracias.
Laura se volvió, extrañada.
- ¿Porqué?
- Por hacer que esta sea su mejor fiesta de cumpleaños. No lo habría hecho sin ti.
- Ha sido un placer, Jake.- Laura se escabulló de su lado. Jake estuvo tentado a seguirla y darle las gracias del modo en que realmente le apetecía hacerlo. Pero sabía que era un error. Ella le había tomado cariño a Amber, de eso estaba seguro. Pero un buen día, se aburriría de aquella vida y regresaría a su vida anterior. Por suerte para Amber, se estaba convirtiendo en toda una mujer que era capaz de entender eso. Y por otro lado, tenía a Doc. Tarde o temprano, sospechaba que aquellos dos se presentarían en casa y le harían saber que eran mayorcitos para andar solos por la vida. Sin embargo, él no tenía nada de eso. No tenía a nadie más que a Amber, su única familia, el motor que le había impulsado todos esos años a luchar. Esa Abbot solo era un accidente, algo pasajero que desaparecería de sus vidas cualquier día. Ya lo sabía. Entonces, ¿porqué no podía dejar de mirarla y pensar en lo bien que quedaría el rancho con ella dentro adornándolo con su sonrisa?

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MensajeTema: Re: Una mujer a mi medida   Miér Feb 01, 2012 11:29 pm


- ¿Porqué no te has casado, Jake?- se lo había preguntado con naturalidad. Pero él se atragantó con el bocado que acababa de introducir en su boca al escucharla. Ya sabía que aquello había sido un gran error. Se lo había dicho a Amber cuando ella prácticamente le había empujado a llevar a Abbot consigo en su viaje. Aún estaban a más de tres horas de camino hasta el pueblo más cercano, donde Jake esperaba hacer un buen negocio con el ganado. Y por si fuera poco, la maldita camioneta se había averiado. Sin las herramientas necesarias y con la noche a punto de caer sobre ellos, era imposible que continuaran su camino. Había decidido encender fuego y acampar junto a la camioneta. Y era una suerte que Amber hubiera echado en el asiento trasero aquella bolsa con un par de bocadillos de carne. Pero no era lo peor. Lo peor era que ella le miraba como si todavía esperara una respuesta. Esa Abbot era más que curiosa. A Jake no le atraía la idea de conversar sobre temas tan íntimos en aquellas circunstancias. Era peligroso. Muy peligroso. Sobre todo, porque hacía algunos días que no podía dejar de pensar en ella. Claro que se mostraba siempre distante y trataba de no confraternizar demasiado con el enemigo. Pero por alguna extraña razón, Amber estaba empecinada en hacer de ellos dos un bonito muñeco sobre la tarta nupcial. Y a decir verdad, la idea le ponía cada vez más nervioso.
- Esa es una pregunta muy personal, ¿no crees?- lanzó el resto de su bocadillo sobre la hoguera, ocultando la mirada.- ¿Y tú, porqué no lo has hecho?
- No lo se.- ella se estiró en el suelo, cerrándose la chaqueta todo lo que pudo hasta el cuello.
- Hace frío, Abbot. Volvamos a la camioneta.- ella le siguió. Jake palmeó el asiento junto a él para indicarle que se sentara más cerca.- Supongo que como nunca he tenido un verdadero hogar, nunca he sentido nostalgia por formar uno propio. Hasta ahora.
- ¿Cómo era tu padre, Abbot?- él se movió, aparentando que se trataba de un movimiento casual. Pero no lo era. Ella tenía frío y agradeció que le rodeara los hombros con su brazo y la estrechara ligeramente contra su cuerpo.
- Era un buen hombre.- respondió y clavó los ojos en las estrellas.- Marion era la persona más especial que he conocido. Ojalá le hubieras conocido, Jake… Tú y él os habríais llevado muy bien.
- Creo que en eso te pareces a él. También eres especial.- Jake lo dijo sin querer y se arrepintió enseguida de haberlo dicho. Quizá Abbot lo interpretara como… ¿Cómo podía interpretarlo alguien como ella? Hubiera querido tener el valor de preguntárselo. Pero a pesar de su corta estatura y de la dulzura de su expresión, aquella chica le daba miedo. Para ser más exacto, las cosas que ella le hacía sentir en ese momento, le ponían la piel de gallina. De haber sido un poco más listo, habría salido corriendo con la promesa de regresar en su busca en cuanto alguien le prestara una camioneta. Una vez más, la profunda mirada de ella le retuvo en el sitio. Intentó ponerse a salvo antes de que Abbot le sedujera irremediablemente.- Quiero decir que eres una buena chica, Abbot. Un poco charlatana, eso tienes que reconocerlo. Pero en conjunto, no estás mal.
- ¿No estoy mal, Jake?- Laura se dejó caer sobre el respaldo de su asiento y Jake la imitó. Se giró hacia él y ambos quedaron mirándose fijamente a los ojos.- Nunca pensé que pasaría los últimos minutos de mi vida viendo las estrellas con un duro vaquero.
- Nena, no dramatices.- la tranquilizó, aunque sabía de sobra que ella estaba menos asustada que él.- Solo nos hemos detenido porque está demasiado oscuro para continuar a pie. En cuanto amanezca, te llevaré de vuelta a casa.
- ¿Nada de serpientes esta noche, Randall?- bromeó.
- No son venenosas por esta zona.- sonrió él.- Pero no te prometo nada sobre los escorpiones.
- Me tomas el pelo.- le regañó, notando como el sueño comenzaba a vencerla a pesar de lo agradable de la conversación. Se acurrucó en el hueco de su hombro.
- Siempre, nena.- la observó mientras ella luchaba porque sus párpados no se cerrasen. Después de un buen rato en el que la noche se cernía poderosamente sobre ellos, Jake comprendió que ella había dejado de luchar. Dormía como un ángel… O como un demonio, a juzgar por el efecto que causaba en él, con su cabeza apoyada en su pecho y el ligero sonido de su respiración golpeando su cerebro. Abbot estaba preciosa cuando no abría la boca para pelear o decir algo que le pusiera furioso. Murmuró algo, recordando la pregunta que ella le había hecho antes. Se alegró de que durmiera como un tronco y no pudiera escuchar la tontería que acababa de soltar. Lo repitió.- No te había conocido.


Amber le hacía gestos con disimulo, mientras colocaba los últimos adornos en el árbol de Navidad. Laura apenas podía creer que el tiempo hubiera pasado tan rápido. Apenas hacía un par de meses, era una persona solitaria que pasaba las noches frente al televisor sin otra compañía que la suya. Y de pronto, ya era Navidad. La nostalgia la invadió. Echaba de menos a papá. Reconoció que las navidades con él no eran exactamente tradicionales. Solían pillarles de viaje, en alguna habitación de hotel o en mitad de algún importante reportaje en el que no se le podía molestar. Pero estaban juntos. A veces, incluso preparaban su “árbol especial”, como él le solía llamar. Un arbolito en miniatura que él decoraba y colgaba del retrovisor de su coche de alquiler. Sonrió para sus adentros y se acercó a Amber para ayudarla con las luces. Jake permanecía silencioso, sentado en su sofá favorito mientras leía con detenimiento los papeles que tenía entre las manos. Laura ya se había acostumbrado a verle en aquella postura. Muchas veces, por las noches, ella y Amber se entretenían jugando a las cartas o simplemente charlando y escuchando discos, mientras Jake fumaba su pipa en silencio. Le gustaba verle así, relajado y tranquilo. Aunque no dijera una sola palabra, ella sabía que Jake también se iba acostumbrando a tenerla en casa. Sin embargo, en aquella ocasión, su expresión era preocupada.
- ¿Ocurre algo?- preguntó Laura en voz baja. Amber se colocó el dedo índice sobre los labios.
- Son esos tipos de la ciudad otra vez.- comentó Amber y al ver como ella arqueaba las cejas, le explicó.- Los de la compañía de petróleo. El año pasado vinieron por aquí y le hicieron una buena oferta a Jake para que les vendiera el rancho. Al parecer, creen que hay petróleo por estas tierras. Pero Jake no quiere ni oír hablar del tema. Esta mañana, ha recibido otra carta de ellos. Le presionan y eso le enfurece.
- ¿Pueden hacerlo?- Laura bajó la voz para evitar que él la escuchara.- Obligarle a vender, ¿pueden?
- No lo se.- Amber parecía inquieta.- El año pasado, no fue demasiado bueno. Jake tuvo que solicitar un préstamo y… Bueno, él no me cuenta nada. No quiere que me preocupe de esas cosas. Pero se que algo va mal. Lo se por la cara que ha puesto al abrir la carta.
- Tal vez deberíamos…
- Ni se te ocurra decirle que te lo he contado. Me mataría si se entera.- la mirada de Amber era suficiente para saber que debía guardar el secreto.- No te ofendas, Laura. De verdad, te quiero como a una hermana y se que Jake ya te ha tomado cariño. Pero es muy orgulloso, ¿sabes? No le gustaría.
- Está bien.- desvió la atención de Amber hacia el árbol.- Mira. ¿No te parece que ha quedado perfecto?
- A mí me lo parece.- las dos se sorprendieron al escuchar la voz de Jake a sus espaldas. Lejos de parecer furioso, sonreía abiertamente.- Recuérdame que te aumente el sueldo, Abbot.
- ¿Y yo qué?- replicó Amber divertida.
Laura estuvo a punto de decirle que no necesitaba aquel aumento. Le hubiera dicho incluso que trabajaría gratis para él con tal de que le permitiera estar siempre junto a ellos. Pero recordó lo que Amber le había pedido.
Jake le palmeó el trasero a su hermana y le pidió que saliera a tomar el aire un rato. Laura adivinó sus intenciones. Había escuchado hacía un momento, detenerse la camioneta de Doc frente a la casa. Era delicioso el modo en que él, contra todo pronóstico, propiciaba sus encuentros. En el fondo, Jake era un sentimental, pero nunca lo reconocería. Cuando estuvieron a solas, él se paseó alrededor de árbol, dando su aprobación con la mirada.
- Es el mejor árbol de Navidad que hemos tenido, lo confieso.
- Tengo mis trucos, Randall.- bromeó y aceptó la copa de vino que él le servía.- ¿Vino? ¿Qué celebramos, jefe?
- Que mañana es Navidad.- contestó él sin dejar de mirarla.- Que estás con nosotros. Que Amber ha encontrado a la hermana que siempre soñó. Que ese Doc está siendo un buen chico y no tendré que ir a la cárcel por atizarle… Que estás con nosotros…
- Eso ya lo habías dicho.- le interrumpió con dulzura y Jake, como era costumbre en él, señaló su amplio sofá para indicarle que se sentara junto a él. Era una especie de ritual entre ellos. Cada noche, cuando Amber se iba a la cama, ella le acompañaba un buen rato. Mientras él fumaba su aromático tabaco en pipa, ella le contaba lo que habían hecho durante el día. Le relataba los cambios que se le iban ocurriendo para la casa y sonreía cuando él encogía los hombros como única respuesta. Cuando Jake encogía los hombros, quería decir “está bien”, Laura ya había aprendido a interpretar su peculiar lenguaje de signos. Otras veces, él la retaba a una partida de cartas y la dejaba hacer trampas, fingiendo que no se daba cuenta. Incluso la dejaba ganar y se hacía el ofendido y la llamaba “tahúr” mentiroso para después retirarse a dormir. En ocasiones, la conversación se centraba en Amber y en los progresos de su relación con Doc. Por supuesto, Jake no quería saber los detalles íntimos. Decía que prefería no saber lo que aquellos dos hacían a sus espaldas, aunque en su interior, él sabía que no tenía de qué preocuparse. Tanto Amber como Doc, eran dos personas responsables y se tomaban muy en serio el que Jake aprobara su relación. Le respetaban y eso era muy importante para él.
Aquella noche, él no decía nada. Solo miraba el fuego que crepitaba en la chimenea y de cuando en cuando, la miraba cuando creía que ella no le veía.
- Es hora de decirte algo, Abbot.- la voz de Jake sonaba lejana. Laura se acurrucó en su lado del sofá y encogió las rodillas en el estómago para acomodarse.- Nunca pensé que te diría algo así. Pero me alegro de que estés aquí.
- Eso suena bien.- aceptó ella, sin moverse de su sitio.- Pero…
- Siempre hay un “pero”, ¿verdad?- Jake se mostraba inseguro para variar. Comprobarlo, la hizo sentirse bien.
- Tratándose de ti, sí.- sonrió.- Jake, seamos realistas. Tus cumplidos suelen ir seguidos de algún reproche o comentario sarcástico.
- Esta vez no.- él se movió, apoyando su brazo en el respaldo del sofá y quedando completamente girado hacia ella. Diablos, sí que era difícil… Llevaba varios días preparando aquello y ahora que la tenía delante y a solas… Estaba claro que no tenía experiencia con las mujeres, porque no tenía ni la más remota idea de cómo decirle lo que quería decir. ¿Y qué quería decirle? Lo había ensayado durante toda la noche anterior. “Verás, Abbot… Ya que pareces decidida a quedarte y como Amber y tú habéis congeniado tan bien…” No, no era eso. La otra parte… “Quiero decir que como te hemos tomado cariño, Amber y yo y todo el maldito pueblo…” Era inútil, se hacía un lío con las palabras y ni siquiera sabía si eran las correctas. Y por si fuera poco, tenía la cabeza hecha un lío con el asunto de la petrolera y los anónimos que había recibido la última semana… Pero ella estaba allí. No se había ido. Dios, cómo deseaba besarla a pesar de todo. A pesar de la maldita petrolera y de los chiflados que amenazaban con quemarle el rancho. A pesar de su preocupación por Amber, quien seguramente estaría afuera haciendo con Doc lo mismo que él deseaba desesperadamente hacer con ella. Sacudió la cabeza y se pasó la mano por el cabello desordenado – Verás, Abbot… He estado pensando… No, se me ha ocurrido que… Quiero decir que…
- Jake Randall.- pronunció su nombre con aquella calidez que le volvía loco de deseo.- ¿Estás tratando de decirme algo? Porque si es así, será mejor que lo hagas antes de que nos hagamos viejos.
Jake recorrió con la mirada las facciones de la mujer. Los ojos, brillantes y sinceros. La nariz ligeramente respingona y aquellos deliciosos hoyuelos que se le formaban en las mejillas cuando sonreía. Su mirada se detuvo en los labios, entreabiertos, desafiantes… Los apresó con suavidad primero, con fiereza después. Estaba sediento de ella y tuvo que controlarse para no hacerle el amor allí mismo al comprobar como ella correspondía con pasión.
- ¿Qué era lo que ibas a decirme, Jake?- ella le apartó al cabo de unos segundos, jadeante. Jake la miró, incapaz de articular una sola palabra. Era lista aquella mujer. Le tenía justo donde ella quería. Saberlo le enfurecía y le excitaba a la vez.
- Yo… Sólo quería desearte una Feliz Navidad.- contestó entre dientes, esperando que ella no notara su nerviosismo.
- ¿Y…?
- Demonios, sólo eso… Feliz Navidad, Abbot.- casi estaba gritando, tan tenso como las cuerdas de una guitarra. Escuchó la risa femenina y exhaló un profundo suspiro, consciente de que ella ya le había descubierto. Había descubierto que le tenía en sus redes y ahora, sólo cabía esperar. Por lo poco que sabía sobre las mujeres, a ellas les gustaba jugar. Muy bien, jugarían. Pero después, la llevaría a su cuarto y le haría el amor hasta dejarla rendida a sus pies. Y si ella quería marcharse dentro de una semana o de un mes o de un año, no le importaba… ¿A quién quería engañar? Si ella decidía algo así, Jake Randall solo sería otro tipo hecho polvo que suspiraría y se emborracharía mientras escuchaba viejas canciones de amor en la taberna del pueblo. No tuvo tiempo de decirle cuáles eran sus intenciones con respecto a ella. Los gritos de Amber sonaron en el exterior y Jake se levantó con un movimiento felino para correr hacia la puerta. Laura le siguió.
Lo que vieron al salir y llegar hasta el ganado, fue escalofriante. Amber sollozaba sin parar y Doc trataba de tranquilizarla como podía.
- Lo siento, amigo. No hemos podido hacer nada…- Doc también estaba asustado, aunque trataba de controlar su miedo por Amber.- Nos alejamos a dar una vuelta en mi camioneta y al volver, escuchamos a los perros ladrar. Cuando lo hemos visto… Dios, ¿quién es capaz de una atrocidad así?
¡Los perros! ¿Cómo no los habían oído? Jake no le escuchaba. Había saltado la valla que protegía al ganado y permanecía allí, de pie, con las mandíbulas y los puños apretados y el rostro descompuesto por la furia. Echó una ojeada a los cadáveres de los animales, buscando algún superviviente a aquella masacre. Se inclinó un segundo al ver como una de las reses aún estaba con vida. Miró a Doc y este se unió a él, dejando que Laura se ocupara de Amber.
- ¿Puedes hacer algo?- la voz de Jake era un silbido de rabia en mitad de la noche. Doc negó con la cabeza y Jake le hizo un gesto. Doc fue hasta la casa, regresando al instante con la escopeta de Jake.- Llévatelas adentro, ¿quieres?
Doc obedeció y arrastró a duras penas a Amber.
Jake encañonó al animal cuando creyó estar solo. Lo pensó antes de apuntar fijamente.
- Maldita sea…
Laura cerró los ojos y se tapó los oídos al escuchar el disparo. Los dedos le temblaban al posarlos sobre el hombro de él.
- Jake…
- Déjame en paz.- él se sacudió, volviéndose hacia ella con el arma aún en la mano. La miró con rabia contenida y Laura retrocedió, sorprendida por su reacción.- ¿Te parece emocionante, después de todo?
- Jake, no se…
- ¡La vida en el rancho, maldita sea!- él estaba fuera de sí.- ¿No crees que es de lo más emocionante? Seguro que sí… La gente como tú, Abbot, siempre le ve el lado romántico a las cosas, ¿no es así?... La gente como tú es capaz de hacer algo así y pensar que no está tan mal… Porque la gente como tú, la maldita gente de la ciudad, es capaz de invadir mi propiedad y matar a mi ganado en mitad de la noche y… Por Dios que si les cojo, haré que se arrepientan de esto.
- ¡Jake!- ella le llamó, consciente de que tenía que hacerle entrar en razón o cometería una locura.- ¿Qué vas a hacer?
- Buscar a esos desgraciados. Y demostrarles que nadie asesina mis vacas y se larga sin más…- se detuvo al ver como ella se plantaba frente a él, decidida a no dejarle marchar.- Abbot, quítate de mi camino… Te lo advierto.
- Jake, llamemos al sheriff…- le suplicó.- El sabrá qué hacer.
- Abbot.- el tono de su voz se volvía peligroso por momentos.- He dicho que te quites de mi camino… Ahora.
Ella se apartó, incapaz de pensar. El Jake Randall que la había besado al calor de la chimenea, había desaparecido. El que tenía ante sí, no se parecía en nada a él. Estaba como loco, quería venganza…
- Vuelve adentro y dile a Doc que se quede esta noche en la casa.- ella no se movió. De repente, el tono de él se suavizó. – Por favor, vuelve a casa. Quédate con Amber y Doc… Estaré más tranquilo.
- No pienso volver si no vienes conmigo.- replicó y vio como él apretaba los labios con fuerza.
- Te aseguro que no haré ninguna tontería.- dijo él y Laura escudriñó su expresión para valorar su sinceridad.- ¡Diantres, Abbot, iré a buscar a Graves, lo juro!. ¿Quieres entrar en la casa?
Laura suspiró.
- Prométeme que irás con cuidado.
- Lo prometo.- y desapareció en su camioneta, alejándose a gran velocidad.














Amber se había quedado dormida hacía apenas media hora y Doc estaba recostado en el sofá, luchando contra el sueño que amenazaba con vencerle de un momento a otro. Aún quedaban un par de horas para que amaneciera, pero no podía siquiera pensar en acostarse mientras tenía noticias de Jake. Aprovechó un momento en que Doc cerraba los ojos para deslizarse hasta la puerta. La cerró con cuidado a sus espaldas y se sentó en las escaleras, vigilante. No supo cuanto tiempo había pasado así, pero un roce en el brazo la devolvió repentinamente a la realidad. Jake estaba sentado a su lado. Parecía cansado.
- ¿Les han encontrado?- le preguntó somnolienta.
- Ni rastro.- respondió él con expresión ausente.- Esos desgraciados lo tenían todo bien planeado. Han hecho el trabajo y se han esfumado.
- ¿Qué ha dicho Graves?
- Que mañana abrirá una investigación.
- Lo siento tanto, Jake…
El se desprendió de su chaqueta y se la colocó por encima.
- No es culpa tuya… Estás helada, Abbot.- observó y algo parecido a una sonrisa asomó a sus labios.- Te dije que te quedaras dentro. ¿Es que nunca obedeces una orden?
- No si quien me lo ordena, parece a punto de estallar de rabia.
- Lamento lo de antes.- Jake ocultó la mirada.- No quería hablarte como lo hice.
- Claro que querías.- ella presionó su mano bajo la chaqueta y sonrió al ver como él la apartaba avergonzado.- Pero estoy segura de que no lo sentías.
- ¿Siempre eres así de comprensiva?
- Casi siempre.- le oyó reír con cierta tristeza.
- Me habías asustado.- Jake se restregó los ojos.- Creí que lo hacías para…
- ¿Para qué, Jake? ¿Para hacer que te enamores de mí?
El la miró, maravillado por el modo en que ella le conducía a su terreno nuevamente.
- Nena, tú no te rindes nunca, ¿verdad?- Jake dejó que esta vez, fuera su mano la que buscara la de ella. La acarició levemente y después, sus dedos dibujaron con lentitud la línea de la garganta femenina.- Y en realidad, no se que esperas de mí.
- No lo se.- Laura cubrió con su mano los dedos de él, obligándolos a permanecer en su cuello durante unos segundos antes de apartarlos con suavidad.- Tal vez solo esto, que charlemos aquí sentados. Que los dos tengamos un hombro sobre el que llorar cuando tengamos un mal día. ¿Te parece tan terrible?... Seamos amigos, Jake Randall. A lo mejor, te doy una sorpresa y hasta te resulto simpática.
- Abbot, ya me pareces simpática.- bromeó él, quizá para eliminar la atmósfera de intimidad que se estaba creando.
- Pero no quieres que seamos amigos.- le reprochó con un mohín.
- Porque no tengo amigos a los que quiera meter en mi cama… Santo Cielo, Abbot, eres más cabezota que yo…- Jake estaba lo bastante cansado como para ceder. Tenía que retirarse antes de que ella lo descubriera. Se levantó. Tiró de su mano y de un salto, la hizo ponerse también de pie.- Vamos a dormir un poco. Pronto amanecerá.
Ella asintió. En el salón, Jake sonrió al ver como Doc le saludaba medio en sueños.
- ¿Amber está bien?
- Un poco nerviosa. Pero la obligamos a echarse un rato. ¿Has descubierto algo?- Doc hizo ademán de erguirse, pero Jake negó con la cabeza.
- Descansa, Doc. Hablaremos por la mañana.
La acompañó hasta la puerta de su habitación y Laura aguardó, preguntándose si la despediría con frialdad. Jake cruzó los brazos sobre el pecho, observándola con curiosidad.
- Algún día, Abbot, me invitarás a pasar.- dijo en voz muy baja.- Y ese día, los dos tendremos un serio problema.
- Pero no hoy, Jake Randall. No esta noche.- Laura cerró la puerta despacio, consciente de que él estaba aún al otro lado. Le oyó murmurar algo y sonrió quedamente. El había dicho: “Abbot”, con aquel tono que revelaba claramente que Jake no era inmune a ella.












Laura estaba colgando la última de las cortinas cuando su taburete se tambaleó peligrosamente. Amber había salido a tomar un refresco con Doc y Jake le había hecho prometer que esperaría a que él llegara para ayudarla. Sin embargo, estaba tan emocionada por ver la cara que él ponía, que no había podido esperar más. Y por otro lado, sabía que él estaría agotado esa noche. Después de lo sucedido con las terneras, Jake no dejaba de vigilar todo el tiempo. Apenas había dormido unas horas y se había levantada cuando aún no había amanecido. Ella no quería entrometerse, pero intuía que los apuros económicos de Jake iban en aumento. Por lo que conseguía sonsacarle a Amber, el banco le había negado un nuevo crédito y se preguntó cuál sería el momento adecuado para proponerle lo que tenía en mente. Y era Navidad. Y estaba decidida a que Amber y Jake tuvieran la mejor Navidad de sus vidas, que también sería la mejor para ella. Solo, claro estaba, si no terminaba escayolada hasta el cuello, pensó al tiempo que caía y sentía unas manos fuertes que la sujetaban en el aire. Sonrió con nerviosismo, esquivando la dureza de su mirada y dejándose llevar por él hasta quedar a salvo y con los pies sobre el suelo.
- ¡Jake! No te esperaba tan pronto…- le vio cruzar los brazos sobre el pecho en actitud desaprobadora.- Quería darte una sorpresa.
- ¿Cómo, rompiéndote la crisma?- su tono era frío.- Te dije que no quería que lo hicieras sola. Has podido matarte, ¿en qué estabas pensando?
- Ya te lo he dicho.- insistió, furiosa porque él ni siquiera había comentado lo bonitas que habían quedado las dichosas cortinas.- Quería darte una sorpresa.
- Pues no me des más sorpresas, Abbot.- advirtió enfadado- No quiero tener que preocuparme también de una chica tonta que se cree el hombre araña y se dedica a trepar por mis paredes.
- ¡Muchas gracias!- explotó ella.
- De nada.- él no se movía y Laura permanecía contra la pared, a punto de gritarle que no necesitaba que nadie se preocupara por ella. Había aprendido a cuidarse solita hacía mucho tiempo. Y desde luego, no tenía intención de matarse por el momento.
- ¿Y ahora qué te pasa?- le espetó - ¿Quieres decírmelo o prefieres seguir humillándome el resto de la noche?
El la taladró con la mirada. Aunque sus ojos echaban fuego, Laura fue consciente de que había algo más oculto tras aquella expresión rabiosa. Un delicioso hormigueo le recorrió la espalda al comprender de qué se trataba. Estaban solos en la casa. Y él lo sabía. Aunque normalmente, Jake evitaba quedarse a solas con ella, en aquella ocasión no podía escapar a la realidad. Ni ella tampoco.
- Jake – él se tensó al escuchar su nombre en los labios femeninos.- ¿Estás bien?
- No, no estoy bien.- el tono de él era brusco y Laura extendió los dedos para acariciar la incipiente barba de su mentón.- Pero no me hagas preguntas, Abbot.
- De acuerdo.- ella asintió, obediente, clavando en él sus ojos sinceros.- Solo dime cómo puedo ayudarte.
- No querrías saberlo, créeme.- Jake cubrió con su mano la que ella mantenía sobre su rostro y Laura sintió el áspero contacto de su palma encallecida sobre la piel. Quiso decirle que quería todo de él, incluso sus comentarios mordaces y sus regaños. Quiso decirle que cualquier cosa le parecería bien siempre que confiara en ella. En lugar de eso, se conformó con dejar que él la observara en silencio, disfrutando del placer que le proporcionaba la intimidad de aquella caricia.
- Jake…
El deslizó su mano hasta la garganta y rodeó su nuca para atraerla hacia si. Apresó sus labios con avidez y Laura se pegó a su cuerpo, ansiosa por sentirle aún más cerca. Un instante después, él aflojó ligeramente la presión en su cuello y la apartó para estudiar su expresión con detenimiento.
- Abbot… Esto no está bien.- dijo con voz ronca.
- ¿Y a quién le importa?- replicó, frotando su nariz contra la barbilla de él en un gesto más que sugerente.
- A mí me importa.- contestó él, aunque no apartó las manos de ella al hablar.- Y a ti también debería importarte, Abbot.
- ¿Porqué? ¿Acaso eres realmente el chico malo que dicen por ahí?- le provocó intencionadamente.
- Abbot…
- No, Jake.- ella rozó levemente los labios de Jake con los suyos, notando como las mandíbulas de él se endurecían de inmediato.- Di mi nombre.
- Abbot…
- Mi nombre, Jake.- le ordenó, tan dulcemente que él pensó que perdería la cabeza de un momento a otro y la arrastraría hasta la cama.
- Laura.- dijo al fin, enredando los dedos en el cabello de ella y aspirando fuertemente su aroma.- Laura Abbot… Vas a volverme loco, ¿lo sabías?
- Y eso que aún no has probado el pavo que he preparado para esta noche.- Laura sonrió, resignada cuando él la soltó y esbozó una media sonrisa. No estaba mal. Le había hecho reír, era un gran paso adelante. Pero la magia había desaparecido y no supo si alegrarse o entristecerse por ello.
- ¿Has preparado la cena?- Jake arqueó las cejas, fingiendo estar sorprendido y de paso, insinuando que la consideraba una nulidad en la cocina.
- Pues claro. ¿Qué te creías?- no se dejó engañar por su aparente incredulidad. Y añadió, aprovechando el buen humor de él- Y además, si quiero pescar un marido, debo hacer méritos, ¿no te parece?
Jake acababa de encender su pipa y ella le oyó toser al atragantarse con el humo. Sonrió. El la observaba con una mezcla de estupor y terror en la mirada y Laura tuvo que hacer un gran esfuerzo para no estallar en carcajadas.
Escuchó el ruido del motor de la camioneta de Doc al detenerse frente a la casa. Empujó a Jake con suavidad y le advirtió que no les dejara pasar al salón hasta que ella le avisara. Tenía apenas unos minutos para terminar de colocar la mesa y quería que estuviera perfecta.
Cuando ella le llamó, Jake hizo los honores y guió a Doc y Amber hasta la mesa, apartando incluso las sillas para que cada uno ocupara la suya. Laura observó la reacción de Amber al desdoblar la servilleta que ella cuidadosamente había doblado haciendo una pajarita y colocarla sobre las rodillas. Depositó la bandeja con el pavo y esperó unos segundos antes de servir y ocupar su propio asiento. Aún continuaba esperando un halago cuando Jake carraspeó.
- ¡Oh, Laura, soy un desastre!- Amber alargó la mano sobre el mantel y apretó la mano de ella con fuerza.- Estaba tan distraída saliendo de mi asombro, que ni siquiera te he dado las gracias por… por todo esto. Es… ¡Es maravilloso, Laura! ¿Podrás perdonarme?
Laura exhaló un profundo suspiro.
- Por un momento, he creído que nadie se había dado cuenta.- comentó sonriendo.- Pero no tienes que agradecerme nada, Amber. Ha sido un placer para mí.
Por supuesto, no les contó que el pavo casi se le había quemado en el horno y que no había más copas en la mesa, simplemente porque las había roto al colocarlas. Rezó porque ninguno de ellos eligiera agua en lugar de vino. Miró de reojo a Jake, quien le hacía un gesto sospechoso a Doc cuando este trató de escupir la parte más dura de la piel de su enorme pedazo de pavo. Doc tragó ruidosamente y bebió un sorbo de vino a continuación.
- Está delicioso, Abbot.- mintió y Jake comió un par de trozos seguidos para aliviar la expresión avergonzada del rostro de la mujer.
- Sí, es lo mejor que he probado en… mucho tiempo.- Jake acabó con el contenido de su plato en un abrir y cerrar de ojos. Laura decidió que Jake merecía una lección por ser tan mentiroso. Odiaba las mentiras, aunque fueran piadosas.
- ¿Has terminado, Jake?- le preguntó con excesiva amabilidad.- Te serviré un poco más.
Y antes de que pudiera protestar, lo hizo y se sentó a contemplar como él enrojecía mientras devoraba otra buena ración de pavo medio chamuscado. Se sintió culpable durante una fracción de segundo, pero pensó que a Jake le venía bien que ella le bajara los humos. Aunque no tanto a su estómago.
- Gracias por invitarme a pasar la Navidad con vosotros, Jake.- comentó Doc cuando todos hubieron terminado y degustaban una botella de vino caro que él mismo había traído.- En realidad, desde que mi madre murió, no me ha apetecido celebrar la Navidad.
Por lo que le había contado Amber, Doc era huérfano de padre desde los tres años y al morir su madre, se había quedado completamente solo en la vida. Quizá por ese motivo, Laura sentía que había una especial empatía entre ellos. Los dos estaban solos, sin familia… Nadia podía comprender lo duro que era estar solo mejor que ellos. Pero no esta vez. No esa Navidad. Miró a Jake de reojo. “Pobrecillo, será capaz de pedirme que le guarde el resto de pavo para mañana con tal de ser amable esta noche”, pensó, henchida de felicidad. Al menos, Jake se mostraba más humano que de costumbre y se lo agradeció en silencio. El no podía saber lo importante que era para ella, pero se lo agradeció de todos modos.
- ¡Feliz Navidad a todos!- Amber levantó su copa y el resto la acompañó, sonriendo cuando ella se dirigió a cada uno para transmitirles personalmente su mensaje navideño. Estaba muy graciosa, ejerciendo su papel de perfecta anfitriona para sus invitados.- Deseo para todos mucha felicidad. Para Doc, un futuro próspero y muchas vacas y caballos enfermos que curar… Para mi querido y a veces insoportable hermanito, un golpe de fortuna que acabe con sus quebraderos de cabeza y una buena chica que le soporte…
Amber había mirado en dirección a Laura al decir lo último y ella se sonrojó.
- Y para mi queridísima y recién adoptada amiga y hermana…- la joven hizo chocar su copa contra la de ella, con expresión afectuosa en el rostro.- Deseo que todos tus sueños se hagan realidad. Y deseo que te quedes con nosotros para siempre. Pero si no es así… Deseo que nos lleves en el corazón y que nos consideres tu familia, siempre, estés donde estés.
Laura estaba a punto de llorar. Disimuló como pudo su emoción y agradeció que Doc estuviera tan emocionado como ella.
- Ah, se me olvidaba…- Amber sonrió y su sonrisa iluminó la habitación como la más brillante de las estrellas. Pero después, su expresión se volvió más seria – Deseo que esos desgraciados que asesinaron a nuestras vacas, tengan la peor Navidad de sus vidas y acaben con sus huesos en la cárcel… Y eso es todo. ¡Os quiero mucho!
- De verdad, gracias por tu hospitalidad, Jake.- Doc no era tan elocuente como Amber a la hora de expresar sus deseos. Pero no importó. Todos habían captado el mensaje de agradecimiento en su mirada.
- Siéntete como en tu casa, Doc.- Jake le palmeó el hombro al pasar junto al joven, tirando antes de la mano de ella para arrastrarla con él. Laura entendió la señal. Jake les regalaba un poco de intimidad en aquella noche tan especial. ¡Era tan romántico! Les envidió un poco. ¿Qué le depararía a ella la noche? Conociendo a Jake, le propondría una partida de cartas. Y seguramente y solo para hacerla rabiar, le ganaría y se reiría después en sus narices. Pero no. Se había equivocado. Jake había tomado su mano y en aquellos momentos, colocaba un abrigo sobre sus hombros y la conducía fuera de la casa. Se detuvo bajo el muérdago que pendía de madera y que ella misma había puesto allí con la esperanza de que algo mágico sucediera. Pues bien. Ahora era la oportunidad perfecta.
- Aún no has expresado tu deseo por Navidad.- le recordó él de pronto.- ¿No tienes ninguno, Abbot?
- ¿Y tú?
- El mío es un secreto.- el tono de Jake era indescifrable.- Vamos, Abbot, no seas tímida. Algo querrás pedir, ¿no? Es la costumbre.
Laura dudó un instante. Cerró los ojos y entreabrió los labios, aguardando el momento en que él apresaría sus labios y la besaría apasionadamente. Al cabo de unos segundos en que no sucedía nada y sentía que todas sus ilusiones se esfumaban, volvió a abrir los ojos. Jake mantenía la vista clavada en su boca, pero no se movía.
- Jake…- murmuró, conteniendo la rabia que crecía en su interior.- He decorado la casa, he colgado las cortinas nuevas y me esforzado mucho porque esta noche todo fuera perfecto para todos. Llevo todo el día peleándome con el maldito pavo en tu maldita cocina y casi he tenido que llamar a los bomberos para que apagaran el maldito horno. Y por si no te has dado cuenta, llevo un vestido nuevo.
El pareció reparar en ello de repente. Laura pataleó en el suelo.
- Y eso que esta ahí- señaló la planta que pendía sobre sus cabezas.- Es el maldito muérdago tradicional de Navidad. Y si crees que voy a dejar que vuelvas a entrar en la casa sin darme mi maldito beso, es que estás loco.
Agarró con los dedos las solapas de la chaqueta del hombre y le atrajo hacia ella con brusquedad. Buscó su boca, ansiosa y furiosa al mismo tiempo. Le besó largamente, rompiendo con facilidad la barrera inicial que eran los dientes del hombre apretándose para evitar que ella alcanzara el interior. Cuando le soltó, Jake respiraba agitadamente.
- Gracias.- sonrió con naturalidad, fingiendo que el temblor de sus piernas se debía solo al frío que hacía allí afuera. Y como única respuesta, Jake la abrazó y se apoderó de su boca nuevamente, esta vez llevando las riendas de la caricia y obligándola a arquearse contra él hasta quedar literalmente incrustada en su pecho.
- No hay de qué.- dijo Jake al aflojar la presión de sus brazos. Sonreía maliciosamente.- Pero para otra vez, cuelga mejor tu “maldito muérdago”, Abbot.
Ella frunció el ceño. Pero al instante, comprendió a qué se refería. Vio como él retiraba algo de encima de su cabeza y le mostraba el adorno entre los dedos.
- Espero que hayas asegurado bien las cortinas.- bromeó él y Laura refunfuñó. Jake le dio unos golpecitos en la punta de la nariz con su dedo índice, divertido.- Abbot, no seas tan arisca.
- Vete al cuerno, Jake… Ya se que me consideras un desastre.- replicó, a punto de atizarle y borrar de su cara aquella expresión victoriosa.
- ¿Un desastre? Claro que no.- él lo estaba pasando en grande mofándose de su descuido.- Un poco charlatana y algo chapuzas. Pero no un desastre, nena. Nunca un desastre.
Jake estaba a punto de confesarle que realmente, la consideraba todo menos eso. Aquella noche estaba tan especialmente bonita, que incluso le hubiera dicho dos o tres piropos amables para sonrojarla. Pero la música que provenía del interior de la casa llamó su atención. Tiró de ella para que le siguiera y la obligó a bailar con él a regañadientes, mientras Amber y Doc hacían lo propio muy cerca de ellos. Así le gustaba, que se comportaran como dos chicos buenacitos y no le hicieran tener más preocupaciones de las que ya tenía. Porque ciertamente, la proximidad del cuerpo de Abbot era una gran, enorme y tremenda preocupación. A juzgar por el cosquilleó que le recorría el estómago, adivinó que aquello no había hecho más que empezar. Aún quedaba toda la noche por delante para que ella le atormentara con el suave aroma de su cabello, con la promesa de su mirada… Trató de no pensar en ello y concentrarse en la música. Pero, diablos, no era fácil. Si ella continuaba pegándose a él como una ventosa, no podría resistir mucho más tiempo. Espió de reojo a Amber y Doc. Aquellos dos no tenían pinta de querer retirarse a dormir. Se resignó.
- Eres el peor bailarín que he conozco, Jake.- le susurró ella al oído.- Estás muy tenso. Relájate, ¿quieres? No voy a morderte.
¿Qué se relajase? Como si pudiera hacerlo… Ella lo decía con ligereza, seguramente porque no le conocía lo bastante como para saber que no había estado con ninguna mujer desde hacía mucho tiempo. A menos, claro estaba, que Amber se lo hubiera contado…Su hermana tenía muchas virtudes, pero la discreción no era una de ellas. ¿Lo habría hecho?
- ¿Sabes lo que estás haciendo?- le preguntó Jake en voz baja y sus labios rozaron el cuello de ella.
- Estamos bailando, Jake.
- Te lo diré de otro modo…¿Sabes lo que “me estás haciendo”?
- Jake, te preocupas demasiado.- le tranquilizó, fascinada por la manera en que él se derretía en el abrazo.
- Y tú te comportas como una adolescente calenturienta.- le reprochó, pero no resultó convincente. ¿Era tan evidente que le encantaba que ella se comportara así para él?- Dime una cosa, Abbot… ¿Cómo esperas que acabe esta noche?
Laura sonrió y se soltó, corriendo hacia la puerta para despedir a Doc. Estaban tan distraídos con su conversación que ninguno de los dos se había percatado de que la música había cesado. Amber dijo que estaba cansada al marcharse Doc y se fue a la cama. Laura caminó despacio hasta su habitación y le dio las buenas noches a ambos antes de cerrar la puerta. Se quedó allí un buen rato, con la espalda pegada a la madera, escuchando los pasos inseguros de Jake en el pasillo. No supo cuanto tiempo permaneció allí. Pero después de bastante, oyó como los nudillos de él golpeaban la puerta con suavidad.
- ¿Sí, Jake?- le habló desde el otro lado, manteniendo la puerta cerrada a sabiendas que eso le enfurecería. Jake no podía ver la expresión maliciosa que había en su rostro.
- Abbot, abre la puerta.- no era una petición. Era una orden y a juzgar por su tono de voz, Jake Randall no estaba acostumbrado a que nadie desobedeciera una orden suya.
- Es tarde, Jake. Y estoy cansada- mintió.
- Abbot, abre la puerta.- repitió él y añadió en tono más amable.- Por favor.
Laura lo hizo. El estaba frente a ella. La empujó con una rudeza que no la engañó. La dulzura de sus ojos al mirarla, le delataba.
- ¿Quieres algo, Jake?- preguntó con voz melosa y le vio endurecer la mandíbula con fuerza.
- Me preguntaste cuál era mi deseo por Navidad, ¿no?
Ella asintió y eso bastó para que el hombre cerrara la puerta a sus espaldas y la levantara como una pluma en sus brazos. La depositó con gentileza sobre la cama y la cubrió con su cuerpo, recorriendo su rostro con los labios y dibujando la línea de su cuello, haciéndola suspirar de placer… Jake había decidido cuál era su deseo por Navidad. Pero no le confesaría que también lo era para la primavera, para el verano, para el otoño… No lo confesaría que era su deseo hacerla suya cada noche de cada estación y hacerle el amor de tantas maneras que ella nunca deseara marcharse de su lado. No le dijo nada. Solo quería tenerla donde la tenía ahora. Sumisa y calladita para variar. Increíblemente hermosa bajo aquel precioso vestido que por otro lado, se interponía demasiado entre ambos. La despojó de él, procurando controlar la rudeza a que estaban acostumbrados sus dedos.
- Jake…
- No hables, Abbot.- la silenció con sus labios, pero ella apartó el rostro, insistente.
- ¿Por qué lo estropearía?- preguntó, terca como siempre.
- Porque me estás volviendo loco, Abbot…- respondió con voz ronca - Y porque voy a explotar si no eres mía esta noche.
Ella rió bajito. Y al contrario de lo que Jake imaginaba, dejó de luchar y se rindió a sus caricias, permitiendo que tal vez solo por aquella noche, él fuera su dueño. Estaba tan absorto en sus propias sensaciones y en los gemidos que de vez en cuando ella emitía, que no pensó en nada más. Es que no quería pensar en realidad. Siendo sincero, le aterraba el hecho de que por la mañana, ella seguiría siendo ella. Una extraña que había llegado a sus vidas para llenarlas con su encantadora sonrisa y sus preguntas de niña sabelotodo de la ciudad. Una extraña que armada únicamente con una cámara de fotos y cientos de miradas dulces, había conquistado el corazón de todos… Incluido el suyo. La besó largamente en los labios al notar como se estremecía en el momento en que culminaba su unión. La amó y la odió a la vez por hacerle sentir tan especial. Por hacerle sentir que cuando ella se fuera, él volvería a ser el tipo rudo y sin modales que una mujer como ella no necesitaba. Hizo ademán de levantarse de la cama, pero ella se lo impidió, recostando la cabeza en el hueco de su hombro y acariciando su pecho con aquellos dedos finos que Jake ya echaba de menos.
- Jake… Feliz Navidad.- la oyó susurrar antes de quedarse dormida entre sus brazos. No contestó. No podía hacerlo a causa de la confusión que sentía. Se dijo que aquello no podía repetirse nunca más. Era peligroso. Para él, para los dos… Para él. ¿Ya lo había dicho antes?









Aquella mañana Laura despertó bastante más tarde que de costumbre. El día anterior se había prometido que sería la primera en llegar hasta los calcetines colgados de la chimenea para dejar sus regalos. Sin embargo, los acontecimientos de la noche habían variado sus planes. Aunque no lo suficiente. Se desperezó con lentitud sobre las sábanas y sonrió. Ya imaginaba que no encontraría a Jake junto a ella. Pero no estaba enfadada. Sabía que él jamás se quedaba en cama un minuto más de lo necesario y aquel día no sería una excepción. Se lo perdonó y se vistió a toda prisa, corriendo hasta el salón al escuchar las voces. Contuvo el primer impulso de echarse en sus brazos al verle recién duchado y vestido de pie junto al árbol de Navidad. Tenía que ser precavida y no adelantarse a él. A Jake no le gustaba que nadie se le adelantara, así que esperó paciente y trató de imaginar la reacción de Amber cuando él le contara la nueva situación entre ellos. Supuso que la joven daría saltos de alegría. Pero por si acaso, también le había comprado algunas cosas. Estaba segura de que tanto Amber como Jake habían descubierto ya que ella era, definitivamente, la pieza perfecta que completaría su familia feliz. Miró a Jake de soslayo y observó su expresión ceñuda. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no parecía emocionado o turbado o siquiera nervioso por lo que habían compartido? Intentó no obsesionarse con la idea de que quizá Jake la estaba evitando a propósito.
- Esto es para ti, Laura.- Amber sonreía como una chiquilla traviesa mientras la observaba abrir su regalo. Eran unas botas vaqueras que ella había visto en una de las visitas a la señora Tracy y Laura se apresuró a quitarse sus zapatillas y calzárselas. Las mostró a Jake, sonriendo estúpidamente cuando él se limitó a asentir y encoger los hombros. “Jake, soy yo, la chica con la que pasaste la noche...¿no te acuerdas?”, quiso gritarle. Pero se mordió los labios, furiosa por el modo en que él la ignoraba. Se conformó con la alegría de Amber mientras iba descubriendo sus propios regalos y repartiendo besos sin parar. Laura reservó para el final su regalo para Jake. No era nada ostentoso, pero había puesto el corazón en él. Jake contuvo la respiración durante un instante al sostener el marco de plata labrado que enmarcaba una hermosa imagen de él y Amber.
- Gracias.
Clavó los ojos en ella durante una fracción de segundo y lo colocó sobre la chimenea sin decir una palabra. Laura supo que era su manera de decir gracias y le bastó de momento.
- Laura, es el regalo más bonito que le han hecho, aunque nunca lo reconocerá… ¡Me encanta, en serio!...Y en cuanto a ti, Jake, te diré que hasta el último momento, he dudado con tu regalo. Pero al final, creo que te sorprenderé.- Amber se frotó las manos - ¡Vamos, ábrelo ya! ¿A qué esperas?
Jake rasgó el papel con la misma ilusión con que liaría un pitillo. Pero por mucho que se hiciera el duro, no pudo engañarlas. ¿Era un atisbo de emoción lo que asomaba a sus pupilas? Laura le vio abrir el broche de la delgada cadena y colocarla alrededor de su cuello, haciendo girar después entre los dedos las dos alianzas. Ahora su expresión era confusa.
- Es muy bonito, Amber.- sonrió a medias y miró a su hermana.- Dejando eso a un lado, ¿qué significa?
- Ya lo sabes. No te hagas el tonto.- Amber le apuntó con el dedo cuando él siguió sin comprender.- Es un mensaje, bruto. Quiere decir: Hermanito, ya es hora de que sientes la cabeza. Ya soy mayor, Jake. Quiero tener mi propia vida y no quiero sentirme culpable cada vez que te deje solo. Y quiero tener compañía femenina, ¿sabes? Y sobrinos. Muchos sobrinos. Una docena al menos.
- Eso está muy bien, Amber. Y te agradezco que te preocupes por mí, de verdad.- Jake se mostraba tranquilo. Tal vez demasiado.- Pero es que realmente, creo que hay un problema…
- ¿Ah, sí?- Amber empujó a Laura hacia él, obligando a Jake a sujetarla por los brazos.- Ya me he dado cuenta como os miráis. No me vengan con tonterías ahora… Sed dos buenos chicos y convertidme en una guapa dama de honor, ¿vale?
Jake se alejó y aunque había intentado no ser brusco en su movimiento, Laura sintió una punzada de dolor al percibir su rechazo. Inmediatamente, su dolor se transformó en ira, pero se reprimió para no disgustar a Amber.
- Amber, te estás portando como una idiota.- la voz de Jake era fría al hablar.- Y estás haciendo que Laura se sienta incómoda, ¿es lo que quieres?
- Claro que no. Yo solo…- los ojos de Amber se nublaron y se ablandó de inmediato al comprobarlo. Le alzó la barbilla con los nudillos y sonrió.
- Amber, te quiero, ya lo sabes.- su tono se dulcificó al hablar, aunque su expresión seguía siendo seria.- Pero odio que hagas de cupido. Y me avergüenzas cuando lo haces.
- No era mi intención…
- Lo se. Por eso, te doy las gracias por tu regalo a pesar de todo.- la besó en la frente con ternura.- Pero promete que dejarás de lanzar tus dardos de amor en mi dirección.
- Jake…
- Amber.- su tono no admitía réplica.
- Está bien, está bien…- Amber se zafó de sus brazos y se volvió hacia ella.- Espero que tengas más suerte que yo. Es un grandísimo cabezota. Y a este paso, se convertirá en un viejo solterón, gruñón y amargado.
Y una vez dicho eso, salió de la casa para recibir a un Doc completamente cargado de regalos. Laura aprovechó el momento para enfrentarse a él.
- ¿No te ha gustado mi regalo?- se lo preguntó sin rodeos, la voz temblorosa a causa de la decepción y la furia.
- No he dicho eso.- contestó él y Laura tuvo la sensación de que también estaba furioso con ella por algo.- He dicho gracias, ¿no?
- Pues podías haberlo dicho con algo más de emoción.- le reprochó.- Con el mismo esfuerzo, podías haber fingido que significaba algo para ti.
“Que yo significo algo para ti”, quiso añadir, pero no lo hizo.
- ¿Qué se supone que debía hacer?- explotó él – ¿Tirarme a tus pies y derramar unas cuantas lágrimas? ¿Es así como se hace en la ciudad? Lo siento, Abbot. Por aquí no tenemos por costumbre hacer el idiota cada vez que alguien nos hace un regalo.
- Un simple “gracias” pronunciado con sinceridad hubiera bastado, Jake.
- ¡Pues gracias! ¡Muchas gracias! - Jake lo había dicho con un gesto exagerado y teatral que era todo menos una señal de agradecimiento.- Te aseguro que he sido muy, muy sincero. ¿Satisfecha?
- ¡Vete al diablo!- Laura estaba a punto de irse, cuando él apresó su mano. Tiró de ella, haciendo que se tambaleara y se aferrara a sus hombros para no caer.- ¡Suéltame, Jake! Está claro que no tienes un buen día.
- Espera un momento…- su expresión se suavizó apenas al mirarla fijamente.- No quería herir tus sentimientos, Abbot… No se que me pasa.
- Yo te lo diré, Randall. No hay que ser muy lista para darse cuenta, ¿no crees?
El arqueó las cejas.
- Lo de anoche fue un error.- ella esperó que él lo negara. No sucedió y eso la enfureció aún más.- Es lo que estás pensando, ¿no? Pues bien, estoy de acuerdo contigo. Fin de la discusión.
- ¿Así… sin más?- él apretó las mandíbulas hasta que su rostro quedó convertido en una dura máscara que apenas dejaba ver lo que ocultaba tras ella.
- Déjame, Jake. No has entendido nada.
- Entonces, explícamelo.
Laura lo pensó durante unos segundos. ¿Explicárselo? Antes muerta que soportar por más tiempo sus humillaciones.
- Si lo hago, ya no valdrá la pena, Jake.
- Abbot…
- No, Jake.- ella le silenció con la mirada.- Voy a salir ahí afuera y disfrutar de la Navidad. Te guste o no. Y voy a hacerlo con mi mejor sonrisa. Y tu… Tú harás lo mismo. Se lo debes a Amber. Y me lo debes a mí.
El iba a protestar, pero ella se lo impidió otra vez.
- Me lo debes, Jake.- repitió.- He sido amable contigo, incluso cuando no lo merecías, que es casi todo el tiempo. Y he respetado que lo de anoche no significara para ti. Pero no te permito que estropees el día de hoy. ¿He sido lo bastante clara?
- Como el agua, Abbot.
- Bien. Salgamos y finjamos que somos los mejores amigos.- sujetó su mano con fuerza y abrió la puerta de la casa de par en par.
- ¿Y no lo somos?- se burló él, refiriéndose a la intimidad que habían convertido. Laura lo fulminó con la mirada.
- No te equivoques conmigo, Randall. No soy de las que lloran con facilidad.
- Ya lo veo. Prometo portarme bien.
- Bien. Porque si no lo haces, no volveré a dirigirte la palabra el resto de mi vida.- le advirtió.
- No me considero tan afortunado, Abbot.- Jake cerró la boca al ver la expresión furiosa de ella.- Está bien, nena. Tú ganas.
Laura iba a decirle que estaba a un paso de matarle y él pareció entenderlo, puesto que cumplió su promesa de ser un buen chico el resto del día. Eso incluía nada de comentarios mordaces, nada de miradas desconfiadas y nada de referencias humillantes sobre su breve pero intensa relación sexual. Por el momento, Laura se conformaría con que fuera así.









Finalmente, la Navidad fue también un episodio fugaz que desapareció una mañana fría. El buen humor de Jake se fue con ella y en su lugar, el viejo Jake Randall reapareció en escena. Gruñía todo el tiempo. Todo cuanto ella decía o hacía le parecía mal. Si cambiaba algo de sitio, gritaba como un histérico porque no podía encontrarlo. Si Amber se retrasaba, era culpa suya. Si Amber no salía, él mismo la convencía para que lo hiciera y luego la culpaba porque su hermana nunca estaba en casa. Si llovía se encerraba en casa y la observaba fijamente como si fuera la causante de la maldita lluvia. Y si ella hacía algún comentario acerca de las noches en vela que pasaba haciendo guardia en la puerta, escopeta en ristre, entonces era peor. Jake estaba convencido de que algún peligro terrible les acechaba y sin duda, la falta de sueño comenzaba a afectarle el cerebro. Definitivamente, Jake comenzaba a comportarse como un desequilibrado mental. Y por si eso no fuera bastante, ahora se le había metido en la cabeza que ella ocultaba algún oscuro secreto que la convertía en el enemigo público número uno y en el blanco de todos sus dardos envenenados. Laura no sabía cuanto podría soportar aquella situación. De no haber sido por Amber, probablemente habría hecho las maletas durante la primera semana de enero. Sin embargo… No. Se engañaba nuevamente. No estaba allí por Amber, aunque su cariño hacia ella y hacia el resto de aquellas personas era sincero. Estaba allí por aquel bruto insensible de Jake Randall. Porque a pesar de que fingía que ella era invisible para él
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MensajeTema: Re: Una mujer a mi medida   Miér Feb 01, 2012 11:30 pm

Laura había aprendido a interpretar las señales que él le enviaba sin darse cuenta. Eran señales silenciosas. Mensajes que le decían sin palabras que la necesitaba. Jake Randall jamás le confesaría algo así. El se consideraba una especia de héroe invencible. Por eso, jamás le pediría directamente que se quedara. Pero lo hacía con su mirada. Era un gesto inconsciente, a veces en la cena, a veces en mitad de las tres o cuatro palabras que le dirigía antes de desaparecer durante el resto del día. Y así, iba pasando el tiempo sin que ninguno de los dos rompiera las reglas de aquel extraño juego. Hasta ese momento. Laura intuyó por el modo en que él golpeaba la puerta al entrar, que la tormenta estaba a punto de desatarse. Laura estaba cocinando unas galletas en el instante en que la figura de él se recortó amenazante frente a ella. Se preparó para lo peor.
- Jake.- levantó la mirada hacia él y se irguió, limpiando la harina de sus manos en el delantal. Después, lo desató con lentitud y se quedó muy quieta a escasos pasos del hombre, aguardando lo que fuera que tuviera que decir. Por la expresión de su cara, no era nada agradable.- Llegas pronto.
- ¿Sorprendida?- su tono era irónico y Laura frunció el ceño.
- ¿Por qué habría de estarlo? Solo digo que llegas pronto. Solo eso.- empezaba a cansarse de tanto misterio.
- Si lo prefieres, puedo volver más tarde.- de nuevo, aquel deje de sarcasmo que no presagiaba nada bueno.
- Jake, ¿has tenido un mal día?- comprendió que la pregunta era estúpida. Últimamente, Jake solo conocía malos días. Y por descontado, tenía la habilidad de contagiar a los demás con su sequedad.
- No, Abbot. Esta vez, eres tú la que tiene un mal día. Sorpresa.- mientras hablaba, sacó algo del bolsillo trasero de su pantalón y se lo lanzó a la cara, haciéndola retroceder por la brusquedad de su gesto.
Laura recogió con disgusto el sobre grande y arrugado a causa de los pliegues. Iba dirigido a ella, aunque no reconoció las señas del destinatario. Pero alguien lo había abierto ya. Miró en el interior y extrajo las dos cuartillas. La primera, era una carta agradeciendo su colaboración y Laura parpadeó. ¿Su colaboración? La segunda cuartilla era aún más interesante. Era un plano detallado del rancho Randall, ilustrado con una hermosa fotografía que ella misma recordaba haber hecho para el reportaje de Alana Steel. Seguía sin entender nada. Le miró confundida.
- ¿Ahora te dedicas a espiar la correspondencia de los demás, Randall?- inquirió, molesta en realidad porque no tenía idea de lo que estaba ocurriendo.
- Tuve la ridícula idea de ser amable contigo, Abbot.- contestó él y su furia crecía a medida que aquella vena gruesa latía y se hinchaba en su sien.- Me sentía culpable por haberte tratado mal después de lo que pasó. Culpable, ¿puedes creerlo? Me dije: “Ey, Jake, haz algo amable por ella, se lo ha ganado”… Y tan campante, fui hace un rato a la oficina de correos a buscar tu correspondencia, pensando hacer las paces contigo… ¿Y qué crees que me encuentro?
- No lo se, Jake. Dímelo tú.- le instó, controlando a duras penas el impulso de enviarle al diablo.
- ¿No lo sabes? – Le arrebató el sobre y lo puso delante de su cara para que leyera de nuevo las señas desconocidas para ella.- Esto es lo que encontré, Abbot. ¿Para esto querías tus malditas fotos? ¿Para decirles a esos tipos exactamente donde podían colocar sus malditos pozos de petróleo?
Laura lo entendió por fin. Jake creía que… Creía que ella… Era descabellado que lo pensara siquiera. Hubiera reído de no ser porque Jake parecía a punto de reventar histérico en mil pedazos de si mismo.
- Jake, deja que te explique…- intentó calmarle, colocando su mano sobre su brazo, pero él se apartó de un salto.- No se lo que estás pensando… Pero te equivocas.
- ¿En serio?- le lanzó otra vez la fotografía a la cara.- ¿Hiciste esta foto o no?
- La hice, Jake. Pero no sabía que Alana Steel me utilizaba para facilitar información a esa gente. Nunca hubiera aceptado de haberlo sabido.- le explicó con total sinceridad. ¿Por qué no la creía? ¿Acaso no le había demostrado durante todo aquel tiempo que sería incapaz de hacer algo que les perjudicara? ¿Acaso estaba ciego? ¿No comprendía que él y Amber eran ahora su familia… no comprendía que le amaba a pesar de su indiferencia?
- Claro que lo sabías, Abbot. ¿Esperas que me trague ese cuento de la chica solitaria?- escupió las palabras.- Viniste aquí con una misión. Viniste con un objetivo: estudiar bien al enemigo para después correr a contarles a tus amigos lo fácil que sería convencerme de que vendiera. ¿No es así? Te metiste en mi casa, en mi cama, en nuestras vidas… ¿Cómo has podido?... Demonios… Sería capaz de matarte por esto, Abbot.
- Jake, no sigas… O los dos diremos cosas que no queremos decir.- le avisó con labios temblorosos. No quería llorar y no quería odiarle, pero él se lo estaba poniendo difícil. Y ni siquiera todas las advertencias que su padre le había hecho sobre los hombres, se aproximaban a lo que tenía delante.
- Oh, no… Te equivocas, Abbot. Esto sí que quiero decirlo… Es más, tenía muchas ganas de decírtelo mientras conducía de camino a casa.- comentó con tanta frialdad que Laura sintió que su corazón se helaba al escucharle. Vio como la apuntaba con su dedo muy erguido y le daba unos ligeros golpecitos en el hombro – Quiero que recojas tus cosas ahora mismo y saques tu culo y tu boca mentirosa de mi casa, ¿me oyes? Y quiero que lo hagas tan rápido que parezca que nunca hayas estado aquí, ¿entiendes?
- Jake…
- ¿No me has oído, Abbot?- él la sujetó con fuerza por el brazo y la arrastró literalmente hasta su habitación. En menos de un minuto, había vaciado su armario sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo. Arrojó la ropa sobre la cama y después, lanzó a sus pies la maleta que ella había traído consigo al llegar. Y después, hizo lo único que Laura no podría perdonarle en la vida. Estrelló su cámara fotográfica contra la pared, haciéndola añicos ante la mirada atónita y furiosa de ella.- Tienes media hora para desaparecer. Del rancho, de nuestras vidas… de mi vida. Y por Dios, que si vuelves a acercarte a esta casa, a Amber o a mí, no respondo de lo que pase. En cuanto a tus amigos… Ya puedes decirles que me importa un comino lo que hagan. Que acaben con mi ganado, que quemen el granero… No me importa, pelearé. Si quieren estas tierras, tendrán que matarme para conseguirlas.
Laura apretó los labios. Era inútil que intentara siquiera explicarle que estaba en un error. Jake estaba completamente fuera de sí y no escucharía nada de lo que dijera. Y francamente, ya no estaba segura de que él mereciese una explicación. Recogió los fragmentos en que se había roto su cámara con lentitud, sin mirarle una sola vez.
- Otra cosa, Abbot.- le oyó decir desde la puerta.- Hablo en serio cuando digo que no quiero que te acerques a Amber. Será mejor para ella que le ahorres esta decepción.
Laura vio como la puerta se cerraba tras él y no pudo contenerse por más tiempo. Lanzó contra la puerta lo que quedaba de su maltrecha cámara.
- ¡Maldito seas, Jake Randall!- le gritó. Claro que él no la escuchaba. Estaba demasiado ocupado riñéndose a si mismo por lo idiota que había sido.
Jake se paseaba como un tigre enjaulado, recorriendo una y otra vez el espacio que iba desde el salón hasta la cocina. De repente, un fuerte olor a chamuscado, le hizo correr hasta el horno. Al abrirlo, las malditas galletas carbonizadas le saludaban como si nada hubiera sucedido. Cogió la bandeja caliente y maldijo en voz alta al sentir el intenso calor en las yemas de los dedos. Tiró las galletas al fregadero, girándose sobre los talones al escuchar los pasos de ella a sus espaldas. La miró fijamente, con una mezcla de rabia y algo que Laura no supo descifrar en la mirada.
- Adiós, Jake.- ella sostenía la pesada maleta, apoyándola contra el costado.- Espero que sepas lo que haces.
- Lárgate, Abbot.- dijo él y su voz sonaba ronca al hablar.
- Ya me voy. Pero quiero que sepas que…- Laura se mordió los labios con nerviosismo. Quería decirle muchas cosas. Pero finalmente, decidió que Jake Randall no se había ganado el derecho de verla derramar unas cuantas lágrimas. Decidió que Jake Randall sólo se había ganado a pulso el que ella le borrara rápidamente de su memoria. Y quizá de su corazón. Sí, también de su corazón.- Buena suerte, Jake.
Y le dejó allí, rumiando su mal humor e inventando tal vez más fantasías sobre lo malvada que ella había sido. Al marcharse, no pudo ver como Jake descargaba su puño contra la pared, ni la expresión de su rostro mientras pronunciaba su nombre como una maldición.










Lana Jackson la había sorprendido al invitarla a quedarse en su casa hasta que Laura decidiera qué iba a hacer. Por supuesto, no le había contado nada acerca de lo sucedido. Simplemente, Lana Jackson había detenido su coche en la carretera justo cuando Laura esperaba en la estación de autobuses. No le había hecho preguntas y ella se lo había agradecido.
- Puedes quedarte todo el tiempo que quieras, Laura.- le había dicho, con un tono distinto al que había utilizado cuando se conocieron. Por suerte, Lana ya no la consideraba su enemiga. El sheriff y ella habían arreglado sus diferencias y Lana le había contado que tenían pensado casarse pronto. Así que ahora, Lana le tendía una mano amiga. Quizá intuía que a aquella chica de ciudad, le faltaba menos que nada para desmoronarse. O quizá porque en el fondo, Lana Jackson era mejor persona cuando no tenía que pelear para que alguien colocara el famoso anillo en su dedo. Fuera como fuera, Laura quería marcharse cuanto antes. Temía que tarde o temprano, Amber vendría a pedirle explicaciones y no sabría qué decirle. No quería crear tensiones entre Jake y ella. Y también, tarde o temprano, se tropezaría con él. Era inevitable que ocurriera en un lugar tan pequeño como aquel. Laura no quería pensar en ello. Después de pasar dos días prácticamente encerrada en el cuarto de invitados de Lana Jackson, creyó que había llegado el momento de dejar de esconderse. Amber y Doc estaban en la cocina. Sonrió ante la idea de que por fin, Amber y Lana habían escondido el hacha de guerra. Y ella era la responsable. Abrazó a Amber con fuerza y trató de disimular su tristeza.
- Laura, ¿porqué has hecho algo así?- leyó el reproche en la mirada de la joven.- ¿No sabes que nos tenías a todos preocupados? Jake no decía nada y tú te fuiste así… ¿Quieres contarme qué ha pasado? Jake está como loco, no quiere ni escuchar tu nombre… Laura, di algo… Estoy empezando a asustarme.
- No pasa nada, Amber.- la tranquilizó, pero percibió la censura en los ojos de Doc. No sabía lo que le había contado Jake, pero le rogó en silencio que no interviniera.
- ¿Cómo que no pasa nada? ¿Crees que me chupo el dedo?- explotó Amber.- Laura… Mi hermano parece haber perdido el juicio, lleva dos días sin dormir y sin comer. Y tú te marchas de esa manera, sin despedirte siquiera… Aquí está pasando algo raro. Y vas a contármelo aunque tenga que arrancarte una confesión a puñetazos, ¿me oyes?
Laura asintió. Lana sirvió un poco de café y haciendo alarde de su discreción, les dejó solos. Como pudo, relató a Amber y Doc lo que había ocurrido, la carta, las sospechas de Jake… Trató de no mostrarse demasiado resentida con él, aunque le costaba un gran esfuerzo al recordar como la había tratado. Esperaba que ellos la juzgaran o la miraran con desconfianza. Pero no fue así. La primera reacción de Amber fue estallar en carcajadas. Después, su expresión se tornó más seria. Por su parte, Doc estaba perplejo.
- No puedo creer que Jake… - comenzó a decir Amber.
- Por favor, no le culpes.- la interrumpió Laura.- Tiene muchas cosas en la cabeza y esa gente… Bueno, ellos no han dejado de presionarle, tú misma lo dijiste. No pararán hasta conseguir su propósito. Y de momento, ya le han hecho creer que existe una conspiración en su contra que me incluye… Amber, Jake te necesita más que nunca. Si yo puedo olvidarlo, tú también.
- Eso ni lo sueñes.- el tono de Amber era firme.- Jake tendrá que escuchar unas palabritas… Y tendrá que explicarme qué es toda esa estupidez de creer que tienes algo que ver con esos desgraciados. Y por supuesto, tendrá que venir arrastrándose a pedirte perdón. O no volveré a mirarle a la cara, te lo prometo.
- Amber, por favor…
- Ni hablar. No voy a dejar que se porte como un idiota.- su expresión se suavizó al mirarla de nuevo.- Laura, tienes que entenderlo. Ya no es por ti. Es por Jake. Esto le está superando, ¿sabes? Puede que te parezca una locura. Pero creo que Jake tiene tanto miedo de estar equivocado, que prefiere pensar que está en lo cierto.
- No sé qué…
- Vamos, Laura… ¿no sabes que está loco por ti?
- Oh, no. Sin duda, está loco. Pero no por mí, te lo aseguro.- Laura sonrió para aliviar la tensión.- Y esta vez, tendré que darle la razón en algo, Amber. Disparas tus flechas en la dirección equivocada.
- Ya lo veremos. Conozco a mi hermano, Laura. Tiene miedo que seas realmente la mujer perfecta para él. Le aterroriza la idea de amar algo que no pueda ordenar, controlar o mandar a callar. Jake es así.
- Pues lo siento por él.- Laura no quería parecer insensible. Pero él había sido más que cruel. Había destrozado la cámara de Marion Abbot. Y le había destrozado a ella el corazón. No era precisamente una demostración de amor.- Amber, te quiero, de verdad. Os quiero mucho a todos. Pero me marcho la semana que viene. Ya está decidido.
- ¡No puedes hacer eso!
- No lo hagas más difícil para mí… Ya es bastante duro para mí.- Laura parpadeó para evitar que percibieran la humedad en sus ojos.
- Pero no tienes que irte. Quédate un tiempo… Pensaremos en algo.
- Ya está bien, Amber.- Doc acudió en su ayuda como el galante caballero que era. Laura pensó que dado que iban a ser familia, Jake podría aprender modales de aquel muchacho.- Deja que Laura tome sus propias decisiones. No puedes obligarla a hacer lo que tú quieras solo para sentirte bien. Eso es bastante egoísta por tu parte, ¿no?
-¿Dejarás que Jake se salga con la suya?- Amber se enfrentó a él con ojos chispeantes de furia.- Entonces, es que no eres mejor que él.
- Amber, no seas chiquilla.- la regañó con dulzura, tirando de ella hacia él. Amber se resistió al principio, pero enseguida sucumbió al refugio de sus brazos.- Dejemos que Jake y Laura solucionen sus problemas a su manera, ¿quieres?
- ¿Lo harás, hablarás con él?
Laura asintió, sintiéndose fatal por mentirle. No podía decirle que Jake había amenazado con hacerla papilla si volvía a aparecer por el rancho. Era justo lo que Amber necesitaba para terminar llorando a moco tendido.
- Muy bien. Pero hablaré con él de todas formas.- sentenció.- Y más le vale a ese cabeza de chorlito ser sensato o yo… Bueno, hablaré con él.
Amber se volvió hacia Lana, que acababa de entrar para servirles más café. En un gesto totalmente espontáneo, Laura vio como la joven se ponía de puntillas para besar a Lana en la mejilla.
- No eres una serpiente venenosa, Jackson.- comentó sonriente. Lana se frotó la mejilla, confundida. Aunque por su expresión alegre, Laura comprendió que había captado el mensaje. Después de prometer una docena de veces más que arreglaría el malentendido con Jake, Amber la dejó en paz. Laura suspiró aliviada cuando se fueron y aceptó la taza de café que Lana le ofrecía.
- Siento decirte esto, Laura.- comentó Lana.- Pero me alegro de no estar en tu pellejo. Es una suerte que Graves se decidiera al fin, ¿no crees?
Laura no pudo contener una carcajada. Lana Jackson tenía razón. Era una suerte que Jake no estuviera loco por ella. Randall tenía una forma muy extraña de amar a las mujeres. Reconocerlo, no la tranquilizó.












La llamada de Alana no la cogió por sorpresa. En realidad, esperaba que aquella llamada se produjera tarde o temprano. Por ese motivo, cuando escuchó su voz melosa al otro lado de la línea, se mostró tranquila y confiada. Ahora conocía el juego y ambas podían jugar en igualdad de condiciones.
- Querida Laura…
- Alana… Ojalá pudiera decir que es una sorpresa oírte.- la voz de Laura sonó mucho más dura de lo que ella misma esperaba y se alegró por ello.- Claro que no lo es, ¿no es así?
- ¿No es qué, querida?
- No te hagas la inocente, Steel. Sabes muy bien de lo que hablo.- Laura controló su rabia.- Me has utilizado. Y me has mentido.
- Laura, no se porqué te pones así…
- Oh, déjalo ya, ¿quieres? Me enviaste aquí porque esos tipos necesitaban a una idiota como yo. Y caí en la trampa. Pero no vas a hacerme creer que no sabías nada.
La oyó suspirar a lo lejos. Ya imaginaba las facciones de Alana torciéndose exageradamente para ilustrar sus embustes.
- Está bien, ¿qué quieres?- se lo preguntó directamente, ya que no tenía nada más que hablar con ella.
- De acuerdo… Lo confieso.- Alana se había rendido.- Esa gente quería tener a alguien dentro para estudiar la situación. Y tú eras perfecta. Eres la chica perfecta en la que todo el mundo es capaz de confiar. ¿Porqué estás tan enfadada, Laura? En el fondo, tú solo hiciste tu trabajo. Unas cuantas fotos y nada más, ¿qué te preocupa?
- Claro. Y ahora, Jake Randall cree que soy su espía, su enemiga. Ese no era mi trabajo, Steel.- replicó, furiosa consigo mismo por haber caído en la trampa.
- ¿Y qué más da? ¿Qué te importa lo que ese paleto piense de ti?- Alana reía ahora con naturalidad.- Vuelve a casa, Laura. Aún quiero que trabajes para mí.
- ¿Bromeas? ¿Qué será lo siguiente? ¿Sacar fotos a las esposas con sus amantes en casos de divorcio?- Laura casi gritaba al hablar.- Eso no es lo que quiero. No quiero terminar odiando mi cámara. Quiero amarla, Alana. Y quiero sentirme orgullosa de mi trabajo.
- ¿Cómo Marion?- el tono de Alana era sarcástico.
- ¿Qué quieres decir?
- Ah, vamos… Eres tan ingenua como él. Por eso nunca se hizo rico. Y por eso, ahora no tienes nada y te ves obligada a permanecer en ese lugar de mala muerte.
Laura pensó que no valía la pena hablarle de aquellos generosos ahorros que un buen día, el abogado de su padre le había entregado tras su muerte. Pensó que tampoco le iba a contar en qué había invertido una buena suma de su dinero. A decir verdad, le importaban un comino Alana Steel, la agencia y sus malditos amigos de la petrolera. Pero aún la necesitaba.
- Tienes razón. Ese Jake Randall no es más que un paleto. Hazme un favor, ¿quieres? Di a esos tipos que tengo información muy fresca sobre Randall. Creo que a pesar de todo, puedo lograr que vuelva a confiar en mí. Si están interesados, ya sabes mi número.- la oyó emitir un gritito de sorpresa y sonrió. La había engañado.
Colgó sin esperar y supuso que era la primera vez que alguien se atrevía a tratarla de aquel modo. Alana Steel era un todo un hombre de negocios con fisonomía de mujer. Pero tenía un enorme defecto. Había olvidado lo que significaba la palabra honestidad. Y eso, era inaceptable. Así que desde ese preciso momento, la tachó de su lista para siempre.








Jake entrecerró los párpados para observarla mejor, oculto bajo el ala de su sombrero y agazapado en la barra del bar. Ella jugaba al billar sin demasiada suerte en una de las mesas cercanas. Su compañera de partida era la mismísima Lana Jackson. Sí que habían cambiado las cosas… ¿Quién iba a decirlo? Nada menos que esas dos compartiendo partida como las mejores amigas. Jake ahogó una sonrisa amarga en la tercera cerveza que tomaba esa noche. Jimmy Graves las custodiaba, alejando a los patanes borrachos de la mesa y defendiendo el territorio como el perro guardián que era. Aún no le habían visto. ¡Qué suerte! Sus chicos preferidos pasándolo en grande. Y él, mientras tanto, reventando por dentro a causa de la rabia que le provocaba la visión. Y una vez más, solo. En la barra del maldito bar. Quizá Amber tenía razón y era su destino terminar sus días como aquellos tipos horribles que asediaban a las chicas en la puerta de los lavabos. Pero no. Sorpresa, otra vez. Lana Jackson sonrió al mirar en su dirección, haciéndole señas reiteradas para que se uniera a ellos. ¿Después de cómo la había tratado? ¿Acaso había perdido el juicio? Laura esgrimía su palo de billar con menos estilo que un marrano con smoking. Lo hacía para impresionarle. Solo que a Jake le daba la sensación de que la mujer valoraba las muchas posibilidades de utilizar su palo contra él. Lo pensó un instante. Se acercaría. Solo para saludarles y limar asperezas. Nada más.
- Lana. Graves… Abbot.- tocó el ala de su sombrero con la punta de los dedos, levantándolo ligeramente. Sus ojos se encontraron con los de ella. ¡Diablos, estaba radiante! Llevaba un vestido con los hombros al descubierto y una única tira que se anudaba en su nuca. El cabello suelto y una ligera pincelada de carmín rosa en los labios que se abrían para mostrar su perfecta dentadura. Laura Abbot podía haber tenido una verruga en la nariz y un par de dientes picados por las caries. Tal vez así, él no hubiera hecho el ridículo al mirarla embelesado como un idiota. Pero no era el caso. Era preciosa y eso lo hacía todo más difícil. Esperó resignado que ella le ignorara o le atizara con el palo de billar en respuesta a sus insultos pasados. Y nuevamente, ella le puso el mundo del revés al no hacer ninguna de las dos cosas.
- Randall.- le tendió la mano y sonrió. ¿Ya estaba? ¿Olvidado, amigos otra vez? Estaba a punto de preguntárselo, cuando ella le dio la espalda para continuar la partida, soltando su mano con rapidez. A pesar de lo breve del contacto, Jake sintió que aún notaba el tacto cálido de aquellos dedos sobre los suyos. La tocó ligeramente en el hombro y ella se giró sobre los talones, impaciente.- ¿Podemos hablar… cuando termines la partida, quizá?
Ella asintió. Iba perdiendo, eso ya lo había previsto Jake. Era muy listo. Las dos jugaban contra Graves, que se jactaba de su victoria. Al final, Lana le arrastró rabiosa hasta la pista de baile y le obligó a moverse, tan patoso como siempre al ritmo de la música. Eso le dio la oportunidad de abordarla. Dejó su cerveza sobre el tapete y apoyó ambas manos alrededor de ella, acorralándola entre el hueco de sus fuertes brazos y la pared.
- ¿Me odias, Abbot?- preguntó en un susurro contra el oído femenino.- Menuda pregunta estúpida… Claro que me odias. Yo también me odiaría si estuviera en tu lugar.
- No te odio, Jake.- contestó y sin querer, sus dedos acariciaron la áspera mejilla de él levemente cubierta de vello. Le vio reaccionar a su caricia como lo haría alguien hambriento ante unas migajas. Su expresión sombría la conmovió contra su voluntad.- Has sido cruel e injusto conmigo. Y me has hecho mucho daño, lo confieso. Pero hoy estás aquí. Has vencido tu orgullo y has cruzado la distancia desde esa barra hasta mí… Supongo que quiere decir algo, ¿no? Tratándose de ti, es más de lo que esperaba.
- Entonces… ¿no me guardas rencor?
- No tan rápido, Randall.- Laura se humedeció los labios, consciente de que la mirada de él seguía cada uno de sus movimientos con nerviosismo.- Aún me debes una disculpa.
- Lo siento.- lo soltó con rapidez, como si temiera que las buenas intenciones de ella se esfumaran en cuanto comprendiera que él no las merecía.- Amber y Doc… Ellos… Yo mismo… Bueno, he reflexionado mucho sobre lo que sucedió, ¿sabes? En realidad, estoy bastante avergonzado… Demonios, esto es muy difícil, Abbot… ¿No podríamos ahorrarnos esta parte?
- Ni en sueños, Randall.- lo dijo con suavidad, pero existía la velada amenaza de que si se rendía, le enviaría al diablo.
- Fue por culpa de esa gente… Creí que tú… Y ellos… No tengo excusa, ¿verdad?- la miró suplicante al ver como ella no cedía un milímetro a sus explicaciones.
- Me temo que no, Jake.- aunque la tenía media convencida solo con la primera mirada desde la barra, fingió que no era así.- Pero te perdono. Claro que rompiste mi cámara. Y eso sí tendrás que resarcírmelo. Era un regalo de mi padre, Randall.
- Te compraré una nueva… ¡Mierda! Lo he estropeado todo, ¿no es cierto?
- Digamos que eres como eres.- murmuró, aspirando con disimulo el fresco aroma que emanaba de él y se mezclaba muy cerca de su boca con el olor de la cerveza.- Pero no eres el hombre de mis sueños, Jake. Ni siquiera te pareces un poco.
Mentía descaradamente a propósito. El estaba demasiado confuso para advertirlo y se alegró de ello.
- ¿Volverás a casa?- su tono de voz pretendía ser controlado, pero no lo conseguía. – Amber te echa de menos… Y la casa está hecha un desastre. Nadie la llena de flores ni prepara galletas chamuscadas para merendar… Y nadie consigue que mejore mi mal humor. Y ahora, encima no podría permitirme pagarte un sueldo.
- Eso sí es una buena oferta, Jake.- se burló – Pero llega un poco tarde. ¿No te has enterado?
El arqueó las cejas sin entender a qué se refería.
- Voy a establecerme por aquí definitivamente.- anunció orgullosa.- Pienso abrir un pequeño estudio fotográfico. ¿Recuerdas la vieja barbería de Harry Jackson, el padre de Lana?
Claro que la recordaba. Solía recortarse el pelo allí cuando todavía le importaba tener un aspecto decente. Es decir, antes de que ella apareciera en su vida y la pusiera patas arriba. Asintió con un gesto.
- El señor Jackson me ha alquilado el local y Amber y Lana han estado ayudándome con los preparativos. Con suerte, en un par de días podré trasladar mis cosas. Hay una habitación en el piso superior y creo que será perfecta para las dos.
- ¿Las dos?
- Para mí y para mi maleta viajera. Ya se lo que vas a decirme. No es un negocio como para hacerse millonaria. Seguramente, estaré arruinada antes de que pase la primavera. Pero vale la pena intentarlo, ¿no crees?- sonrió al ver como él torcía la boca con disgusto.- Voy a sentar la cabeza. Y tú deberías pensar en hacer lo mismo. Ya no eres un niño, Jake Randall.
- ¿Lo de establecerte por aquí…? ¿En una venganza personal?- lo preguntó en voz baja, mirándola directamente a los ojos. Ella le mantuvo la mirada con serenidad.
- ¿Porqué lo dices, Jake? Pensé que querías que fuéramos amigos.
- Yo supuse… Es igual.- bajó los brazos y la dejó libre, aunque no tanto como para perderla de vista. Laura no se movió de su sitio. Le gustaba estar así, cerca de él y manteniéndole a raya al mismo tiempo. Oh, qué grandísima mentirosa estaba hecha… Lo que en realidad deseaba era que él la tomara entre sus brazos y la levantara en el aire para secuestrarla delante de todos y llevarla hasta su casa. Claro que eso era una ridiculez y le habría dado a Jake la victoria demasiado pronto. Sus planes eran otros.
Jake la observaba perplejo. ¿Verla todos los días? ¿Sin tocarla, sin hacerle el amor? Sería un infierno. Peor aún. ¿Y si ella decidía salir con alguno de aquellos tipos desesperados como él, los que la rondaban desde que él había cometido la torpeza de echarla de casa y colocarle el cartel de disponible? Ya podía verlo. Media docena de vaqueros con cara de idiota haciendo cola en la puerta de su estudio, merodeando como aves de rapiña… Solo pensarlo hizo que se mareara. Tomó aire y al volver a mirarla, ella ya no estaba. Uno de aquellos donjuanes la hacía girar en la pista mientras ella reía a mandíbula partida. ¡Y solo era el principio! Odió a quienquiera que hubiera solicitado que el grupo tocara aquella canción de Dolly Parton que tenía por curioso título “Romeo”. Se aproximó a ellos, palmeando la espalda del hombre.
- Ey, Romeo… Ella está conmigo.- dijo, rezando porque el tipo, que debía sacarle al menos diez centímetros de estatura y algo más de peso, no discutiera. Esa noche, no le apetecía terminar con los huesos molidos por una pelea. El hombre se volvió, gruñendo. En el fondo, le comprendía. No todos los días, uno tenía la suerte de bailar con la encantadora señorita Abbot que fotografiaba amaneceres.
- ¿Quién lo dice?- esta vez, el gruñido se acentuó.
- Tranquilo, Jimmy. Te debo un baile.- Laura presionó el musculoso brazo y se disculpó con la mirada. Después, aceptó que Jake rodeara su cintura en un gesto posesivo y le regañó con la mirada.- ¿Qué pretendes, Jake? ¿Es que quieres suicidarte?
- Estábamos hablando.- replicó malhumorado.- ¿De qué conoces a ese tipo?

- Me hace unos arreglos de carpintería en el local.- le informó, molesta porque él ya empezaba a comportarse como el Jake Randall que conocía.- ¿Te molesta?
- Me molesta que todos los hombres del maldito pueblo te coman con los ojos.- confesó, furioso.- ¿Lo de sentar la cabeza, iba en serio? No me digas que te has planteado siquiera casarte con ninguno de ellos.
- ¿Porqué no? Son tus vecinos, Randall. Antes te parecían buenas personas.- le atormentaba a sabiendas de que él lo estaba pasando fatal imaginando con cual de ellos se había acostado.
- Antes no tenía que preocuparme de que ninguno te pusiera la mano encima.- Jake escupió las palabras contra su cuello, rozándolo con los labios.- ¿Es lo que quieres, que me parta la cara con todos hasta que solo quede yo y no tengas más remedio que…?
- ¿Qué, Jake?- le desafió con voz sugerente.
- Ya lo sabes, Abbot.- los labios de él se movían sobre su piel, ascendiendo lentamente por la línea de la garganta y recorriendo la mejilla hasta casi tocar la comisura de la boca femenina.- Quiero hacerte el amor… Ahora. Apenas puedo contener mis manos sobre ti.
- Randall… Los amigos no hacen cosas como esa.- le reprendió con suavidad.- ¿Qué van a pensar de nosotros?
- No quiero ser tu amigo. Quiero ser tu amante, Abbot. Y me importa un rábano lo que piensen.- lo dijo con la boca apretada contra su frente.- Solo se que tengo que hacerte mía… Esta noche, Abbot. Voy a volverme loco si no lo hago, ¿sabes?
- Jake… No podemos.- de repente, sonaba algo más romántico. La canción decía algo así como “vas a provocarme un dolor en el corazón esta noche”… Jake pensó que ella ya se lo provocaba. De corazón, de cabeza… Físicamente, su estado no era mucho mejor. Sonrió para sus adentros al sentir la fuerte presión en sus vaqueros a la altura de las ingles.
- Abbot, deja que te lleve a casa. Por favor…- notó como ella abría los labios, incitante y le dejaba entrar en su boca. La tomó con ansiedad, presionando el cuerpo menudo contra el suyo para demostrarle que no estaba bromeando. Un minuto más moviéndose con ella de aquel modo y terminaría haciéndole el amor sobre la mesa de billar. Ella permitió que disfrutara de la caricia durante unos segundos, los mismos que necesitaba para planear una estrategia. No, no podía ser de aquel modo. Jake tenía que confiar en ella. Tenía que amarla. No bastaba con que la deseara. El debía comprender que ella había llegado allí con un motivo que ahora entendía. Jake Randall era el motivo. Era la mitad incompleta que había andado buscando siempre entre viaje y viaje. Decidida, le empujó suavemente. La miró como estuviera a punto de estrangularla por llevarle hasta el paraíso y hacerle descender otra vez al mundo real.- Abbot, no te resistas. Lo deseas tanto como yo. Puedo leerlo en esa mirada tramposa.
- Entonces, también podrás leer esto.- le dio un beso fugaz en los labios y le dejó plantado, rumiando su mal humor y maldiciendo entre dientes como de costumbre.











Después que se entrevistara con aquellos tipos enviados por la petrolera, le pareció que no eran tan peligrosos. O quizá ella era mejor actriz de lo que esperaba. Durante toda la conversación se mostró fría y les hizo saber cuanto rencor le guardaba a Randall por como la había tratado. Inventó una historia de lo más verosímil sobre ellos. Jake la había utilizado y ella quería vengarse. De pronto, se convertía en una mujer despechada y para aquellos tipos, era razón más que suficiente para que fuera su aliada. Solo que no contaban con un pequeño detalle, por suerte para ella. Y es que amaba a Jake Randall. Y por él estaba dispuesta a interpretar su papel de amante traidora. Se despidió de ellos en el camino más recóndito de la carretera, donde escondido tras unos árboles, Patrick la aguardaba en su coche. Su plan iba sobre ruedas. Le sonrió cuando comprobó que los hombres habían desaparecido y subió al coche.
- ¿Todo ha ido como esperabas?- preguntó él.
- Mejor aún.- suspiró complacida.
Patrick Benson era un viejo conocido de su padre. El y Marion habían colaborado en algunos reportajes de investigación y por lo que su padre solía contarle, era el mejor aireando los trapos sucios de los demás. Sin duda, había ido a parar al lugar idóneo. El acoso a los rancheros de la zona por parte de las petroleras, era un enorme trapo sucio justo a su medida. Pensó que había sido afortunada al localizarle tan pronto.
- Supongo que es lo bastante importante para interrumpir mis vacaciones.- le había dicho cuando le había llamado por teléfono.
- Lo es, Benson.- había contestado ella, obviando el hecho de que Jake Randall era mucho más importante que ninguna otra cosa.- Esos tipos no son trigo limpio. Justo ahora, cuando presionan a los rancheros para vender, comienzan a sucederse las desgracias, ¿no te parece demasiada casualidad? Primero, acaban con el ganado de Randall. El mes pasado, dos ranchos fueron quemados. En ninguna ocasión, han podido coger a los responsables. ¿Simple casualidad? No lo creo, Benson. No eran vulgares delincuentes. Hay algo detrás de todo que huele mal, créeme.
- ¿Piensas que toman medidas desesperadas para obligarles a vender?- inquirió ahora Patrick, mientras ponía en marcha el motor y se adentraba en la carretera.
- Estoy segura de ello.- le miró con expresión ansiosa.- Es un buen reportaje, Benson. Y te necesito. No hay otro como tú, ya lo sabes.
- Vaya zalamera estás hecha, Abbot.- él le palmeó la rodilla afectuosamente. Era bastante atractivo para su edad. Tenía unos cuarenta y ocho años, pero conservaba aquel aire desenfadado que debía haber conquistado a todas las secretarias de las redacciones de los periódicos para los que había trabajado.- Si no respetara la memoria de tu padre y tuvieras unos años menos, intentaría conquistarte. Pero te pareces mucho a Marion. Tienes su misma cabezonería, aunque reconozco que eres bastante más agraciada.
- Gracias por el piropo, pero te olvidas de algo…- bromeó.- Me aprecias como a la hija que no tuviste.
- Ey, no te pases… No soy tan mayor.- Patrick encogió un poco la barriga bajo la camisa, fingiendo estar ofendido.- Tal vez como a la sobrina que nunca tuve.
- Gira a la derecha.- le indicó y tras unos minutos, hizo que detuviera el coche frente al local que sería su estudio.- Es aquí.
- Laura… ¿En serio quieres pasarte el resto de tu vida fotografiando vacas en este lugar?
- No lo entenderías… Yo nunca tuve un hogar, ¿sabes? Bueno, no un verdadero hogar. Marion fue un buen padre y me sentí querida mientras él vivió.- su mirada su nubló al hablar.- Y al llegar a aquí… Es algo muy extraño, Benson. Pero siento que este será mi hogar. Aquí hay personas a las que les importo, ¿entiendes?
- Ese Randall… ¿tiene algo que ver con todo eso?- Patrick seguía siendo audaz como un lince. Como ella no dijo nada, sonrió.- Ya veo. ¿Sabe lo afortunado que es?
- Eh…- Laura titubeó. ¿Jake lo sabía?- Digamos que es algo duro de mollera.
- Abbot, ¿estás poniendo el peligro tu propia seguridad por alguien que es lo bastante tonto para no darse cuenta que estás colada por él?- Benson estaba a un paso de estallar en carcajadas.- ¡Quien lo iba a decir! Laura Abbot, la chica de la armadura de acero… Ahora sí que te han echado el lazo, ¿no es así?
- Oye, Benson, no creo que…- se había sonrojado.- Tú solo échame un cabo, ¿vale? Haz un buen reportaje. Quiero que la gente sepa lo que esos tipos son capaces de hacer.
- ¿Y después?
- Lo demás es cosa mía.- respondió misteriosa. Aún no sabía como iba a conseguir que Jake Randall viera lo mismo que ella veía cuando estaban juntos. O lo que era lo mismo, no sabía como convencerle de que juntos, no habría nada que pudiera destruirlos.
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MensajeTema: Re: Una mujer a mi medida   Miér Feb 01, 2012 11:31 pm



Estaba enseñándole a Benson la decoración del estudio, cuando la campanilla de puerta sonó de repente. ¡Estupendo! Faltaban un par de días para inaugurar el negocio y ya tenía su primer cliente. La inesperada visita la animó de inmediato. Ella y Patrick se volvieron para recibirla. Sin embargo, su ánimo se esfumó cuando su mirada se topó con la de Jake. La expresión de él era de furia. Las noticias debían correr como la pólvora por allí. Ella misma había lanzado el chisme de que recibiría la visita de un viejo amigo en breve. Algo así como un antiguo novio. El embuste no despertaría las dudas, ya que todos consideraban lo más normal que una chica de ciudad como ella tuviera un pasado repleto de amantes. Aunque fuera una tremenda mentira, prefería que fuera así. Por nada del mundo quería que Jake sospechara el lío en que ella iba a meterse. Solo Amber y Lana sabían la verdad. Y a juzgar por el modo en que él contraía ahora las mandíbulas, Jake se había tragado el cuento completamente.
- Hola, Jake.- le saludó, conteniendo ligeramente la respiración. El parecía a punto de asesinarla con la mirada.- Acércate. Quiero presentarte a alguien…
Le vio caminar vacilante hacia ellos con el ceño fruncido y los labios torcidos en un mohín que solo conseguía hacerle parecer más atractivo.
- Patrick, él es Jake Randall.- comentó sin perder la compostura.- Jake. El es Patrick Benson, un viejo amigo.
Los ojos de él lanzaban destellos de fuego. En ellos le decía claramente “no me digas”, en un tono que era todo menos conciliador.
- Así que tú eres el famoso…- comenzó a decir Benson, pero ella le propinó un codazo como advertencia.- Vaya, vaya…
- Sí. Vaya, vaya…- Jake le imitó con sarcasmo. Estrechó la mano del hombre con fuerza y Laura se mordió los labios cuando el pobre Benson movió los dedos para que la circulación sanguínea volviera a ellos.- Dime, amigo, ¿a qué debemos el honor de esta visita?
- Esto…- Patrick la miraba sin saber qué decir. Probablemente, ya había comprendido que para Jake, él era el enemigo a partir de ese instante.- Bueno… Laura y yo teníamos asuntos comunes que resolver.
- ¿Cómo de comunes?- preguntó Jake, controlando la rabia en el timbre de su voz.- Quiero decir, ¿son socios o algo por el estilo?
Laura sabía perfectamente que no era eso a lo que él se refería. Claro que Jake también tenía su orgullo. Por más que deseara romperle la nariz a su amante imaginario, nunca lo haría sin darle antes la oportunidad de quitarse de en medio. Jake Randall era un poco bruto. Pero no era un salvaje… Al menos, ella esperaba que no lo fuera por el bien de Benson.
- En realidad, sí. ¿Verdad, nena? – Patrick cometió la torpeza de rodearle los hombros con el brazo. Los ojos de Jake siguieron el movimiento y Patrick se apartó con rapidez. ¿Nena? Jake entrecerró los párpados, reprimiendo el impulso de sacarlo a rastras de allí. ¿Quién se había creído ese tipo? Abbot no era su nena. No era la “nena” de nadie. Y por supuesto, nadie la llamaba nena, excepto él.
- Jake, le decía a Benson que…
- Ven conmigo. Tenemos que hablar.- la sujetó por la muñeca y la llevó hasta una zona aislada de la tienda, ignorando sus protestas. Al soltarla, ella ya estaba tan indignada por su comportamiento, que no le importó que Patrick les oyera.
- Pero, ¿qué te pasa, Jake Randall?- le recriminó.- ¿Lo haces a propósito? ¿Eres grosero con los demás el primer día por algún motivo en especial? En serio, Jake… Así nunca harás amigos.
- Nena…- dijo con voz grave.- Ese tipo no es mi amigo. Si lo fuera, no estaría aquí.
- ¿Porqué estás enfadado?- se frotó la muñeca dolorida y un ligero atisbo de arrepentimiento cruzó la mirada de él. – No tenías derecho a portarte como un animal con Benson.
- Y tú, no tenías derecho a traerle.- la apuntó con el dedo, amenazante.- Te dije que no quería partirme la cara con nadie durante un tiempo.
- Y yo te dije, Randall, que no te atrevieras a tratarme como a una de tus terneras.- le recordó furiosa.
- Pues no te comportes como ellas.
- Y tú… Oh, está bien, déjalo. Grandísimo egoísta…- Laura le miró, dolida en realidad por el sinfín de sospechas que leía en sus ojos.
- ¿No podías esperar, verdad? – le reprochó Jake, echando una rápida ojeada al hombre que curioseaba objetos a pocos pasos de ellos.- Tenías que restregármelo por las narices.
- Mira, Jake…
- Ya me lo temía.- Jake se rascó el mentón, un gesto que era muy propio de él cuando no sabía como reaccionar ante algo.- Sabía que lo harías… Sabía que en cuanto tuvieras la menor ocasión, aprovecharías para demostrarme lo que me estoy perdiendo. ¿Es eso, Abbot? ¿Es tu venganza por haber sido un idiota y no darme cuenta de…? ¡Diablos! Lana Jackson tuvo más estilo con Graves. Y ella se ha criado entre vacas.
- Piensa lo que quieras, Randall. Siempre lo haces.
- ¿Qué quieres que piense, maldita sea? Todos están comentando desde ayer lo buena pareja que hacen los dos.- ahora clavaba los ojos sobre Benson con rencor.- Un poco mayor para ti, ha dicho la señora Tracy, pero muy guapo. Y Amber no deja de decirme que se parece a ese actor de las películas de Indiana Jones…
- ¿Harrison Ford?- Laura contuvo la risa. Amber podía llegar a ser muy creativa cuando se lo proponía. Al parecer, había decidido poner su granito de arena en la difícil tarea de hacer que Jake abriera los ojos por fin.
- ¡Como se llame! Me han dado ganas de estrangularla cuando lo ha dicho. A mi propia hermana, Abbot…
- Jake… Cálmate, ¿quieres? Solo piensa en la suerte que has tenido de no quedar el último en la lista.- le refrescó la memoria. Era lo que él le había comentado en una ocasión, era cierto. La miró como si quisiera decirle que borrara de su memoria todo lo dicho anteriormente y se quedara solo con el mensaje de ahora. El mensaje era muy claro: haz que desaparezca. Y tal vez, si profundizaba un poco, “no seas terca, vuelve a casa conmigo y deja de pelear”. Era lo que Jake pensaba mientras aquel intruso se paseaba por la tienda sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Claro que Abbot no era de las que se rendían, ya lo sabía. En realidad, sabía mucho más de ella que cualquiera. Sabía que adoraba el chocolate, que le gustaba contemplar las estrellas cuando todos dormían. Que se colaba en las conversaciones de las demás aunque nadie la invitara. Que tenía un lunar en forma de media luna en el centro de la espalda y una cicatriz en la rodilla de una travesura de la infancia. Y sabía que estaba hecha para ser suya… cuando fuera capaz de dominarla, lo cual era todo un desafío.- ¿A qué has venido, Jake?
- A pedirte que seas mi pareja en el baile que se celebra mañana por la noche.- contestó, a sabiendas que cuanto más furioso se mostrara, más la alejaría de él.- Y también porque la curiosidad me estaba matando, lo confieso. Pero ya veo que tienes otros planes.
“No lo sabes bien”, pensó ella, ahogando una sonrisa.
- ¿Quieres que sea tu pareja en el baile, Randall?- preguntó maliciosa.
- A menos que prefieras llevar a Indiana Jones… No hay nadie más disponible. Y lo digo en serio, Abbot. Ningún hombre de por aquí se atreve a vérselas contigo.
- Acepto, Jake. Pero le diré a Benson que nos acompañe.
El soltó un gruñido ronco.
- ¿Pretendes que un antiguo novio tuyo nos haga de carabina?- Jake no salía de su asombro.
- No, Jake. Tú nos harás de carabina.- le dijo para desinflarle el enorme ego que casi no le cabía en el interior de la ropa.
- ¡Está bien… Sea como sea, no te pondrá las manos encima!
Jake cerró de un portazo, haciendo que la campanilla cayera de la puerta a sus pies. La recogió con expresión triunfal, haciéndole un guiño a Patrick cuando por fin, tuvo el valor de volver junto a ella.



Aquellos tipos elegantes se habían citado con Benson en uno de los recodos del camino que conducía al pueblo. No demasiado cerca para que alguno de los vecinos les viera, aunque sí lo bastante para que Laura, escondida tras una vieja cabaña abandonada, pudiera sacar unas buenas fotos. Benson estaba perfecto en su papel de mercenario sin escrúpulos. Sus ropas ajadas y su piel curtida por el sol, su cabello ligeramente largo y ondulado y su expresión de estar de vuelta de todos los delitos habidos y por haber, habían logrado engatusar a los pobres imbéciles. Por supuesto, ellos no tenían intención de hacer el trabajo sucio. Y no podían contratar a nadie de los alrededores, era demasiado arriesgado. Así que, providencialmente, ella les había presentado a Benson, apodado para ellos, Vic Malloy. En esos instantes, el falso Malloy grababa toda la conversión en su grabadora último modelo oculta en el bolsillo de su gabardina oscura. Por su parte, Laura realizaba el mejor reportaje fotográfico de su vida. Tan segura estaba de ella misma, que no se percató cuando disimuladamente, Benson comenzó a hacer señas en su dirección.
- He oído algo… Por allí… - uno de los tipos caminó en dirección a la vieja cabaña y Laura se golpeó bruscamente contra las paredes en su desesperación por no ser vista. Las maderas crujieron contra su hombro y reprimió un grito de dolor. El hombre estaba muy cerca, aunque en la penumbra, no podía ser capaz de distinguir su rostro. Por suerte, Laura había tomado prestados unos vaqueros de Benson y uno de sus jerséis gruesos de lana. Lejos de reconocerla, el tipo debía haberla tomado por algún fornido vaquero. Y ni corto ni perezoso, lanzó el puño contra su cara, obligándola a retroceder unos cuantos pasos hasta casi perder el equilibrio. Sujetó su cámara contra el pecho y corrió tan rápido como pudo. No se detuvo hasta cerciorarse de que estaba bien lejos de ellos. Con la respiración entrecortada y los pómulos ardiendo por el golpe, se agazapó protegida por la oscuridad. Era mejor no moverse hasta que Benson llegara y le hiciera saber que todo estaba en orden. Oyó el alboroto que armaban los hombres y como Benson les tranquilizaba con la mejor interpretación de su vida.
- Seguramente era algún borracho de por aquí.- comentó despreocupado.- Duermen la mona en cualquier parte…
- No me gusta, Malloy.- le interpeló uno de ellos.
- Como quieran, amigos. Si no quieren cerrar el trato, no hay problema. De todos modos, quiero mi pasta. He estado dos años en chirona y no pienso largarme con las manos vacías.- el tono amenazante de su voz ya les había convencido, pero para añadir más peligro a su mirada, presionó ligeramente la grabadora que ocultaba bajo la ropa. Sin duda, los tipos creyeron que se trataba de un arma, porque enseguida accedieron a ultimar los detalles de su fechoría. Y Benson añadió imitando a uno de sus actores preferidos.- Han sido muy sensatos. No se arrepentirán.
Laura les vio alejarse con ademanes nerviosos. Después de unos minutos que se le hicieron interminables, Benson le palmeó el hombro herido al tropezar con las maderas.
- Ey… ¿Estás bien?
Ella asintió. Nunca en su vida había pasado tanto miedo. Pero no podía decírselo. Sospechaba que Benson estaba igual o más asustado que ella y le tocaba hacer el papel de chica dura para que no se derrumbara.
- ¿Y tú?- preguntó, aceptando su mano para levantarse.
- Creí que era hombre muerto cuando ese tipo casi te descubre.- confesó con una media sonrisa. Laura también sonrió y le acompañó hasta el coche. Benson arrancó como si les persiguiera el mismísimo diablo y tardó menos que un suspiro en dejarla frente a la puerta de su recién estrenado negocio. Frunció el ceño cuando la luz tenue de la entrada iluminó el rostro de la joven. Tenía un ojo completamente amoratado y un ligero corte en la mejilla que sangraba débilmente. Sacó un paquete de kleenex de la guantera de su todo terreno y le frotó con delicadeza la zona lastimada.
- Demonios, Laura… El desgraciado te ha machacado.- observó conmovido por el valor que ella mostraba al no quejarse una sola vez.
- Bah… Es solo un rasguño.- sonrió.- ¿Lo has grabado todo?
- Puedes confiar que sí.- le mostró la grabadora con satisfacción.- Esta amiguita no me ha fallado nunca.
- ¿Les hemos cogido?
- Eso espero.- le guiñó un ojo.- O tendrás que escribir un bonito epitafio sobre mí.
- No se como darte las gracias, Patrick. Eres el mejor amigo.- le besó fugazmente, sin que ninguno de los dos se percatara de que alguien, les espiaba a escasos metros de allí.
Miró su reloj de pulsera y chasqueó la lengua, contrariada por lo tarde que era.
- Maldita sea… Jake vendrá a recogerme en menos de media hora.- se bajó del coche de un salto y cerró de un portazo.- Y aún tengo que vestirme. ¿Nos vemos dentro de…quince minutos?
- ¿Hablabas en serio cuando le decías a Randall que os haría de carabina?- Benson arqueó las cejas, divertido.
- Claro que sí, ¿qué te creías? Te debo un baile, Benson.
- Me debes más que eso, jovencita. Pero me conformaré.
Ella se despidió feliz y subió de dos en dos los escalones que conducían a su nuevo y estrecho hogar. Una habitación con una cama y un armario donde apenas le cabían los calcetines. No estaba tan mal. Se desvistió y se dio una ducha rápida. Después, se colocó un sencillo vestido con tirantes al cuello y se maquilló con esmero para disimular los morados de los ojos. Finalmente, se mordió los labios al ver el resultado en el espejo. Con aquella pinta, no engañaría a nadie, así que trató de inventar una buena excusa para contestar a los cientos de preguntas que le lloverían durante la noche. Se apresuró a bajar para abrir la puerta en el instante que escuchó el repiqueteo de la campanilla en la planta baja.








Jake la observaba con expresión curiosa y algo más que ella no supo identificar. Por suerte, las luces estaban apagadas y tiró de él para alejarle del farolillo de la entrada al salir. Sin embargo, Jake era lo bastante astuto como para no morder el anzuelo. La sujetó por los hombros y la obligó a colocarse justo bajo la luz para contemplarla con detenimiento.
- Pero, ¿qué…?- por momentos, sus facciones se contraían y su rostro adquiría un tono violáceo al descubrir los hematomas en la cara de ella.- ¿Puedes decirme que Diantres te ha pasado?
- Jake, no montes una escena, ¿quieres?- le apaciguó, pero la respiración de él se agitaba a medida que reparaba en los cortes de la mejilla y en los rasguños del hombro.- Me caí…
- Diablos, Abbot… Parece que te haya pasado un camión por encima…- la miró confundido al principio y furioso más tarde. Sus ojos brillaban intensamente mientras examinaba cada centímetro de la piel femenina que quedaba al descubierto, buscando más heridas.
- Ya te he dicho que…
- Nena, será mejor que no me mientas…- su tono de voz era amenazante.- Hace un rato he visto como te despedías de ese… como se llame…
- ¿Patrick? ¿Acaso estabas espiándome?- Laura no pudo evitar sonreír por las ridículas sospechas que leía en su mirada.- ¿No pensarás que él…? Jake, por favor…
- Abbot, si ese tipo te ha hecho esto…- a estas alturas, Jake ya estaba convencido de que era así.
- Jake Randall.- le interrumpió con firmeza, emocionada en el fondo por el instinto de protección que despertaba en él. Aunque por otro lado, no podía contarle como se había hecho aquellos morados. Eso sí le pondría realmente furioso. Y probablemente, la sacaría del estado antes de que pudiera protestar.- Te prohíbo que sigas. Y por cierto, que no tengo que darte explicaciones si me apetece que un antiguo novio me ponga un ojo a la funerala. Así que, asunto resuelto. Por ahí viene Patrick…
Señaló la puerta del motel y Jake apretó los labios al ver como Benson se acercaba a ellos.
- No te atrevas a hacerle preguntas, ¿está claro?- le advirtió.- O tendrás que bailar con la señora Tracy toda la noche.
- Abbot…
- Randall…- ella le imitó y se colgó del brazo de ambos, uno por cada lado, dispuesta a no perderse una sola pieza.
El resto de la noche fue más bien estresante. Por un lado, su preocupación por la oferta que aquellos tipos de la petrolera le habían hecho a Malloy el impostor. Nada menos que quemar el rancho de Jake. Esta vez, no pensaban andarse con chiquitas y a juzgar por lo que Benson le había contado, querían el lote completo. Nada de errores. Querían a Jake fuera de juego para siempre. Por otra parte, estaba el propio Jake, quien valoraba positivamente en qué momento exacto de la noche iba a matar al pobre Benson por lo que erróneamente juzgaba había hecho. Y finalmente, pero no por ello menos importante, estaba ella misma. Solo había bailado tres piezas y ya sentía que tenía los huesos hechos puré. Y por nada del mundo, quería privarse del placer del momento en que Jake se decidiera de una vez a sacarla a bailar. Para su deleite, aquel momento llegó antes de lo que esperaba. Parton entonaba con su peculiar estilo y su timbre de niña que no ha crecido, una hermosa balada. Jake la arrastró literalmente hasta la pista y apretó su cuerpo contra el de ella, siendo todo lo delicado que era capaz dadas las circunstancias. Seguía furioso y las dos cervezas que había tomado, hacían que su enfado fuera en aumento. Aún así, Laura intentó que se relajara y de paso, relajarse también. El fuerte pecho de Jake bajo su mentón, era el mejor ungüento para sus heridas.
- ¿Vas a contármelo o prefieres que se lo pregunte a él directamente?- preguntó Jake, con los labios muy cerca de su frente.
- Ay, Jake, no lo estropees…- le pidió, adormecida por la deliciosa sensación que era balancearse junto a él al ritmo de la suave música.
- Quiero matarle de todas formas, Abbot.- comentó él con total naturalidad.- Pero si me das una buena excusa, me sentiré mejor después de hacerlo.
- Randall… ¿porqué eres tan agresivo?- le preguntó mimosa.
- Abbot… Te juro que en este momento, no estoy siendo ni la mitad de agresivo, créeme.- él recorrió con ternura los rasguños de su hombro, palideciendo cuando ella reprimió un gemido de dolor. Apartó los dedos para deslizarlos por su brazo.- Si lo fuera, ese Benson ya estaría en la consulta de Doc con los dientes incrustados en la nuca.
- ¿En la consulta de Doc?- ella le miró risueña. “Jake Randall, ¿dónde estabas antes de conocerte?”, pensó riendo para sus adentros.
- Es donde merece acabar un animal como él.- explicó él, besando con ternura sus cabellos.
- Jake…
- Abbot, deja que le mate.- su voz era grave a causa del enfado y del deseo al mismo tiempo.- Después, te haré el amor de tantas maneras, que no volverás a acordarte de él.
- Randall… - le susurró con los labios presionando levemente la línea del cuello masculino. Bromeó para aliviar la tensión entre ellos.- Si fuera una inocente dama sureña, estaría escandalizada.
- Si fueras una inocente dama sureña, no te haría ese tipo de proposiciones.- replicó él, de mejor humor.
- ¿Eso es un insulto?- inquirió en voz baja, provocándole intencionadamente.
- ¿Bromeas? Es un piropo, nena. Y de los mejores que habrás escuchado.- Jake dejó que su boca cubriera durante un segundo la de ella, complacido al ver como se estremecía ante la breve caricia.- ¿Entonces… tengo tu aprobación? ¿Puedo liquidar a ese Benson sin que me odies por ello?
- Ni lo sueñes, Randall.
- Abbot… No estás enamorada de él. No puedes estarlo.- murmuró, rabioso en el fondo porque temía estar equivocado. Peor aún, temía estarlo y que ella fuera tan sincera como para confesárselo allí mismo, en mitad de la pista, mientras él la estrechaba entre sus brazos deseando que el resto desapareciera para hacerla suya.
- ¿Por qué estás tan seguro?- la situación la divertía enormemente.
- Porque… Es más viejo que tú. Podría ser tu padre, Abbot.- le recriminó con la mirada nublada por la pasión que ella encendía en él, incluso con el rostro medio desfigurado por aquel hematoma.
- Pero no lo es.- le retó a que continuara con su larga lista de motivos por los que el pobre Benson jamás sería su príncipe azul.
- Y tiene muy mal gusto… Fíjate con quien está bailando.- señaló con disimulo a Benson, que ahora se movía ágilmente de la mano de una de las gemelas Tracy. “Menudo donjuán”… La chica era justo como Amber la había descrito en una ocasión. Una larguirucha con cara de mula y cejas demasiado pobladas. Claro que Benson era un caballero y nunca negaba un baile a una señorita, aunque la señorita en cuestión fuera lo más parecido a un cuadrúpedo.
- Randall, eres perverso.- Laura sonrió de aquel modo encantador que hacía que a Jake se le doblaran las rodillas sin remedio.
- Y además, no puedes estar enamorada de un tipo que mañana estará fiambre en la funeraria de Grisham.- Jake le recordó sus intenciones.- No sería práctico, Abbot.
- Creo que me arriesgaré de todos modos.- Laura tembló cuando él la estrechó con más fuerza en una clara actitud posesiva.- Pero no sufras, Randall. Si me conviertes en una viuda desconsolada, serás el próximo candidato en mi lista.
- Nena…- él dejó que sus dedos recorrieran nuevamente la curva de su espalda con lentitud.- No me provoques y dejaré que tu Indiana Jones viva un par de días más.
Laura no contestó. Pensaba en lo ingrato que era Jake Randall con el hombre que estaba a punto de salvarle de las garras de aquellos mal nacidos de la petrolera. Aunque en el fondo, sabía que Jake solo quería convencerla de lo arrepentido que estaba… a su manera.
- ¿Cómo van las cosas por el rancho, Jake?- preguntó desviando la conversación hacia temas menos peligrosos.- Amber me ha dicho que los del banco aún no han aprobado ese préstamo que pediste.
Si él estaba molesto por las confidencias que Amber le había hecho, no lo demostró. Encogió los hombros con fingida indiferencia.
- Es posible que tenga que solicitar una segunda hipoteca sobre la casa. Pero creo que saldré adelante.
- Si no fueras tan cabezota…- le recriminó con suavidad, tanteando el terreno para sus planes futuros.- Amber también dijo que Doc te ofreció ser tu socio. Al parecer, dispone de algunos ahorros. Jake, piensa en lo bien que te iría algo de ayuda… Y podrías reponer parte del ganado.
- Ni hablar.- atajó él con voz tensa.- Ya le dije a Amber lo que opinaba del tema. Lo último que me apetece es convertir a mi hermana en la contable marimandona de los negocios de su futuro marido. Doc no aguantaría una semana, créeme. No quiero tener la culpa del divorcio de esos dos.
- Eso es injusto, Jake. Amber también tiene derecho a preocuparse y hacer algo al respecto.
- Mientras pueda evitarlo, no. Les prometí a mis padres que siempre cuidaría de ella. Y jamás rompo una promesa, Abbot.- la miró como si pretendiera que ella no volviera a tener dudas sobre eso.- Lo cual me hace recordar…
- Oh, no… Randall, si te acercas a Benson no cuentes con que vuelva a dirigirte la palabra.- le advirtió en un murmullo, viendo como su amigo se les acercaba.- Patrick, ¿nos vamos?
Se sintió fatal al comprobar el efecto que causaban en Jake sus palabras. Sin duda, debía pensar que ella no podía esperar más para reunirse a solas con su amante. “Qué pena, Jake”, pero aún no puedo confiar en ti.
- Te acompañaré a casa.- se ofreció rápidamente Jake, conteniendo las ganas de aplastar bajo la suela de su bota a aquel tipejo presumido.
- No es necesario, Jake. Benson lo hará, ¿no es así?- besó a Jake en la mejilla y antes de que pudiera protestar, tiró de la mano de Benson para abandonar el local.
- Oye, Laura, no quiero parecer indiscreto, pero…- Benson echó una breve ojeada a sus espaldas.- Parece que ese Randall quiere matarme, ¿no?
- No te preocupes, es inofensivo.- le tranquilizó- El no lo sabe, pero ya he aprendido a manejarle.
- Eso espero. Porque, ¿sabes qué? Empieza a preocuparme el hecho de que en el par de días que llevo aquí, unos cuantos tengan algún motivo para querer verme muerto.
- Qué original eres, Benson. En realidad – le explicó.- Jake cree que me has dado una paliza y ha jurado liquidarte en cuanto tenga oportunidad.
Benson palideció. Comprendió que no era buen momento para bromear. Pero se sentía tan feliz que no pudo evitarlo.
- No temas. Ha dicho que te dejaría vivir.
- Qué bien.
Laura sonrió, contenta por el cariz positivo que tomaban sus maquinaciones. En un par de semanas, el asunto de la petrolera estaría resuelto. Y después, ella y Jake podrían dedicar toda su atención a cuestiones más placenteras.











Había llamado a Benson en cuanto había descubierto lo sucedido en el estudio durante su ausencia. Los dos observaban ahora el desalentador espectáculo mientras pensaban qué hacer para no perder los nervios. Laura temió por la expresión de Benson que no le había contado algo. Intuyó que era peor de lo que esperaba.
- Lo han destrozado todo… excepto esto.- le mostró unos carretes que aún no había revelado y que inconscientemente, había olvidado en el hueco bajo el mostrador la mañana anterior. Recordaba que eran unas fotografías que había tomado a Jake y a Amber al llegar allí.- El resto está hecho trizas.
Señaló el material de revelado, las estanterías, los adornos y… ¿dónde demonios estaban las fotos de su reunión con aquellos gusanos?
- ¿Qué ocurre, Benson…?- le miró espantada.- Aún tenemos las grabaciones, ¿verdad? Dime que las tenemos.
Benson le enseñó la grabadora hecha pedazos que acababa de encontrar en su habitación del motel donde se hospedaba.
- ¿Y la cinta?
- Estaba dentro, Laura. No tuve tiempo de sacarla y esconderla… ¡Diablos, no pensé que fuera necesario!- explotó, más preocupado que furioso.- Tampoco tú ocultaste las fotos, ¿no?
En ese momento, la campanilla de la puerta les hizo volverse hacia ella. Aquellos tipos enchaquetados les observaban con expresión maliciosa mientras agitaban en el aire los negativos que habían robado.
- Una pena, Malloy… ¿o debería decir, Benson?- comentó uno de ellos con sarcasmo.- Y usted, señorita Abbot… Nos ha decepcionado enormemente. Fue una suerte que la señorita Alana Steel tuviera tan buena memoria para los nombres. En cuanto la llamamos para pedir información sobre su amigo y le describimos tan cuidadosamente, no tardó en relacionar la descripción con un viejo amigo común… Nada menos que el señor Patrick Benson, que participó activamente en la campaña contra el presidente durante aquel feo asunto de la becaria. Debo decirle, señor Benson, que es un honor para nosotros que nos haya dedicado su atención.
- No se saldrán con la suya.- ladró Benson, aunque no estaba en posición de hacerse el gallito. Ellos eran tres.
- ¿En serio creyó que éramos tan idiotas?- el tipo sacó su mechero y prendió fuego a los negativos con rapidez para después lanzarlo a los pies de la mujer.
- No me dan miedo, matones de medio pelo.- casi gritó Laura- Veremos como le explican todo esto al sheriff Graves. Estoy segura de que le encantará escuchar su historia.
- No tan rápido, señorita Abbot.- el más alto de los hombres torció los labios en una mueca que podía haber sido una sonrisa de no ser porque sus ojos lanzaban chispas al hablar. Y no eran de alegría precisamente.- No somos estúpidos. Hemos pasado toda la noche en esa taberna de la esquina. Y hemos hecho el suficiente ruido como para que medio pueblo afirme habernos visto. ¿Me capta, querida?
Laura comprendió. Ellos no habían hecho aquel trabajito. Seguramente, lo habían encargado a algún rufián de los alrededores. Y eso se traducía en una enorme sensación de pánico que hizo que se le encogiera el estómago. Jake y Amber no sabían nada. Ahora mismo podían estar a merced de algún desalmado sin escrúpulos dispuesto a quemar la casa con ellos dentro. La cabeza comenzó a darle vueltas.
- No sufra.- el desgraciado que parecía ser el portavoz de los otros dos, sonrió de nuevo.- Si mantiene la boca cerrada, nadie saldrá herido. ¿Entiende lo que quiero decir?
Lo entendía. Quería decir que si permitía que terminaran lo que habían venido a hacer, quizá observaran la posibilidad de que el rancho ardiera cuando sus dueños estuvieran fuera. Si esperaban que aquello la tranquilizara, es que estaban realmente locos. Aunque en cierto modo, era así.
- Vamos, señorita Abbot. No es tan difícil.- insistió el hombre.- ¿Cómo prefiere al señor Randall, arruinado o muerto? Usted decide.
- Váyase al diablo.- Laura le escupió en la cara y él se limpió ceremoniosamente con el dorso de la mano sin perder su estúpida sonrisa.- Jake Randall le matará, ¿sabe? Está lo bastante loco como para hacerlo sin que ni siquiera le tiemble el pulso al apretar el gatillo de su escopeta.
- ¿De verdad?
- Haga la prueba. Si llega a tocarle un pelo a su hermana, puede darse por muerto.- por primera vez desde que habían entrado, Laura sintió que se llenaba de auténtico valor. Esos bravucones no sabían como se las gastaba Jake Randall. El hombre clavó sus ojos burlones en ella y se despidió con un guiño, haciendo un gesto a sus amigos para que le siguieran. En cuanto hubieron desaparecido, Laura empujó a Benson hacia la puerta.
- Avisa al sheriff Graves.- le pidió al tiempo que ella misma salía tras el.
- ¿Qué te propones?- Patrick sospechaba que iban a meterse en líos otra vez.
- Tienen una coartada y se saldrán con la suya si no hacemos algo.- explicó-Han dicho que medio pueblo les ha visto en la taberna. El otro medio está en el baile. Y Jake y Amber también. El tipo que han contratado debe saberlo y probablemente, esta es la ocasión perfecta para que haga su encargo… ¿Me sigues, Benson?
- Laura, no…
- Tengo que ir allí.- Laura le rogó con la mirada que no tratara de impedírselo.- Tú avisa a Graves. Dile que le espero en el rancho.
- ¿Y Randall?
Laura lo meditó unos segundos. Jake era muy capaz de liarse a tiros con todo lo que se moviera en sus propiedades.
- Que venga con Graves… Pero no le alarmes, por lo que más quieras. No quiero que haya ningún funeral mañana.
- Está bien…- la contempló un instante antes de obedecer sus instrucciones.- Ten mucho cuidado, Laura. ¿Lo prometes?
Ella asintió. Tenía que tenerlo. Aún no le había confesado a Jake que ella era la mujer ideal para él. Y aún no había cumplido su promesa de demostrarle que era allí donde iba a pasar el resto de su vida. Y en eso, los dos se parecían mucho. Ella tampoco solía incumplir sus promesas.










Había cogido el todo terreno de Benson hasta el rancho, apagando las luces a una distancia lo bastante prudencial como para que el intruso no notara su presencia. Aguardó tras la casa, agazapada en el asiento, esperando la más mínima señal para actuar. Echó una rápida ojeada a su alrededor. Estaba demasiado oscuro para distinguir nada a menos de cinco metros de donde se encontraba. Suspiró, comenzando a sentir que la angustia se apoderaba de ella. “Graves, ¿dónde te has metido?” Rezó porque Lana Jackson y él no se hubieran retirado pronto a practicar arrumacos para la vida de casados. Por fin, le pareció que algo se movía junto al coche y dio un respingo sobresaltada.
- ¡No se mueva!- gritó, intentando cerrar a toda prisa la ventanilla del todo terreno. Demasiado tarde. Aquel hombre intentaba verter el contenido de la garrafa que tenía en una de las manos, en el interior del vehículo. El fuerte olor a gasolina la mareó y abrió la puerta con brusquedad, golpeando al hombre al hacerlo. La miró, tambaleándose y trató de sujetarla por el brazo, esgrimiendo en su mano libre un enorme bate de béisbol. Laura recibió el primer golpe en el hombro magullado. Le empujó con toda la fuerza que le fue posible. El segundo golpe casi le cayó en plena cara y aunque apenas la había rozado porque se apartó a tiempo, hizo que cayera de bruces frente a él. Le vio levantar una vez más el arma mortífera con el que Laura ya se había resignado la haría papilla. Todo se oscureció de repente. Comprendió que estaba a punto de desmayarse y aunque no quería, se rindió ante la evidencia de que nadie podía ayudarla.
- Ni se te ocurra, amigo.
Laura escuchó la voz de Graves como si proviniera de algún lugar muy lejano.
- Aléjate de la chica y pon los brazos en alto, donde pueda verlos.- ordenó Graves otra vez.
Unos brazos robustos la alzaron del suelo con la misma facilidad con que levantarían una pluma. Laura se acurrucó contra ellos, temblando de pies a cabeza.
- ¿Estás bien?- reconoció enseguida la voz grave y ligeramente afectada de Jake.- Quédate aquí. Vuelvo en un minuto.
- Jake, por favor...- quiso impedir que se moviera, pero él ya se había alejado y antes de que Graves pudiera evitarlo, tenía al intruso bajo su cuerpo y le golpeaba la cara con violencia. Parecía haber perdido el control y Graves intentó arrancarle al desgraciado de las manos antes de que fuera tarde.
- Déjalo ya, Randall… Vas a matarlo.- pidió Graves, quien en el fondo tenía tantas ganas como Jake de convertirlo en comida para perros.
- ¡Asquerosa sabandija!- Jake le propinó un último puñetazo que debió romperle el tabique, porque ahora fue su agresor el que perdió la conciencia. Al comprender que por más que le golpeara, el desgraciado no iba a decir una palabra, le soltó enfurecido.- Llévate esta basura de mi casa, Graves. Si vuelve a despertarse, acabo con él. Lo juro.
Corrió hacia ella, obligándola a mirarle a la cara para examinar sus heridas.
- ¡Hijo de…!- Jake no terminó la frase. Apretó los labios con tanta fuerza que su mentón se endureció como el granito al hacerlo. Por un momento, Laura temió que regresara para rematar al tipo que le había hecho aquello. Pero Jake no se movió. Solo contemplaba su piel amoratada por los golpes sin articular palabra. Sus ojos brillaban intensamente en mitad de su rostro sombrío a causa de la ira.
- Estoy bien, Jake…- murmuró, aunque sentía como la cara le latía y comenzaba a hincharse justo donde el bate de béisbol había acertado. Se volvió al escuchar la voz de Benson y se soltó, abrazándole en cuanto le tuvo cerca. No quería llorar delante de Jake, pero Benson… Bueno, él era algo así como un padre para ella. Así que dio rienda suelta a las lágrimas.
- Vaya heroína estás hecha, Laura…- Benson sonreía, pero Laura percibió que estaba tan asustado como ella.- Nos has dado un buen susto, ¿sabes? Ese Randall no paraba de maldecir todo el camino… Dijo que si no te mataba el tipo contratado por los de la petrolera, lo haría él mismo.
- ¿Le has contado…?- se apartó un poco al ver como Jake se unía a ellos con cara de pocos amigos.
- Sí, me lo ha contado todo. ¡Un plan perfecto!- rugió Jake, mientras el coche de Graves se alejaba con la pieza que habían cazado esposada en el asiento trasero.- Y no esperes que te de las gracias, Abbot… ¡Te daría una buena paliza de no ser porque ya no queda espacio en tu cara donde colocar los golpes!
- ¿Amber está a salvo?- preguntó, ignorando su comentario.
- Lana y Doc están con ella… ¿No me has oído?- él iba a explotar de un momento a otro, era evidente. Benson se hizo a un lado para evitar que dirigiera su furia contra él.
- ¡Te he oído, no hace falta que grites!- replicó llorosa y añadió, restregándose el cabello con ansiedad.- Me duele todo.
- Es lo que suele ocurrir cuando alguien te machaca la cabeza con un bate de béisbol, Abbot.- la reprendió con dureza.- ¿O acaso esperabas que solo por ser tú sería distinto? ¡Vaya par de idiotas! ¡El profesor Jones y su ayudante chiflada! No se cual de los dos es más insensato.
- Ey, Randall…- Benson iba a decir algo, pero enmudeció cuando la mirada de Jake lo fulminó.
- Cierra el pico, Benson.- sentenció y clavó nuevamente los ojos en ella.- Y tú… Abbot, tú…
- Ya lo he entendido. “Desaparece de mi vista”, ¿es eso lo que quieres decir, Jake?- le preguntó, indignada. ¿Qué se había creído? Arrogante, presuntuoso y testarudo…- Llévame a casa, Benson. No pienso quedarme a ver como este bruto insensible me da las gracias.
- Nena, ni se te ocurra moverte.- el tono de Jake no admitía protestas.- Benson… Puedes hacer dos cosas. Volver al motel o aceptar mi hospitalidad y pasar la noche aquí. De cualquier manera, ella se queda.
- ¿Pero qué…?- Laura tosió ruidosamente y Jake se apresuró a cubrirle los hombros con su cazadora. Ella aceptó a regañadientes.- No soy de tu propiedad, Jake. No puedes obligarme a hacer nada que no quiera.
- ¿Eso crees?- Jake no se limitó a amenazarla. La levantó en brazos con cuidado y la llevó hasta la casa, dejándola sobre el sofá con delicadeza.
- Jake Randall… Si vuelves a…
- Benson, ¿puedes quedarte con ella un segundo? Creo que esa chatarra que se oye fuera es el coche de Doc.
Lo era. Amber apenas esperó a que el motor se detuviera para correr hacia la casa. Sollozó al ver el estado en que ella se encontraba. La besó repetidamente y después, la abrazó angustiada.
- Estás loca, Laura Abbot… Pero gracias por todo. Solo pensar que…- Amber estalló en llantos otra vez.
- Prepararé una habitación para el señor Benson.- informó Jake y su tono no admitía réplicas.- Amber, tú haz que esa cabeza de chorlito se duerma en cuanto Doc la haya examinado.
Laura les dejó hacer y finalmente, dejó que el sueño la venciera mientras Amber la arropaba entre las sábanas con infinita ternura.










- Buenos días.- la voz de Jake hizo que abriera con desgana los ojos y se estirara perezosamente sobre la almohada, reprimiendo un gemido cuando una punzada de dolor le atravesó la sien. Tocó con los dedos el vendaje que Doc le había puesto la noche anterior. Jake se hizo un hueco en la orilla de la cama y se sentó, depositando junto a ella una bandeja con su desayuno. La miró con contenida emoción. En realidad, aún estaba furioso por el modo en que había puesto en peligro en su vida. Sin contar con él si le sucedía algo. Sin pensar en lo mucho que iba a echar de menos que alguien como ella le sacara de quicio a la menor oportunidad. Dios, realmente, podría matarla por algo así.- Mírate, Abbot… Estás hecha un asco.
- Muchas gracias. Es justo lo que necesitaba oír.- murmuró, bostezando.- Pero gracias, Jake, de verdad. Viniendo de ti, eso es todo un piropo.
- No quiero pelear, Abbot… Al menos, hasta que estés recuperada.- había un matiz de velada amenaza en su tono de voz.
- Ni yo.- aceptó, saboreando el delicioso café y echando una mirada desdeñosa a las tortas recién cocinadas de Jake.- Pero puedes estar seguro de que no voy a comerme tus tortas pringosas, Randall. Y si eso es motivo de discusión, lárgate y déjame comer en paz.
Jake no pudo evitar sonreír al escucharla. Condenada chica… Siempre lograba salirse con la suya. A estas alturas, ya se había convencido de que si ella enmudeciera de repente, le nacerían labios en cualquier parte de su encantadora anatomía para poder decir la última palabra.
- ¿Benson ha dormido bien?- preguntó maliciosa, observando a hurtadillas la reacción del hombre.- No te ofendas, Jake. Pero siempre me preocupa que mis ex amantes pasen una buena noche… Aunque sea lejos de mi cama.
- Muy graciosa, Abbot. Pero te esfuerzas en vano.- Jake esperó a que terminara de devorar una tostada y apartó la bandeja. Después se quedó largo rato observándola sin decir nada hasta que, finalmente, chasqueó la lengua.- Benson ya me ha explicado que nunca fue tu amante.
- ¿En serio?- Laura arqueó las cejas, contrariada porque se estaba divirtiendo de lo lindo.- Qué embustero. ¿No te ha contado lo de Hawai…?
Al ver que él no contestaba, continuó maquiavélica.
- ¿Roma, Madrid…no? ¡Con lo bien que lo pasamos!- entornó los párpados como pudo, ya que la hinchazón del ojo apenas le permitía moverlos.
- No insistas, Abbot. Sabes muy bien que no ha habido nada de eso.- Jake se jactaba y eso la hizo enfurecer.- ¿En serio quieres volverme loco? ¿Por qué, Abbot? Aún no he sido un bruto insensible esta mañana.
Laura recordaba vagamente haber pronunciado aquellas palabras la noche anterior.
- Porque crees que me tienes en el bote.- contestó rabiosa, empujándole.- Y no soporto ver esa expresión tuya victoriosa, Jake Randall.
- ¿No es lo que querías?- él recorrió con los dedos su nariz cubierta de arañazos, con tanta ternura que Laura creyó que aún estaba soñando.- Metiéndote en mi casa, en mi cama, en mi vida… Obligándome a disfrutar de la Navidad, a besarte bajo el muérdago… ¿No era eso lo que pretendías, Abbot?
Quiso decirle que no. Quería de él algo más que unas cuantas anécdotas divertidas que se esfumarían en el recuerdo. Al parecer, Jake no lo había comprendido.
- Bah…- ella fingió que sus palabras la dejaban indiferente.- Déjate de pamplinas, Jake Randall. A mí no me engañas. En cuanto salgas por esa puerta, volverás a ser el mismo cabezota de siempre.
- Esta vez no, Abbot.- él sonrió, dejando bien claro que sería justo como ella había descrito. Pero añadió.- Algunas cosas pueden cambiar.
- ¿Qué cosas?- preguntó con falso desinterés.
- Por ejemplo, puedo ser ese tipo de tus sueños al que según tú, ni siquiera me parezco.- informó de buen humor.
- Bah…- repitió, intrigada en el fondo por lo que tenía que decirle.- Tendría que ocurrir un milagro. Y ya sabes que no creo en los milagros.
- Y por ejemplo…- continuó él.- Podría aceptar que estaba completamente equivocado con respecto a ti. Y podría pensar que realmente, te quedarás con nosotros.
- Podrías.- aceptó ella, complacida por el giro que tomaba la conversación.
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MensajeTema: Re: Una mujer a mi medida   Miér Feb 01, 2012 11:34 pm

- Y podría suponer que, ya que tu negocio y el cuchitril que te hacía de hogar están temporalmente fuera de servicio, estarías dispuesta a aceptar nuestra hospitalidad como antes.
- Es posible.
- Y siendo como soy un tipo tradicional y considerando que te debo lo suficiente como para asumir que tengo una deuda enorme contigo, podría proponerte algo que te convertiría en una chica decente delante de nuestros vecinos.
Laura arqueó las cejas.
- Jake Randall.- suspiró – Exactamente, ¿qué intentas decirme?
- Bueno, yo…- Jake titubeó. Realmente, no había ensayado como debía su discurso. De haber sido así, encontraría las palabras adecuadas y ella no le miraría con aquella expresión mezcla de estupor y diversión. Esa Abbot no tenía piedad. Estaba dispuesta a permitir que hiciera el más completo ridículo con tal de salirse con la suya.
- Escucha, Abbot…- comenzó, tratando de recordar las notas que había escrito la noche antes, después de que se le pasase el enfado. ¿Cómo era? Ah, sí…- He estado pensando…
- ¿Sí, Jake?
- Es que estos últimos meses… Amber… Y Doc… Había pensado…- la miró, pensando si no sería mejor meterse con ella en la cama y no dar más rodeos. Ella tenía que entender lo que eso significaba, ¿no? Todas las mujeres lo entendían. ¿Por qué esa Laura Abbot tenía que ser tan endemoniadamente complicada? Casi había logrado que la mataran. Cualquiera en su lugar estaría deshecha y a esas alturas, se habría arrojado en sus brazos desconsolada. Pero no. Ella tenía que permanecer impasible. Un ojo amoratado, magullada, hecha pedazos… Pero impasible. ¡Condenada mujer! Lo intentó de nuevo- Verás, Abbot… He pensado que tal vez tú… Tal vez yo…
Se levantó de la cama para alejar de si la tentación de terminar su declaración de un modo menos caballeroso.
- ¿Jake?
- ¿Quieres que nos casemos?- lo soltó de sopetón, sin mirarla siquiera. Estaba muy cerca de la puerta y tenía las manos incrustadas en los bolsillos traseros de su pantalón. “Listo para huir”, pensó ella, divertida.
- ¿Cómo dices?- Laura reprimió el impulso de echarse a reír. La vacilación de él la conmovía.
- ¡Diablos! Ya lo has oído, ¿no?- rugió él, impaciente.
- Eso… ¿Era una propuesta de matrimonio?- Laura pensó que era la menos delicada que se había hecho en la historia de las declaraciones. Jake lo había soltado como si la invitara a tomar un bocadillo o jugar una partida de billar. Como si se sintiera obligado a ello. Por aquella deuda de la que hablaba. En el fondo, sabía que no era así. Pero deseaba tanto que él pronunciara las palabras mágicas… La idea de que Jake jamás daría su brazo a torcer la hizo rabiar.- ¿En serio esperas que acepte, Randall?
- ¿Porqué no?- Jake se volvió, paseándose inquieto por la habitación.- Físicamente, somos compatibles, Abbot. Eso ha quedado claro. Y por otro lado, los dos somos tercos y luchadores. Y tú no tienes a nadie más… Excepto a ese Benson que nunca ha sido nada tuyo. Y Amber te adora.
¿Eso era todo? Laura no podía creer que realmente, él estuviera hablando en serio.
- ¿Amber me adora?- repitió, furiosa.- ¿Y eso es todo?
- ¿Crees que resulta fácil? Eres peor que un dolor de muelas, Abbot.- él se pasó la mano por el cabello con nerviosismo.- Podrías colaborar un poco, ¿no?
- ¿Colaborar, dices?- Laura le lanzó la taza del desayuno justo en el momento en que él cerraba la puerta al salir, maldiciendo entre dientes.- ¡Y no vuelvas por aquí, Jake Randall! Maldito insensible…
El ya no escuchaba sus gritos. Había salido afuera y en ese instante, recuperaba el aliento después de la ardua tarea que había sido tratar de convencer a aquella chica endiablada. ¿Qué más quería? Se giró sobre los talones al escuchar los pasos tras él. Benson le observaba con expresión condescendiente.
- No te atrevas a decir nada, amigo.- le apuntó con el dedo, amenazante.- Esa mujer está completamente loca, ¿sabes? Como un cencerro… Sí, señor.
- Laura no está loca, Randall.- aclaró Benson.- Está enamorada.
- ¿Y no es lo mismo?- por fin, Jake suavizó su tono y sonrió, comprendiendo.- Yo la quiero. Y también estoy loco por ella.
- ¿Lo sabe ella?
Jake metió la mano en la chaqueta, encendió un cigarrillo y le ofreció uno al hombre.
- Acabo de pedirle que se case conmigo.- comentó - ¿Sabes lo que me ha contestado? Nada. Me ha tirado todo lo que encontró a mano y me ha echado a patadas. ¿Te parece que el golpe de ayer puede haber afectado su cerebro?
- Creo, Randall, que ella espera que seas su hombre.
- Y lo soy. Tal vez la conozcas hace más tiempo, pero no la conoces como yo.- Jake frunció el ceño.- Lo digo de verdad, Benson. Quiero cuidarla, amarla y respetarla y todo eso, hasta que la muerte nos separe. Y quiero estar cerca de ella si vuelve a meterse en líos. Ojalá, ella lo entendiera, porque soy incapaz de demostrarle cuanto la quiero sin que ella quiera asesinarme, te lo aseguro. Y mucho me temo, con lo testaruda que es, que voy a perderla por culpa de ese pequeño detalle.
Benson le palmeó el hombro.
- Muchacho, espero que tengas suerte. Vas a necesitarla.










Laura se había recuperado pronto de sus heridas. En un par de semanas, unos cuantos del pueblo habían reparado los desperfectos en el estudio y ahora, se disponía a abandonar el rancho. Por su parte, Jake se había mantenido alejado durante los días que había permanecido convaleciente. Era muy amable que hubiera seguido al pie de la letra sus palabras, pensó con sarcasmo. Al parecer, era demasiado pedir que el orgulloso Jake Randall insistiera más de una vez en la extraña petición que le había hecho, llevado seguramente por sentimientos de gratitud. ¡Al diablo con él! Si no era capaz de entender que ella algo más para él, no le necesitaba. Seguiría viviendo allí, pondría en marcha su negocio y le saludaría educadamente cada vez que se tropezara con él. Subió a la camioneta de Doc, malhumorada. Amber presionó su mano con cariño.
- ¿No vas a esperar que vuelva Jake?- preguntó, con la esperanza de que la haría cambiar de opinión.
- No.- fue rotunda.- Amber, si Jake quiere algo de mi, ya sabe donde encontrarme.
- Laura… ¿Por qué eres así de terca? Le quieres, él te quiere… ¿no podéis simplemente olvidar el protocolo y estar juntos de una buena vez?
- Ni hablar… Oye, Amber. Ya sabes que te adoro. Pero esto es entre Jake y yo, ¿vale? Y será a mi manera. Me lo debe.
- ¿Entre Jake y tú?- Amber estalló en carcajadas.- Chica, medio pueblo no habla de otra cosa. La gente se pregunta quien matará al otro primero.
- No me importa.- Laura recordó con rencor que, después de su ridícula proposición, él no le había dirigido una sola palabra amable. En una ocasión, durante la cena, ella le había pedido que le pasara el pan y Jake había gruñido al hacerlo. Pero eso no contaba. Claro que ella no sabía que Jake también tenía su propio plan. El había decidido dejarla respirar y reflexionar sobre ellos dos mientras se recuperaba. Jake esperaba que uno de los dos explotara para poner las cosas en su sitio. De hecho, era lo que pensaba mientras observaba la camioneta de Doc alejarse por la polvorienta carretera. Amber le descubrió y le regañó con la mirada.
- ¿Qué te propones, hermanito? Has dejado que se vaya, bobo.
- Tengo mis razones.- encogió los hombros.
- Pues más vale que sean buenas, Jake.- advirtió Amber- Porque si no te das prisa, esa chica acabará hartándose de esperar por ti. Y cuando eso ocurra, no habrá quien te aguante.
- Amber… Deja que haga las cosas a mi manera, ¿quieres?
- No se donde he oído eso antes…- Amber sonreía al entrar en la casa. Menudo par de cabezotas. Al final, tendría que intervenir o esos dos no se decidirían nunca.











- Pasa, Lana… Estaba a punto de salir a tomar algo.- Laura apartó las cajas con la pierna y llegó hasta la mujer que la esperaba con cara de traer buenas noticias.- ¿Vienes a echarme una mano o es una visita de cortesía?
- Mejor aún.- los ojos de Lana brillaron intensamente. Después de que se hicieran amigas, Laura había detectado que a menudo, Lana resplandecía a pesar de su delgadez y su estatura. Sin duda, su compromiso con el sheriff la había hecho cambiar.- ¿A qué no adivinas?
Laura ya imaginaba lo que ella iba a contarle.
- Esa rata despreciable que intentó matarte, ha implicado a los tipos de la petrolera. Ha reconocido en una confesión completa, que ellos le pagaron para hacerlo.- anunció, satisfecha.- A estas horas, ya debe haber una orden de busca y captura contra ellos. ¿No te parece una gran noticia?
- Lo es.- Laura suspiró.- Esa gente tiene el suficiente dinero como para pagar un buen abogado y salir de rositas, Lana. Pero al menos, no volverán a intentar nada por aquí. Sería demasiado arriesgado después de lo sucedido. ¿Qué ha dicho Jake?
- Que hubiera preferido matar a ese tipo cuando le cogieron.
- Eso es muy propio de él.- reconoció ella, dejando que Lana la ayudara a subir una pesada caja sobre el mostrador.- Pero me alegro de todas formas.
- Hay algo más… Y no te enfades, solo soy la mensajera.- por su expresión preocupada, Laura sospechó de qué se trataba.- Te aviso que Jake viene hacia aquí con un humor de perros. Amber ha tenido que confesarle la verdad sobre ese otro asunto… Ya sabes a lo que me refiero.
Laura lo sabía. Le había arrancado a Amber la promesa de que jamás le contaría a Jake la procedencia del dinero que milagrosamente, había liberado la hipoteca de la casa. Había sido muy clara al respecto. “Le convencerás de que Doc ha insistido y de que no puede ofenderle rechazando su ayuda”, le había dicho. “Bajo ningún concepto, debes contarle la verdad. Jake me mataría”. De hecho, ya escuchaba el sonido de sus botas acercándose a la puerta. Lana se despidió con rapidez, consciente de que el tono encendido de las mejillas de Jake al entrar, no auguraban nada bueno.
- Hola, Jake.- le saludó con naturalidad, ignorando la brusquedad con que él cerraba la puerta, colocando después el cartel de “cerrado” sobre el cristal. Añadió con ironía - También me alegro de verte. Y sí, estoy mucho mejor, gracias.
Jake no contestó. Lanzó algo sobre el mostrador. Estaba realmente furioso. Laura echó una ojeada a la portada del último número de Vanity Fair que él acababa de arrojar. Encogió los hombros con indiferencia.
- ¿No dices nada, Abbot? – el tono de Jake era peligrosamente suave.
- Diga lo que diga, vas a enfadarte. Así que, ¿para qué molestarme?- Laura se rindió ante el hecho evidente de que él había descubierto su pequeño engaño. Le miró abiertamente. Estaba increíblemente atractivo, incluso con aquella expresión de furia en el rostro. Analizó sus facciones varoniles, el cabello ligeramente largo que le caía con rebeldía sobre la frente, sus hombros anchos y todo su cuerpo atlético exhibiéndose ante ella como un luchador a punto de aniquilar a su contrincante. Se odió porque el conjunto le resultaba verdaderamente deseable, a pesar de su mal genio.
- Abbot… - la voz de él vibraba y Laura creyó que era a causa de la ira. Pero Jake no estaba tan ciego. Aunque sí se sentía ridículo.- Dime que eso que está ahí no son mis tejanos.
Laura repasó otra vez la fotografía de la portada. Era una de las que había tomado a Jake mientras trabajaba. Al principio, no las había hecho con el propósito de que estuvieran en aquella revista. Las había tomado para deleite personal, tal y como había reconocido después avergonzada a Amber. Pero más tarde… La idea había surgido sola. Y a juzgar por la suma que la editorial le había ofrecido, era su mejor fotografía con diferencia. Un primer plano del trasero de Jake enfundado en sus desgastados vaqueros de faena. Siendo realista, estaba para comérselo. Sonrió para sus adentros.
- Lo son, Jake.- confesó, pensando que había valido la pena. ¿Qué le pasaba? Solo era una fotografía donde ni siquiera se le veía la cara. Nadie podría reconocerlo aunque quisiera.- No sabía que estabas suscrito a Vanity.
- Y no lo estoy, nena. Digamos que Amber se vio obligada a contarme la verdad. Cuando al pobre Doc se le acabaron los argumentos sobre como, con su sueldo miserable de veterinario, había logrado ahorrar el dinero que me prestó.- Jake se mostraba sarcástico.- Es que, ¿sabes qué, Abbot? Yo no conseguía entenderlo y no se porqué, algo me decía que había gato encerrado.
- Me asombras, Randall. ¿Todo eso lo has deducido mientras conducías hasta aquí para darme las gracias? Porque, ¿es a lo que vienes, no?
Jake quiso decir que no. Lo cierto es que las merecía, aunque le había convertido en el hazmerreír del pueblo. Ella le había salvado una vez más. Pero no estaba allí por eso. En realidad, Amber le había proporcionado la excusa perfecta para volver a verla. Y tal vez si ella dejaba de portarse como una damisela ofendida, él tendría la oportunidad de darle las gracias como era debido.
- Abbot, eres una embustera.- la acusó, esta vez con ternura.- Dijiste que no querías volver a verme.
- Y no quiero, Jake.- replicó orgullosa.
- Mientes. ¿Porqué si no harías algo así por mí?- preguntó, confiando en que pronto, las barreras que ella había levantado, se debilitarían.
- Oye, Jake. No te lo tomes a mal. Pero no he hecho esto solo por ti. No podía permitir que por culpa de tu orgullo, Amber también lo perdiera todo.
- Claro, Amber…- se burló.- Pero es mi trasero el que está ahí.
- Mira, Jake, no seas tan quisquilloso. Míralo por el lado bueno.- ella también se burlaba – Ahora, tu trasero es el más famoso de Estados Unidos.
El número llevaba por titular: “Porqué las mujeres siguen viendo películas del oeste”. Solo con echar un vistazo a la imagen, era evidente porqué lo hacían. Ella misma, apenas podía resistir la tentación de pedirle a Jake que diera un par de vueltas para contemplar el lujurioso espectáculo que eran sus posaderas.
- Es un consuelo que digas eso, Abbot. Porque es justo lo que espero que le cuentes a nuestros hijos cuando tengamos que explicarles este episodio humillante de mi vida.
- No querías aceptar el dinero de Doc y nunca hubieras aceptado el mío, así que hice lo único que se me ocurrió. El dinero es tuyo, Jake. Lo has ganado por ti mismo y de todas formas, no te preocupes. Nadie sabe que eres tú…- de detuvo, al reaccionar de repente a lo que él acababa de decir. Parpadeó, confusa. ¿Había oído bien?- Perdona, Jake… ¿Has dicho “nuestros hijos”?
- Eso he dicho, nena.- Jake se acercó hasta ella, colocando las manos sobre el mostrador alrededor de ella. Laura no se movió.
- ¿Nuestros… de los dos… tuyos y míos…?- preguntó otra vez, sintiéndose como una estúpida por que al fin, él iba por buen camino y sin embargo, ella había perdido el norte al escucharle.- Quiero decir que eso es… Bueno, que entonces tú… Que yo… Y los dos…
- Abbot, ¿estás intentando decirme algo?- preguntó, imitando el modo en que ella le había acorralado la última vez. La besó con fiereza primero, dando paso después de unos segundos a una ternura que solo ella lograba despertar en él. Cuando se apartó, ella respiraba agitadamente. Pero no gritaba, ni discutía. Ni siquiera parecía tener intención de hacerlo. “Perfecto, Randall. Por fin, la tienes donde querías”, pensó, “Quieta, callada y desconcertada. Con esa combinación ganadora, es imposible que se resista”.- ¿Y bien?
- ¿Bien?- ella frunció el ceño.
- Dijiste que no permitirías que te tratara como a mi ganado.- le recordó con dulzura.- Y como eres una chica tan rara, he pensado que te gustaría hacer las cosas a tu manera.
Ella no contestó.
- Estoy esperando, Abbot.- insistió él.- ¿Quieres llevar los pantalones? Muy bien, lo acepto. Acepto que seas la más fuerte de los dos. Acepto que te enfrentes a todos los malhechores del mundo por mí. Acepto que hagas de mi trasero las delicias de todas esas mujeres insatisfechas que compran Vanity Fair. Acepto que seas mi hada madrina y soluciones mis problemas económicos con tu varita mágica o tu cámara o lo que sea. Y acepto que digas como y cuando serás mía. En realidad, Abbot, lo acepto todo de ti. Y sí, sí quiero.
Ella le vio retomar el aliento y sonrió henchida de felicidad.
- ¿Sí quieres?- repitió burlona.- ¿Y eso, qué significa?
- ¡Demonios, ya lo sabes!- él la miró sin pestañear.- Nena… ¿Quieres pedírmelo de una vez?
- Jake Randall…- ella tampoco pestañeó al hablar. Contenía a duras penas el impulso de abalanzarse sobre él, pero siguió entonando con fingida seriedad - ¿Me harás el honor de ser mi esposo?
- ¿Y amarte, cuidarte y respetarte hasta que la muerte nos separe?- preguntó con zalamería.
- No, Jake.- replicó divertida.- Yo cuidaré de ti.
Jake suspiró, comprendiendo que sus días nunca serían aburridos mientras ella mantuviera aquella deliciosa costumbre de contradecirle en todo. Besó con ternura el ojo ligeramente amoratado de ella y le apartó los mechones desordenados que le cubrían la cara.
- Abbot, ¿aún no te lo he dicho?- murmuró cerca de su oído.- Eres mi héroe.









Apenas habían pasado un par de meses desde que el asunto de la petrolera quedara finalmente zanjado. Por lo que habían sabido a través de Graves, el tipo que habían contratado para incendiar el rancho, estaba entre rejas. Y al parecer, algunos habían caído con él. Aquellos tipos habían comprendido lo peligroso que era acercarse al rancho Randall. Jake sonrió, observando a la mujer que ahora era su mujer y que le saludaba mientras charlaba con los invitados. Estaba radiante, con su traje blanco y el cabello recogido y adornado con unas flores que ella misma había engarzado. Y aquel ligero abultamiento en su estómago que le llenaba de orgullo y de amor y que le recordaba que deseaba desesperadamente llevarla hasta el dormitorio. Sabía por el modo en que le miraba, que ella estaba pensando lo mismo. Abbot cumpliría su promesa. Iba a cuidar de él siempre. Y lo haría muy a pesar suyo, ya que temía que esa no sería la última vez que aquella chica alocada se metiera en problemas. Con Abbot en casa, no necesitaba perro guardián. Sonrió de nuevo cuando ella se le acercó y besó su mejilla con expresión traviesa.
- Ey, Randall… - le susurró al oído.- ¿Crees que nuestros vecinos se enfadarán si desaparecemos de repente?
- ¿Te importaría?- él se colocó tras ella y le rodeó la cintura con las manos, complacido al notar bajo ellas el vientre levemente hinchado. Vaya, sí que estaba emocionado… Quién iba a decirlo. Nada menos que Jake Randall, papá. Abbot sabía bien como atrapar a un hombre. Y a él le encantaba sentirse atrapado.
- ¿Y a ti?
- ¿Bromeas?- se fue deslizando con ella hasta quedar ocultos en el pasillo que conducía al piso superior. Jake la miró, sonrió y la levantó en brazos, todo al mismo tiempo. Así era él.- Nena, pesas como si llevaras a mi hijo ahí adentro.
Ella le besó los labios con ternura.
- Es porque llevo a tu hijo aquí adentro.- bromeó y se apretó contra él, ignorando las voces que les llamaban. ¿No iban a marcharse nunca?, pensó. Aunque en realidad, no le importaba. Podían comer y beber hasta reventar. Ellos estarían demasiado ocupados para advertir la presencia de nadie que no fuera ellos mismos. Jake empujaba la puerta y la cerraba a sus espaldas. La dejó sobre la cama y se quedó un buen rato de pie frente a ella, observándola embelesado. Pensó que era un tipo con suerte. Abbot era el premio gordo de cualquier lotería, eso saltaba a la vista. Sacudió la cabeza, mareado por la sensación que le producía el saber que ella estaba por fin donde tenía que estar. Recordó que aún tenía un asunto pendiente y se volvió hacia el armario, donde unas horas antes había escondido su paquete sorpresa. Se lo mostró y ella se irguió un poco sobre la cama para abalanzarse sobre él y arrebatárselo de las manos. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no llorar como una tonta al descubrir el contenido.
- Jake…- era una réplica exacta de la cámara que había roto durante aquella discusión. Un modelo antiguo que ya no era fácil conseguir, ni siquiera en las tiendas especializadas. - ¿Cómo has…?
Jake le guiñó un ojo, divertido.
- Tengo mis contactos, nena.- no le dijo que en realidad, su contacto había sido un genio llamado Patrick Benson. Ni que le había costado un ojo de la cara conseguir justo el mismo modelo que tan mezquinamente, él había destrozado aquella vez. ¿Qué importancia tenía? La expresión de ella era más que suficiente para que sintiera que todos sus esfuerzos se veían recompensados. Laura la hizo girar un par de veces ante su cara, cerciorándose de que era real. Comprobó que todo estaba en orden y que alguien había tenido incluso la brillante idea de incluir en el paquete un carrete sin estrenar. Lo colocó y se arrodilló sobre las sábanas sin importarle que su bonito vestido se arrugara, enfocando con el objetivo a su hombre.
- Jake… Esa foto… En Vanity…- ella reía con picardía y agitaba las manos hacia él, indicándole algo con su gesto.- ¿Podrías darte la vuelta, Randall?
Jake arqueó las cejas.
- ¿Ahora?
- Vamos, no seas aguafiestas…- le pidió mimosa y la vio morderse los labios cuando él comenzó a despojarse lentamente de la elegante camisa. Los dedos de él se detuvieron un segundo en la hebilla del cinturón y ella refunfuñó.- Jake… Los pantalones también…
- Nena.- él suspiró, impaciente.- Te juro que estoy deseando meterme en la cama contigo. Suelta ese trasto…
- Jake…
- Está bien.- Jake se quitó los zapatos y dejó caer los pantalones, girando varias veces frente a ella. Después, se volvió hacia ella y cruzó los brazos sobre el pecho, clavando sus ojos brillantes de amor en la mujer que hacía que sus rodillas temblaran de emoción.- Abbot… Esto es humillante.
- Ni por asomo, Randall.- contempló el sugerente espectáculo que era el cuerpo masculino. Un minuto más y él correría al lavabo a cubrirse con una toalla, avergonzado como una virgen. Obedeció la orden silenciosa de su mirada y palmeó la cama, invitándole a unirse a ella. Jake se tumbó a su lado y apoyó la cabeza sobre su mano para continuar admirándola.
- Nena… Promete que de ahora en adelante, solo tomarás fotos decentes de mí.- besó la punta de su nariz y después, sus labios recorrieron la curva de su cuello con lentitud.- Serás una buena esposa, obediente y recatada. Y dejarás que tu fuerte marido te proteja. Y bajo ningún concepto, volverás a meter las narices en nada que suponga un riesgo para tu vida. ¿Lo prometes, Abbot?
- Ey, Randall…- ella restregó la mejilla contra la de él.- Eso son muchas promesas. Solo soy una chica de ciudad, ¿recuerdas?
El la abrazó, aspirando el aroma de las flores que se habían desprendido de su cabello y se esparcían ahora sobre la almohada.
- Ahora ya no, Abbot.- murmuró en su oído y añadió con una mezcla de humor y orgullo.- Mi valiente Laura Florence Abbot.
Ella gruñó.
- Ese cura quisquilloso tuvo que decir mi nombre completo…- rezongó y él la silenció con su propia boca.
- Pero me encanta, Abbot… Una mujer con un nombre tan rimbombante tiene que ser capaz de cumplir al menos una promesa.
- Dispara, Jake. Pero ten cuidado. Quizá me convenga cumplirla.- ella ya sabía lo que iba a pedirle y estaba deseando decirle que sería un placer.
- Que siempre serás mi preciosa y querida heroína.- la miró a los ojos con fijeza. Ella parpadeó, feliz. Era el modo en que Jake le decía que esperaba envejecer junto a ella. Le pareció que no podía expresar de mejor manera el amor que brillaba en sus ojos.
- Siempre, Randall.- asintió con vehemencia y deslizó su dedo para dibujar la encantadora sonrisa de satisfacción en los labios del hombre.- Y ahora, Randall… Deja de hablar y haz lo que has venido a hacer.
- ¿Es una orden?- preguntó con fingida ingenuidad. Ella le besó como respuesta. La acató con resignación. Esa Abbot era muy capaz de lanzarle por la ventana si no lo hacía. La idea le hizo sonreír. Comprendió que a partir de ese momento, sus días de tranquilidad habían terminado. Sí. Esa Abbot era toda una mujer. Su mujer. No sabía que milagro la había llevado hasta él. Pero supo al mirarla, que nada la apartaría de su lado

Fin
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Una mujer a mi medida

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