JOE JONAS

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 A TRES METROS SOBRE EL CIELO

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sofia1



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Fecha de inscripción: 09/07/2010

MensajeTema: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 12:46 am







Aquel sofá. Aquella cama. Aquel parque, aquellos tiempos. Mi vida se reflejaba únicamente es esa persona; en esos pensamientos, en esos recuerdos. Tímida y sensible, pero explosiva de repente. Sentí cómo mi mundo se iba derrumbando poco a poco, como una avalancha de nieve que nunca acaba, o como los pétalos de una rosa seca y muerta que poco a poco van cayendo hasta quedar en nada; así sentía mi vida al recordarla, pero sin dejar atrás la pequeña sonrisa que se asomaba sin permiso. De repente me embarga una sensación de frustración. No tengo hambre, no tengo sueño, no siento nada. Tampoco lo necesito si me siento sin vida. ¿Por qué? Pero, lo mas importante, ¿por qué, qué? Si lo único que surgió fue un corto periodo de fantasía e ilusiones perdidas. Él no podrá amarla como yo, ni podrá notar el verdadero sabor de sus besos, ni el color real de sus ojos, ni ese lunar escondido… oh, no. Qué horror. Lo verá, sí. Pero no lo amará tanto como yo. No amará cada detalle de esa sonrisa ni de su enfado, ni tampoco valorará sus defectos como el tesoro mejor visto. Nunca podrá hacerlo. No más que yo.
Sé perfectamente que fuiste por un camino, y yo no elegí ninguno. Que el río siempre se encuentra con el mar, pero el lago siempre esta solo. Que la lluvia toca el suelo, pero el agua ya tendida en él no puede notar diferencia. Si los sueños siempre surgen del corazón y pueden dirigirse hacia un gran futuro, ahora dime, ¿el amor hacia donde va? ¿Dónde quedará la amargura del corazón? Si hay respuesta, entonces podré responder.



Ella es una estudiante modelo y la hija perfecta. El, en cambio, es violento y descarado. Provienen de dos mundos completamente distintos. A pesar de todo entre los dos nacerá un amor fuera de todas las convenciones. Un amor controvertido por el que deberán luchar más de lo que esperaban. JOE y ____se erigen como un Romeo y Julieta contemporáneos en Roma, un escenario que parece creado para el amor.




#
Sensible, apacible, inocente, frágil, inteligente, culta. ________. Es el modelo de hija que cualquier padre quisiera tener, ejemplo único, chica angelical. Su vida depende solo de sus estudios para ser alguien en el futuro. Educada & de familia de clase alta.






Estábamos de camino hacia el parque. Decidimos sentarnos en el césped, encima de la cancha de básquet, que quedaba a unas cuantas calles de nuestro instituto. Mientras caminábamos, una banda de indeseados pasó a lado nuestro junto a sus motos, quise decirles de todo, pero los ignoré, mirando a mi amiga, que me miraba sonriente mientras nos sentábamos.
-mi niña, -me dice sonriente Erika. Yo le doy un fuerte golpe en el hombro.— ¡aush!
-¡sabes que odio que me llamen niña! –le acuso. Entonces echamos a reír las dos.
-¡esta bien! ¡Mujer! –sonreímos de nuevo.— mira a ese, el que esta sin camiseta. Tiene todo lo que te gusta. ¡Ve a por el!
-Erika, ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? ¡No quiero ninguna relación! ¡Estoy dolida aun! ¿No puedes entender eso aun? –respondí con cierta tristeza en la voz.
-pero ________, ¡hace ya dos meses! Sabes que odiamos verte así. –desde lejos, se escucha otro grito diciendo:
-¡es verdad! ¡Odiamos verte así! –dijeron Selena & Rosi, otras amigas mías. Yo no puede evitar reír.
-sois increibles... Sabéis que no quiero… -Erika me pone ojitos, me resisto, pero al final no puedo contra ella.- ¡esta bien! ¡Iré! Pero, como digáis alguna cosa… -& trazo una línea imaginaria por mi cuello. Erica sonríe y se muerde el labio inferior como indicando “ve al ataque”.
Me bajo del muro & me dirijo hasta donde están los chicos. Finjo estar corriendo, y entonces me caigo a propósito justo al lado del chico sin camiseta que señalamos hace rato. Volteo hacia mis amigas, que se ríen hasta no poder. Las ignoro, & el chico rubio me ofrece su mano para ayudarme a levantar.
-¿te has hecho daño? –pregunta un poco preocupado. Yo finjo una queja de dolor.
-aushh, mi tobillo… -me encanta esa tableta de chocolate que lleva el chico rubio. Está acariciando mi tobillo…, & empieza a masajeármelo. ¡Oh dios! Yo sonrío.— soy _______.
-soy Tony. Encantado. –me ofrece su mano, la recibo vergonzosamente.
-gracias, Tony. –me levanto olvidándome de mi supuesto dolor y nos quedamos aun con la mano agarrada. Tony me mira, y se sorprende.
-¡debes de ser mayor! –dice. Me parece estúpido al decir eso.— no sé cómo decirles esto a mis amigos...
-¿perdona? –pregunto confusa. Él sonríe de nuevo.
-¿cuántos años tienes? –pregunta con ansias.
-17… pero no se qué tiene que ver esto… -de repente un chirrido, una voz, Tony, me despista.
-¡tío, como mola! –le suelto la mano rápidamente & él sigue sonriendo.— yo tengo 13. –me mira como si fuera algo grandioso. Estoy por completo avergonzada.
-emm, me tengo que ir. Bueno, adiós. -& salgo corriendo de ese sitio sin dudarlo. Era una completa locura. Mi mayor estupidez.
-¡os voy a matar! ¡Sobre todo a ti, Erika! –le acuso a mi amiga que está ansiosa por saber cómo fue todo.
-¿Qué es lo que ha pasado? Por lo que he visto estabais muy contentos.
-¡él estaba contento! Era un crio! –Erika sonríe confundida.
-claro que es un crio.
-pero no lo que piensas, tiene 13 años! Por dios! Estás loca al hacerme ir hasta allá… esto merece denuncia… -me siento en el muro al lado de las demás. Rosi & Selena se acercan.
-pero, no te preocupes. Tampoco ha sido tan grave… ¿no? –me dice Rosi.
-no Rose, solo que… bueno, nada me sale bien desde entonces.
[…]

Joe Jonas, chico astuto, inteligente, detallista, pero en mala vida por las calles. Con un grupo innombrable de chicos vestidos de cazadoras negras de cuero & motos de carreras, se pasean por las calles causando caos allí donde vayan. En casa es distinto, simplemente necesita el cariño de una madre, que no se lo brinda como es debido. Su hermano mayor, Kevin, trabaja como director de diseño, y vive con él & su hermano menor Nick, que apenas lo ve. Su padre, un importantísimo ejecutivo de buena vida, les ofrece & ayuda en todo lo que puede, pero Joe no le importa ser el hijo de papá. Quiere la vida por él mismo, no por el dinero de su familia. Por esa razón Kevin siempre esta protegiéndolo de los regaños de él, de su padre, que no puede controlar la rebeldía de su hijo. Mucha denuncias. Muchas. & algunas mas, y va directamente a la cárcel.
Esa noche Joe fue a casa de Camilla, como de costumbre; para complacer sus deseos.
Caricias y besos desbordados, sexo sin importar el momento ni la hora, y una chica enamorada.
-debes saber que me encanta cuando vienes. –le susurra Camilla a Joe mientras este acaricia su cuerpo.
-no te acostumbres. –él se aparto y encendió un cigarro. Ella lo abrazo por detrás.
-te quiero. –dijo.— y no quiero que me dejes. –Joe estaba muy pensativo. Él también la quería, pero, su orgullo era tan grande, que no le impedía decir tal cosa. Su imagen debería ser la de serio y pasota, nada mas.
-te veré mañana. –se despidió, besándose una vez mas con ella, un beso largo, uno de esos que tanto le agradan a Joe.




-¡he chicos! ¡Una fiesta esta noche! –grita uno de los chicos reunidos en el mismo lugar de siempre. Las escaleras de la pista de básquet.
-¡perfecto! –grita otro. El mejor amigo de Joe, Polo, (chico de su misma estatura, mirada risueña y de cabeza rapada.) permanece al lado de su amigo. Que esta subiendo a su moto. Antes de eso, Polo lo detiene.
-¿que tal? ¿Has encontrado a la niña del parque?
-no, Polo. Y déjame, es solo una chavalita.
-¡va bene!
-sí…
-Joe… -le llama un poco nervioso.— estoy metido en un lio. Hemos jugado al billar la noche pasada junto a Paul. Hemos perdido.
-vale, ¿y qué? –le responde Joe indiferente.
-¿qué crees tú que debo hacer, eh? ¿Qué rayos debo hacer?
-está bien, ¿qué quieres?
-tío, necesito pasta. Al menos unos 300 €.
-no. No, Polo. No tengo trescientos euros.
-de todas maneras, ¡gracias! –le responde sonriente. Los dos sonríen. Son amigos de verdad.

#
Me puse aquel vestido de flores, que me había comprado ayer especialmente para la fiesta de Sofía, que volvía a organizar otra fiesta de sus famosas fiestas. Le llamaban la ragazza con la grande festa, nunca supe porqué semejante nombre, ya que por mas famosas que fueran sus fiestas, ella no participaba mucho en ellas.
Las chicas tocaron el pito del coche & baje apresuradamente. Quizás esa fiesta debería de tener algo grandioso, Mateo estaría ahí.
-oh! ¡Nuestra chica esta súper elegante hoy! –dice Erika.— por dios, ______ que es una fiesta con movimiento! ¿Como piensas bailar con ese vestido tan formal?
-déjame en paz. Sabéis porque quiero ir así. –sonreí. Entonces todas lo captan Y se abalanzaron sobre mí haciéndole cosquillas.

Llegamos a aquel lugar. Casa bonita, desde luego. Había ya mucha gente, y todas las chicas se fueron a buscar nueva pareja. Yo, en cambio, me quede en el lugar del ponche, Mateo se acerco, y me miro de manera divertida. Yo sonreí.
-¿porque tan guapa? –pregunta. Yo sonreí de nuevo.
-me apetecía. –no se porque rayos había cortado conmigo. Lo odiaba.
-¿sabes? Desde hace tiempo lo estuve pensando, deberíamos de haber vuelto desde hace tiempo. Quiero que me perdones. –me lo quede mirando, pero de repente se escucho un ruido, muchos arrebatados entraron a casa de Sofía causando ruido & cambiando la música. No me importo. Volví a mirar a Mateo.
-¿sabes? Nunca pensé que llegarías a ser tan idio'ta. Estás loco si piensas que volveré contigo. Si no llevara ahora mismo puesto este vestido ni me mirarías.–se echo a reír. Entonces se acerco otro estúpido. Yo los ignore.
-es verdad, si no llevara ese vestido ni la mirarías. –el desconocido me miró fijamente. Yo lo asesiné con la mirada.- hola. –saludo el chico de chaqueta negra y de cuero. Yo arquee mis cejas.
-¿nos conocemos? –pregunte confundida. El sonrió.
-ahora si. –Miré hacia Mateo, que lo miraba raramente.
- ¿_____, quieres champan? –me propone Mateo.
-sí, quiero champan, gracias. –responde el chico de chaqueta negra. Mateo lo ignora.— he dicho que quiero champan, gracias.
-déjalo. Lo sirvo yo. –insistí. Aquel chico, de ojos verdes, cabello rizado y negro como la noche, me sonrió.— me das asco. –le dije sin dudarlo, susurrando. Volvió a sonreír. Pero, ¿quien se creía para venir así de repente? Llene la copa de champán y no dude en tirársela en la cara. Se quedo perplejo, & entonces Mateo se echo a reír.
-¿de que te ríes? Eh!? –el chico extraño empujo violentamente a Mateo e hizo que retrocediera hacia atrás.— ¿que te causa gracia?! Idi*ota! –lo agarra de nuevo del cuello y le da un puñetazo.
-¡déjalo! ¡Eres un bestia! ¡Déjalo! –le acusaba. Mientras las personas miraban divertidas aquel espectáculo.
-tu vienes conmigo. –me dijo serio. Olía a champán. Demasiado.
-¡déjame! –le rogué, me sujeto las piernas & me subió a sus hombros, subiendo las escaleras & llevándome hasta el baño. Yo le empecé a golpear la espalda.— ¡eres un cretino! ¡Déjame!
-¿qué me decías? –me bajo y me dejo dentro de la bañera.— ¿cretino? ¿Yo? –abrió la llave de la regadera y me la echo toda encima.
-¡déjame en paz! ¡Esta fría! –intentaba con mis manos quitárselas, pero él era mas fuerte. Yo no podía hacer nada con el agua en la cara.— ¡esta fría! –me quejaba mientras tragaba agua con cada palabra que decía. Quería llorar, era un estúpido de los buenos.
-¿fría? ¿Fría? Espera, estará caliente enseguida. –pero lo caliente era demasiado caliente. Ahora me quemaba.
-¡ahora quema! ¡Bastardo! –apenas podía hablar con el agua llenándome la boca.
-¿serás una niña buena? –se divertía haciendo eso.
-Joe! La policía! Llega la policía! –dijo de repente un chico de cabeza rapada entrando en el baño derepente mientras daba golpes en la puerta.- andiamo! -Joe, si es que se llama así, dejo caer la regadera & se dirigió hasta la salida. Me miro sonriente.
-sécate bien, eh! –me dijo.
-¡vaffanculo! –le respondí rabiosa.

Salí de aquel baño dando grandes zancadas y llegando hasta donde estaban las chicas, que no se encontraban aquí. Se habían marchado. Salí de aquella horrorosa fiesta y me encamine hasta casa. Me encontraba sola por esas calles tenebrosas, pero, ¿quien se ofrecería a llevarme? Mientras caminaba, helándome del frio por estar mojada, un coche se detuvo delante de mí, yo me sobresalté.
-hola hermosa, ¿quieres que demos un paseo? –¿¡este quien se pensaba?! ¿Que yo cobraba por pasar la noche? Por un momento me asuste, hasta ese momento.
-he, tú. Vete por donde viniste. Ciao. –el chico macarra, el que me echo todo el agua encima, fue a recogerme. Sonreí, entonces el coche del pervertido se fue y él me miro.
-súbete. –me ordeno seriamente. No dude, y subí detrás en su moto de carreras.
-grazie –le dije mientras íbamos a todo motor en su moto. Dudé que me escuchara, pero solo me lanzo una mirada y asintió con la cabeza.
Mientras íbamos por el camino, no dijimos nada más. Llegamos a mi portal, me baje de su moto y se quito el casco. No me había fijado lo hermoso que era. Pero odioso.
-________!
-oh no… es mi madre… -me queje en voz baja. Se detuvió el coche en donde iba junto a mi padre antes de entrar en el portal, bajo del coche y me dirigió una mirada.
-¿cuántas veces te he dicho que no montes en moto? ¿Y tu vestido porque esta así? –le lance una mirada al chico, que sonreía divertido de la escena. Me sonroje enseguida.— ¡sube al coche!
-adiós. –me dijo él. Subí rápidamente al coche.


Llegué a mi habitación con las riñas de mi madre, pero no le prestaba atención, tan solo pensaba en aquel chico rebelde que no me había dicho tan siquiera su nombre; aunque no lo parezca, me llego profundo, y no se cómo sacármelo de la cabeza. Pero, me decía a mi misma: “estas en los estudios, no puedes centrarte en nada mas que no sea eso… tus padres te educaron de esa manera, y así tiene que ser…” siempre me recordaba eso al pensar en el rostro de ese chico, sublime, serio, rebelde, directo, salvaje, y alguna vez, molesto. Tenía algo en su mirada que me impedía olvidarla, aquellos ojos verdes, tan profundos…


+ Hay un hilo que ata cosas aparentemente lejanas. Algunos lo llaman coincidencia,
pero es un hilo invisible.

FM 107.3 Radio Caos, atando cosas de manera extraodinaria.+
#.narras tú.
-¿hoy tienes clases mas tarde? –oí la voz de mi madre llamarme. Abrí los ojos, y vi que me había dormido.
-¡oh dios mío! ¡No! ¡No! ¡No! –me levante lo mas rápido que pude de la cama y me aliste como flash, ¿Cómo se me pudo haber pasado poner el despertador?!

Salí a toda pastilla de casa & fui corriendo hasta la parada de autobuses. El autobus no llegaba, y siempre llegaba tarde. Estaba demasiado nerviosa, nunca me había pasado, y si llego tarde, puede ser una pequeña mancha en mi expediente de estudiante. Movía mi pierna inquietamente, me mordía las uñas, pero no llegaba. Estaba a punto de salir corriendo e irme al insti así, pero una moto negra, grande, se detuvo enfrente de mí. Era él.
-¿te llevo? –se ofreció. Se subió la placa protectora del casco, y vi como sonreía.
-no tengo porque decir que sí. –le conteste secamente. Estaba muy molesta aun por lo de la noche anterior, pero es difícil estar así con el.
-esta bien. Entonces me voy. –arranco su moto, pero le agarre de la chaqueta antes de que se fuera. Llegaba demasiado tarde.
-¡per favore! –dije.— te agradecería que me llevaras. –no dijo nada mas y subí de copiloto. Me agarre a su cintura, y me sentí realmente bien.
Andaba demasiado rápido, & pensé, que si mi madre me veria montada en una moto junto a un chico que viste estilo Elvis & que va en su moto a toda velocidad sin importarle las señales de stop, mi vejez llegaria encerrada en casa. La verdad me estaba asustando de la velocidad que llevaba. Me agarre fuerte a él, y vi como las calles pasaban por mi lado borrosas y casi invisibles. Cuando paró, llegando a mi instituto, me quede pegada aun a él.
-ya hemos llegado. –me avisó. Abrí los ojos, y me avergoncé. Baje, quejándome de cómo conducía.
-lo siento, pero estaba asustada. Conduces realmente mal. –dije seriamente. Él soltó un bufido seguido de una risa. Nos quitamos el casco, y se lo entregue.— llego demasiado tarde.
No hice nada, tan solo le eche una mirada, seguida de una sonrisa, y él hizo lo mismo. Después levanto su mano y se despidió de mi, arrancando nuevamente su moto. Parecía su vida, parecía que tan solo viviera de eso, de su moto, de sus carreras y de las calles.




[...]

Joe llegó hasta donde se encontraba su grupo, todos lo esperaban, parecía que no pudieran estar entretenidos con la ausencia de él. Polo lo recibió sonriente, mientras los demas, empezaban ya a llamarlo desde lo lejos.
-¡hey chavalote! –le saludó su mejor amigo. Joe bajó de la moto, y se saludaron con un chaquido de manos, muy peculiar.— he conocido a la chica mas hermosa que puedas imaginar.
-Polo, no lo vas a creer. –Joseph parecía emocionado, su amigo se burlo de él, con una tonta sonrisa, al verlo de esa manera. Y si, era verdad, Joseph había encontrado a la chica de sus sueños.

[...]



.narras tú.

Salí junto a las chicas, Erica me acompañaba, normalmente siempre estamos mas juntas las dos. Podemos ser un grupo, pero siempre se tiene a su preferida.
Salíamos, las demás chicas tenían citas con su novio, así que no las seguimos. Seguramente pronto Erika tendría a alguno por ahí, pero, siempre tiene uno, por ahí.
-míralo, está justo ahí. –me señaló. Mire, confundida, buscando a ese “grandioso chico” del que me habló.
-no lo veo. –le dije.
-¡esta justo ahí! Mira, ahí viene. –estaba emocionada. Por primera vez, le gusta alguien de verdad.
-¿es él? -pregunté asombrada. Erika sonrió, como si fuera el mejor de todos.
-sí. ¿es guapo, verdad?
-¿guapo? ¿estas bromeando, verdad?
-calla. -susurró. Su gran chico se acercó, acompañado de la última persona con la que me quisiera cruzar.
-oh no… -susurre. Ella me miro rápidamente.
-¿que pasa?
-su amigo… luego te cuento.
-¡hola preciosa! –le saludo el chico de cabeza rapada a Erika. Yo ignore las miradas que me lanzaba el chico misterioso, al que apenas conocía.
-Joe, es ella. –le dijo su amigo refiriéndose a Erika. Joe… Joe, Joe… Joe… me encanta…
-Erika, yo me voy. –le informe, molesta de la situación.
-iré a comer con él. –me dijo sonriente. Yo sacudí la cabeza como si me pareciera mala idea. Eran de mala fama, y no puede ser.
-suerte, pero me voy. –le di un beso en la mejilla y me aleje de ahí. Vi como Joe se entrometía en mi camino. Joe… no me cansaría de pensarlo.— ¿qué haces aquí? –le pregunte molesta, pero contenta en mi interior de que me persiguiera.
-no vine a verte a tí, es mas, nisiquiera sabia que estudiabas aquí. vine por él, que quería salir con tu amiga.
-perfecto, ahora, dejame el camino libre. -intenté avanzar, peroJoe se entrometió, sonriente.
-podemos ir a comer tu y yo, si quieres. –lo fusile con la mirada. Él seguía mirándome divertido.— ¿entonces? ¿Eso es un sí?
-¡esta claro que no! –le respondí enojada.
-venga _______, ¡no seas borde! –sabe mi nombre. ¿Él sabe mi nombre?
-¿como sabes mi nombre? –pregunte sorprendida, repitiendo las mismas palabras de mi cabeza.
-tu amiga me lo dijo. –asentí con la cabeza, entonces avance mas pasos, pero él se interpuso de nuevo.—¿entonces? Vienes, ¿verdad?
-¡he dicho que no! ¿Aun recuerdas lo de la ducha?! –ese vestido me encantaba…
-¡era para bajarte los zumos! Estabas alterada, además me habías echado el champan encima… Estamos en paz. –sacudí la cabeza y lo empuje, seguí mi camino, sonriendo tímidamente mientras me encaminaba al coche que me esperaba y me fui hacia casa.




+ Oigo flotando en olas de armonías
Rumor de besos y batir de alas,
Mis parpados se cierran… ¿Qué sucede?
¡Es el amor que pasa!


FM 107.3, Radio Caos. poemas de Gustavo Adolfo Bécquer.+


#
-¿para hacer que? –Erika me había llamado. Había quedado con Polo, y quería que yo fuera a una de esas fiestas de calle que hacen.
-groupie, groupie. ¡Lo sabrás si vienes! –me insistía por teléfono. Se oía mucho ruido de fondo.
-Erika, no sé si ir… sabes que no puedo estar en esos sitios. & tengo que estudiar...
-¡por favor! ¡Eres mi mejor amiga! ¡Tienes que venir! & deja ya de estudiar por un momento...–me quede un momento en silencio, y entonces acepté.
-¡iré! Pero con una condición. No me dejaras sola ni un minuto.




Salí hacia allá. Me lleve puesta aquella bufanda de parís, que me sujetaba en cabello. de colores cálidos: rojo, naranja & amarillo.
No me lo pude creer… cuando llegue a ese lugar, todo me asustó, no estoy acostumbrada a tanto ruido, barbas, gordos, matones, morreos en el aire libre, chicas semidesnudas, hombres sin camisetas, alcohol… aparte de noche. Fui de inmediato a encontrar a Erika, que se encontraba junto a Polo. Me sonrió y vino de inmediato hacia mi.
-¡por fin vienes! –me dijo sonriente.
-solo estaré contigo. Y dime, ¿que es ese groupie? –pregunte nerviosa. Había mucho ruido.
-consiste en una carrera de motos. Las chicas somos las gruopie, nos unimos al conductor con cinturones y compartimos la carrera! Es fantástico!
-pero, ¿tu correrás? –le pregunte al verle puesta la correa.
-si Polo corre, yo corro.
-también está Joe. –me dijo Polo. Yo voltee la mirada.
-¿a quien le importa? –avance unos pasos de espaldas y algo me sujetó, algo, o alguien.
-así que… ¿viniste a verme correr? –Joe. Esta aquí…
-ya quisieras. –dije con ironía. Él sonrió.
-¿quieres ser mi gruopie? –me pregunto sonriente encima de su moto.
-ni loca. –respondí con la voz molesta. Él arranco su moto desplazándose suavemente por ese sitio.
-deséame suerte. –y me arrebato el pequeño pañuelo francés que me sujetaba el cabello.
-¡devuélvemelo! –pero ya se había ido. Erika se acercó a mí.— es un estúpido.–me quejé. Mi amiga echo a reír.
-así empezó mamá y papá… -la mire con cara de querer matarla. Ella echo a reír de nuevo.
-¿que has dicho? –le pregunte molesta.
-nada. Nada. –ignoré su dicho y llegó una chica rubia, acompañada de una de cabello corto. La mire extrañada, y ella no me miraba con buen gusto.
-¿quien va a correr? No puedes estar aquí si no tienes la correa. –dijo ella amargamente.
-yo corro si mi chico corre. –respondió Erica, enfrentándola.
-¿y tu? Puedes irte si no la tienes. –agarré la correa de Erika y me la coloqué.
-ahora no tienes ningún problema. –le respondí. En una moto, se acerco Joe.
-¿me llevas? –le pregunto ella rápidamente al verle pasar. Él acepto, y ella subió a su espalda, Joe no me quitaba la mirada de encima mientras se marchaban. Me quedé molesta.
-maldita... –murmuró Erika. La chica de cabello rubio señalaba hacia nosotras, a un chico que buscaba una gruopie, y resultaba ser yo.
-sube. –me dijo al llegar.
-tranquila, estaré bien. –le respondí a mi amiga, que se alarmaba al verme subir. Ella sonrió y se dirigió hasta donde polo.

La moto arrancó hasta colocarse en la línea de salida. No se porque, pero mi corazón latía con ansias, no se si era porque Joe estaba a nuestro lado, mirándome sonriente a través de su casco, o porque dentro de poco correré en moto con un desconocido. Mi piel se erizó.
-¡ya! –indico un señor mayor, barbudo, gordo y con tatuajes. Cerré los ojos y me sujeté rápidamente al cinturón, las motos arrancaron como locas.
La adrenalina me surgió de repente, creía que tocaría el suelo con la nariz; de repente alce la vista; ahora veía todo mas claro. Joe pasó rápidamente junto a la rubia estúpida delante de nosotros, ella me dio un saludo grosero: me enseño su dedo del medio.
Quise responderle, pero no era capaz de soltarme de aquel cinturón.
Otra vuelta más, otro sufrimiento hacia mi corazón. El chico adelantaba rápidamente a todos, pero Joe era más rápido, más rápido que todos. Era el mejor, supuestamente.
Se aproximo la meta. Todos llegaron. Quedamos de 5ts.
-_______! –me llamo Erica, un poco nerviosa de ver mi reacción. Baje de la moto, y le sonreí con el corazón a mi aun.
-¡ha sido genial! ¡Nunca había probado tanta adrenalina! –grité como loca, mi amiga echó a reír junto a mi, me brindo un abrazo.
-¡esto hay que publicarlo, eres la bomba! –me respondió. Yo sonreí. Entonces apareció Polo, junto a Joe, que le seguía detrás.
-¿que tal…? –pero no llegó a pronunciar todo cuando mucho ruido de formo de repente. Las sirenas de la policía.
-¡corred! –gritó uno desconocido.
Cada uno cogió su camino, yo, perdida, tan solo caminaba apresuradamente entre la gente, intentando buscar algún escondite, pero una moto negra se detuvo rápidamente delante de mi, jalándome del brazo y obligando a que subiera.
-¡sube! –era Joe.



+ apri gli occhi, e inizia a sognare...

FM 107.3, Radio Caos, sognare, sognare, e sognare.+
#.
Joseph. Mi salvación por un momento. Subí detrás y me agarre fuertemente a su cadera. No terminé de agarrarme bien, cuando él ya estaba arrancando. Corríamos velozmente por las calles oscuras, Joe vigilaba si venia alguien, yo solo cerraba los ojos de vez en cuando. De repente, una sirena nos persiguió por detrás & un flash que dispararon delante nuestro me dejo un poco perpleja.
-¡cubre la placa! ¡Cubre la placa con el pie! –me repetía en alto Joe. Alce mi pie derecho y la tape, cansándome rápidamente, pero tapándola.
-¡tengo miedo! ¡Para! -grité despues de un tiempo manejando y tambaleandome en la moto por cubrir la placa. Ya no sentía tanta adrenalina, ahora tenía miedo. Miedo de que llegara a pasar algo.— para! –le ordené de nuevo. Entró por una pequeña calle y freno poco a poco.
-¡baja, baja! Escóndete ahí. Volveré dentro de poco. –baje rápidamente y el arrancó de inmediato. Había una pared sin terminar de construir, así que entre rápidamente ahí y espere a que todo el ruido se acabara.
Salí, cuando vi que no había ni rastro de nada. Caminé un poco, a la espera de Joe, pero de repente un animal extraño, parecía un perro salvaje, ladró, agresivo, & me devolví corriendo, resbalando dentro de aquel sitio que se suponía que era mi escondite, y me di un pequeño baño de algo muy asqueroso.



-_______! –me llamó Joe en susurros. Yo no respondí. Sentí que apago el motor.— hey! –volvió a repetir. De nuevo me quede callada.— ¿Estas ahí?
-¡estoy aquí! –asomé mi mano por encima de la pared.
-vámonos. –me dijo. Alce la cabeza, sin mostrarme entera.
-hay un perro ahí fuera. –dije.— parece enojado.
-no hay ningún perro. Vamos.
-entonces, si no hay ningún perro, me da vergüenza salir. –puso los ojos en blanco y arrancó el motor.
-si no sales... me voy.
-¡no! –dije. Apagó de nuevo el motor, y me miro divertido, sus rizos rebotaron al hacer el movimiento de cabeza.— prométeme que no te reirás.
-¿que pasa? ¡Sal de una vez!
-pero prométemelo...
-está bien, te lo prometo.
Salí lentamente. La luz ilumino mi ropa, manchada por completo de algo marrón. Yo me sonrojé hasta muerte. Quería morirme.
-te has llenado de barro. –me recordó riendo.
-y estiércol. –Entonces, echo a reír aun mas.— ¡me has prometido que no te reirías!
-estiércol… -me recordó de nuevo. Quería asesinarlo, pero ignoré sus burlas. Me acerqué a la moto para subir, entonces me detuvo de inmediato, haciendome una señal de stop con su mano.— ¿A dónde crees que vas?
-a subir. ¿Qué crees?
-lo siento. Pero a mi moto no subes así. –dijo aún con la risilla en los labios.
-¿y qué quieres? ¿Qué me desnude? ¡Estás loco!
-mira, te pones mi chaqueta. –se la quitó y me la ofreció. Pero me negué.
-no.
-te la pones por encima, no pasara nada. –insistió.
-no. –repetí.
-entonces me voy. –hizo ademan de irse, pero lo detuve de nuevo. Una risita triunfadora se dibujo en su rostro.
-¡espera! –Agarre la chaqueta.— pero ni te atrevas a mirar. –me fui a su espalda, algo alejada.— ni te atrevas a voltear.
-claro. Lo juro. -respondió alzando la mano.- Qué peste. –susurró & le envié una mirada asesina. Él ´volvió a sonreir.
Me quite la ropa con mucho cuidado, tenia asco de llevar esto puesto. Me quede en ropa interior, y me limpie con la ropa por la parte limpia que quedaba. Gire la cabeza, para asegurarme de que no miraba. Estaba ahí. Quieto.
-como te atrevas a voltear, ¡te tiro toda la ropa en la cara! no dudaría en hacerlo... –le amenacé. Escuche una risilla.
-tienes muy buen culo, ¿lo sabes? –me coloqué la chaqueta, & entonces pude ver su truco, el que no pensé: me estaba viendo por el espejo retrovisor.
-¡eres un cerdo! Me das asco… -le di la espalda de nuevo y me encamine, decidida a irme sola. prefería estar sola, que caminar con un pervertido como él. Nerviosa, temerosa de caminar sola, sentí su moto arrancar y seguirme.
-venga, _______, no seas amargada. ¿te molesta que te hagan cumplidos?
-si tu llamas cumplidos a eso, prefiero no oír los mas bonitos.
-venga, sube ya. No pienso dejarte sola. –intente bajarme la chaqueta todo lo que podía, pero era imposible, ya que apenas me llegaba hasta la cadera.
-vete a la *******. –le solté. Él echo a reír.
-no creo, alguien ya me ha quitado el sitio tirándose directamente en ella. –lo asesiné una vez más con la mirada, enojada.
-stronzo… -solté entre dientes.
-¿Cómo una niña tan educada como tú puede decir esas palabrotas? –me seguía lento con la moto, yo camine mas rápido. Hacia demasiado frío.— no seas así y sube. –me ordenó de nuevo. Yo lo ignore y seguí caminando, esta vez más rápido.
-_______! ¿¡Puedes parar ya?! –me grito al ver que eche a correr. Acelero con su moto y me alcanzo de inmediato. Me detuve en seco, él se detuvo mas adelante, apago el motor, y se bajo de la moto. Yo camine de sentido contrario.— ¡esta bien! No volveré a echarte el ojo. Sube a la moto. –lo ignore de nuevo.
Seguí caminando, pero él me agarro del brazo. Esta vez con fuerza, y me jalo hasta la moto. No dije nada. Me quede callada, y no subí. Joe me miraba algo cansado de mis tonterías.
-¿puedes dejar de ser menos niña y subir? –Voltee la mirada y me quede mirando hacia el suelo.— de verdad que llegas a ser tonta… ¡sube! No me iré hasta que no subas. No pienso dejarte sola. Joder, ¡sube ya!
-¡subiré cuando dejes de hablarme de esa manera! –le grité también. Se quedó callado, mirándome seriamente.
-esta bien. Sube a la moto. –me pidió suavemente. Yo sonreí, ganadora, y subí a la moto. Él se quedo mirándome seriamente, un poco molesto de mi comportamiento, yo le sonreí, y di unas cuantas palmadas en el asiento de delante.
-¿no subes?
-¿no subes? –me repitió con la voz fina, intentando imitar la mía pero algo mucho mas malo y levantando su mano, haciendo otra imitación, algo parecido a una chica. Yo lo mire mal.
-borde. -le solté.
-infantil.
-estúpido.
-retrasada. -dijo.
-pervertido.
-culo bueno. –me quede callada. Entonces echo a reír y subió a la moto, satisfecho de haberme dejado callada. arrancándola por fin el trasto, y dirigiéndonos a casa.



+ Hay que estar atento a lo que te rodea
porque a veces, de repente
algo puede alegrar tu día.
Esta que estas por escuchar no es una canción, es la voz
de la nieve derritiéndose en agua pura.


FM 107.3 Radio Caos, atento a TODO lo que me rodea.+

-por mi me quedaría así, pero buscaría otras posturas, un sitio mas adecuado… ya sabes. –abrí mis ojos y vi que ya habíamos llegado. Me solté de él bruscamente. Era un pervertido, solo piensa en sexo.
-si condujeras mejor, llegaría mejor. –él sonrió. Bajamos de la moto, y se apoyo en ella.
-puede que nos veamos otra vez. Tienes argumentos muy interesantes…
-¿te he dicho ya que eres un cerdo?
-sí, creo que sí… entonces paso a recogerte mañana por la noche.
-no podría, no creo que pueda resistir otra noche como esta.
-¿porqué? ¿No te has divertido?
-¡muchísimo! Yo hago de groupie, todas las noches. Procuro que la policía me persiga durante un rato, me arrojo de la moto en medio de un campo desconocido, me dejo perseguir por un perro rabioso y, para acabar, me tiro sobre un montón de estiércol. Luego me revuelco un poco en él y a continuación regreso a casa en sostén y bragas.
-con mi cazadora puesta.
-ah, claro. Lo olvidaba. –sonrió de medio lado. Esa sonrisa me mató.
-Y sobretodo, no me has dicho una cosa.
-¿qué?
-que has hecho todo esto conmigo.
-claro. Lo primordial.
-¿no tienes nada más que decirme? –me pregunto con una voz muy sexy. Mi piel se erizo, quería gritar.— se dan las gracias. –Se acerco a mi oído y me susurró—: fuiste una buena groupie.
Me quede helada. De nuevo. Sus manos, su aliento, su olor… todo me encantaba… pero ¿Qué estoy diciendo? ¡No me puede gustar un indeseado como este! ¡Rebelde, animal, bruto, grosero, borde… no! Claro que no…
Se acerco a mi cuello y me empezó a besarme. Me quedé con la boca abierta, entonces, cerré mis ojos. Era genial. Sus manos acariciaron mi cintura desnuda y sus labios pasaron de mi cuello a mi mejilla, acercándose a las comisuras de mis labios… me acerque a él, pidiéndole que me besara en los labios ya. Mi mente solo decía: bésame ya, bésame, ¡bésame ya!
-vaya, vaya, vaya. ________. Primero dices que soy un grosero, un pervertido, que te doy asco, ¿y ahora te dejas besar?
Quise matarlo en ese momento. No cambiaría, y seguiría así por el resto de su vida. No puede ser romántico. Se echo a reír al verme abrir los ojos. Lo mire de mala manera, y me dirigí hasta el portal.
-de verdad que eres un estúpido. –le dije amargamente y con lagrimas en los ojos. Me hizo pasar un mal rato.
-¡hey! La chaqueta, la quiero. –me la quite y se la lance con todas las fuerzas que pude en la cara. Él sonreía aun.— ¿no me lo dai el bacio de buona notte?*( *¿no me das el beso de buenas noches?)

-¡vaffanculo ! –y llegue a casa. Sin saberlo, sin un porqué, sin nada, comencé a sonreír, recordándolo. No puedo evitar, no puedo negar, que Joe me ha llegado al corazón. Profundamente. Pero, no. No. No. No. No. No puede gustarme; es desastroso & me hace quedar mal… pero, ¿que se le puede hacer? El amor puede con todo. Incluso con alguien como yo.
...........
#.
-¿¡que Joe te ha besado!? -Erika parecía emocionada. Le hice callar mientras bajábamos las escaleras de la salida del instituto.
-¡no! Solo el cuello. Pero, es un estúpido. No quiero volver a saber más nada de él. He tenido que ducharme para quitarme todo lo suyo de encima. –mentía. Mentía. & mentía mucho.
-¿Por qué? Si es un cielo. Solo que tienes que conocerlo bien.
-no, Erika. La primera impresión es la que cuenta. Es un bandido. –ella pone los ojos en blancos y voltea como buscando a alguien. Yo me quedo petrificada al ver quien ha venido.
-oh no… -susurro. Ella me mira sonriente, señalando disimuladamente hacia las motos de Polo & Joe. Ellos nos miran atentos, y sonrientes.— yo me voy. Adiós. –le di dos besos en la mejilla y me aparte caminando rápidamente entre las chicas que tambien salían del instituto. Él no tardó en llegar, e impedirme que me marchara.
-hey, ________. –arrebaté mi brazo y lo mire seriamente. Iba de mal en peor.— ¿quieres ir a dar una vuelta conmigo?
-déjame en paz. –dije y me encamine hacia el coche que me esperaba. Mis padres mandaban uno con chofer de vez en cuando.
-¿sabes? Ayer estabas tan roja, que te parecías mucho a un pececito que tuve. Era rojo, igual que tu cara de ayer. –lo ignoraba mientras caminaba. De nuevo me sujeto el brazo.
-no me importa saber de tu vida. Bastante has hecho dejándome en ridículo delante de ti. –me lo quede mirando fijamente. Por primera vez me miraba serio, pero de repente se dibujo una pequeña sonrisa en su rostro, y arruino el segundo de seriedad.
-por dios, pececito. ¡Lo hago para divertirme! Además, me gustas de verdad. –lo mire irónicamente. Él me miraba a los ojos.
-¿Cuántas veces haz usado esa frase? Sé qué tipo de hombre eres. Así que, por una vez, déjame en paz. –solo quiere divertirse conmigo. No es como quisiera que fuera. No lo es.
-esta bien, un poco. Pero contigo es diferente. Te vi y paf, un flechazo.
-ningún hombre se declararía así a menos que sea un sinvergüenza.
-pues entonces soy un sinvergüenza.
-odio a los sinvergüenza. –me encamino de nuevo. Casi llego al coche, y me detiene por última vez.
-te quiero, ¡pececito! –nos quedamos mirándonos a los ojos. Era una broma. No podía ser verdad. Me acaricio la mejilla con suavidad, y me aparto el cabello de la cara. Sonreí, tímidamente, entonces se acerco poco a poco… de repente echo a reír como loco. Caí de nuevo en la trampa.— ¿lo has visto? ¡Estás loca por mí!
-cretino. –le di puñetazos en donde pude pegar, él se cubría, riéndose aun de mi. El ultimo puñetazo, y Salí corriendo hasta el coche. Me fui a casa. Es inevitable; cada vez me gusta más.





+ ¡Oh amor poderoso¡ Que a veces hace de una bestia un hombre,
y otras, de un hombre una bestia.

FM 107.3 Radio Caos, frases de William Shakespeare. +
[…]
-_______, amiga. Te necesito de inmediato… he tomado una pastilla, veo todos los colores. Te necesito… -Erika sostiene el teléfono en su oreja mientras conversa con ______. Polo permanece a su lado, sonriéndole.
-pero, ¿tu estas loca? ¿Cómo puedes tomarte esas cosas? –le reñía ______ por la otra línea.
-ven pronto. Rápido. –y colgó. Cuando alzo la mirada, echo a reír junto a Polo. Él le dio un beso.
-eres una falsa. ¡Sabes actuar de verdad! –ella echo a reír aun mas.
-se gustan demasiado. Alguien tiene que hacer algo, a tiempo. –Le dio otro beso, y lo jalo hacia la pista.— vamos a bailar.
Música, luces, gente, alcohol, droga, locos, locas, saltos, risas, llantos… una discoteca, en una discoteca, en ella pasara algo, una discoteca, en la que sucederá el mayor recuerdo. Un nuevo amor.




Joe. Sostenía aquel pañuelo francés en las manos. Sonreía al verlo, y olía su perfume. A coco. No era mentira, aquel pequeño ángel lo ha dominado.
-hey, Joe. –saludo Camilla. Se detiene a su lado, moviendo la cabeza al ritmo de la música de la discoteca. Joe guarda de inmediato el pañuelo.— ¿vienes esta noche a mi casa?
-ya hemos hablado de eso. –Camilla. Antigua novia de Joe. ¿Novia? No. Tan solo fue un pasatiempo, tan solo de relaciones. Ella estaba loca por él, como lo están muchas chicas. Muchas.
-has cambiado. ¿Es que estas colado de la flacucha esa?
-¿de que hablas?
-lo sabes perfectamente. –lo asesinó con la mirada y se alejo de él. Rabiosa, hasta no poder, de tan solo pensar que no es suyo.


[…]

narras tú.

La música sonaba tan fuerte que sentía a mi corazón seguir el ritmo. Intente ignorar a los locos que se me acercaban, solo buscaba a mi amiga. Caminaba entre la gente, que a veces me empujaba y me dirigía hasta otro camino. Vi a Erika, besándose junto a Polo. Entonces me acerque mas, y me miro sonriente. Ella estaba perfectamente. ¿Para que me hizo venir hasta aquí? Esta loca. Me hizo señales con la cabeza de que mirara hacia la derecha, mire, y entonces vi a Joe con una cerveza en la mano. Sacudí la cabeza, y decidí marcharme. Mientras caminaba por medio de esa cantidad de personas, una mano fuerte, me sujeto. Siempre lo hace, y es él.
Nos quedamos mirando fijamente a los ojos. Esta vez, había algo especial en los suyos. Lo sé. Lo intuyo. Seguíamos mirándonos, y el entreabrió la boca, cerrándola y girándose. Jalo mi brazo, y me llevaba de ese lugar.
Corriendo en su moto, el viento pegando en nuestra cara, yo abrazándolo a el, pegada a su espalda, mientras sentía sus músculos contraerse cuando hacia algún movimiento con la moto. Cuando había algún semáforo, acariciaba mi pierna, y yo le sonreía, y arrancaba de nuevo.
Nuestro destino era la playa. El mar al compás del viento de la noche. Bajamos y la arena acaricio nuestros pies, él me agarro la mano, y me dirigió hasta la orilla del mar. Nos sentamos, y él me acaricio la mejilla.
-¿ahora me crees? ¿Crees que me gustas de verdad? –le sonreí, y negué con la cabeza.
Me agarro el rostro y pego sus labios contra los míos. Un beso fuerte y cariñoso, lleno de pasión. Por fin. Por fin, por fin, por fin. Esto era lo que esperaba. Un beso como este, no lo había dado nunca. Nunca en mi vida. Sentía el mundo girar a mi alrededor, que todo se derrumbaba, pero nosotros continuábamos como si nada. Aquel beso fue tan largo, que al separarnos tuve que aspirar profundamente para coger aire. En mi vida había besado así, y fue fantástico. Me fascinó. Fue, genial.
-me gustas, de verdad. –me repitió por segunda vez. Yo sonreía, sonrojada de sus halagos. Estaba sentada entre sus piernas, el mar nos acompañaba silenciosamente.
-no sé si creerte. –alce la vista, y vi como me sonreía. Esos dientes perfectamente alineados…
-mi pececito. –sonreí. Me empezó a besar el cuello, lentamente, y bajaba su mano por mi cintura, cadera, vientre.
Pronto, él estaba encima de mi besándome. Yo me dejaba, pensaba que solo era petting, pero, Joe quería ir mas allá. Desabotono dos botones de mi blusa por la parte de mi abdomen y me acaricio, subiendo su mano, poco a poco, y tocándome un ceno. Lo aparte, temerosa de la situación, y me abotone deprisa el botón.
-no. –dije. Se quedo pegado a mí, respirando delante de mi cabello.
-¿Por qué? –pregunto un poco ansioso. Aleje mi rostro y lo mire a los ojos.
-¿Qué pretendes? ¿Llenarme de cosas bonitas, acostarte conmigo y luego irte? –hasta a mi me dolió decir eso. El bajo la mirada, la alzo de nuevo, con la mandíbula tensa.
-nunca. Te he dicho, que siento algo especial por ti. –me quede seria un momento mirándolo. Entonces sonreí, y me acerque a darle un beso.
-Joe, Joe Jonas… -susurre.— el violento no violento en el fondo. –me acerco a él y me abrazo.
-podríamos quedar mañana. Saltarte las clases.
-no puedo. Nunca lo he hecho, y si mi madre se entera, Me mata. –me apretó mas a su cuerpo y me beso la mejilla.
-venga, arriésgate por una vez. –insistió. Yo le sonreí.
-esta bien. Sé puntual, por favor. –y nos dimos otro de esos besos largos.

No había sido tan feliz en toda mi vida.




+ Latidos por minuto, sin aguantarse. Dame el ritmo. El minutero hace correr la pista.
El latido en el cual se basan todos los latidos del mundo. El bpm del corazón..
Escúchalo hermano, es tu pista personal...Nunca dejes de bailar con el. A veces esta detrás,
a veces esta frente a ti. Pero nunca dejes de soñar con nuevos sonidos.
Lograr nuevos bit, nuevos ruidos de motor para mezclarlos con el caos que tienes adentro.
ríe hermano.


Fm 107.3 Radio Caos. Tu bpm.+

#.
Baje del coche y mire por todos lados. Solamente las chicas del instituto. Todas riendo, charlando, calladas… pero no aparecía Joe. Me estaba desesperando. Erika se acerco a mi, sonriente.
-¿A dónde cree que va, señorita? –bromeó. Entonces se escucho un pito, era el de su moto.
-me escapo. Por primera vez en mi vida. ¡Estoy tan emocionada! –ella rió junto a mi y nos dimos un abrazo de despedida. Luego, me dirigí hasta su moto. Me ofreció una dulce sonrisa, miró hacia varias direcciones y arranco la moto. Conmigo sujetándolo fuertemente por detrás.
Llegamos a un restaurante, & bajamos de la moto. Me agarro de la mano, y me sentí feliz. Todos lo miraban, saludándolo: era el “gran Joe” y todos lo respetaban. Nos sentamos en una mesa pegada a la ventana, y espere sonriente a que llegara. Me sentía eufórica, mucho, al tener a alguien como él a mi lado. completamente distinto a mí.
-espero haber acertado. –me acercó una taza de color blanco, y lo olí. Era manzanilla.
-perfecto. Creo que me vas conociendo. –me sonrió, y se sentó a mi lado. Pasó un brazo por detrás de mi silla y se acercó a mi.
-¿ves a ese de ahí? –me dijo señalando a un chico de pelo ondulado y sonriente.
-si. Lo veo. –le indiqué.
-es mi hermano menor. Se llama Nick. –tomó un sorbo de su café y luego una calada a su cigarro.
-no parece que fuera como tu. –bromee. El sonrió, y soltó el humo.
-lo sé. Es mas centrado, no tanto como yo, pero lo es. –bromeo también. Yo sonreí.
-¿no me lo presentas? –pregunte haciéndole morritos.
-no. Aun no. Seguramente te encantara tanto que te iras con él. Además, si te lo presento, Kevin, mi hermano mayor, empezara a ser muy pesado y querrá conocerte tambien. –me aparte, ya que el humo del cigarro me molestaba.
-¡apágalo! –me queje tosiendo. El echo a reír, y lo apago enseguida.— no se como puedes fumar. Te perjudica gravemente la salud y daña tus pulmones.
-es un jodido vicio. No tengo nada que hacer. –de pronto el chico de cabello ondulado, Nick, miro hacia nosotros. Sonrió, contento de ver a su hermano y se acerco a nosotros.
-¿ha perdido clases? –pregunte. Parecía menor que yo, por eso me resultaba raro.
-ha tenido que estar en casa. Estaba enfermo, supongo que mañana irá.
-¡hey, Joe! –saludo Nick sonriente. Se acerco a el y le dio un abrazo. Joe sonreía junto a el.— ¿ya estas ligando otra vez, eh? ¿Dónde dejaste a las rusas del otro día? ¡estaban buenísimas...!
Rusas… rusas buenísimas. Por dios. Me molesto realmente. Intente ignorar lo que dijo, entonces, Joe me lanzo una mirada, y se acerco a su hermano.
-¿puedes evitar hablar de ese tema? –le preguntó susurrando.
-he escuchado. Todo. –le dije. Me sonrió, y volvió hasta su hermano dándole un manotazo en la cabeza. Nick echo a reír.
-me tengo que ir. Kevin me esta esperando, quiere ir de compras. Ya sabes lo ordenado que es.
Se acerco y me dio un beso en la mejilla. A Joe, un saludo de mano seguido de un abrazo y salió del local. Me quede callada, mientras Joe miraba a su hermano salir. Cuando por fin, me miró, me quede seriamente.
-¿Cómo que rusas buenísimas? –le pregunte con la voz molesta.— ¿Qué historia es esa?
-es pasado. Además, fueron mis amigos que las consiguieron. Tenia otra cosas en mente ese día.
-¿Cómo que? –pregunte un poco temerosa. Joe sonrió.
-no pienso decírtelo aun. –se acerco y me dio un beso. Un dulce beso.— vámonos.
-pero, ¿no vas a pagar? –pregunte nerviosa. Él sonrió.
-estas loca si piensas que pago. –se dirigió hasta la salida.
La chica atendía a otros clientes, entonces decidí pagarle yo. Ella me sonreía, sacando la cuenta. No se había enterado de que Joe no le iba a pagar.
-muchas gracias. –me dijo al recibir mi dinero. Le sonreí, y Salí, donde me esperaba Joe; con otro cigarro en la boca.
-eres muy mal educado. ¡no se va así como así! No tienes ni idea de lo duro que trabaja esa gente para poder cobrar.
-déjate de cosas buenas. Céntrate en los dos. –me dio un beso en los labios, casi con humo, entonces me aparte de nuevo.
-¿tengo que recordarte que no me gusta el humo? –el sonrió.
narra Joe.
...

Era hermosa. Hija perfecta, ordenada, centrada, educada… todo lo bueno que puedes ver en una chica buena. Como ella. Me gustaba estar a su lado, quizás… o no. ¿Quizás me este enamorando? No puede ser. ¿Yo? ¿Joe Jonas? ¿Enamorado? ¿De una niña de papa? Estoy loco. Pero si. Así es. Es así como es. Estoy enamorado de una niña de papa.
-apaga el tabaco. ¡Ya! –me riñó. Yo le sonreí de nuevo.
-a sus ordenes, mi princesa. –tire el tabaco en el suelo y me acerque para besarla. Era completamente delicada, suave…- iré a buscar la moto. ¿Me esperas aquí?
Asintió con la cabeza. Habíamos salido por la parte de detrás de el restaurante. Ella se apoyo en una de las cadenas que se sostenían por una base, y espero allí, mirando el suelo. Su suave cabello resplandecía ante el sol, y su suave piel, rozaba las cadenas.
-¿vas a ir o no? –me pregunto al ver que estaba parado mirándola. Le sonreí, y me dirigí a buscar la moto.




narras tú.
Espere a que fuera a buscar su grandiosa moto. No quiero que le pase nada, por eso no es que sea fan de su moto. Mientras lo esperaba, apoyada en las cadenas, unos tipos se acercaron a mi. Pensé que se dirigían hacia el bar, pero se detuvieron delante de mi. Baje la mirada, ignorándolos. Entonces me arrepentí de haberme quedado sola.
-¿Qué haces preciosa? ¿Cuánto cobras? –levante la mirada cabreada. Estaba loco.
-¿por quien me has tomado? –le pregunte enfrentándomele. Tenia mucho miedo, lo se, pero tenia que aparentar ser dura.
-deberías de ser educada. Vamos. Puedo llevarte. –los otros dos miraban la escena. Yo me aleje de ellos, pero el jefe, el que me hablaba, me sujeto de la camiseta.
-suéltame. –le pedí educadamente. Rápidamente se acerco a mi y me toco el culo. Sentí asco.
-que buena. –dijo pervertido.
-¡asqueroso! –me lance a el y empecé a golpearle. Entonces los otros dos aprovecharon y me acorralaron, dándome besos por todas partes, y tocándome toda.— ¡dejadme en paz!
Daba patadas, puños, cabezazos… pero eran mas fuertes. Lloraba, estaba asustada. Aterrada. Joe, Joe… ven a buscarme. Por favor… te lo ruego…
-¡Joe! –grite aterrada, lo mas fuerte que pude, grité.





Última edición por sofia1 el Mar Jul 05, 2011 5:58 pm, editado 1 vez
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sofia1



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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 12:59 am

narra Joe.

Me acerque a la parte trasera del bar, sonriente de volver a verla. Pero, me encontré con una desgracia, la desgracia mas terrible de mi vida. La acosaban.
Se me encogió el corazón, la piel se me erizo, los latidos eran fuertes, y la rabia en mi creció de cero a cien. Baje, inmediatamente de la moto, y escuche un grito suyo.
-¡Joe! –grito sollozando.
Corrí, con todas mis fuerzas, y arrebate a todos esos malditos cerdos de ella. el bandido, el que quería desnudarla, se enfrento a mi e intento pegarme, pero fui mas rápido y le plante un puñetazo en toda la nariz. Me encontré con otro, que le di en todo el pómulo, el otro, se acerco, y le di una gran patada en la cara. Seguí con el bandido, el desgraciado pervertido… lo empuje, y callo en el suelo, pegándose contra una barra. Me gustó. Lo agarre, y lo enganche a golpes. Rompiéndole el labio, dándole patadas en los huevos, golpeándole con gusto. <<a mi chica no se toca. No la tocas, no la tocáis.>> me repetía en mente mientras seguía golpeándole. Sentí unos débiles brazos agarrarme del brazo. Ella.
-Joe, detente… lo mataras… -decía ella con la voz temblorosa. Yo seguía golpeándole.
-¡que se muera! –me levante, y el tipo inconsciente, intento levantarse para marcharse. Le escupí con fuerza en toda la cara.— ¿Dónde están los otros dos? –pregunte enojado.
-se han marchado. –me acerque a ella, y tenia un chupete en la pierna. Me dolía verla así.
-¿Cómo te sientes? Dios mío… me arrepiento de haberte dejado sola. –la abrazo con todas mis fuerzas, como pude, protegiéndola.— te juro que nunca mas te volverá a pasar. –empezó a sollozar en mi pecho. Entonces me dolió aun mas.— tranquila. Estoy aquí.
-abrázame fuerte. –me pedía.
narras tú-



Ahora, empezaba a dudar de nuestra situación. No estoy acostumbrada a estar con alguien como el. No llevamos ni una semana y ya me ha pasado algo así. Su entorno es muy distinto al mío, y puede que no llegue a acostumbrarme nunca. Me separe de el, caminando hacia su moto. Me apoye en ella, ahora calmada. Joe se acerco, pego su cabeza contra la mía, y me beso la frente. Yo sostuve sus musculosos brazos.
-¿puedes llevarme a casa? –le pedí con un hilo de voz. El suspiro, y me agarro la cara mirándome a los ojos.
-te juro que nadie mas te volverá a tocar. Créeme. –sus ojos verdosos me llegaban profundamente. ¿es posible que exista el amor a primera vista?
-te creo. –asentí. Sonriéndole débilmente.— pero, necesito, estar sola. Además, tengo que estudiar. –me gire, e intente subir a su moto. Él la acomodó y subí correctamente. Joe… eres perfecto.
-¿no te agarras a mi? –me pregunto girando la cabeza y sonriendo un poco. Yo le sonreí, y rodee todo su torso con mis brazos, dándole un beso en la mejilla.


Espere a que fuera la hora de salida del instituto, y entre en casa. Mama no había llegado, asi que estuve tranquila. Me quite el uniforme, y me puse algo mas comodo. Me sentía extraña, porque mi corazón no paraba de palpitar sin cesar. Era, algo muy hermoso.
Mi móvil sonó, vibrando en la cama. Lo agarre, con prisa, pensando que era el.
-_____? –me llamo mi amiga. Me acosté en la cama.
-ola Erika, que pasa?
-¿Qué tal fue todo? ¿Cómo os la pasasteis? ¿se lo has dicho? –sonreí ante la idea.
-¡primero cálmate! Y bueno, el día fue un poco estresante.
-¿Por qué? ¿Habéis discutido, ya?
-¡eres una gafe! Claro que no. Lo que pasa es que, cuando fue a buscar su moto, unos tipos se me abalanzaron.
-¡no! ¿y que paso?
-Joe intervino y dejo casi inconsciente a uno. Tuve miedo al verle pegar de esa manera, Erika. Fue algo extraño, horroroso. Pero me defendió.
-Polo me ha dicho que no te dijera, pero eres mi amiga y debo. Joe tiene mala fama.
-¿mala fama? ¿en qué sentido? –me empezaba a asustar.
-o sea, no de esa mala fama. Solo que, esta metido en muchos problemas, y casi nadie se mete con él. Solo los que no lo conocen. Me parece que es “el rey” de todos los matones. Supongo.
-no me asustes, por favor. –mi corazón palpito desbocadamente.
-¡no te asustes! El nunca pegaría a una mujer, ni loco ni borracho ni drogado.
-¿!también se droga?!
-¡no! –escuche como se reía hasta parar por detrás de la línea. Yo me tranquilicé.— el es muy atrayente para las chicas. Antes de conocerte, Polo me dijo que era un mujeriego.
-no me hagas quedar bien. Sé que lo sigue siendo. –me dan muchos celos al pensar como se acostaba con esas. O con la rubia esa, o con cualquier prostituta,… dios… me da repelús. No quiero imaginarlo con nadie más. Me muero al saberlo.
-amiga. De verdad. Créeme. Me parece que le gustas de verdad.
-pero, fue cruel conmigo. Se reía. No creo que le guste así como así.
-dime la verdad. ¿Te gusta? –me quede en silencio. ¿Qué si me gusta? ¿Qué clase de pregunta es esa? Esta claro. Me fascina.
-si. Supongo. –conteste, tímidamente.
-¡pues perfecto! Os gustáis. Y ya esta. –me quede en silencio de nuevo. Pensando en sus besos, sus caricias…
-pero. No. No. No puedo enamorarme de alguien en dos días. Esto es imposible.
-¿sabes que existe algo llamado amor a primera vista? –sonreí en silencio. Me encantaba la idea.
-lo se. Y Erika, tengo miedo de caer rendida a sus pies. Como seguro hicieron muchas y las tiró a su antojo.
-tranquila. Si te trata mal, estoy yo para enfrentarlo. –reímos al mismo tiempo. Entonces hubo un silencio. Ella habló.— ¿se lo has dicho?
-¿Qué cosa?
-¡pues eso! ¿Cómo que qué cosa?
-oh, si. Eso. –me quede en silencio. Y de seguido, me mordí el labio inferior.— no.
-podría ser el primero.
-tu miras demasiado al futuro. Estamos en el presente, y llevamos dos días.
-¿ha intentado hacer algo? –esto parece un observatorio.
-si. Ayer, en la playa. Pero le aparte enseguida.
-eres tan aburrida...
-¡cállate! –le reñí.— ¿crees que me dejare así como así? Debe de ser en un momento especial, un lugar mágico… no se.
-bueno. Si. Está bien así. –sonreí.
-eres una irónica. –la puerta de casa se empezó a abrir.— te dejo. Creo que ha llegado alguien.
-esta bien. Adiós. ¡Te quiero!
-¡y yo a ti! Ciao. –colgué. Y de nuevo mi mente se invadió con los besos de Joe. Joe Jonas.

#.
Salimos de clases, y unas motos nos esperaban fuera. Hace ya 3 semanas que estaba junto a Joe. El tiempo pasa demasiado deprisa, y me encanta pasar tiempo junto a el. Me ha complacido de todas las maneras, siempre… Sonreí, junto a Erica, y nos acercamos a esos chicos tan hermosos. Bueno. Al menos Joe. Y le salude con un dulce abrazo.
-¡eh! ¿y mi beso? –pregunto colocando morritos. Yo sonreí.
-aquí no. Sabes perfectamente que puede llegar alguien conocido.
-esta bien. Sube. –me dio el casco, y subi en su moto. Arranco al instante, y nos fuimos de allí.
Cuando bajamos, estábamos delante de un bloque de edificios. El me sonreía, mientras subíamos las escaleras. Apreté su mano con fuerza, y le seguía los pasos. Saco las llaves de su bolsillo, y abrió la puerta silenciosamente.
-¿Qué hacemos aquí? –pregunte nerviosa. Podía sospechar el caso.
-estaremos solos. Un rato. –entré, y la casa estaba perfumada. Todo, en completo orden, y muy guapa.— mis hermanos no llegan hasta la noche. Podemos estar tranquilamente.
-es muy bonita. –dije refiriéndome a la casa. Él sonrió.
-es del tonto de Kevin, mi hermano mayor. Le encanta el orden. –seguí caminando, y me senté en el sofá. Joe se dirigió hasta la cocina.
-Joe, me da vergüenza estar aquí. –le dije sonriendo sin un porqué. El sonrió también.
-¿Por qué?
-es que, imagínate que llegan tus hermanos. ¿Con que cara me verán al saber que su hermano está aquí solo con una chica? –Él echo a reír y acerco dos vasos de cristal. Muy guapos. Yo me lo quede mirando.
-pruébalo. –me acercó el vaso, y lo agarre con duda. Él me sonreía.— no es veneno ni nada de eso. Pruébalo.
-no se. No tomo alcohol. –dudé. Me lo acerque a la nariz, y el olor me pegó demasiado fuerte. Hizo que cerrara los ojos.— ¿Qué es esto? –pregunte apartándolo rápidamente.
-Whisky. –Respondió él bebiendo tranquilamente.— pruébalo, te insisto. Si no te gusta, puedes dejarlo.
-Joe, no bebo alcohol. Insisto.
-hazlo por mi. ¡No puede ser que nunca hayas probado esto! -me lo quede mirando. El me guiño un ojo, y me hizo la señal de beberlo.
Suspire, y me lo acerque a la boca. Cerré los ojos, entonces no vi la medida del trago, y me lleve un trago muy largo. Lo aparte, entonces toda la garganta me quemaba, sentía fuego en ella, y ahora por todo el estomago.
-¡mamma mia! –me quejé. Aparte el vaso y el lo cogió. Intentaba abrir la boca y sacar aire. Era extremadamente fuerte, sentí calor irresistible de repente.— no puedo. –el echo a reír. Yo le seguí.
-ahora ya sabes lo que es el whisky. –Me dijo triunfador.— pero sabe mejor si es compartido. -Se acerco a mí, y me dio un beso
Aquel beso se volvió apasionado; me gustaba. Seguía besándome, acariciándome, abrazándome… acaricie su cabello y lo acerque mucho más a mi. Paso sus manos por debajo de mis piernas y me cargo en brazos, le sonreí, nerviosa, le bese para no demostrarlo. Caminamos hasta una habitación, que supuse que era la suya. Seguíamos entre besos y caricias. Me acostó suavemente en la cama, y se puso encima de mí, de medio lado. Me puse nerviosa, y mi cuerpo se tenso. Me lanzo una cálida mirada, y cerré los ojos mientras me besaba el cuello. Metió sus manos por debajo de mi blusa, con la intención de quitármela. Acaricio mis senos, entonces fue demasiado para mi. Aun no estoy preparada. Arrebate sus manos y me senté en la cama, acomodándome la blusa. Le di la espalda, temerosa de su reacción. Me sentía estú•pida al rechazarle, pero, no podía. Sentí una mano suya rozarme, pero hice un gesto, que pareció que dijera “no me toques”. Nos quedamos así, en silencio. Durante mucho tiempo. Mucho. Hasta darme cuenta de que estaba sola en la habitación. Gire mi cuerpo, y el no se encontraba. Me levante, y camine silenciosamente por la casa. El se encontraba fumando un cigarro, bebiendo whisky, dándome la espalda sentado en el sofá. Pase delante de él y me senté a su lado. No alzaba la mirada, solo miraba el suelo.
-lo siento. –le susurré. Me sentía culpable.— ¿te has enfadado? –se quedo callado. Aun sin responder. Suspiré. Y volví a preguntar.— Joe, ¿te has enfadado?
-vamos. Te llevo a casa. –me quede con la boca abierta. Mis ojos se aguaron. Sí. Esta molesto. Y mucho.
-pero, ¿te has molestado? –no pude evitar mejorar mi voz. Me salió un poco rota. Se levantó, y seguí sus pasos. El me ignoraba.— Joe… -le llame caminando detrás de el. Rocé su chaqueta, y no se detuvo aun. Se me salió una lágrima, y la escondí, secándola rápidamente con mi jersey.— iré sola a casa. –le dije sollozando. Baje la mirada, entonces el volteó hacia mi, y me observo por un momento.
-_____, ¿lloras? –Intento acercarse, pero me aleje saliendo de la casa.— espera, ¡lo siento! No sabía que lo ibas a tomar tan mal. –baje las escaleras, molesta. Me había tratado mal, solo por no querer estar con el. Trague saliva, mientras aspiraba por la nariz, y me limpiaba las lágrimas.
-te veré mañana. –le conteste despacio. El fue más rápido que yo bajando las escaleras, e intervino en mi camino. Se agachó, a mi altura, y me miro el rostro.
-por dios… pequeña, perdóname. –me abrazó, dulcemente, y me deje. Me seque las lagrimas alejándome de el. Entonces alcé la vista.— perdóname. –lo mire de reojo, y cruce los brazos.
-ahora, llévame a casa. –conteste firme. El me miro extrañado.
-no sabia que te iba a sentar tan mal, solo que… -entonces se quedo callado, como si estuviera recordando algo. Entonces se dibujo una cara de sorpresa en su rostro, muy sorprendido.— ¡eres virgen! –susurro muy despacio & con una sonrisa divertida en los labios. Trague saliva, de nuevo, y me avergoncé. Seguí caminando, dejándolo atrás.
-gracias por burlarte. Cretino. –susurre la ultima frase. Él me sujeto, abrazándome enseguida.
-perdóname. Es solo que es una sorpresa. Te quiero, no te enojes. ¿Okay? –me beso el cuello, entonces me gire. Sonriendo un poco.
-¿de verdad que no te importa?
-me siento orgulloso. –le di un golpe en el brazo. Joe echó a reír.- ¡auch! Digo, de que no hubieras estado con nadie. Seria malísimo recordarte con otros. –sonreí, y le regale un beso, que él lo recibió con entusiasmo.
-no te hagas ilusiones. Tienes que sorprenderme aun, para saber si eres tú el indicado. –lo mire pícaramente, y el me lanzo una sonrisa. Se acercó, y me beso tiernamente.
-te sorprenderé. Te lo prometo.




+ La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia de que pueda tener fin.


FM 107.3 Radio Caos , Benjamin Disraeli +
#.
narra Joe.


La lleve hasta su casa, bajo de la moto, y antes de entrar al portal, me dio un dulce y tímido beso. Al separarse, me quede sorprendido. ¿Solo eso? No. Yo quiero uno mejor. La jale del brazo, delicadamente, y le di un beso mucho mas largo. Ella sonreía pegada a mis labios, y la apreté hacia mí. Me acaricio la nuca, y después de ese largo, y maravilloso beso, se separo suavemente.
-adiós. –me dijo. Miró por encima de mi cabeza, y su expresión cambió de inmediato. Ahora parecía nerviosa.— oh no… oh no, Joe. Vete, ¡vete!
Me alerte. No entendía que pasaba. Ella me daba suaves empujoncitos, sin poder casi conmigo.
-¿Qué pasa? –pregunté. Ella seguía nerviosa.
-me tengo que ir. –se fue de inmediato, pero antes le jale del brazo y le di un beso. Ella me empujó, sonriendo, y entró por completo al portal.



Fui hasta donde estaban los chicos. Todos me miraron sonrientes, y recurrieron hasta mí, saludándoles. Cuando, probé de vez en cuando, algunas cervezas que me ofrecían, me dirigí hasta donde Polo, que se entretenía besándose con Erika. Yo me senté el medio, sin ningún consentimiento.
-¡he, he, he! Basta ya de morreos. –dije bromeando. Polo me sonrió, dándome un golpe en el brazo.
-¿Qué pasa, tío? –me saludo mi amigo.
-he venido a hablar contigo. –Miré irónicamente a Erika.— a solas. –ella sonrió falsamente también y se levanto, dándole un beso a Polo y marchándose de nuestro lado.
-¿Qué es lo que quieres decirme? –encendí un tabaco, y le ofrecí otro. Él lo encendía, mirándome seriamente. Yo expulse el humo con lentitud.
-tío, estoy jodido. –Polo expulso una graciosa risa.
-¿lo llegas a saber ahora? –sonreí también.
-no. Hablo en serio. Estoy jodido.
-¿y eso quiere decir…?
-nos hemos puesto un poco serios, y le he pedido que me perdone.
-¿¡tu!? ¿Joe Jonas? ¿¡Pidiendo perdón!? –le di un golpe en la cabeza. Él seguía riendo.
-pues si. Yo, Joe Jonas. Cada vez que la miro, siento deseo… no tienes ni idea de cómo me siento.
-si tengo idea. Me pasa lo mismo, y puedo entenderte a la perfección. Te conquistan rápido, es algo natural en ellas.
-pero… no quiero llegar a caer como ******* a los pies de esa chiquilla. ¿No recuerdas para que salía yo con chicas como ella? ¡Esto es muy duro!
-tío. Cálmate. A todos nos llega la hora de enamorarnos. De todas maneras, ¿para que me cuentas tus jodidos problemas si vas a seguir con lo mismo? Si te mola, te mola. No se como es que no lo soportas. Alguna vez te tenía que pasar. ¿Y que? ¿Habéis intentado algo? Ya sabes…
-no. Aun no. Al menos no por su parte. –Me quede en silencio un momento.— aun es virgen.
-¡¿Qué?! –Echo a reír de nuevo.— ¿y como rayos aguantaras sin sexo hasta que la niña se decida? Tu eres de esos que quiere a cada rato, chaval.
-ese también es otro problema. Estoy dispuesto a esperarla. –dibuje una débil sonrisa en mi rostro. Polo bufó.
-bueno, por suerte me toco una guapa y con libertad. ¿Ahora puedes saber que se siente estar enamorado, eh?
-si, ahora lo sé. –di otra calada a mi tabaco, soltando ahora el humo con rabia.— ayer, cuando la lleve al restaurante que te dije, salimos y fui a buscar la moto. Le paso una desgracia, seguramente tendrá miedo de salir conmigo a cada rato.
-una chica como ella lo tendrá siempre, amigo. –le tire con rabia el humo en la cara. Bufó de nuevo.
-el Siciliano y sus amigos la tocaron. –Soné con rabia, frustración, enojo…- te juro que me las va a pagar.
-pero, ¿no le diste ahí mismo?
-si, si le di. Pero no me bastó. Además sus amigos se escaparon. Te juro que estoy que ardo al recordarlo. Ella tan indefensa…
-te ayudare con ello.
-ahora me tengo que ir. Tengo que avisarle a Nick que no abra mas la boca cuando esté con ella. ¡Me menciono lo de las rusas del otro día!
-tu hermano es único. –rió junto a mi.




+ El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos,
pero pocos los han visto.


FM 107.3, Radio Caos, François de la Rochefoucauld +
Cuando llegue me duche enseguida. Cuando salí, me cambie con calma, y mientras me cepillaba el cabello, me sonó el móvil. Me di cuenta de que empezó a llover.
-¿hola? –pregunte. Con la esperanza de que el pudiera tener mi móvil, de una vez.
-_______, ¿puedo ir a tu casa? –era Erika, me bajo un poco el animo al saber que no me llamó Joe..
-esta bien, pero llega rápido.
Colgué, y termine de cepillarme el cabello. Tenía miedo de salir de mi habitación, sabía que de aquí a algún momento me iban a llamar, alguien, con voz dura. Solamente estaban esperando el momento.
Estaba acostada en la cama, cuando sentí que me llamó papá con la voz dura. Mi corazón se agitó, y me levante de la cama. Dudando si hacerlo. Me coloqué las pantuflas, y Salí con nervios. Cerré la puerta dando la espalda a la sala, y al voltear, una cachetada en mi mejilla me sorprendió por completo. Mi padre.
-¿pero, qué pasa? –pregunte nerviosa. Mi madre me miraba desde atrás.
-¿y te atreves a preguntármelo? –Responde enojado.— ¿Qué hacías con ese rebelde en moto? ¿Estas loca o qué? ¿O es que aun tengo que escribirte en la frente lo que tienes que hacer?
-papa, no es nada… -mi corazón se aceleraba mucho mas.
-¿estas con ese indeseado? –pregunto de nuevo. Sus preguntas me hacían dar vueltas en la cabeza.— ¿es que aun no conoces la historia de ese muchacho? Te va a costar trabajo. Tiene más denuncias que alguien que esta en la cárcel.
-papa, basta ya. –le pedí.
-si me entero de que has estado de nuevo con él, ni sueñes con que voy a dejarte salir. –mis ojos se aguaron. No podía hacerme esto.
-mama, por favor. No… -estaba a punto de llorar.
-a tu madre nada. ¿Me has escuchado? Ahora te centras en los estudios, y no piensas en nada más. Es mejor dejarlo así. –y me dio la espalda.
-papa, ¡papa, por favor! No me hagas esto. –le pedí entre sollozos.
-vuelve a la habitación y colócate a estudiar. De ahora en adelante te iré a buscar a la escuela. No podrás ni ver a ese bandido. –siguió el camino y se dirigió hasta su despacho. Mire a mi madre, que me miraba un poco entristecida, y luego se levanto, para poder marcharse también. Ahora quería ser como Joe, volverme rebelde y hacer lo que yo quiera. Pero no estoy acostumbrada, mi vida no es así.
Entre en la habitación, y me acosté en la cama y no hice mas nada que llorar. El timbre de casa empezó a sonar, y nadie contestó. Después de unos minutos, sonó mi móvil.
-¿Quién es? –pregunte intentando arreglar mi voz.
-_______,¿ porque no me abres la puerta? Esta lloviendo, y quiero hablar contigo.
-Erika, me han castigado. Mi padre se entero que estoy con Joe, y me ha dejado sin salir.
-oh, no. Lo siento… ahora me voy a casa. Te llamare después. Te quiero. –y colgué. ¿Cómo hare para ver a Joe? Ni a la salida… ¿Cómo rayos haré?


Amaneció, y me levante sin ganas. Me aliste, y Salí hacia la escuela. El coche de papa me esperaba a la salida. Me sentí mucho más fatal aun. Subí, desganada, y apoye la cabeza en el respaldo. Con ganas de llorar aun.
-buongiorno. –me saludo normalmente.
-buongiorno. –conteste yo con la voz rota. Arranco, y salimos camino al colegio.
Mientras conducía, me daban ganas de llorar. Pensando en como podría verlo. A pesar de todo, amo a Joe, y me duele hacerme la idea de que me lo arrebaten así como así. Seguía conduciendo, y entonces pasamos por aquellas escaleras, donde siempre se sienta junto a sus amigos. El semáforo en rojo hizo detener el coche. Él estaba ahí, con un tabaco en la mano. Me lo quede mirando, como conversaba con sus amigos; es hermoso…; seguí contemplándolo, entonces le dio una calada a su tabaco, y alzó la vista, mirándome. Espero un segundo, y se levanto, corriendo hacia mí. Yo gire la cabeza, hacia otro lado, dejando de verlo. Corría veloz, y se acercaba cada vez más. Sonriente. Me partía el corazón. Pero el semáforo cambio, y el coche arranco, dejándolo atrás, y sin poder verlo demasiado.
-adiós. –me despedí de papá con amargura y baje del coche. Espere a que se fuera, pero no se iba. Esperaba a que yo entrara, así que entre, y de nuevo llore. Estaría vigilada hasta no poder.





-no puedo, Erika. En este momento odio a mis padres, ¿Qué le diré a Joe? Él siempre esta en la calle.
-tranquila. –me calmo mi amiga dándome un abrazo. Yo sollozaba en mis manos.— le he dado tu numero. ¿No pasa nada, verdad?
-no, esta bien. –Me separe secándome las lagrimas.— no puedo creer lo profundo que me ha llegado ese tipo. –bromeo. Ella me sonríe.
-lo se. Ayer, estuvo hablando con Polo. No se de que, pero supongo que era de ti.
-¿Por qué lo dices? –pregunte un poco emocionada.
-pues porque Polo me lo dijo. –sonrió malvadamente.
-me habías dicho que no sabias nada.
-pues resulta que si. Y me ha dicho que se le confesó, o sea, que te quiere.
-¿me quiere? –mi corazón bailó solo, y emocionado.
-si. Bueno, resulta ser que Joe es bueno solo contigo. ¡Te envidio! –sonreí para mis adentros.
-oh dios. –susurre al ver que me llamaban. Era sorprendente como mi corazón reaccionaba, y no solo mi corazón, si no, todo mi ser.— es Joe. –le dije a Erika.
-¡contesta! –me exigió. Lo agarre, con las manos temblándome suavemente, y conteste. Quise gritar de la alegría al oír su voz.
-hola. –me habló. Yo sonreí. Como una tonta enamorada.
-Joe… -fue lo único que dije. Solo sonreía, dándole la espalda a mi amiga.
-Erika me ha dado tu número. Supongo que ahora estas en descanso, en el instituto. –asentí con la cabeza, como si el me estuviera mirando.
-si. Justo ahora. Joe… tengo que decirte algo. –lo mas difícil. Explicarle, como íbamos a vernos.
-¿Qué pasa? –pregunto secamente. Como siempre habla. Pero me encanta.
-me han castigado. La vez que te dije que te fueras, era porque llegaba mi padre. Me ha pillado. Y me ha castigado. –silencio por un momento. Parecía estar pensando. Escuche de nuevo su voz.
-vale, pequeña, eso da igual. Me salto la valla de tu cole y ya estamos. –dijo frescamente.
-¿pero es que no sabes como es este colegio? –pregunte asombrada.
-bueno, ¿Qué debe de tener de especial?
-Joe, es privado. Si me pillan aceptando que entres de esa manera, ¡me echan!
-vamos, ¡si te escapaste conmigo! No creo que haya nada fuera de lo común.
-algo mas serio y se vuelve ya un cole de monjas. Por favor, no intervengas. –se quedo en silencio, y yo, esperando que dijera algo. Paso demasiado tiempo, hubiera imaginado que había colgado.— ¿estas ahí? –pregunte con voz suave.
-si. Estoy aquí. –contesto de mala manera.
-¿Por qué te callas de repente?
-¿para que me cuentas que no puedes salir si tampoco tienes ganas de verme? –estaba molesto. Lo estaba; lo note en su voz.
-¡te equivocas si piensas que no quiero verte! Y perdona por ser cortés y mencionarte mi castigo.
-¿sabes que? Eres una doña perfecta.-y me colgó. Me quede helada. ¿Es posible que me haya colgado?
-¿Joe? ¿Joe estas ahí? ¿Joe? –pero no. Había cortado. Estúpido.
Me levante del asiento y me separe de Erika, dirigiéndome al baño. Es verdad. Soy una doña perfecta. Quiero que todo se haga bien, pero también lo que quiero. Y estando con Joe, las cosas se complican. Quiero verlo, quiero besarlo. Ya me impaciento y todavía no ha pasado ni dos días. Quiero tocarlo ya.
Salí del lavabo y me dirigí a clases al notar el timbre. No pude concentrarme. Estaba molesto conmigo. Y lo estaría por mucho tiempo. Me duele. Ahí; en ese sitio; donde esta mi corazón.


+ Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.

FM 107.3 Radio Caos, Madre Teresa de Calcuta +

#.
Al salir de clases, tuve la esperanza de que mi padre no me estuviera esperando, pero si. Estaba ahí. Puntual. Demonios. Camine lentamente, despidiéndome de Erika y sonriéndole falsamente a mi padre. Subí, y también tuve la esperanza de ver a aquel alocado chico de cazadora negra persiguiendo el coche, pero al parecer mis esperanzas no valían para hoy. No estaba. Ni lo vi. Ni apareció. Baje del coche, y me fui a mi habitación, a estudiar. Una llamada, hizo que se me alegrara la tarde.
-hey, perdona. –es él. Sonreí, mordiéndome el labio inferior.— sabes que no fue con intención. Lo he pensado mejor, y nos veremos. Pero no te diré la manera.
-no hagas ninguna locura, por favor. –le pedí. Yo sonreía aun.
-estate tranquila. Solo dime una cosa. ¿A que hora se acuestan a dormir tus padres? –sonreí ante la idea. Podía adivinar su plan.
-a las diez, como tarde a las once. ¿Por qué? ¿Qué piensas hacer?
-shh. Calla, y espérame a las doce. Despierta. Adiós, te quiero. –y colgó.
Me ha dicho “te quiero”. A mí. Solo a mí. “te quiero, te quiero, te quiero…” sonreí, y termine de estudiar, acostándome en la cama, y colocando el despertador en vibrador a las once y cincuenta y cinco.





Once y cincuenta y cinco. El despertador suena. Me he quedado dormida. Abro los ojos somnolienta, y lo apago. Salgo de mi habitación, bien. Todo perfecto. Papá y mamá duermen. Cierro la puerta que queda antes de mi habitación, así se notara menos el sonido. Vuelvo a mi habitación. Aun esta sola. Me siento en la cama, sin saber qué hacer. Me acuesto, jugando con mi móvil. Doce y media. No ha llegado. Esta bien; lo esperaré mas. Una y quince. Me muero de sueño, pero no, lo esperaré un poco más. Mientras miraba por la ventana, con los parpados pesándome, se convirtieron las tres de la mañana. No. No puedo más, pero aguantaré. Cerrare los ojos y dormiré 5 minutos. Y así fue, cerré los ojos, pero no dormí 5 minutos.

Sábado. Por fin. Me despierto, me quede dormida toda la noche. Eran ya las diez de la mañana. Muy tarde para mi horario habitual, pero fue por ayer. Joe no llegó, y eso me entristece. Me levanto, tomo una ducha, y salgo a la sala. Mis padres han salido. ¿Es una broma? ¿Me han dejado sola, y supuestamente castigada? Me dirigí hasta la puerta, entonces había una nota: “no creas que porque salimos no estas vigilada. Ten cuidado a donde vas, o si no, podemos alargarte el castigo.” Odio esto.
-¡______! –me asome por el balcón. Me llamaban, y tiraban piedras hacia dentro. Salí un poco molesta.
-¡¿Qué te pasa?! –era él. Joe. Sonreí, pero deje de hacerlo enseguida al acordarme de la noche pasada.— estú•pido.
-¡he, pequeña! –me llamo de nuevo. Lo ignore, con el corazón doliente. En unos cinco minutos había conseguido trepar el balcón. Lo miré, sin sorprenderme, y se acerco a mi, sentado en la sofá.— ¡por fin puedo verte! –se acercó mas y me abrazo. Yo no lo había mirado aun a la cara.
-vete de aquí. –dije seriamente.
-¿Qué pasa?
-me dejaste esperando toda la noche, eres un bastardo, ¿Cómo puedes dejarme…? –mientras le hablaba me giré. Y vi su cara, con un golpe, en todo el labio, y la ceja rota. Me quede en shock. Ahora entiendo la causa por la que no vino.— dios mío…
-lo siento. ¡Tuve un inconveniente! –me acerque a él y le di un beso.
-Joe, no soporto verte la cara así. –pero ese beso fue tentación a otro. Me agarro la cara y me beso con pasión. Un beso largo, necesitado, de los dos. Hermoso.
-te extrañe. –me susurro cerca de los labios. Volvió a besarme, y yo lo bese con ansias.
-yo mas aun. –le dije.
Seguimos dándonos aquel beso tan largo, apasionado, con sed de nosotros, solo nosotros. Joe me acostó en el sofá, intentando mantener la calma, pero es mi temor, y no se si podía continuar. Me besaba el cuello, las mejillas, los brazos, el abdomen… me sentía tímida; pero, intentándolo no perdía nada. Seguía besándome, hasta que metió su mano por debajo de mi falda y me agarro las bragas, intentando bajármelas. Sujete su mano antes de que lo hiciera, entonces, subió sus besos hasta mi pecho. Me beso entre ellos, respirando mi perfume, y yo el suyo. Continuamos, con besos y caricias, sobre todo de su parte. Acariciaba su cabello, y él mi cuerpo. Me mordió el lóbulo de la oreja, y me emocione un poco, sonriendo. Metió sus manos por debajo de mi blusa, e intento, temeroso, dudando de mi reacción, tocar mis senos. Me dejé. Los acariciaba con ganas, y me daba mucha vergüenza. Empezó a gemir, yo abrí los ojos, y vi como intentaba quitarse su chaqueta. Bajo una mano hasta mi vientre, desabotonando mi faldilla, y tocándome ahí abajo. Lo abrace con fuerza, entonces no pude; lo aparte de encima de mi. No ahora. No es el momento.
-Joe, lo siento. –me abotone la falda y me acomodé el sujetador. Sentía los labios hinchados de sus besos. Soltó un bufido, y se dejó caer en el sofá.— no estoy preparada aún.
-¿y cuando lo estarás? –preguntó un poco desganado. Le eche una mirada inocente, y luego gire, mirando hacia el suelo.
-lo siento. –le repetí. Sentí su abrazo por detrás, y me beso la mejilla.
-¿sabes que te esperare, no?
-lo se. Y quiero que seas el primero, pero… no estoy aún preparada. –me beso la mejilla, me agarro la barbilla, girándome suavemente la cabeza y besándome en los labios.
-¿he dicho ya que te quiero? –sonreí.
-no ahora. –me dio otro beso.
-te quiero. –me dio otro beso. Y otro. Y otro. Cada vez más largo. Y ahí nos quedamos, sentados en el sofá, charlando. Él se reía de mis historias, yo me aterraba de las suyas… pero fue una tarde agradable.
-no se cuando podre salir. Mis padres me tienen aquí, encerrada. ¡Piensa algo!
-¡vaya! Mi chica buena se vuelve mala. –sonreí, regalándole un beso.
-no quiero estar encerrada. Todo es por tu culpa.
-¿mi culpa?
-si. Por querer darme los besos tan largos, y yo tan estúpida, de querer recibirlos. –sonrió, graciosamente, y me abrazó.— que sepas que aun estoy enfadada contigo.
-lo siento, de verdad. Tuve complicaciones. –me separé de él, y lo mire con lastima, enojo, frustración…
-Joe, odio la violencia, no quiero verte mas así. Por favor, no sigas… -mis ojos se aguaron. El me abrazo delicadamente.
-vale, cambiare. –me dio un beso en la frente, y nos quedamos viendo Tom y Jerry; mientras reíamos e imitábamos a esa pareja de locos.



+ Me pareció ver un lindo gatito...
FM 107.3 Radios Caos, llegando al corazón de Piolín.+


narras tú.
-¿Qué le harás que? –Polo tocía el humo del cigarro. Yo me lo quedé mirando.
-Polo, no lo veo tan malo. Seguro se lo hará.
-¿tu estas loco o qué te pasa? –parecía asombrado de verdad.
-deja la estu•pidez, por dios…
-¿Por qué no iba a querer hacerse un tatuaje? ¿Eres imbé•cil o qué?
-no, chaval. Esa niña es de instituto, seria, la hija perfecta… ¿Cómo dios crees que se lo hará? Máximo diría: “oh no, no puedo hacerme un tatuaje. Puede dañarme la piel… mis padres me lo prohíben… contagia el sida…”
-¡vale ya! –Le di un golpe en la cabeza.— que la tuya también es de ese instituto, ¿eh?
-¡pero Erika es otra cosa! Ella es extrovertida, divertida, alocada… en cambio tu ________, es una sosa.
-de todas maneras, se lo propondré. –le di otra calada al cigarro.
-entonces, cuéntame. ¿Habéis conseguido algo, ya?
-nada.
-¿nada de nada?
-¡que pesado eres! –fumé mi cigarro desesperado. Esto, no podía aguantarlo.
-¿puedo hacerte una pregunta? –asentí con la cabeza.
-¿Qué quieres?
-¿de verdad aguantas tanto tiempo sin sexo? Chaval, ¡somos como somos! Eso es como el agua que bebemos… necesitas a una mujer de verdad.
-cállate. –dije seriamente. Pero creo que él tenía la razón.
-¿no necesitas…? Ya sabes, hacerlo. –me quede en silencio; voltee a mirarlo, y el echo a reír.— lo sabía. Esta noche tenemos que irnos de caza.



narras tú.
Estudiaba, estudiaba, y estudiaba. Me cansaba, pero tenía que hacerlo. Mañana tendría un examen, y no me había preparado. Mientras estudiaba, me detuve por un momento. Joe. ¿Qué estará haciendo ahora? ¿Con quien? ¿Qué locuras estará causando? En cambio, yo, tengo que estar aquí, en casa, silenciosa, estudiando… lo extraño. Quizás debería de dejar que fuera el primero, pero… tengo miedo; tengo miedo a ese tema, lo tengo. Quizás necesitaría esperar un poco más. De todas maneras, él ha decidido esperarme. Si. Me esperará.
03.40 AM.
No puedo dormir. Alguna cosa extraña presiento, presiento algo malo… lo llamo. Una. Dos. Tres llamadas. Nada. Ahora, debe de ser la definitiva. Una, dos…
-¿hola? –por fin. Mi corazón se aceleró. Era su voz.



-por fin me contestas. ¡Pensé que te había pasado algo! –ella. Serena, tranquila y nerviosa a la vez… ella.
-lo siento, es que, aquí no hay mucha cobertura. –sentía los besos en la espalda, abdomen, pectorales… me acariciaba.
-Joe, he estado estudiando, pero no he podido. Estoy pensando en nuestro tema, en mi tema. –me tocaba ahora la ingle. Intenté apartarme, pero la chica me sujeto, besándome ahora en los labios.— me siento culpable al hacerte esperar…
-¡venga, deja el móvil! –hablo la chica. Me asusté, y me aparte de inmediato. Todo por Polo. ¿Para que me provoca a hacer esto?
-¿Quién ha hablado? –pregunto _______. Ahora, un poco extrañada.
-no, solo era… las amigas de Polo. –la chica se acercó de nuevo, e intento quitarme el pantalón. Tapé el micrófono del teléfono y le hablé—: ¿puedes esperar un momento?
-no. Quiero jugar, y ahora mismo. –decía provocativamente. Estaba desnuda por completo.
-¿Joe? ¿Joe, estás ahí? –hablaba ______ desde la otra línea. Me aleje de la chica, mientras seguía acercándose.
-si, pequeña, estoy aquí.
-¿con quien estas? Si estás ocupado, puedo colgar. Además, pensé que estabas durmiendo, y…
-no. Tranquila, pero, ¿Por qué no te llamo después?
-bueno… esta bien. –Dijo un poco decepcionada.— te quiero. –¿Por qué? ¿Por qué me ha dicho esa palabra? ¿Por qué?
-y yo mas a ti, pequeña. Adiós, sueña conmigo. –escuche una pequeña sonrisa, y colgó. Me gire, y la chica se fumaba un cigarro esperándome en la cama. Me sentí culpable.
-¿y entonces? ¿Podemos empezar? –negué con la cabeza. No quería ahora.
-lo siento, te pagaré, pero no me da la gana seguir. –se levanto de la cama y se acercó a mi. Dándome otro beso.
-venga, guapo… por una vez que me toca un cliente atractivo y de todo lo bueno, ¿se raja?
-no, pero lo que pasa es que tengo novia. Y no pienso joderle de esta manera.
-claro, el tonto fiel. –me abrazó. De todas maneras era mucho mas mayor que yo.— venga, vamos. –me jalo hasta la cama, rozando todo su cuerpo en mi torso desnudo. Yo me aleje esta vez con fuerza.
-¡que no, joder! –agarre mi camiseta y me la coloque rápidamente, después por encima mi cazadora negra.
-algún día vendrás. Seguro. Esa niña tuya no te complace en nada. –bufé, y Salí de la habitación. Esa mujer no tenía ni idea de lo que decía.
No se como pude; ahora me siento fatal. Salí de aquel local y agarre mi moto dirigiéndome hasta casa. Al llegar, acostarme en la cama, y mandarle un mensaje: “te quiero, solo a ti.” Y a enviar.


8 de la mañana. Domingo. ¿Qué haré hoy? Me aburrí tan solo en pensarlo. Estoy castigada.
Agarre mi móvil, y me di cuenta de que había ese buzón con un mensaje nuevo, sin abrir. Me alegré, al ver su número de móvil. “te quiero, solo a ti.” Qué hermoso. Esas simples palabras me llegaron al corazón. Al menos me han alegrado el rato.
-cariño, alístate. Me acompañaras a comprar. –mi madre. Asentí, y me aliste. Baje junto a mi madre, y subimos al mercedes familiar.— quería hablar contigo algunas cuantas cosas.
-¿Qué sucede? –mientras conducía parecía normal. Yo la miraba intrigada.
-cariño, nuestro castigo es por tu bien. No consideramos verte junto a ese chico, rebelde, sin clase…
-mamá, pero yo le quiero. No se porqué me impedís estar a su lado.
-imagínate que te sucede algún accidente, o te deja con el corazón roto. Es una verdadera barbaridad… -puse los ojos en blancos, y apoye la cabeza en el respaldo de la silla.
-mamá. Lo quiero. Por favor, no me hagáis esto… -dije ahora mirándola. Ella sonrió, y me acarició la mejilla. Yo sonreí.
-hablaré con tu padre. –sonreí aun mas y le di un abrazo. Me sentía, feliz. Feliz, pienso que si, porque, supongo que de nuevo podre verle cuando quisiera.


Nos encontrábamos escogiendo ropa. Mi madre decidió que ya era hora de que compráramos, así que mientras ella escogía, mandé un mensaje: “ven al almacén del centro, por favor. Lo mas rápido que puedas.” Y lo envié. Ahora, solo faltaba tiempo, para que mi madre conociera verdaderamente a Joe Jonas. Mi Joe Jonas.
Estaba impaciente. ¿Cuándo llegaría¿ ¿tardaría mas? ¿Por qué me desespero? Me empiezo a morder las uñas; es una costumbre mía de cuando estoy nerviosa, aunque después, me parezca molesto. Cuando ya me he probado todas las prendas que faltaba, mi madre se dirigía a la caja, pero antes, se detuvo a ver una blusa para mí; por suerte. Unos grandes rulos aparecieron de repente entre la multitud. Yo sonreí al verlo correr en medio de una tienda de ropa.
-estoy aquí. ¿Qué pasa? –sonreí. ¿De verdad vino tan deprisa?
-tranquilo. –le susurre. El sonrió, tranquilo y me agarro la nuca para darme un beso.
Me escondió, entre las chaquetas, y seguimos el beso a escondidas; no tan a escondidas, pero al menos sí de mi madre. Algunas personas pasaban y nos miraban asombradas, otras, sonreían. Yo me dedicaba a besar esos labios que parecen mi agua bendita en medio del desierto.
-detente. –le susurre cerca de los labios. El volvió a besarme lentamente.— mi madre esta a dos metros de nosotros. –le dije. Entonces, se separó en menos de un segundo, y estuvo con una postura decente: el pecho fuera, la barbilla en alto, y los brazos hacia atrás. Sonreía al verlo.
-¿de verdad está tu madre aquí? –me pregunto nervioso. Asentí con la cabeza. Lo agarre de la mano, y ahora se relajó.— ¿no me estarás tomando el pelo, no?
-claro que no. Si te presento, y le agradas, me quitará el castigo. –Ahora lo miré de manera sexy a los ojos.— y podemos estar mas a solas.
-entonces vamos de inmediato hasta tu madre. –me reí, y caminamos entre la multitud.
Mamá se encontraba mirando una blusa, seria, y de color beis. Me volteó a ver, y me sonrió. No se había percatado de que tenía a Joe sujeto de la mano. Se acercó hasta mí, y me enseñó la blusa.
-¿Qué te parece? ¿Muy guapa, no? –al alzar de nuevo la vista, se encontró con ese chico. Alto, de cabello ondulado, cazadora negra de cuero, converses, pantalones descuidados… su rostro pareció sorprenderse.
-a mi me parece perfecta, le quedaría muy bien a _______. –habló Joe refiriéndose a la blusa. Yo lo miré, entonces de nuevo a mi madre, y ella estaba aun seria.
-mamá, él es Joe, Joe Jonas. El chico con quien salgo. –Joe le sonrió, y mi madre dibujo una sonrisa también.
-entonces, Hola, Joe. Encantada de conocerte. –él le tendió la mano y jaló a mi madre suavemente para darle un beso en la mejilla. Yo sonreí. Al separarse, mi madre quedó sonriendo.— no sabía que eras tan educado.
-vengo de una familia educada, mi hermano es la persona mas educada que pueda conocer. Quiero decirle, que si me permite, puedo seguir saliendo con su hija. –mi madre sonrió de nuevo.
-esta bien, Joe, pero tráela a casa a las once. Que os divirtáis. –me lanzó un beso y Joe me jalo del brazo, llevándome con él, a saber donde…
Íbamos en su moto. Divertidos, acariciándonos, besándonos en los semáforos en rojo, y sin ellos, hablando en alto para que el otro escuchara a el otro. Me hundía en su ancha y perfecta espalda. Me encantaba tocarlo, era hermoso. A veces tocaba su suave cabello, y suave como el, enredaba mis dedos en ellos. Precioso.
-hemos llegado. –bajamos de la moto, y no me gustó para nada el lugar en donde llegamos. Todas las calles estaban mal formadas, y parecía casa de gente vagabunda. Me asuste un poco.
-¿Qué es este sitio? –las paredes rotas, gente como la que vi en la carrera de motos… me ponía los pelos de punta.
-tengo a un amigo aquí, además, quiero hacerte una propuesta. –me sonrió, y me agarre fuertemente de su brazo. El me acarició el cabello.— vamos ______, ¡no pasará nada!
-Joe, ¡estos sitios no me gustan! Además mira… las botellas de cerveza parecen ocupar el lugar de los árboles que no hay. –caminaba cuidadosamente.
-¡he, hola Capter! –saludó a un chico de cabeza rapada, alto, musculoso, y guapísimo. Por un momento me sentí bien.
-¡hey, Joe! ¿Qué? ¿La has traído, no?
-si señor, aquí está. –me agarro con una mano y di un paso por delante de el. El chico me sonrió. De nuevo, digo que estaba guapísimo.
-perfecto. Pasamos dentro y elegís, ¿está bien?
-genial. –entramos y entonces me di cuenta de qué era este sitio. Miré fusilando con la mirada a Joe. El me sonrió.
-¡no te he dicho que me quería hacer un tatuaje! –Joe volvió a sonreír. Yo me crucé de brazos y me hice la enfadada. El me abrazó.
-venga, cariño. ¡Solo uno! Te verás hermosa con que tan solo lleves uno. De verdad. –lo miré, y le sonreí.
-¿de verdad, de verdad?
-claro. –me agarro la nuca y me beso lentamente. Me hubiera gustado seguir con el beso, pero Capter nos interrumpió.
-en fin, ¿Qué es lo que quieres?
-aún no me he decidido. –agarre un libro donde habían cientos de dibujos. Feos, pijos, animados, extravagantes, sencillos… pero ninguno me llamaba la atención.— no se cual escoger. –le susurre a Joe. El pasó la página ayudándome a buscar.
-escoge el que quieras, total, va a estar bien en tu cuerpo. –me sonrojé y le sonreí irónicamente. Joe sacó un cigarro, y lo encendió. Se lo tiré de inmediato.— ¡hey!
-de “hey” nada. ¡No me gusta que fumes! –le reñí. Capter pareció reír.
-pero necesito el tabaco…
-no. No cuando estás conmigo. –y volví hasta el libro. Aun no sabía cual escoger.
-chicos, ¿os falta mucho? –preguntó Capter.
-no, espera. –Joe se acercó a mí, y se puso delante. Desnudó su espalda, y me mostro un tatuaje que tenía detrás de su hombro derecho. Quise tocar ese torso desnudo. ¿Pero, que es lo que estoy pensando? ¡Yo no soy así!— ¿Qué tal te parece este?
-oh, dios… ¡ese es perfecto! Encima lo llevas tú. Ese, si. Me encanta. –Joe volvió a colocarse la camiseta y me sonrió, dándome un fuerte beso en los labios. Nos dirigimos hasta Capter.
-chaval, quiere el que tengo. –le avisó Joe.
-¿original, eh? –asentí con la cabeza y le sonreí. Capter me agarro de la mano. Me sentí bien.— entonces a la camilla. –le sonreí a Joe, diciéndole adiós con las manos divertidamente y sujete la mano de Capter. Me acosté en la camilla, y hubo un error.
-aun no se donde me lo quiero hacer. –Capter sonrió, y yo le seguí el juego.
-¿Qué tal debajo del abdomen? –asentí de inmediato.
-perfecto. –bajé un poco mi faldilla, hasta llegar a un extremo donde pudiera hacerme el tatuaje, y me alcé la blusa.
-no dolerá. –me aseguró. Asentí con la cabeza, y sonreí nerviosa.
-oye: ¿vosotros limpiáis las agujas? Quiero decir, que si las desinfectáis.
-claro, si quieres, lo hago delante de tus ojos. –agarró la aguja nueva y la metió el alcohol, donde estuvo un rato y luego la limpió. Me sentí un poco mas tranquila. Entonces, se dirigió hasta mi parte baja de la cadera; la máquina empezó a sonar.
-oh dios… -susurre apretando los dientes. Sentí las frías manos de Capter en mi abdomen, sujetándome, y pinchándome con esa máquina. El se equivocaba; a mi me ha dolido.
Mientras dibujaba el corazón con alas, atravesándole una espada por el medio, cerraba los ojos, intentando contener las lágrimas, y apretando los dientes, pero satisfecha, porque sería una marca que solo Joe y yo tendríamos para siempre.
Salí de la sala de tatoo y antes me pusieron la gaza y salí corriendo hasta donde Joe. El estaba mirando una revista, yo sonreí al igual que el.
-¡mira! ¡Igual a tuyo! –dije tontamente. Alcé mi blusa, y se lo enseñé. El me acarició el vientre, intentando tocarlo.
-hermoso. –me alagó. Aunque estuviera aun hinchado y rojo, le gustaba de verdad. Siguió tocándome el abdomen, contemplándolo.— no me puedo creer que te lo hayas echo de verdad.
-pero, ¿te gusta, no? –pregunte emotiva. El se levantó y me regaló un tierno beso.
-me encanta. Ahora vamos, tienes que enseñárselo a Erica. –subimos a la moto, y nos dirigimos hasta esa plaza donde todos sus amigos se centran. Estaba contenta por mi logro. Me había echo un tatuaje, y para él, solo para el.





Baje emocionada de la moto y me senté al lado de Erica al ver que Polo se levantaba para hablar con Joe. Ella me sonrió saludándome.
-¡he hecho una cosa que si lo hubiera dicho antes no me lo creería! –le dije.
-¿Qué cosa? –pregunto ella curiosamente.
-¡un tatuaje! –le mostré de inmediato, alzando mi blusa, y destapando la gaza.
-¡no! ¡Yo también lo quiero! –Exclamó Erica.— ¡esta hermoso! ¡Y se parece al de Joe!
-es el mismo que el de Joe. –Lo acaricié intentando no hacerme daño.— me encanta.
-¡eres bestial! Te envidio. Me encanta el tatuaje. –yo reí alagada, y ella seguía contemplándolo.
-me ha costado, pero me lo he hecho. –reímos al a vez, mientras hablábamos, susurrábamos, reíamos sobre chismes, contemplábamos a los chicos, que se divertían hablando entre ellos, y bebiendo cerveza. De repente, la rubia estú•pida de acerca a nosotras.
-¿esto es tuyo? –alcé la vista. Miré a Erica sorprendida, y miré de nuevo a la rubia. Llevaba mi pañuelo francés; el que me había quitado Joe ya hace tiempo.
-¿De donde lo has cogido? –pregunté molesta. Ella lo enseñaba sonriente. Se lo arranque de las manos bruscamente. Su amiga me miraba asesinándome con esa mirada.
-lo dejó Joe la otra noche en mi casa. ¿Qué creías? ¿Qué estabais juntos? –mis ojos se aguaron, y baje la mirada un poco mal. Erica habló.
-eres una cerda. Lárgate de aquí. –me defendía mi amiga.
-¿Qué pasa? ¿La niña se va a poner a llorar? –se burló la rubia. Me enfurecí esta vez, y me levante mirándola a la cara.
-Joe y yo estamos juntos. –le aseguré retándola con la mirada. Ella echó a reír en mi cara.
-aléjate de mi. –me dijo asquerosamente.
-mucho mejor: me voy.
Y al darme la vuelta, me agarro de detrás del cabello e hizo que callera al suelo. Me dio un puñetazo en la espalda, y yo me giré para defenderme, pero ella era más hábil y me dio una cachetada. Me agarró de nuevo del cabello, y me dio con la rodilla en el abdomen, me lastimo el tatuaje. Yo me enfurecía, e hice que se callera esta vez al suelo, después, sin capacitar, empecé a darle patadas, fuertes, enojada, llorando del dolor, agarrándole el cabello, y dándole de nuevo patadas. Fuertes, lo más que podía.




Polo y yo jugábamos a un pulso con las manos. Siempre le ganaba, pero el insistía en que quería. Mientras reíamos, de su derrota, escuchamos gritos de chicas, al principio no me importó, pero, hasta que me llamarón nerviosos, me alerté demasiado.
-¡eh, eh, eh! ¡Joe! –Polo me gritó. Me señaló hacia detrás de mi, y me giré rápidamente. _____ Y Camilla se estaban peleando.
-¡eh, parad! –corrí hasta donde ellas, y vi que ______ ganaba. Estaba dándole enfurecida patadas a Camilla como loca. La agarre por debajo de los brazos, y la separé lo mas pronto posible de ahí. Ella seguía dando patadas en el aire.
-¡esta loca! ¡Es una estú•pida! ¡Imbécil! –gritaba _____. Estaba realmente enfadada.
-calma, ya esta… -le susurre en la oreja. Estaba ardiendo.
Me la lleve hasta las escaleras, y me senté detrás de ella, intentando calmarla. Ella aún respiraba agitadamente. Sostenía el pañuelo que le quité la otra noche, joder… ¡esto me pasa por traerla a mis sitios! De repente, escucho un sollozo. ¿Qué coño pasa ahora? ¿Qué hago si una mujer llora? ¿Qué debo decirle…? ¿Cómo debo tratarla?
-pequeña, ¿Qué ocurre? –pregunté susurrándole. Ella tapó su cara con mi pecho.
-yo no quise pegarle de esa manera, Joe… fue un impulso… ella me pegó primero, luego me lastimo el tatuaje y no pude hacer nada mas… me siento culpable…yo no soy así -miré hasta donde estaba Camilla, que se veían lo suficientemente lejos y ella estaba de pie, observándonos malhechoramente. Yo volví hasta donde _____, que seguía llorando.
-vamos, no llores mas. –le acaricié el cabello, y ella se iba calmando poco a poco.
-creo que lloro es por la adrenalina que llevo aun dentro. –entonces, escuche una risita. Por fin. Alivio…
-eres única. –le susurre y le bese la mejilla.
-¿porqué tenia ella el pañuelo? –me preguntó colocándomelo en toda la cara.
-no lo se. Me lo habrá robado… -y no recuerdo cómo. Supongo que el día de la fiesta, que había mucha gente.
-¿de verdad? –parecía convencida, pero siempre quería una nueva respuesta. Una voz delicada, débil, suave, que necesita que la protejan.
-te lo juro.
-¿y de verdad me juras que no estuviste con ella? –ahora esto lo dijo forzadamente.
-para mi solo existes tu, y nadie mas. –le sonreí, y nos dimos un beso en los labios.— ¿me lo devuelves?
-solo si no lo pierdes. –volví a darle un beso en los labios, dulce, lento, y le robé de nuevo el pañuelo.
-si que pegas fuerte, ¿eh? –sonreí, y me abrazó. Hundí mi rostro en su oloroso y suave cabello, y respiré ahí. Respirándola a ella. La bese de nuevo.

+ ¿Y qué mas hay que decir?


FM 107.3 Radio Caos. All you need is love.+


-me siento tan unida a ti… o sea, te veo y siento morir, siento mi mundo dar vueltas, siento… todo lo lindo que puede haber en el. Te quiero… -sentí aun su abrazo a mí al acabar de decir aquellas palabras. Nos unimos con otro beso, y una caricia a mi tatuaje.
-¿no me estarás mintiendo, verdad, señorita? –preguntó bromeando.
-estoy diciendo toda la mera verdad. –un abrazo más fuerte. Lo quería, casi lo amaba.
-entonces, digo lo mismo que has dicho antes. –sonreí. Se que no podía decir algo tan mío, así que resigno a repetirlo.



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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 1:02 am

Llegamos a mi portal, y bajamos de la moto como de costumbre. Y como de costumbre, nos besamos hasta que no sentíamos los labios. Era increíble, lo quería demasiado, y puede que se ganara el puesto de poder ser el primero. Me separé de él con dificultad, y entre en la portería. Mientras caminaba, me encontré con la amiga de mi madre, y su hijo, acabado de llegar de Nueva York. Les sonreí, y el chico hizo lo mismo conmigo. Era guapo, pero no más que Joe. Seguí, caminando, efusivamente tocando delicadamente mi tatuaje, y entré en casa. Ningún riño me llegó, así que estuve tranquila. Me senté en el sofá, junto a mi madre, ella me sonreía, y yo a ella. Este día, ha sido por completo, genial.




Toc. Toc. Un ruido me despertó, despistándome de mi profundo sueño, y haciendo que me perdiera de donde me encontraba metida. Miré alrededor de mi habitación, y no había nada. De nuevo el ruido. Ahora, miré hacia la ventana, y él se encontraba ahí, sonriéndome y saludándome con la mano. Me quedé perpleja y le abrí enseguida. Me asustaba la manera en la que se encontraba ahí.
-pero, ¿estas loco? ¿Qué hacías ahí? ¿Cómo subiste? –aun estaba realmente dormida. La cabeza no me reaccionaba, y me sentía aun débil.
-tranquila. –me dio un beso y entró por completo.— venga, vámonos.
-pero, ¿A dónde? –estaba aun perpleja. Miré el reloj, y era la 01.35 de la mañana.— Joe, estás loco si piensas que voy a salir. –le decía susurrando extremadamente.
-¡venga! No seas así. Nos vamos. –me agarró de las manos e hizo que fuera a bajar por la ventana, pero me negué.
-déjame al menos ponerme algo. –le dije.
Me cambie en el cuarto de baño, y salí, agarrada a su mano, mientras escalaba por primera vez en mi vida, un piso de 4 plantas. Con la ayuda de Joe no me costó mucho, el me ayudaba a bajar, musculoso y fuerte, me sentía protegida. Encendió su moto, y yo me congelaba del frío.
-¿A dónde me llevas? –pregunte tiritando. El me sonrió.
-es una sorpresa. ¿Quieres mi chaqueta? Veo que tienes mucho frío. –asentí con la cabeza y el me sonrió divertidamente. Me la coloque, y me agarre de su torso.
-¿Cómo es que tu no tienes? –pregunte tiritando aún.
-luego te enseñaré mi truco para tener una temperatura adecuada, ahora, vámonos.

Arrancaba su moto libre por esas calles oscuras y solitarias. De vez en cuando algún borracho por ahí, o de ese que andan siempre por la calle. Bajamos en una especie de jardín, escondió la moto, y pasamos una especie de matorrales. Me tocó agacharme y todo eso, arrastrarme por la hierva, y pasando una valla que ponía “prohibido el paso.” Mi primer delito.
-venga, pequeña. ¡Date prisa! –me arrastre por ultima vez por ese suelo, y por fin pude ver todo mas claro. La piscina municipal. Me quedé asombrada, y me agarre de la mano de Joe mientras el me ayudaba a entrar. Dentro se oían gritos y risas.
-¡he! ¡Estamos aquí! –gritó Joe a Polo y Erika, que se encontraban bañándose en la piscina libremente.
-¡oh no! ¡He perdido la apuesta! ¡Pensé que no ibas a venir! –dijo Erika. Me quede asombrada aún del lugar en donde estábamos.
-adelante, quítate la ropa. –me apresuró Joe. El ya tenía la camisa abajo, y me quede tirando baba sobre su cuerpo. Era benditamente perfecto.
-pero… no me he traído bañador. –dije aun temblando del frío. Él me agarró, e hizo ademán de tirarme a la piscina.
-entonces te tiras con ropa y todo.
-¡no! –grité y él se detuvo.— me quitaré la ropa. Tu… espérame dentro. –me dio un beso en los labios y se termino de quitar los zapatos y pantalones para entrar en el agua. Había mucho licor, me fijé por las botellas del suelo.
Me quité su chaqueta, seguido de mi vestido y mis zapatillas. Me quede en ropa interior, y cuando estaba entrando, dudando sobre el agua, alcé la vista. Joe me contemplaba fijamente, serio, con curiosidad. Entré de inmediato el agua, hasta que me quedara hasta el cuello. Miraba fijamente mi cuerpo.
-¡pensé que no ibas a venir! –me habló ahora Erika. Me acerque a ella, y sonreí.
-pues como ves, he venido. –ella me dio un abrazo.
-oh dios, no sabes… -se acercó a mi, y me susurró algo al oído—: lo hemos hecho aquí.
-¿aquí? –pregunte asombrada.
-¡si! –esperé un momento, y después, estallamos entre risas. Me hundió la cabeza, y me moje por completo. Salí del agua, y nos dirigimos hasta donde estaban los chicos. Joe no dudo en acercarse de inmediato a mí.
-¿Qué tal? ¿Te ha gustado? –me preguntó sonriente. Yo sonreí también abiertamente y suspiré.
-digamos que si, por no decir que tengo demasiado frío. –sonrió, y se acerco a mi, besándome provocativo, sensual, apasionado, únicamente sus besos pueden ser así.
Agarré su mejilla, y hundí más sus labios en los míos. El acariciaba mi espalda, mi cadera, mis nalgas. Me dejaba, entonces, para despistarlo un poco, me separé. Sonriéndole.
-¿Cuál es ese truco tuyo que hace desaparecer el frío? –se separó de mi, y luego se acercó con una botella en la mano. Yo lo miré desconcertada.
-bebe un trago. –me pidió. Yo lo miré fijamente.
-¿Qué es?
-bebe. Entrarás en calor. –dudé en cogerla, entonces, ¿para que oponerme? Agarre débilmente la botella y le di un trago, pero ese trago se fue mucho mas allá de “un pequeño trago”. No puede controlar la medida, y me la empujé toda sin querer. Tragué, y entonces supe lo que era.
-¡whisky! –exclamé sacando la lengua de vez en cuando. Me quemaba toda la garganta.
-eficaz. –dijo bromeando. Bebió un trago, y luego me la paso de nuevo. Yo le acepte, y bebí otra vez, y era verdad: entras en calor.
Nos dirigimos hasta el centro de la piscina, besándonos, acariciándonos… dábamos vueltas sobre un mismo círculo, sin perdernos. Yo me sujetaba con los pies de su cadera y el me agarraba las mías, mientras me dejaba caer en el agua, y me daba vueltas. Era genial, maravilloso, esplendido. Mientras nos besábamos, bajamos suaves vueltas, y nos mirábamos a los ojos atrevidamente, al menos eso intentaba hacer yo. Mientras lo miraba de esa manera, el se acercaba veloz y me besaba con ansias. Besándonos, bajábamos a la superficie y nos acariciábamos sin cesar. Joe: tu cuerpo me fascina. Y creo que el “fascina” es una palabra muy grande. Me encanta, me vuelve loca…
Me dirigí hasta la orilla, contenta, y salí a la superficie, feliz de tenerlo a mi lado. Apoyé mi barbilla entre mis manos, y mire efusiva la luna. Unas manos fuertes se aferraron a mi cadera, y sentí a Joe pegado a mi espalda.
-¿Cuándo se van tus padres? –es verdad. Mis padres se iban de viaje durante una semana. Tendría la libertad de hacer de todo, o al menos eso creo en el maravilloso paraíso de mi mente.
-el viernes. Pero no te hagas ilusiones, no podré sacar ni la nariz de casa. –me besó el cuello, y luego la mejilla. Yo cerraba los ojos complacida.
-¿porque no lo hacemos aquí? –sonreí, y lo miré.
-¿aquí? Estás loco. –y me hundí suavemente por debajo de él, rozando su fabuloso abdomen, y sonriendo bajo el agua.


+ ¿Sabéis a que cosa se le dedican más canciones? Exacto hermanitos al amor.
Bonito, sucio, triste,alegre, fuerte, débil, sexy, casto, porno, violento, soñado, esperado,
violado, antiguo, moderno...


FM 107,3 Radio caos Love is all you need.+
#.
Desperté, un poco cansada, creo que demasiado. Aún recuerdo la noche pasada. Piscina, alcohol, risas, juegos, besos, caricias… sí. Ha sido real. Pensé mientras me tocaba mi cabello aún húmedo. Desperté, y me aliste, como siempre, para poder ir al instituto. Cuando bajé, no me encontré a mi padre, así que me extrañó demasiado; quizás mamá había hablado ya con él… puede que fuera así. En fin, seguí caminando, mientras llegaba al instituto. No paraba de sonreír. Era realmente feliz junto a Joe, pero, notaba que me faltaba algo… y quizás eso cueste en conseguirlo.
-¿Qué te pareció la velada anterior? –me preguntó emocionada Erika al verme llegar. Yo le sonreí entusiasmada.
-¡fabulosa! ¡Nunca había echo cosas así! –le solté & echamos a reír juntas.
-¿no te has dado cuenta que desde que estas con Joe, haces cosas mas atrevidas? Quiero decir, quebrantar las reglas, hacer locuras, pelearte, ¡hacerte tatuajes! –me quedé en silencio. Es verdad. He cometido muchas locuras. No soy así.
-puede que si., Erika, & me siento bien. –y sonreí.


Hubo examen sorpresa, y no me fue nada mal. Solo porque pensaba que Joe vendría a por mi al acabar esto. Salí corriendo al final de clases, y me lo encontré ahí, apoyado en su moto, fumando un cigarro. Le sonreí. Él, al verme, se sorprendió, y tiró el cigarro intentando esconderlo, e intentar convencerme de que ahora no fuma. Pero lo he pillado. Sonreí aun mas, y me acerque a él para darle un dulce beso en los labios. Joe me sujetó de la cintura, sonriéndome.
-¿me parece eso lo que estoy oliendo? -pregunté refiriéndome al tabaco.
-fue el tabaco quien vino a mí. –sacudí la cabeza sonriéndole, y lo abracé.
-si te lo pido es porque me preocupa tu salud. No me gusta que fumes. –me quejé. Él volvió a darme un beso.
-está bien, lo dejaré por ti. –y me sonrió.
Fuimos en su moto a la cafetería que estaba al lado del mar. Era muy guapa, y podíamos contemplar toda la playa. Tomábamos batidos de vainilla, mientras nos observábamos ligeramente a los ojos. Provocándonos. Resistiendo a la tentación de no ponernos a besar como locos en este lugar público. Y por casi lo olvido; tengo que darle mi pequeña sorpresa. Hoy cumplimos tres meses. El tiempo pasa demasiado deprisa, y no quiero que pase así cuando estoy a su lado. Dejé mi batido, y rebusqué entre mi bolso. Saqué un paquete envuelto en papel de regalo plateado, con un lazo lila, y se lo entregué sonriéndole. Él desnudó aquella alineada dentadura, regalándome una dulce sonrisa.
-¿para mi? –pregunto bromista. Entonces se lo retiré de las manos.
-no. Es para aquel tipo de allí. –Joe sonrió, y volví a dárselo en las manos. Lo abrió, delicadamente, y sonreía sin parar.
-¡joder, cariño! ¡Que pasada! –sujeto entre sus manos la cadena de plata con nuestra inicial colgando.— es una pasada, de verdad.
-parece que te ha gustado. –Dije sonriéndole.— es nuestra inicial, Joe & ______. Para que siempre que la mires, te acuerdes de mí, y de nosotros. –se alzó por encima de la mesa y me regaló un beso con sabor a vainilla. Yo le respondí.
-tienes que ponérmela tu, ¿no? –Se acercó a mi sujetándola delicadamente entre las manos.— vaya rollo, en teoría tendría que ponerte una yo a ti.
-no te preocupes. Me gusta así. –le acaricié el cabello ondulado, y le bese la nuca mientras se la ponía. Se giró, mirándome con esos ojos grandes y verdosos, y presumiendo del collar.
-¿Qué tal me queda? ¿Me veo más guapo ahora? –sacó pecho y alzó la barbilla colocando forma de capitán. Yo reía de su gracia.
-no señor, creo que necesita algo mas para poder verse mas guapo. –me acerqué a el, y lo bese en los labios.— a mi.
-oh, es verdad. Lo olvidaba. –y mientras terminaba de hablar, me besaba de nuevo lentamente en los labios. No nos importaba de todas maneras las personas, solo quería estar besándolo, todo el tiempo, y enredando mis dedos en ese suave cabello.
Él me abrazaba, fuerte contra su cuerpo, y me acariciaba el cabello, la espalda… pero, de repente, un fuerte empujón, echó a Joe hacia un lado, dejándome con el beso en el aire, y haciendo que abriera los ojos como platos. Joe se encontraba en el suelo, y un tipo le había empujado. Me quedé aterrada.
-¿te atreves a volver por aquí? –le preguntó el tipo a Joe. Enojado. Era muy grande. Joe no contestaba, yo tenía ganas de gritar e huir junto a él.— ¿no te acuerdas de lo que me dijiste? ¿Eh? ¡Cabrón! –se acercó a Joe y le dio una cachetada. Joe lo empujó con fuerza. La vena de su cuello se hinchó instantáneamente.
-¿y tu? ¿Cómo te atreves a molestarme? –Lo empujó de nuevo.— ¡creo que dejamos todo claro! –le gritó Joe. Las personas se aterraban, e iban saliendo del local. Yo no sabía que hacer, así que agarre a Joe del brazo y lo jalo hacia la salida.
-vámonos, por favor, por favor, vámonos, te lo pido… -tenía mucho miedo.
Me dio un beso en la frente, y salimos. Pero lo empujaron de nuevo al cabo de un momento, y Joe no resistió más. Se soltó de mí, y salió detrás de aquel tipo. Se pegaban, se tiraban, se gritaban… yo lloraba al ver aquella escena de violencia. Joe también resultó herido.
-bambina. –me llamó una mujer. Me giré, y me dio una fuerte cachetada en la mejilla. Me quede sorprendida.
-¿Qué te pasa? –le pregunté con apenas aliento. Estaba mal por estar llorando por Joe, y no pude articular mejor palabra.
-no vuelvas por aquí. Ni te acerques a Joe. ¿Entendiste? –era alta y un poco mas mayor que yo.
-¿y quien eres tu para…? –y me dio otra fuerte bofetada. Esta vez lloré en silencio.
-¡¿entendido?! –me gritó. Me quede en silencio, y se alejó de mi.— pu•ta… -me susurro al marcharse.
Lloré, y miré hacia atrás. Joe le pegaba con furia a aquel hombre, y los acompañantes del hombre contemplaban. Supongo que no se pueden meter en esas peleas. Salí corriendo de ese sitio. No pude pensar en Joe, no pude pensar en las consecuencias, simplemente escapaba de la realidad, de aquel mundo donde no pertenezco, donde no puedo hacer nada que pueda congeniar conmigo. Un mundo donde resulto perdida.
Agarré el autobús, y me dejó al frente de casa. Subí, y me fui directo a mi habitación.
No puedo… esto me mata. No quiero verlo pelear cada dos por tres, cada vez que se encuentra con alguno de esos bandidos, cada vez que salimos juntos… lloré. Lloré, y lloré hasta quedarme dormida. Ni siquiera me quite los zapatos, mi me solté el cabello, ni me lave la cara.

Mi móvil vibrada. Desperté, con la vista un poco borrosa; tenía los ojos hinchados. El móvil dejo de vibrar, y miré la pantalla.
3 chiamate senza risposta, Joseph.
Deje el móvil en la mesa, y me dirigí hasta el baño para lavarme la cara. de nuevo empezó a vibrar, pero lo deje pasar. Otra vez. Y otra. Y otra, y otra vez… hasta que a la décima vez, lo agarré, silenciosa, y temerosa de qué me fuera a decir.
-¡hey! ¿Estas ahí?
-si… -dije débilmente. Joe suspiró.
-perdóname, te pido que me perdones, por favor. No quiero que te lleves una mala imagen de mí. Te pido mil disculpas. –y seguía ahí, contándome, y pidiendo perdón. Yo solo escuchaba, con el corazón encogido, y las manos temblorosas. Me da algo, al verlo pelear de esa manera.— ... y por eso me empujó de esa manera. Lo siento…
-Joe. No tengo nada que perdonar… -me quedé en silencio, y volvi a hablar.— simplemente, te he dicho: odio la violencia. Odio verte así, odio cómo os tratáis.
-te juro que nunca volveras a ver eso. Te lo prometo. Por lo que mas quieras. –intenté sonreir, pero no pude.
-quiero que cambies. –le pedí con el corazón, abierto, hacia el.
-vale. Cambiaré. –me soltó.
-por dios, si me has dicho eso la ultima vez y hoy ha vuelto a pasar.
-cambiaré por tí. -musitó suavemente por el móvil.
-¿me lo juras?
-te lo juro. –y sonreí por fin.


+Quien bien te quiere, te hará llorar.

Fm 107.3 Radio Caos. Dichos, que nunca fallan+
#.
Salida del instituto. Lluvia. Carreras, y tan solo una moto detenida, sin importar si se moja, con su conductor apoyado en el. Joe. Me detuve en seco, y lo contemplé por un instante. ¿Qué hace debajo de la lluvia? Me sonríe. Me estremezco. Pero quiero hacerle saber que odio la manera en la que vive, y que despierte, porque odio estar preocupándome a cada segundo si no nos persiguen. Abrí el paraguas y Salí dirección a la parada de autobuses. No quería irme con él... Si, esta bien. Deseaba irme con él, pero que sepa que estoy molesta.
-¡he! Te he esperado a ti. –sentí su voz detrás de mí. Seguí caminando, hasta llegar a la parada. Él me abrazó así, todo empapado.
-¡Joe! ¡No! ¡No me abraces, estás todo mojado! –me quejaba. Él seguía abrazándome mientras sonreía.
-no te soltaré hasta que me des un beso. –yo seguía forcejeando.
-ni lo sueñes. –refunfuñé. Él me apretó mas.— ¡ah! ¡Suéltame, retrasado! –seguía abrazándome. Estaba helado, hacía frío, y él estaba mojado.— ¡Joe te lo pido!
-dame mi beso. –me quedé en silencio contemplándolo. Entonces, me acerqué, y le di un pequeño beso.— ¿solo eso? ¿Acaso no me conoces bien aún?
-¿acaso no te acuerdas que estoy molesta contigo? –sonrió, de manera maliciosa, y agarro mi barbilla, besándome lentamente, pero yo sin responderle. Mi corazón se aceleraba.
-bésame, venga, lo espero. –miré esos labios rojizos & mojados a causa de la lluvia. Me quedé con los labios cerrados; pero cerré poco a poco los ojos, y le seguí el beso, besándolo, con amor, pasión… necesidad.
Me colgué de su cuello, y él me apretó hacia su torso de la cintura. Beso fantástico. No quería separarme, no quería, lo necesitaba. Lo quiero. Lo quiero solo para mi. Pero, Joe, ¿Qué me has hecho? ¿Por qué quiero decir esta frase? ¿Qué me pasa? ¿Por qué de ti? ¿Por qué? ¿Por qué? Pero, es imposible. Joe: Ti Amo.








-estoy mojada. Verás como mi madre me echa la bronca. –la lluvia seguía, pero ahora estaba escampando. Bajé de su moto, y escurrí un poco la falda de mi uniforme. Estábamos empapados. Solo a nosotros se nos ocurre correr en la moto con lluvia.
-no te quejes, anda. –me ayudó a bajar y me entregó la mochila. También mojada.
-tienes suerte de que deje los libros en la taquilla. Porque sino: te mataría.
-pues si, tengo mucha suerte. –me di cuenta, de que Joe me miraba los pechos, ya que mi camiseta del uniforme era blanca, como otra cualquiera, y se me notaba toda la ropa interior. Me tapé con el brazo, rápidamente, y le di un golpe en el brazo.
-¡ahora sé a que te referías con lo de tu suerte! –le reñí, queriéndome reír, pero me aguanté. Él reía.
-amor, pero, si llevamos mucho juntos. Soy hombre, ¿no?
-eso no es excusa. –me quedé seria, y Joe me acercó a él, dándome un beso en la mejilla.
-¿entonces seria excusa que te comentara lo necesitado que estoy? -me sonrojé, desviando mi mirada.
-deja de incordiarme con ese tema. -mi voz sonó como si escupiera aquellas palabras. una risilla divertida se escucho debajo de la lluvia.
-esta bien. bajó la mirada, hasta mi cadera.- ¿Cómo está tu pequeño tatuaje? Digamos, que también es mío. –sonreí maliciosamente y me separé, mirándolo fijamente a los ojos.
-aun no es tuyo. Sabes que tienes que ser el indicado. –y lo eres, POR DIOS, LO ERES! Pero, no quiero, o no puedo, no lo sé. No lo sé; y odio no saberlo.
-debería. –Me acercó de nuevo hacia él, sonriéndome.— muéstramelo. Quiero verlo... –sonreí y alcé mi camiseta, enseñándoselo. Él lo acarició, mirándome luego a los ojos.— eres valiente al hacértelo. Dime, y sé sincera.
-¿Qué cosa? –estaba serio, por primera vez en todo el tiempo que estábamos juntos, estaba serio mientras hablábamos así.
-¿Crees que tenga posibilidades de ser el indicado para tí, segun tú? –sonreí, sonreí a lo grande. Y lo abrace, con todas las ganas que tenía, y con toda la fuerza que podía.
-te quiero mas que a nada. –le susurré en el oído.
-hey, ¡no te he preguntado si me quieres! -se quejó. Yo sonreí, mirandolo inocentemente, entonces, soltó un bufido divertido & me separó la cara, sonriéndome, y me beso emocionado.- entra en casa, te llamaré después. –asentí con la cabeza y le di otro beso de despedida, de esos largos, que tanto le gustan a él.
Entré en casa, digiriéndome de inmediato hacia el baño y cambiándome de ropa. Cuando hube echo todo lo necesario, después de cuatro horas, mi móvil sonó, y lo agarré rápidamente. Esperaba con ansias escuchar su voz. Joe sonreía detrás de la línea.
-eh, ¿ya te has secado? –preguntó. Había mucho ruido, al parecer estaba con sus amigos.
-si, lo he hecho. Y tú también deberías de hacerlo.
-¿Cómo sabes que no me he secado? –preguntó divertido.
-sé que no lo has hecho y punto.
-¿quieres hacerlo tú? -preguntó.- no me importaría que lo hicieras.
-creo que eres lo suficientemente racional como para secarte tu solo. ¿Estas con tus amigos?
-si. –de nuevo otra risa y mas ruido.— ¿quieres venir?
-no. –Respondí de inmediato.— Joe, dime una cosa: ¿has bebido?
-¿yo, yo beber? –y de nuevo risas. Me enfurecí un poco.— estas loca, yo no bebo.
-lo que pasa es que tu voz suena un poco distinta que antes…
-no he bebido. ¿Te llamo después? Adiós, ¡te quiero! –y colgó.
Me tumbe en la cama, preocupada, Joe, si te metes en problemas de nuevo, ¿Qué podre hacer? ¿Cómo podre dormir? No aguanto tu situación. Pero hay un dicho que dice, “si quieres a tu pareja, debes quererlo tal y como es, con defectos o no”, o algo así; y yo lo único que hago es criticar sus defectos de andar con esos gamberros. Intentaré, al menos, no querer cambiarlo tanto.




Salí a la sala, había mucho ruido, y me di cuenta de que había visita. Me aliste un poco, y salí a saludar. Era extraño que mamá no me hubiera avisado, pero salí, y vi a un grandioso y guapo hombre.
-¡cariño! Por fin despiertas, estuve haciéndolo todo el rato. –me dijo mi madre. Sonreí, y me acerque a ese par de personas sonrientes sentadas enfrente de mí.— te presento al hijo de Olli, ¿te acuerdas? Te hablé de él, te dije que venía de Nueva York.
-oh, si. –dije sonriente. – encantada. –y le di un beso en la mejilla, a él y a su madre. Ellos me sonreían.
-vaya, eres mas guapa en persona. –soltó el chico. Yo sonreí, sonrojada.
-gracias, y tu… bueno, no puedo decir lo mismo, pero eres muy agradable. –sonrió. Dios, era hermoso… ¡STOP! Basta de fantasías.
-cuéntame, _______, ¿Qué piensas hacer cuando termines los estudios?
-cinematografía. Me encanta el cine, y quiero hacerme un lugar importante en él.
-sorprendente. –Miró a su hijo, que me miraba encantado.— a Ian también le encanta el cine, el quiere ser actor.
-de echo, ya lo soy mamá. –se miraron y se rieron, yo también hice lo mismo.
-¿ya lo eres? ¿Cuántos años tienes? –sentí un pequeño toque de la mano de mi madre en mi hombro al acabar de preguntar eso. Yo la miré, como diciendo “¿Qué pasa?”.
-tengo 25, dentro de poco, 26. –me quede sorprendida. Dios, es muy mayor para su apariencia. Yo hubiera dicho que tenía mi edad…
-genial, mi edad preferida. –dije sonriéndole. Era muy guapo; no hay que negarlo.
Y así seguimos. Charlando y charlando y charlando, me olvidé de todo por completo, solo pensaba en hacerle reír, para verle esa esplendida sonrisa. Me encantaba, y me había conquistado en tan solo esa tarde, y la siguiente tarde, y la otra…


-¿y si quedamos mañana para tomarnos algo? Quiero decir, un café…
-genial. –contesté sin pensarlo. Ian, podría decir que eras mi distracción, mientras extrañaba a otra persona, la cual no me había llamado durante días.
No aguanté mas, ya era una semana. Y lo llamé. No me contestaron. Seguí llamando, y no me contestaba. Joe, ¿Dónde te habías metido?



narra Joe.

Nick tocaba la guitarra a mi lado, mientras que Kevin preparaba algún caldo para mi. Me encontraba fatal, la lluvia me había sentado mal. Así aprenderé a no mojarme cada vez que me de la gana. Kevin trajo el bol caliente, y lo deseé. Me estaba helando del frío.
-¿puedes dejar de tocar esa mal•dita guitarra de una vez? –le grité a Nick. Me palpitaba la cabeza, y no quería oír ningún ruido.
-hermano, sabes que lo hago para molestarte. –me contestó sonriente. Yo le tiré un cojín.
-¡ya me doy cuenta, gracias! –y me centre en tomarme aquel caldo tan apetecible.
-Joe, como vuelvas a dejarte en la lluvia de esa manera, te juro que no volveré a ser tu nana. Quiero descansar, y tu me lo has impedido durante una semana.
-tranquilo, Kevin. No tengo la culpa de ser tan débil a los resfriados. –Kevin se dejó caer en el sofá, mientras miraba la tele. Yo me tomaba todo el plato.
-hey, tu móvil suena. –me indicó Nick. ¿Suena? Me pareció no haberlo oído. Tengo tanto dolor de cabeza que no me entero a veces de las cosas. Kevin contestó.
-¿Quién es?, no soy Kevin, su hermano; esta enfermo, puedes venir a verlo; -negué con el dedo rápidamente. No quería que mis amigos revoltosos vinieran a joder•me.— oh, perdona, me acaba de decir que no; si, que no.; ok, le diré que lo llamaste.; ¿Que no le diga? ¿Por qué? –sonreí. Seguramente era Polo.— esta bien.; ¿Qué le diga que no se mejore? –Kevin me miró alucinado, mientras sacudía la cabeza y me hacía un montón de preguntas con señas.— vale, le diré.; ¡adiós!
-vaya… -susurro Nick divertido.
-¿Qué dijo Polo? –pregunte riendo.
-¿Polo? Pero si era una chica, diciendo que te quedes mejor en cama, que ella tampoco quiere verte. Y…
-¿¡Quién era!? –dije casi botando el caldo de mi boca, tapándome con la mano y limpiándome después.
-no se, una tal ______. –mie'rda. Mie'rda, mie'rda, mie'rda.
-¡lo has *******•do todo! –le tiré a él también un cojín.— ¿Cómo le has dicho eso? ¿Por qué no me lo dijiste?
-¡pues perdona, fabuloso Joe! ¡No soy tu asistente para poder saber si querías o no hablar con ella! te recuerdo que tú mismo dijiste que cogiéramos nosotros tu móvil.
-calla. Me haces quedar mal. –salí hacia la habitación, colocándome ropa para salir, y cogiendo las llaves.
-¿A dónde vas? –pregunto Kevin extrañado.
-voy a verla, tu no tienes ni idea de cómo puede ponerse solo porque piensa que le dije eso.
Conduje con la moto hasta su casa. Dios mío, estoy loco como para salir enfermo a la calle solo para explicarle a ella lo sucedido. Si la llamo al móvil, seguramente no me contestara. Bajé de inmediato, frotándome las manos por el frío, y pidiendo permiso al portero de que me abriera. Subí las escaleras, y toqué su puerta. Ella misma me abrió.
-no cierres. –dije al ver que cerraba de inmediato. Por error coloqué los dedos, y los cogió, haciéndome un raspon.— ¡ah! –grité de dolor, ella abrió la puerta de inmediato, y la miré.
-¿te he hecho daño? –pregunto preocupada.
-déjame entrar. –aparte la puerta y entré. Ella cerró la puerta a sus espaldas, y cruzó los brazos mirándome seriamente. Yo sonreía.
-¿se puede saber, qué tan enfermo estabas? –no tiene ni idea de cómo me siento.
-he, lo estoy de verdad. Vine para que no te enfadaras, fue mi hermano quien contestó, y yo no hablé. Pensé que era Polo, por eso rechacé tu visita.
-excusa perfecta. –dijo molesta.
-tengo tres dedos heridos. –le enseñé sonriendo. Uno sangraba, y al ver como los tenía, corrió de inmediato, buscando un botiquín, y curándome.
-lo siento, lo siento, lo siento… -me susurraba cerca de los labios. Yo la abrazaba.
-no te preocupes, me encuentro mejor al verte.



Estaba ardiendo de fiebre. Fui una tonta al pensar semejante cosa. Le di una bufanda mía, y una infusión para que sudara y la fiebre le bajara. Se veía esplendido como si fuera un niño, precioso.




-¿Cómo has llegado? –llamé a Joe. Se había quedado la noche en casa, y por suerte, sólo lo supimos los dos.
-hey, se dice buenos días. –dijo somnoliento. Yo en cambio, estaba ya lista para marcharme a clases. Sentí un bostezo de su parte.
-lo siento. ¿Qué tal amaneciste?
-muy bien, tu cura ha servido de mucho.
-o sea, que ¿ya te sientes muchísimo mejor?
-sí. De verdad. –Sonreí, aliviada.
-entonces podrás venir conmigo. -le propuse.
-¿Qué pretendes? –preguntó curiosamente. Yo reí en silencio.
-no pienses mal, pervertido. Solo quiero que me acompañes a un sitio.
-¿a que hora quieres que te recoja?
-no. Mejor iré yo a tu casa.
-oh,… en ese caso, tendré que echar a todo el mundo.
-¡Joe! –le reñí.— ¿es que aun no entiendes que quiero que me conozcan tus hermanos?
-¡por eso el pretexto de acompañarte a un sitio!
-¡oh, acabas de descubrir que el agua moja!
-esta bien. –dijo en voz suave.— te esperare.
-¿de verdad? –sentí una sonrisa suya.
-si. De verdad.
-perfecto, adiós. ¡Te quiero! –y colgué, acostumbrandome a la forma en que él normalmente lo hacía.
Una emoción en mi nació de la nada, quizás porque sabia que lo de Joe y mío iba en serio, o quizás porque iba a conocer a sus encantadores hermanos, o quizás… estaría con él para siempre. Lo amo, y no puedo evitar querer conocer mas allá de su vida, & por suerte, él me está dejando el permiso de dar ese gran paso.






Salí de inmediato del instituto y me subí en el autobús lista para poder ir hasta casa de Joe. Nunca voy en coches enviados por mis padres, ni en un coche mío, porque no quiero presumir de lo que tengo.
Mientras me encaminaba, no pudo haber mas casualidad que encontrarme con Ian, el hijo de la vecina. Me sonrió, contento, y se aceró a mi. Me derretí ante esa fabulosa sonrisa.
-¿Cómo estas? –preguntó dándome un abrazo. Yo, sin dudarlo, lo abracé también.
-yo, genial.
-¿hacia donde ibas? Veo que tienes el uniforme del instituto…
-si, es que, bueno, me dirigía hacia casa de una amiga. Tiene que dejarme apuntes, ya sabes…
-¿no estuviste atenta, eh? –dijo bromeando. Yo sonreí.
-no, digamos que no. –me dio un leve golpecito en el hombro, y me sonrió de nuevo. era increíble que no dejara de sonreír.
-te veré en otra ocasión. Espero volver a quedar y tomar algo. –se acercó a mi y me dio un beso en la mejilla. Me sonrojé, y le sonreí. Se marchó, y mientras caminaba, me giré, y varias chicas de mi instituto me miraban asombradas. “vaya, esta saludando de esa manera a ese desconocidos”. murmuraban. Que estú•pidas. Pude oírlas desde aquí, así que no preste atención y seguí caminando hasta la casa de Joe.
Portal 21. Jonas. Oh dios. Mis nervios aumentaron, y toque el timbre varias veces. Una voz desconocida me atendió, yo me presenté, y abrió la puerta. Subí por el ascensor y llegue hasta esa puerta. Joe abrió precipitadamente, y un cojín salió volando, cayendo en mis pies. Me quedé sorprendida.
-lo siento, pequeña. –me acercó a el y me dio un ligero beso. Fue muy raro, que me diera un beso tan corto.— entra. –pasé y la casa seguía igual de guapa. Su hermano, el de rizos, el que vi el otro día, me miraba sonriente. Era realmente guapo. Y luego, salió otro, de la cocina, un poco mas formal, serio, y sonriente. Yo les sonreí tímidamente a los dos.
-hola. –les saludé. Ellos se acercaron. Yo le tendí la mano al menor.— soy _____.
-y yo Nick. Te he visto antes, un gusto conocerte. –me di cuenta que parecía mucho mas maduro que Joe, a pesar de ser el menor. Era agradable. Me gustaba.
-y yo soy Kevin, quizás Joe te haya hablado de mi malamente, pero, no le creas. –me reí, y le ofrecí mi mano. Eran muy guapos los tres.
-bueno, ¿nos dejáis? –preguntó Joe. Lo miré, queriéndolo matar, entonces los miré de nuevo a ellos.
-cómo, ¿os vais? –pregunte molesta.
-claro, tenéis que estar a solas, ¿no? –me respondió Kevin.
-pero, Joe… -insistí. Joe pareció disgustado.
-chicos, podéis quedaros. Al parecer ______ os quiere conocer mas… -dijo desganado. Le sonreí, y le di un beso en la mejilla.
-en ese caso, ¡sentémonos!

Nos sentamos en esa mesa tan familiar & comimos agradablemente. Risas, historias, bromas… me encantaba estar en la compañía de los hermanos de Joe. Eran tan agradable como él, solo que ellos no me acariciaban las piernas por debajo de la mesa.


Se le veía contenta. Pensé que fue buena idea de que se quedaran, al menos, no habían sacado temas pasados.
-así que eres la famosa chica por la que Joe a cambiado.
Esta bien. Me equivoqué. Era mejor que se hubiesen quedado callados. Todo el rato. Porque me dejaran en ridículo.
-¿cambiado? ¿en qué sentido? –preguntó ______ curiosa y sonriente.
-bueno, al menos regresa a casa para cambiarse de ropa.
-¡Kevin! –gruñé a regañadientes. Pero estaba en lo cierto; antes no me importaba ir bien vestido, iba con ropa desgarrada; peor que ahora. Y si iba a discoteca, menos.
-a mi me parece bien… -dijo ______, sonriéndome encantada. Yo le devolví la sonrisa.
-¡y no te la pierdas! También eres la suplente de Camilla. –Nick. Tenía que ser él. Quería matarlo. lo voy a matar. Con tan solo ver el cambio de cara de _______, todo se volvió horrendo.
-¿Qué soy qué? –estaba jodidamente perdido.
-si, la suplente de… -y le tiré una rebanada de pan. Nick me miró desconcertado, y terminó de comer su postre.
-Joe, quiero oír la historia. –me pidió ella. puse los ojos en blancos, y esperando a que acabara el día para enseñarle a Nick, que de verdad odio que hable cuando estoy con ella. Joder.
-lo que pasa es que Joe estaba con la rubia, creo que la has visto, Camilla.
-si. La conozco perfectamente. –contestó ella irónica.
-ella también fue “su gran amor”, pero, no te dejes engañar. A ella no la iba a visitar y cosas así, como te hace a ti. –se entrometió Kevin. Joder, me ha salvado la vida.
-hey chicos, me tengo que ir. Os dejaré solos. –dijo Nick. Es el rey del escaqueo; se va para no lavar los platos ni limpiar.
-yo también me tengo que ir. -Se despidió Kevin.- Os dejare a solas. Nick, me voy contigo.



Y así fue. Nos dejaron solos. Cuando los chicos salieron por la puerta, ayudé a Joe a limpiar los platos y demás. Estaba nerviosa; él me besaba de vez en cuando mientras nuestras manos mojadas se rozaban, y se pegaba detrás de mí, besándome el cuello. Tenía miedo, y no sé de qué.
-¿vamos a mi habitación? –me susurró en unos de esos momentos. Me quedé en silencio, mientras él escondía su rostro en mi nuca y me besaba. Me alejé un poco, y asentí un poco con la cabeza.
Me regaló una sonrisa, y lo calle con un ligero beso. Me jaló, y me pegó a su cuerpo mientras me subía en brazos y me llevaba a la habitación. Seguimos entre besos y caricias, pero, no estaba a gusta, estaba muy nerviosa, y los nervios no me dejaba disfrutar. Me acostó en su cama, y se colocó encima de mi, besándome, y suspirando de vez en cuando. Yo me distraía mirando su habitación; algún que otro cartel de algún concierto, una guitarra, un armario… nada en especial. Seguimos entre besos. Joe me tocó, me tocó todo, e incluido mi centro. Me encogí, y escondí mi cara en su pecho mientras él seguía inspeccionando todo mi cuerpo y besándome. No pudo más. Se levantó, y se quitó la camisa. Sostuve sus piernas mientras se la quitaba aún encima de mí y volvía a besarme.
-no sabes cómo he esperado este momento. –me susurró. Volví a besarlo, para que no notara mis nervios, y lo abracé.
Acarició mis piernas, abriéndose lugar entre ellas, y desabotonando mi falda. Mi corazón se aceleró. La respiración de Joe aumentó de ritmo, y me asuste aún más. No. No estoy preparada aún. No puedo. Joe me besó el tatuaje, y bajo sus besos aun más abajo, intentando quitarme la falda, y me la quitó. Quedé en ropa interior, aun con la camisa. Volvió a mi, y me tocó los senos, con ganas, ansias, como si los necesitara, como si necesitara todo mi cuerpo en sí. Lo detuve. No puedo. No quiero, y no estoy preparada.
-Joe, detente. –le pedí mientras él me besaba. Pero no pareció escucharme.— Joe, basta. –tampoco respondió y siguió a lo suyo.— Jo… -y me tapó la boca. ¿Qué era este juego? Mientras seguía con su mano en mi boca, me besaba el pecho y el cuello. Esta vez, me aparte.— no puedo. –le confesé enseguida. Agarré mi falda, y me la puse en cuanto tuve tiempo.
-¿Por qué? –preguntó arrugando la cara y mirándome. Yo baje la mirada.
-no estoy preparada, Joe… lo siento. –soltó un largo suspiro, y se quedó en silencio. Por eso odio estos momentos en que nos quedamos solos. Lo intenta, lo rechazo y entonces nos molestamos.
-¿estas enfadado? –pregunte en voz baja. Él me miró, y lo negó con la cabeza. Me acerqué a el, dándole un beso en la mejilla.— no te creeré hasta que salga de tu boca.
-vale, no estoy enfadado. ¿Contenta? –sonreí, y me acercó a sus labios para darle un beso en ellos.
-estoy segura del que indicado eres tú, pero debes de tener un poco de paciencia. debo... estar cómoda... –me dio un abrazo reconciliador.
-tranquila, puedo entenderlo. -respondió suavemente.

+ Ti amo da impazzire, sei la cosa più bella che ho mami vissuto al mondo! Ti amo, ti amo e non smetterò mai mai mai mai di dirlo… voglio urlarlo a tutto il mondo, a tutto l'universo.+


narra Joe.

-¡no puedo mas, Polo! –dije desesperado a mi amigo mientras bebíamos. Él echó a reir.
-tu decidiste aguantar, tú aguantas. Además, ¿no te das cuenta de que te quiere poner caliente para después nada de nada?
-estás loco. ¿Por qué en vez de decirme sermones no me aconsejas algo? No se… algunos de estos psicólogos, quizás me ayuden a aguantarme el rabo.
-¡serás…! Eres un ninfómano. Espera a la chavala, si no se concede de aquí a unos meses, entonces deberemos tomar medidas drásticas.
-claro, tu lo dices tan tranquilo. ¡Tú sí tienes sexo! –di un largo trago a mi cerveza mientras Polo fumaba.
-hey, chiquillo, ¿tú la quieres, no? ¡Pues te toca aguantar!
-vaffanculo… -susurré.— no te imaginas cómo me pone verla sin ropa.
-pervertido.
-si, además estoy enamorado de ella, tengo ganas de ella, mis ansias son hacia ella, ella lo es todo, ¿Cómo quieres sino que esté tranquilo?
-Joe, ¿Por qué no hablas con ella? no creo que contándomelo a mí eches un polvo. Quizás si hablas con ella, y aclaráis las cosas, puede que te entienda y ceda. ¿O no es lo que quieres?
-lo deseo. Pero, ¡me verá como a un psicópata! Pensara que solo pienso en sexo. Y no quiero que se vaya de mi lado.
-estas enganchado, ¿eh? –le sonreí.
-no puedes ni imaginártelo. –Me quedé en silencio, y luego hablé de nuevo.— hablaré con ella.
-así se hace, muchacho. –Me dio grandes palmadas en la espalda y yo le di otra.— ¡eh! ¡No desgastes tus ansias pegándome tan fuerte! –y reímos, y bromeamos y bebimos… amigos como Polo cuestan encontrarse, y estoy orgulloso de tenerlo a mi lado.







Mis lágrimas mojaban mi blusa, acompañándome en ese sentimiento tan solo, tan… frustrante. ¿Cómo explicarle a Joe mi miedo? ¿Cómo hacer que entienda?
-amiga, tranquila. Si no reacciono de mala manera es porque no está molesto. –me aconsejó Erika mientras me frotaba las piernas calmantemente. Yo seguía sollozando.
-pero lo noté en su voz, Erika. Él no es así. Sé que estaba molesto…
-Joe no entiende por lo que pasaste, así que cálmate ya.
-no puedo… -y volví a sollozar.— tengo miedo de que me deje solo por eso.
-¡pero tu no tienes la culpa de que ese tipo intentara violarte! –la miré atónita. Lo ha dicho. Y prometimos no nombrar lo pasado. Prometimos callarnos ante ese tema, y ella lo ha dicho.— lo siento, _______. Pero, no podemos callar esto.
-fue cuando tenía 8 años, así que, no me molesta. –si me molesta, me molesta demasiado.
-¿Cuándo piensas poner una denuncia?
-Erika, fue hace demasiados años, ¿crees que unos policías se preocuparían por buscar a un tipo del que ya ni recuerdo su rostro?
-lo recuerdas. Me lo has dicho.
-lo sé, pero dejemos el tema. –suspiré, un poco nerviosa.
-¿lo ves? Te he hecho parar de llorar. –le sonreí.— ¿Por qué no hablas con Joe y le aclaras todos tus miedos? Es tan solo un trauma que has tenido, no tienes la culpa.
-quizás me decida, pero Joe es tan… él. No se si lo entenderá. –Erika arrugó el entrecejo.
-¿Qué quieres decir con “tan… él”?
-pues así, Erika, de fiestas, chicas, calle, alcohol... En cambio yo soy todo lo contrario a eso. –ella bufó.
-no puedo contradecirte. –Nos sonreímos a la vez.— ¡pero! Pero, has hecho todo eso por Joe. Así que, no te costará tampoco contarle esto.
-lo sé. Lo llamaré.


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sofia1



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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 1:03 am

Día siguiente, noche, mi cama, somnolienta, al acabar de estudiar. Piiii. Piii. Tres veces. No contesta. Intento de nuevo. piii. Piii. Bien, parece haber cogido la señal. Espero unos segundos, y sigue sonando, de repente se oye su voz entre una gran lluvia de gritos, aplausos y jaleo.
-¿_______? –pregunta él medio gritando, aun así, me cuesta oírle.
-Joe, ¿Dónde estas?
-¡acabo de ganar una carrera de motos, te llamare luego! –y cuelga.
Ha corrido, y ni siquiera me he percatado. Al pensar en tan solo eso, el corazón se me encoge. Una hora después, me vuelve a llamar. Esta vez con el ambiente más calmado.
-¿puedes hablar ahora? –pregunté en vez de saludarle. Sentí una risilla suya.
-yo también te quiero. –Sonreí en silencio.— he, ¿para que me llamabas?
-quería hablar contigo sobre lo de ayer.
-te he dicho que estoy tope de bien. No te preocupes.
-hoy no viniste al instituto. Eso implica tu enojo hacia mí. –echó a reír divertido.
-no digas burradas. Tuve que acompañar a mis hermanos a una comida con mi padre.
-¿y no se supone que estabas corriendo?
-pequeña, yo me escapo fácilmente de esas reuniones familiares.
-Joe, de verdad lo siento.
-¿lo sientes?
-si, lo siento. Lo que pasa es que no quiero perderte, me da una sensación nauseabunda al pensarlo, quiero permanecer siempre a tu lado, pero odio tener que entrometer esto del sexo… porque siento temor cuando llega el momento, pero te juro que pronto estaré lo suficientemente lista para poder complacerte…
-pequeña, no necesito que te des prisa solo para complacerme. –Habló interrumpiéndome.— y me alegra de que me hayas dicho todo eso, me has dejado, bueno, sin palabras. Solo quiero decirte, que te quiero más que a nada. Tenlo siempre en cuenta.
-¿de verdad?
-si, y si quieres lo juro. –me conmoví. Joe Jonas, el típico chico macarra, me esta diciendo que me quiere más que a nada… mis ojos se aguaron a causa de la emoción.— ¿Qué harás mañana por la noche?
-estudiar… -respondí sin ganas. Él rió.
-¿puedes dejar el estudio a un lado y venir conmigo?
-¿A dónde se supone que me llevaras?
-¿no sabes que es muy molesto que te respondan con una pregunta?
-vale, basta ya de preguntas.
-escucha, te recogeré a las 22. ¿Te va bien?
-me va, bien. ¿Dónde estas ahora?
-estoy con Polo y los chicos. Erika esta también. Si te apetece venir…
-no. –Respondí veloz.— pero, te esperare con ansias mañana. Ahora me iré a dormir, necesito descansar. Mañana tengo un examen.
-esta bien. ¿Es difícil eso de la temporada de exámenes, eh?
-demasiado. Solo nos quedan dos meses para acabar. Tengo que estudiar como nunca.
-vale, duérmete y que sueñes conmigo. –dijo en tono burlón.
-siempre lo hago. –respondí sonriente.
Y siempre es así. No hay ninguna noche que no sueñe con Joe. Al menos con una silueta suya, con alguna imagen de su rostro… todos mis sueños aparecen. Como si fuera el rey de ellos, como si reinara de manera absoluta, como si fuera el sol que necesito cada día, ese es Joe, Joe para mi, y para mi corazón.

-¿tienes idea de a donde me lleva Joe? –pregunté a Erika a la salida del instituto. El examen me fue estupendamente, y no tengo dudas en que lo aprobaré.
-no quiero decirte nada. Lo planeó todo, además, sería una pena arruinar la sorpresa, ¿no crees?
-si, sería una pena. –me quedé mirando hacia lo lejos. Aquel hombre, alto, rubio… ¡Ian! Sonreí, y alcé mi mano para saludarlo. Él me miró, y se acercó a nosotras. Erika parecía encantada.
-¡______! ¡Que alegría verte! –saludó el. Guapo como siempre.— así que aquí estudias.
-si, por supuesto. Esta es mi mejor amiga, Erika.
-¿Cómo estas, Erika? –ella le tendió la mano y él se la beso. Todo un drama.
-perfectamente, emm…
-Ian, me llamo Ian.
-Ian. Bonito nombre. –me miró y me dio un pequeño golpe con el codo. Yo la miré sorprendida.
-Ian, fue un placer verte, pero tenemos que irnos. –le informé interrumpiendo a mi amiga, que babeaba por él.
-lo mismo digo, preciosa. Espero vernos pronto. –me acerco a él y me dio un beso en la mejilla, creo, supongo o solo imagino, que fue muy cerca de los labios. Me aparté de inmediato, y mi amiga lo saludó rápidamente. Yo me quede perpleja.— cuidate. Adiós.
Y me fui lo mas pronto posible de su lado. Ian me estaba cortejando… lo se. Sentí mi corazón a mil, y que todo me daba vueltas. Joe, Joe, Joe…
-¡que lanzado es! ¡pero si por una milésima te besa en la boca! –habló escandalosamente Erika. Yo estaba aún tragando saliva.
-lo se… me preocupa.
-pero, ¿Por qué? ¡si esta para chuparse los dedos! Como diría mejor: ¡tanto pan y yo sin dientes!
-¡Erika! –le reñí.— no quiero conflictos. No sé si me entiendes.
-claro. Si Joe se entera de que intenta flirtear contigo, lo mata.
-no digas esas palabras. –mi piel se erizó.
-¡por dios, _____! ¡es una forma de hablar!
-lo sé. Pero, no quiero que se entere de nada. Simplemente es un amigo.
-y dime, ¿Cuántos años tienes? No tendría mucho mas que nosotras…
-25. –respondí tímida. Ella sonrió abiertamente.
-¡mamma mía! No lo parece, claro que no.





22.15 y no llega, siempre tarde, me complica las cosas. Estoy sentada en el sofá, en la compañía de mi madre, que ve su telenovela grabada ya que por el día no puede verla. Me sonríe cariñosamente y me acaricia la pierna.
-sabes cómo es, así que, ten paciencia… -me tranquilizó.
-lo se, mamá. Es solo que… me preocupa qué esté haciendo. –suena el timbre. Le sonrío feliz, y me levanto del sofá para atender. Su voz sonriente responde, me despido de mi madre, y bajo rápidamente las escaleras. Joe se encuentra en su moto.
-vamos, sube. –me apresura sonriéndome. Subo a su moto, y arranca veloz, como siempre.


Llegamos a un club. Tranquilo, sereno, pero, si entras mas profundo, hay una fiesta con música house y de todo movimiento. Nosotros entramos a ese sitio, ya que por delante estaba vacío. Me agarraba de su mano e íbamos apartando camino entre la multitud. La música zumbaba en mis oídos, y vi a mi amiga sonriente, junto a Polo, esperándonos en una mesa. Nos sentamos junto a ellos, pero un poco mas aparte.
-¡hola! –me saludaron los dos. Yo les respondí.
-me parece que esto no es una gran sorpresa. –le susurre a Joe en el oído intentando que me escuchara. Él me sonrió.
-en realidad, la sorpresa es esta. –sacó de su bolsillo una cajita verde, y la mire sorprendida. Era un collar, con su inicial, y era para mí.
-¡oh dios! ¡Es precioso! –y lo abracé como si hace años que no lo abrazara.
-sabia que te gustaría. Era mío, de cuando tenía pocos años. Así que, es muy valioso.
-¿y me lo das a mi? –pregunte preocupada.
-sólo las personas importantes en mi vida pueden ponérselo. Mi madre, y tú. –lo abracé, dándole las gracias casi con lagrimas en el rostro, y abrazándolo con fuerza.
-es muy bonito, de verdad. –acercó mi rostro hacia el suyo, y me beso apasionadamente. Ya extrañaba sus besos largos y de saludos o despedidas. Me colgué de su cuello, y seguí besándolo, con ganas, pasión, así como me besaba él a mí. Me separó, mirándome, y contemplé esos labios rojos, a veces iluminados por las luces de colores de la discoteca. Sonreí, y volví a besarlo. Ahora no puedo dudarlo, Joe, TI AMO.
-¿quieres algo de beber? –me preguntó casi gritándome. La música te obligaba a gritar.
-si, por supuesto.
-¿algo en especial?
-¡sorpréndeme! –dije seductora y dándole otro beso. Se alejo de mí, y se levantó en busca de mi bebida.


[•••]

En un lugar, donde podía contemplar a _______, sentada, inocentemente, esperando a Joe, una rubia bebía de su vaso, a la espera de que llegara su pedido. Una morena, casi demacrada, y anorexica llegando al ritmo de la música, se acerca a ella, con una mano en el bolsillo, y se sonríen malévolamente.
-¿lo tienes? –le preguntó la rubia.
-tutto. –saco de su bolsillo una pastilla, perfectamente guardada en papel transparente.
-¿es éxtasis del bueno, verdad?
-definitivamente. ¿Cuándo quieres que haga mi trabajo? –la rubia sonríe.
-espera, lo quiero en el momento exacto.
Y se quedan ahí, riéndose, y esperando a que llegara el turno a meter, de cualquier forma, la pastilla de éxtasis en la boca de ________. Pronto, sabrá lo que se siente estar en el otro mundo, solo porque una chica, malvada, sin corazón, y con celos de que le haya quitado a su chico, quiere hacerle daño.

[•••]
Joe me trae mi bebida. Es un vaso, hay mucho hielo, hojas verdes, y un limón.
-mojito. –me dice el nombre de la bebida.
-¡este me gusta de verdad! –le respondo sonriente. Él me da un beso.
-lo sabía. Pero, basta ya de estar sentados, tienes que venir a bailar. –casi escupo la bebida de la boca.
-¿Qué? ¿Con toda esa gente rozando?
-¡_____! ¡Que tiquismiquis eres! Deja de ser perfecta por una vez en tu vida, venga, vamos a bailar. –me lo quede mirando, entonces, le di un ultimo trago a mi bebida, y le tendí mi mano. Sonriéndole.— debería de decirte cosas así mas a menudo para que me hagas caso.
-no te acostumbres. –y nos levantamos.
Cientos de personas, una sola canción, un solo DJ, brazos arriba, abajo, de todos los tamaños, y nuestros besos de vez en cuando, hacían que esta sala tuviera otro resplandor especial aparte del de las luces relámpagos. Joe & yo bailábamos al ritmo lento, rápido, acelerado de la música que llegaba. Yo empezaba a sudar, y me daba sed, así que me aparté de él, y me dirigí hasta mi bebida, donde me la tragué de un solo, y la sed desapareció.
40 minutos después. No se lo que me pasa. No quiero dejar de bailar, saltar, gritar… estoy sin control. Me sentía demasiado eufórica, sudaba más de lo habitual, y tenía siempre sed. Hasta la mandíbula me temblaba al dejar moverme con agitación. Joe parecía divertirse a mi lado, y yo lo veía todo… perfecto. Las luces me parecían mas luminosas aún, lo efectos de ellas hacían que la sala diera vuelta, al menos a mi punto de vista, y no quería dejar de estar inquieta. Era fabuloso, genial, me sentía… libre.
-¡he! ¡Para ya! Tenemos que irnos. –me gritaba Joe para poder oírlo. Yo negué con la cabeza, y seguí riendo, al ritmo de la música.
-¡vete tú a casa! ¡Yo quiero volar! –y bailaba con gente desconocida, pero que me parecían agradables, decía sí a todo, quería tener sexo. Quería, acostarme con el primero que se me cruzara por el camino.



No estaba bien. Lo sé. Nunca, ni loca se comporta de esa manera. Está agitada y eufórica. ¿Cómo pudo haberse emborrachado tan rápido? ¡Si solo tomo un mojito! La agarré de la muñeca, para sacarla de ahí, pero ella se negó.
-¡déjame en paz! ¡Quiero estar aquí y bailar eternamente! ¡Eres un agobio!
¿Yo? ¿Agobio? ¿Está loca o qué le pasa? La agarré con fuerza y la saqué de la sala. Salimos al aire libre, y seguía bailando, saltando, riéndose con ganas, y mirando hacia las nubes.
-por dios, ¿Qué te pasa? –la miré, atentamente a los ojos mientras ella me miraba también, sonriente. Se mordía el labio inferior.— ¡joder! ¡Esto me pasa por traerte sin saber nada de este mundo! –se acercó a mi, y me agarro ahí. Ahí… ella nunca lo habría echo. Me quedé pasmado, y la mire sorprendido.— ¿Qué… demonios haces?
-hagámoslo. Aquí mismo, y ahora. Quiero que me entres en mí, Joe. –le quite sus manos de mi miembro y la agarre por las muñecas, un poco confuso, mirandola directamente a los ojos. Sus pupilas estaban dilatadas.
-tu estas drogada. –ella echó a reír, y echo la cabeza hacia atrás, canturreando la canción de David Guetta. Y yo no había mentido. Estaba drogada.— ¡joder si estás drogada! –ahora si estaba asustado. ¿Cómo habia conseguido la droga? ¿De donde? ¿Con quien? ¿Cuándo? Seguramente ella no ha podido ser. ¡Debe de haber sido algún mal•dito hijo de su madre que se la echo en la bebida! Joder, joder, ¡joder! Esto es la leche, ¿¡que hago ahora!?
-venga, Joe. Te deseo, o mejor, ya te bajo yo los pantalones.
La jalé del brazo nuevamente y la llave hasta la moto. ¿Y si mientras intento llevarla se tira? No, no. Llamaré a un taxi, o mucho mejor, llamaré a Kevin.



-¿Quién? –preguntó adormilado. _____ seguía bailando sola, gritando, y riendo.
-Kevin, tengo un problema. Necesito tu ayuda, tienes que venir a buscarme.
-¿Quién es? –lo que me faltaba. Aun está dormido.
-¡Kevin! ¡Soy Joe! ¡Necesito que vengas urgentemente!
-pero, ¿Qué te pasa? ¿Estas loco o qué? ¿Cómo eres capaz de llamarme a esta hora?
-Kevin, te necesito.



-aun no puedo entender cómo has podido. –me reñía mi hermano mientras íbamos en su coche. ______ iba dormida, y respiraba fuertemente.— ¡es una cría! ¡En qué estabas pensando?
-Kevin, te juro que no se nada. Pero encontrare al maldito que le echo éxtasis en su bebida.
-¡encima éxtasis! –bufó y siguió conduciendo nervioso. Kevin siempre es nervioso en estos casos.— ¿y piensas dejarla ir a su casa así?
-¿estas loco? La llevaré con nosotros.
-¿Qué? –preguntó asombrado y desviando un poco el coche. Volvió a controlarlo.— ¿Que la traerás?
-si, Kevin, hasta mañana. Ya les diremos algo a sus padres.
Kevin no dijo ni una palabra más. Yo abrazaba a _______, que dormía complacida en mis piernas. No sé, cómo pudo haber pasado… cómo. Llegamos a casa, y lo primero que fui a hacer es acostar a _______ en mi cama. No pesaba casi nada, era tan delicada… dormía profundamente, y su respiración era aún agitada. Síntomas del éxtasis.
-eh, Kevin. –le llamé susurrando.— gracias.
Alzó la mano, me sonrió, y entró de nuevo a la habitación. Yo entre en la mía, y la contemplé ahí, dormida, en mi cama, solos… pero, ¿Qué estás pensando, Joe? ¡Esta dormida! Está bien, me controlo. Me quité la ropa y me puse el pijama. No sé como lo hizo, pero se giró, y una parte de su blusa se deslizó, dejándole la cintura al descubierto. Me acerqué a ella, y le di un beso en la mejilla. La contemplé, queriendo tocarla, pero era imposible. No era capaz.
Me alejé de ella, tirando una colcha en el suelo, cogiendo una almohada, y durmiendo profundamente. Nunca en mi vida me había sentido tan tentado por alguien que estuviera durmiendo. Solo ella puede causar ese efecto.



Mis parpados me pesaban, no podía abrir los ojos. Notaba el sol entrar por la ventana. ¿Qué hora será? Intenté abrirlos, pero lo primero que hice fue hablar:
-Joe… -susurré.— Joe… -volví a llamar. Sentí una mano sobre la mía, y abrí los ojos rápidamente, asustándome de aquel roce, y apartando la mano.
-eh, tranquilita. –recapacité, y me di cuenta de que ésta no era mi habitación. Joe asomo su cabeza sonriente.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué hago yo en tu habitación? –pregunté nerviosa.
-resulta que anoche te drogaste sin decirme nada.
-¿cómo que me he drogado? ¡Estás loco! –me levanté rápidamente de la cama y el cuerpo me tambaleó. Miré furiosa a Joe.— ¿me puedes explicar esto?
-¡eh! ¡Te alejaste un poco y seguramente alguien te echó éxtasis en la bebida! Así que, baja los sumos. –Joe se había molestado también. Agarré mis tacones y me los puse a toda velocidad. Salí de su habitación.— ¡______! ¿A dónde vas?
-¿A dónde crees que voy? ¡Pues a mi casa! –abrí la puerta principal con el cuerpo pesándome toneladas y la cerré, o eso intenté hacer, si Joe no hubiera puesto el pie.
-no te irás sola. –agarró sus cascos que estaban en la entrada y me agarró fuertemente del brazo dirigiéndonos a su moto. Lo miraba queriéndolo fusilar.
-no me toques. –dije al subir en la moto y él me acariciara la pierna.
-¿¡pero, qué pasa!? Veo que la droga te ha hecho efecto. –arrancó la moto, a toda velocidad.
-¡claro! ¡Porque tú me has dejado tomarla! –y se quedó callado. Quería tumbarme, y tener mi cuerpo flotando o algo por el estilo. Me sentía extraña. Muy extraña.
-ya hemos llegado. –no me di cuenta, de que había cerrado mis ojos y me había quedado inconsciente en la espalda de Joe.
-mis padres me mataran. No pase la noche aquí, y encima me he drogado.
-¿¡puedes dejar de ser tan puñetas!? ¡Joder! –bajé de la moto mirándolo seriamente. Bufé, y me di media vuelta, tambaleandome. Joe no me detuvo, quiso dejarme ir.— ¡a ver si duermes, y se te quita el mal genio!
-¡estú•pido! ¡Te odio! –y entré en el portal lo mas rápido posible.

La sorpresa que me esperaba dentro era aún más grande. Cuando entré, lo primero que encontré fue a mis padres abalanzándose sobre mí con una avalancha de preguntas. Me quedaba callada, nerviosa. No sabía que contestar.
-me quede a dormir a casa de una compañera de clases. No la conocéis. –puse como excusa.
-¡pero esa no es razón para que no llamaras! –me regañó mi madre.
-mamá, lo siento. Es solo que nos divertimos tanto, que no me acordé de llamaros.
-la próxima vez, _______, la próxima vez que hagas una cosa de estas, estás castigada el resto de tu vida libre. No tienes 20 años para poder hacer lo que se te de la gana.
-lo siento. –volví a decir, y entré en mi habitación. Agotada. La cabeza me pesaba, y no hice mas que dormir.
-¿Qué tal te encuentras? –me preguntó Joe con voz suave. Ahora estaba mucho mejor.
-eres un estú•pido al dejarme beber.
-¿puedes dejar de echarme la culpa? ¿No ves que no tenía ni idea de que tu bebida tenía algo dentro?
-¿y porqué me llevaste a tu casa? Yo preferiría estar en la mía. –Joe parecía alterarse.
-¿¡querías ver la cara de tus padres al ver que su hija estaba drogada o que!? ¡Estas loca si piensas que iba a hacer eso!
-puede que si, porque eres capaz de hacer cualquier cosa con tan solo… -preferí callarme.
-¿con tan solo de qué? –Preguntó ansioso.— ¿Qué ibas a decir?
-explícame una cosa. ¿Qué hacía semidesnuda en tu cama? –se quedó callado, entonces, soltó una risita, y contesto de mala manera.
-¡te habrás incomodado la ropa durmiendo! ¿Qué insinúas? ¿Qué me aproveché de ti mientras dormías? ¿Eh? ¿Eso es lo que piensas de mí?
-¡sabiendo cómo eres, puedo pensar cosas peores! –mi corazón se aceleraba. Las palabras me salían sin pensar, no sabía que hacer.
-¡pues que aproveches de tus pensamientos! ¡Eres una insensata! Si crees que fui capaz de hacerte eso, te las fumas verdes.
-¡Joe!
-¡mira, ______, piensa lo que te dé la gana! No pienso escucharte. No esperes que te busque a la salida de tu colegio, puede que pienses que te violo con la mirada.
Y me colgó sin más. Así. ¿Por qué los adolescentes sufren estas paranoias? ¿Por qué hablé de aquella manera? ¿Por qué me comporto de ESA manera? Me sentí tonta, no sabría decir la palabra exacta de lo estú•pida que me sentía.




Ciento treinta. Ciento cuarenta. Mi moto iba hasta no poder. Tenía rabia de saber cual eran sus pensamientos hacia mí. Pero, ¿Quién se ha creído? ¡Si hubiera querido hacerle algo, se lo hubiera echo hace tiempo! pero, no pienso tocarle ni un pelo. Que sepa cuánto me necesita, y lo tonta que fue al comportarse de aquella manera. Llegue hasta donde los chicos, que bebían cervezas, como siempre, y charlaban de las carreras, peleas y demás.
-¡he! ¡Por fin apareces! –me saludó Polo. El Siciliano, el que tocó a _____, se encontraba hoy aquí. Lo miré con desprecio.
-ya detesto los berrinches de ________. –le dije a Polo sentándome a su lado y robándole la cerveza.— ¡es una niñata que cree que puede tenerlo todo y que hagan todo lo que quiere con tan solo un chasquido de dedos! ¿Sabes que me ha dicho? ¡Que me quise aprovechar de ella mientras dormía…!
-¡eh, chavalote, cálmate! Puede pasar estas chorradas, pero hombre, no te recaigas por esas estu•pideces. Os queréis como cerdo a su comida, así que, espera unos días y verás como todo se arregla.
Bebí sediento la cerveza y apoyé los codos en las rodillas. Me sentía caliente, tenía mucha rabia. Quería decirle todo a la cara. Pero, ¿Quién se ha creído? Joe, eso ya lo has preguntado. Si, lo se, pero me siento jodidamente jodido. ¿Yo? ¿Abusar de ella?
-¡oh no, no, no! –exclamó Polo al verme votar lágrimas por los ojos. ¿Yo llorar? Me las sequé de inmediato.— no me lo creo. Has llorado, bueno, técnicamente no, pero ¡joder! Te han salido lágrimas!
-¿puedes parar ya de una vez? –le contesté con agresividad. Me sentía muy inferior. Ella me ha hecho llorar. Esto no es propio de mi.— por dios, Polo… -y me apoyé en su pecho llorando. No aguanté. Sentía la sensación de que no significaba nada en su vida. Que solo me tiene por capricho. & que haya pensado cierta cosa sobre mí.
-vale ya. Estás tonto, ¿cómo es que lloras? –me alejé de él empujándolo y bebiendo de nuevo la cerveza. Él sonreía.— ¿ya estas mejor?
-no. No estoy mejor. Me siento jodido.
-pero, ¿cómo te puede herir esas simples palabras? Si aun no sabe ni lo que dice.
-por eso mismo. Estoy jodido al dejarme joder de sus palabras. –sonrió, dándome una palmada en la espalda, y acompañándome con otra cerveza.




-¡estas loca! ¿Cómo te atreviste? –lo sabía. Mi amiga también me iba a reñir. Yo mojaba mi almohada, mientras apretaba con fuerza las sabanas.
-no sé qué me paso… -dije.— te juro que no quise decirle esas cosas, lo que pasa es que estaba tan nerviosa de todo lo que paso que se me salieron de la boca sin pensar.
-pero la próxima vez piensa mejor, ¿cómo piensas que Joe se aprovecharía de ti? –me quede en silencio mirándola. Es verdad. ¿Cómo me atreví a pensar eso?
-lo sé. Estuve inconsciente…
-deberías de hacer algo para poder hablar con él.

Salimos juntas. En medio de esa noche tan fría, y con un objetivo: hacerme perdonar.
Llegamos hasta el lugar donde se harían las carreras de motos, esas donde va Joe con frecuencia y siempre gana. En medio de toda esa gente, nos abrimos pasos, mientras sujetaba fuertemente con el brazo a mi amiga. Aquellas personas no me gustaban, así que preferiría estar buscando a Joe. & se encontraba ahí, sentado aún en su moto, fumando un cigarrillo, y con varias personas a su lado. Incluida la estú•pida de Camilla. Miré a Erika, y me sonrió, acariciándome el cabello y deseándome buena suerte. Ella se fue a encontrar con Polo. Suspiré unas cuentas veces, y me acerqué a él lentamente.


Sabía las intenciones de Camilla al mirarme de aquella manera. ¿Es que no sabe que no le presto atención? Fumaba mi cigarrillo tranquilamente, y escuchaba a los chicos que me hablaban. Vi que Erika estaba junto a Polo, eso… podría significar una cosa.
Ella se dirigía avergonzada hacia mí.
-dejadme solo un momento. –les pedí a todos. Camilla se giró, y arrugó la cara de mala manera. Yo la ignoré.
-¿para ver a esa flacucha? –preguntó de manera asquerosa.
-cállate y lárgate. –le dije con brusquedad. Ella se alejo, dándome un fuerte puñetazo en el hombro y se fue, como todos los demás. ______ jugaba con los dedos de sus manos, y se mordía el labio inferior. Quería sonreírle, pero quería oírla. Suspiró cuando se sujeto en los volantes de mi moto, y me miró culpable.
-lo siento. –me susurró tímida. Levantó la mirada, y se quedó mirándome a los ojos. Un poco húmedos.— sé que no debí de decirte aquello. –le di una calada a mi cigarrillo, sereno. Ella se apartó el cabello de la cara con la mano temblorosa, y volvió a morderse el labio inferior. No dije nada. Estuvimos en silencio, mientras yo me acababa el cigarro. Alzó la vista, y me miró fijamente.
-¿quieres ser mi groupie? –le pregunté sereno, de nuevo. Ella sonrió.
-sí. –me respondió.



Después de la carrera, de que el miedo pasara al subir en aquella moto y hacer piruetas, después de que me sintiera feliz, porque Joe se comportaba de manera normal conmigo, y después de que ganara, me llevó lejos de ahí. De ese lugar, y nos dirigimos hasta una discoteca. No es que tuviera buenos recuerdos de una, porque, recuerdo que la primera vez que fuí a una, fue cuando Erika me llamó, & fué mi primero beso junto a Joe. Entramos, y me miró, asegurándome su seguridad y agarrándome fuerte de la mano. Caminamos por ese sitio, y luego entramos por un callejón, donde la gente apenas va. Había una luz azul, muy suave, que era la única que iluminaba los pasillos. Seguimos caminando, y ahora eran luces rojas. Habían varias personas a nuestro alrededor, algunas parejas también. Joe miró por una habitación, al parecer no había lo que estaba buscando, y me jaló del brazo, volviendo a caminar. Esta vez encontró la habitación. Me dejó pasar primero, y di un paso por delante. La habitación estaba iluminada por una sola bombilla en el medio, y se podía contemplar, al fondo, en las paredes, cómo cientos de nombres de parejas que juraron su amor aquí, en este sitio, escribieron sus nombres. Me llegó al corazón, y vi uno de aquellas escrituras, las cuales decía: “tu y yo, por siempre y para siempre.” Fue la que me llamó mas la atención. Me giré, y vi a Joe sonriéndome. Le sonreí también y él alzó la mano, agarró la lámpara que iluminaba la habitación, y la movió, haciendo que el ambiente se viera más borroso. Acercó sus labios hasta mí, y me dio un dulce, esplendido y maravilloso beso. Nos besamos libremente, mientras la luz seguía estremeciéndose y parándose cada vez poco a poco. Sujeté su cuello y lo apretujé más a mi.
-______... –me susurró Joe separándose unos milímetros de mi boca.
-¿Qué pasa? –pregunté un poco agitada por los besos. Joe parecía tener algo importante que decirme.
-hace tiempo que estaba pensando cómo decírtelo… -me soltó la cara y suspiró, pasándose las manos por la cara y mirándome, luego, serio y preocupado. Me empezaba a asustar.
-Joe, me asustas… dime ya de una vez qué es. –suspiró una vez mas, y gagueó antes de hablar sin decir nada.
-mira, sé que te sonará una locura, pero… -suspiró de nuevo. Sonreí, al ver su aspecto preocupante.— pero… quiero estar contigo, más cerca…
-pero si ya estamos muy cerca, lo que pasa… -entonces reflexioné.— oh… hablas de estar más… unidos.
-si.
-tener relaciones.
-si. –tragó saliva, nervioso. Cerré los ojos, y suspiré ahora yo.— pero no quiero que te sientas obligada, ¿está bien? Solo, bueno, es bueno que las parejas sepan estas cosas. Esto no significa que tengamos que hacerlo YA… -me acerqué a él y lo besé para callarlo. Separé mis labios, y lo miré a los ojos.
-¿te he dicho ya eres el indicado? –sonrió. Contento. Y volvimos a besarnos.
La luz se detuvo, y seguimos aquel beso, con la bombilla iluminándonos, como dos ángeles enamorados, mientras que a nuestro alrededor, todo era oscuridad.

+ Y era el mar más bello que jamás había visto, hecho de un millón de corazones que batían juntos y saltando siguiendo la punta del disco que yo hacía girar. A veces el dios del disco junto al dios de la luz y de la noche deciden de cogerte de la mano y llevarte a su Marte... y la Tierra es hermosísima como es..


Fm 107,3 radio caos. Tomando la bajada hacia marte.+



Llegué a casa demasiado tarde, y me dirigí de inmediato a mi habitación. Dormí relajada y no podía quejarme de lo feliz que me sentía. Amaba a Joe con todas mis fuerzas; no podía explicar las emociones que sentía a la vez al tenerlo cerca, al mirarlo fijamente a los ojos, esos ojos grandes & de color miel, al rozar sus labios, sus manos… todo. Pero, ¿será que puedo ya ser capaz de estar realmente con él? Es decir, ¿más unidos? Esa unidad que se necesita confianza & amor, esa unidad que es distinta a las demás… el sexo.
No quise darle vueltas y cerré mis ojos, pensando en el viaje de mis padres, que sería mañana & que podría cambiarme la vida al no tenerlos cerca vigilándome.



Salí del instituto junto a Erika. Estaba nerviosa de este día, pensaba que todo iba a salir un desastre, que yo… lo iba a rechazar. Pero, no. No puedo. He dicho que sí, y así va a ser. Erika me envió una sonrisita.
-¿are you ready? –me preguntó con un tono de voz burlón. Yo le di un pequeño codazo y sonreí nerviosa.
-si, pero…
-estas nerviosa. –dijo ella por mi.
-si. Y no sabes cuánto… -seguimos bajando los escalones, agarradas de los brazos.
-mira, solamente tienes que concentrarte en besarle, en mirarle a la cara e ignorar lo que pasa a tu alrededor. Te será más fácil, te lo aseguro.
-Erika, mi corazón va a mil. –sonreímos juntas, y vi cómo llegaba la limusina que venía a recogerme por parte de mis padres, ya que se iban, y tendrían que dejar a algun conductor a mi cargo.
-adiós, iré luego a tu casa. –le tiré un beso, y subí a la limusina.



16.15. Mis padres están a punto de irse. Mis manos temblaban. Erika estaba a mi lado. Supuestamente ella también los iba a despedir. Sonreí a los dos, que estaban en la sala de estar.
-¡cariño, vámonos! ¡Perderemos el avión! –le avisó mi madre a mi padre.
-¡estoy buscando los billetes! –gritó él desde la habitación.
-¡los billetes los tengo yo! –le respondió mi madre. Se dirigió hasta nosotras, y me acarició la mejilla.— cariño, cuídate mucho. Recuerda que mañana vendrá alguien a tenerte en control. –Bufé ante la idea.— es por tu bien. Pero, no hagas locuras, ¿eh? Ni tú tampoco, Erika.
-claro, señora. –le respondió mi amiga sonriente.
-ya estoy listo. –salió papá de la habitación. pensé en esa frase que dijo mi padre; yo tenía que decir lo mismo, solo que en forma femenina. Le di dos besos en la mejilla y dos a mi madre, y luego se dirigieron hasta la salida.— cuidaros. –nos sonrieron, y le devolvimos la sonrisa. Entonces, se fueron.


19.00. Me encontraba en la habitación junto a Erika. Ella se pintaba las uñas, y yo terminaba de ponerme mi camisa blanca. Estaba muy nerviosa. Ella sonrió al verme.
-son las siete y aún no llega. –le avisé a mi amiga nerviosa.
-no te preocupes, vendrá.
-él sabia perfectamente que mis padres se iban a las seis. Lo conozco, no vendrá. Seguramente estará con la estú•pida de Camilla.
-¿no sabes que cuando estás enamorada te vuelves paranoica e irritable? –me acosté a su lado en la cama, y sonreí al techo.
-es la primera vez que me siento así.



-prácticamente, ¿cuántas veces se te ha roto la moto este mes? –le pregunté a Polo.
-cuatro.
-tú si que no sabes tener una moto.
-no es eso. ¡Yo sí la hago correr al máximo! –Respondió sonriente.— no como tú, que desde que te enamoraste ya no piensas en las carreras como antes. –me quedé mirando a lo lejos. Y mi corazón palpitó muy deprisa.— ¿Por qué estás enamorado, no? ¿No te parte el corazón cuando la vez? ¿No te impacientas al verla cada minuto? ¿no ves la hora en que te llame?
-si, Polo. La verdad si estoy enamorado. –respondí, sonriente.
-¡ha! ¡Soy un crack para saber lo que la gente piensa! –sonreí. Agarré el casco, y subí a mi moto.— ¿A dónde vas?
-donde _______. –sentí que echó una risilla, y contestó:
-justo a tiempo.




Joe tocó el timbre, y sonreí emocionada. Salí corriendo, dejando a Erika sonriendo en la cama mientras se terminaba de arreglar las uñas y me dirigí hasta la puerta. Él me sonrió, soltando un suspiro.
-¿lista? –preguntó con esa hermosa sonrisa de niño que había salido de su interior.
-si… –respondí.
Bajamos el ascensor con las manos agarradas, y llegamos hasta su moto. Subimos, pero, antes de colocarme el casco, pasó mi pañuelo francés por delante de mis ojos y me lo ató. Sonreí, ilusionada de la sorpresa. Y de que aún conservara el pañuelo intacto. Sentí cómo subió a su moto, y arrancó. Me sujeté fuerte de su torso, e iba vendada, sintiendo el aire tranquilo en mi cara, y sintiéndome libre.

+ He visto un grafiti esta mañana, una bella mujer decia: Hay dos dias en los cuales nunca pienso. Ayer y mañana.

FM 107.3 Radio Caos. He visto cosas que ustedes, humanos, no podrian ni imaginar.+
•#.


Sentí la moto detenerse, y Joe bajó de ella. Tenía curiosidad ya de querer saber a donde me había llevado, e hice ademán de quitarme el pañuelo.
-¡eh, aun no! –exclamó Joe, colocando nuevamente sus manos encima de las mías. Me quejé, inflando mis mejillas, y me ayudó a bajar de la moto. Bajé torpemente, tropezando un poco. Sentí una risilla suya.
-¡no te rías! –le reñí. Me dio un beso en la mejilla, como disculpandose, y me condujo a ciegas, hasta un rincón.
-quédate ahí, no te muevas. –me ordenó sereno. Asentí con la cabeza, y me soltó las manos. Mientras sentía sus pasos dirigirse hacia otro sitio, sentí olas, olía a sal…
-siento el mar. –le confesé. No respondió. Me asusté de no haber oído nada, pero decidí seguir obediente en mi sitio. Escuché el ruido de un metal en el suelo, rodando, y luego se detuvo. Pero me asusté, al sentir un cristal romperse con brusquedad. Me sobresalté.— ¿Qué ha sido eso? –Pero no respondió.— ¿Joe? ¿Joshep?
Sentí algo abrirse con brusquedad detrás de mi, & era una puerta. Ahora, unas manos me sujetaron, y sonreí al saber que estaba de nuevo ahí.
-ven, ven… -me susurró Joe; dándome confianza en aquella voz tan suave. Caminé, siguiendo sus pasos, un poco asustada de golpearme o tropezarme una vez mas. Todo se volvió más oscuro. Seguimos caminando, o, él guiándome, y de nuevo vi un poco de luz reflejada. Sentía el mar más fuerte ahora.
-¿A dónde vamos? –pregunté curiosa. Sus manos me sujetaron un poco más fuertes ahora.
-sígueme, mi princesa. –sonreí ante su sobrenombre hacia mi.
-¿pero a donde vamos?
-ya lo veras. –sentí un pequeño muro, y alcé el pie para subir a un escalón. Subí el otro, y me encontré más alta que Joe. Pronto él se encontró a la misma altura. Sentí su cuerpo pegado al mío por detrás. Me dio un beso en la mejilla, ligero, pero con amor, y me quitó lentamente la venda. Ante mi, la vista del crepúsculo se dibujaba mas perfecta que nunca. El mar acariciaba los rayos de sol reflejados en el agua, y de repente todo me pareció más perfecto.
-esto es hermoso… -susurré con los ojos aguados y emocionada.
-¿te gusta? –sonreí con intensidad.
-¿estás loco? ¡Es maravilloso! –le dije mientras él me abrazaba por detrás. Olía mi cabello, y yo sonreía efusiva.

Mientras terminamos de ver el crepúsculo, nos agarramos de las manos, y me llevó de nuevo hacia otro sitio, secreto, del cual no tenía ni idea; & eso me gustaba.
Entramos en el pequeño castillo abandonado, y subimos unas cuantas escaleras para poder entrar en una vieja habitación, que parecía ser una antigua galería de arte. Apreté la mano de Joe con fuerza en mi mano, y vi que tenía una cama, o mejor dicho, un colchón con sábanas limpias al lado de una ventana, donde se reflejaba la perfecta claridad del atardecer.
Me detuvo delante de la cama, me dio un ligero beso en los labios, y se dirigió hacia ella, tendiendo una sábana más suave. Me mordí el labio inferior. Mis nervios no me dejaban en paz.
-Ho paura. –le confesé a Joe. Me miró, un poco asustado, pero serio. Supe que su desilución era que le rechazara una vez mas.
Se acercó a mí, suavemente.
-aquí no hay nadie, no te preocupes. –me quedé quieta. Se acercó más a mi, y me quedó observando a los ojos. Suspiré. Estaba demasiado nerviosa. Sé que lo he repetido, pero lo estaba más que nunca.
-no es eso… -susurré avergonzada. Él miró hacia el suelo, buscando qué decir.— si no te hubiera asegurado nada… -me colocó un dedo en los labios y me miró intensamente a los ojos.
-¿lo harías ahora conmigo? –me susurró, encontrando exactamente lo que tenía qué decir.
-si. –me regaló una dulce sonrisa.
-seré el primero.
-quiero que sea así.
-es lo mas bello que podrías haberme dicho. –me susurró con amor. Mi corazón reaccionó.
-¿de verdad? –asintió con la cabeza, y me agarró las manos, silenciando de una vez el ambiente y pasando a la acción.
Me dirigió hasta la punta de la cama, y me senté ahí. Me colocó el cabello por detrás de las orejas, y me acarició la mejilla, quitándome luego la chaqueta. Cuando me la hubo quitado, yo ayudé a que se quitara su camiseta negra. al ver, una vez mas, con detalle, aquel esbelto cuerpo, mi piel se erizó, acelerando mi ritmo cardiaco. Sus abdominales se encogieron cuando se inclinó un poco hacia mí, y desabotonó mi camiseta, dejándomela abierta y luego haciendo que me acostara en la cama. Respiré con dificultad, y sentí sus masculinas manos bajar la corredera lateral de mi falda. Me quité las sandalias, mientras, y él me quitó la falda con un ligero movimiento. Me observó por un momento, y cerré los ojos, tímida. Abrí mis ojos al notar besos suyos en mi vientre, al lado de nuestro tatuaje, alrededor de el… luego se levantó, mirándome, brindándome confianza, y agarro mis pantys, para quitármelas. Y así lo hizo. Al final, le ayude a quitármelas por completo. Él desabrochó el botón de su tejano oscuro, bajando la corredera, para quitárselo. Baje mi mirada hacia aquel bulto, formado justo en su lugar. Joe me miraba, contemplando cada reacción sobre mí en su cuerpo; al bajarse su ropa interior, cerré los ojos, nerviosa de ver su miembro, y sentí un roce de su mano en mi nuca.
-mírame, no seas tímida. –abrí los ojos poco a poco, fijándome, avergonzada.— quiero que me conozcas… -lo mire un par de segundos, y subí la mirada por todo su torso, musculoso, fuerte, fibroso. Se inclinó hacia delante, apoyando sus manos a cada lado de mi cuerpo.
Subió encima de mi, y nos acomodamos en el cabecero de la cama; ahora besándonos. Me besó, e intenté seguir el consejo de mi amiga. “olvida lo de tu alrededor y céntrate en su rostro.” ¿Cómo lo hace ella? mi cuerpo reacciona ante toda esta excitación, no puedo estar tan tranquila. Acaricié su cara, y me beso de nuevo. Joe estaba desnudo, encima de mí, y agarré su musculoso brazo, apretándolo con fuerza, y respirando agitadamente. Joe notó mis nervios.
-no tengas miedo… -me susurró, intentando controlar los nervios entre él y yo.
Solté un suspiro nervioso, mientras mi corazón se aceleraba demasiado, un poco asustada. Rozó su miembro, guiándolo, yo tragué saliva, mirándolo a la cara. Mi respiración se aceleró aún más, y él comenzó a besarme todo el rostro. Mis mejillas, parpados, nariz, frente… intentando hacerme sentir bien, y durante esas caricias, empezó, entrando suavemente, e intentándolo de nuevo.
Me besó otra vez, la mejilla, el cuello, y luego hundió su cabeza en mi cabello. Agarré su mano con fuerza, y cerré los ojos, al notar que entraba en mí, despacio. Mi cuerpo se tensó debajo del suyo, & Joe me acarició el cabello, tranquilizándome, al mismo tiempo que lo hacia todo lentamente. El contacto de nuestra piel quemaba. Abrí la boca soltando un poco de aire y apretando más su mano, mientras él me acariciaba el pelo con una y me agarraba la mano, contemplándome y asegurándose de que estuviera bien. El movimiento me costó, sintiendo punzadas un poco dolorosas. Fue suave, ligero… Joe resbalaba sobre mí delicadamente. Alzó la mirada, & me miró, asegurándose nuevamente de cómo estaba. Me contempló, mientras yo cerraba los ojos. Tragué saliva, nerviosa aún. Joe volvió a hacer el movimiento, y sentíamos nuestras respiraciones agitadas. Su cuerpo temblaba al hacer el esfuerzo de poder hacerlo suave.
-lento… -le susurré.
-tranquila. –me contestó él con la respiración agitada.
Sus movimientos aumentaron, y agarré sus hombros con fuerza. Sujetó mi cabeza con delicadeza, brindándome suaves y tranquilizadores besos cálidos. Me acariciaba espléndidamente. Siguió moviéndose, yo apretaba mi mano contra la suya. Apreté con fuerza mis ojos, haciéndome la valiente y solté un gemido No sé si fue de dolor o placer.
- ¿…te hago daño? –me preguntó entrecortado. Negué con la cabeza, temblorosa, y me dio un beso en los labios. Tomó mi cabeza entre sus manos delicadamente, asegurándose de que estaba bien y me besó la coronilla. Acaricié su tatuaje, ahí, en la parte baja del hombro, acariciándolo con amor, y apretando a Joe junto a mí para sentirme mas protegida.
Seguimos besándonos, mientras seguía entrando en mí. Agarré su cuello, y aún sentía el pinchazo de dolor. No terminaba de acostumbrarme, pero, quería seguir… cada vez era mas agradable, y me gustaba. Joe me besaba a veces apasionado, a veces me miraba los ojos, a veces me acariciaba… pero, pronto, sus movimientos se aceleraron, y pude notar el placer. Saber qué es, y entreabrir mis labios, soltando suspiros y gemidos, junto a él. Seguíamos, yo sin experiencia, & él enseñándome.
Cuando, por fin, pude acostumbrarme al ritmo, Joe dio media vuelta y quedé encima de él; se sentó en la cama, y seguimos haciendo el amor en esa posición amorosa. Él me acariciaba el cabello, y yo intentaba hacerlo lo mejor posible, para poder complacerle al máximo. Echaba la cabeza hacia atrás, ya que me era inevitable, y Joe me callaba los gemidos con dulces besos. Me sujetaba la cadera, subía sus manos por mi espalda, y me tomaba entre sus brazos, colocando su cabeza suavemente en mi pecho y dándome el significado de que era suya. & él mío. Solté una risa de felicidad, entre pequeños brincos, & Joe me acompañó, riendo también, y abrazándome entre su musculoso cuerpo.









Nos encontrábamos arropados en la cama, tapándonos lo necesario, con algunas velas iluminándonos el ambiente. Sonreía, eufórica, y se abalanzó sobre mí, sonriendo, y regalándonos besos a cada segundo que pasaba.
Yo me encontraba acostada en su pecho, y el trazaba con sus largos dedos, dibujos sobre mi piel, notando las palpitaciones de su corazón. Aún no podía creérmelo, ya era mujer, & el había sido el primero. El primero... Sonreía, y le besaba el pecho con ternura. Alcé la cabeza, y le regalé un beso. Él me sonrió.
-¿lo hago fatal, verdad? –pregunté mirándolo avergonzada.
-claro que no. Eres perfecta. –me acarició la mejilla, y me regaló un beso en la coronilla. Volví a apoyarme en su pecho. Hubo un silencio, largo, pero disfrutábamos abrazados de esa manera. El aliento de Joe golpeaba contra mi cabello, y me dio un beso en el, antes de hablar.
-tengo miedo de decir algo equivocado… -se quedó en silencio un momento, y volvió a hablar.—: Te amo.–sonreí, con el corazón a cien.
-repítelo.
-Te amo.
-no pares nunca de decirlo.
-Te amo, te amo, te amo, te amo… -& le brindé un dulce beso. Nos separamos, mirándonos a los ojos.
-nunca había sido tan feliz en mi vida. –le confesé. Él seguía mirándome profundamente.
-yo tampoco.
-¿tan feliz como para tocar el cielo con un dedo? –pregunté sonriente. Él me miró penetrando su mirada en lo más profundo de mi corazón. Me di cuenta, de que Joe sí me amaba.
-No. Mucho más que eso. Al menos a tres metros sobre el cielo.
+Ten bien cercanos pedazos de tus recuerdos
y te darás cuenta que querrás una noche sin luna,
cuando todo te parecerá inútil, y tienes la sensación de estar de verdad
en este planeta, pero por suerte con una posición privilegiada para mirar las estrellas
FM 107.3 Radio Caos. Al otro lado de la Luna.+
No podía sentirme más feliz. ¿Acaso se podría? Me sentía eufórica, libre, ligera… mientras conducía su moto, & el viento acariciaba emocionado nuestros rostros y cabellos, todo lo del alrededor me pareció distinto. Mucho mejor. No paraba de sonreír, y de dejar libre mi cabeza, que el viento se apoderara de ella, y de mi cuerpo. Apretaba con ansias el torso de Joe, & él de vez en cuando se giraba, sonriéndome. Le gustaba que fuera de esta manera en la que me encontraba, y a mí también.
Nos detuvimos en frente de un local que no tenía ni idea de qué era. Joe bajó, pidiéndome que me quedara allí. Regresó pronto, con una flor en la mano. Una margarita.
-¿quieres que muera hoy de un infarto? –le pregunté mientras me brindaba la flor. Mi corazón latía desbocadamente.
-no me importa.
-¿ah no?
-no, porque pronto lo haré yo también. –sonreí, oliendo la flor, y besándolo dulcemente.

Llegamos delante de mi portería. No quería irme, pero debería. Me baje, y me puse delante de Joe. Lo miré de manera distinta, mientras nos sonreíamos mutuamente.
-¿Qué tal te sientes? –me preguntó sonriente y con las mejillas encendidas. Yo sonreí.
-maravillosamente, maravillosa. –respondí. Él echo a reír y me atrajo hacia él de mi cadera y me besó. Colgué mis brazos por su cuello, y le seguí el beso, emocionada. Me separó unos milímetros, con ganas de más.— ha sido uno de los mejores momentos de mi vida, y lo mejor es que lo he compartido contigo.
-te amo. –me susurró cerca de los labios. Me lo quede observando, mirando su hermoso y perfecto rostro. Mis ojos se aguaron, y lo besé de nuevo.
-yo también te amo, Joseph Jonas. –le susurré sujetándole de las mejillas y besándolo de nuevo apasionadamente.













Cuando estaba llegando a la puerta de mi casa, me encontré con Ian, que pasaba cerca de ahí. Le sonreí, y él se detuvo delante de mi.
-¿Qué tal estás? –preguntó sonriente al verme. Yo le sonreí aun más.
-de maravilla. –le solté. El sonrió de nuevo. Extrañamente, una punzada en mi corazón apareció de repente. Dejé de sonreír por un segundo, pero volví a hacerlo.
-me he enterado de que tus padres no están. –me dijo.— si necesitas compras o algo por el estilo, puedes subir y decírnoslo.
-tranquilo. Mis padres no me dejaran respirar aunque estén a kilómetros de distancia. Pronto vendrá una nana a cuidarme… -dije desanimada.
-bueno, no puede ser tan malo… -bufé, pero de nuevo sonreí. Alcé la vista para poder verlo bien. Era alto.
-¿quieres entrar? –le ofrecí.— me siento sola. Sería genial poder hablar contigo.
-¡claro! –contestó sonriendo espléndidamente. Me encantaba su sonrisa. Hoy me encantaba todo. Era genial.
Entramos y cerré la puerta, de seguido me acerqué a la cocina y traje bebidas. Él estaba en el sofá, mirando una foto mía de cuando tenía 6 años. Le sonreí, y él dejo la foto al verme. Le ofrecí la Coca-Cola.
-eras tan guapa como ahora. –me alagó y me sonrojé.
-no exageres. Tu si que tendrás muchísimas chicas a tu alrededor… ¿no?
-puedo tenerlas, pero no le presto atención a ninguna. –Me pareció raro que me decepcionara eso que dijo.— salvo por una, que no puedo dejar de pensar en ella.
-¡vaya! ¿Y quien es? Si se puede saber, claro… -dibujé una sonrisita inocente mientras él me contemplaba los ojos, los labios, el cuello…- ¡venga! ¡Quiero saberlo!
-no. –Respondió al fin sonriendo.— me da mucha vergüenza.
-¿la conozco?
-¡eh! Con esa pregunta todos adivinan de quién se trata.
-alguna vez lo sabré. –le contesté. Me miró con gran intensidad; sus ojos penetraban en mí como balas. Nos quedamos mirando así, hasta que bajé la mirada, agarré mi vaso, y lo llené de nuevo con Coca-Cola.
-te veo muy contenta hoy, ¿Qué es lo que ha pasado?
-tu no me has dicho lo de tu chica, así que no pienso contártelo. –dije comportándome como una niña.
-está bien… te lo diré, si tu me dices porqué estas tan contenta. –me quedé en silencio, pensando esa propuesta. Así que asentí con la cabeza, agarre sus manos, sonrientes, y le miré a los ojos.
-mi primera vez ha sido hoy, con mi novio el chico al cual amo… ¿no es genial? –pero no noté ningún signo de alegría en su rostro. Yo sonreía como loca, pero él, ni se inmutaba. Sus manos temblaron debajo de las mías, y las arrebató salvajemente. Me quedé perpleja, haciendo desaparecer aquella sonrisa de felicidad en mi rostro.
-¿porqué? –preguntó. Yo aún lo miraba perpleja.
-¿porqué, qué, Ian? ¿No te agrado la idea de contarte algo tan valioso para mí? –se quedó en silencio, y se dirigió hasta la puerta. Yo me quedé helada.— ¿Qué pasa? –pregunté antes de que saliera, pero cerro la puerta tan fuerte, que si el sonido hubiera sido mucho mas fuerte, rompería mis tímpanos. Él, hizo que el día tuviera también su parte mala. Nunca se puede ser feliz por completo, siempre tienes algún obstáculo, que te prohíbe serlo.


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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 1:04 am

“No. Mucho más que eso. Al menos a Tres metros sobre el cielo…” recordaba esas palabras en mi mente a cada segundo, & cada vez que llegaban, brindándome luz en la oscuridad mas profunda, una sonrisa, soñadora, se apoderaba de mi rostro. El despertador sonó, y me levanté de inmediato.
Mientras iba en la limusina que me venía a buscar cada mañana mientras mis padres no se encontraban aquí, me sentía un poco aburrida. El chófer era demasiado serio, y la nana que me ha tocado, resulta ser alguien que me vigila desde fuera. Miraba las calles pasar tranquilamente, hasta que pasamos por un puente, donde el negro resaltaba del blanco perfectamente. Donde esas letras, allá en lo alto de él, grandes, luminosas… flecharon mis ojos inmediatamente.
“IO E TE TRE METRI SOPRA IL CIELO”. Saqué la cabeza por la ventanilla, y sonreí eufórica, mientras el viento me acompañaba y yo observaba aquel grafiti en lo alto. Echo por él, por el chico que me ha robado, por supuestamente, mi corazón. Todo es suyo, todo mi cuerpo es suyo, mis besos son suyos, mis ojos también… no sé, cómo podría, explicar este sentimiento tan enorme que no cabe ya en mi pecho. Significas mucho en mi vida, Joe. Totalmente, lo eres TODO.



Bajé de la limusina con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro, y me dirigí hasta clase. Mientras entraba, en mi mesa se encontraba algo que nunca había estado ahí, algo que no hubiera llegado por parte de otro, que nadie me había dado. Un ramo de tulipanes amarillos perfectamente colocados en mi mesa. Mi corazón no daba a más. Las agarré, de inmediato, mientras todas las chicas me miraban sorprendidas, y me acerque al olfato aquellas flores, metiendo en mi corazón aquel aroma, aquellas flores elegidas por él. Entre ellas, había una nota:
“Si estar enamorado se considera estar muerto, entonces considérame debajo de una tumba.” –besé aquella nota con cariño, con esa pizca de "indelicadeza" por parte de Joe, y miré dirección hasta donde Erika & ella me sonreía alzándome el pulgar. El profesor llegó, así que guardé todo de inmediato.


+Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo.
FM 107.3 Radio Caos, Willian Shakespeare.+


Me senté en un banco junto a Polo mientras comíamos churros. Polo empezó a reír cuando yo terminé mi historia.
-¿de verdad? ¡Qué cursilada!
-lo que digo es enserio, y como te rías de nuevo… -él rió por lo bajo.
-es que no me puedo creer que hayas dicho: “tener sexo con ella ha sido maravilloso, sobre todo ser el primero” no me lo creo.
-¡pues no te lo creas!
Hablábamos tranquilamente, hasta que se nos acerca un tío alto, rubio, parecía de buena familia, con los puños duros y mirándome fijamente. Me levanté, en mi defensa, y él se detuvo delante de mí en seco.
-¿cómo te atreviste a tocarla? –preguntó aquel hombre. Su aliento olía a alcohol y el olor me llegaba fuerte.
-hey, ¿de que hablas? –le pregunté. Polo se puso alerta, pero lo detuve.
-¡tu sabes perfectamente! ¡Estoy hablando de ______! ¿O es que ya has olvidado su nombre?
-¿tú de qué la conoces? –mi sangre hirvió.
-solo te digo que no la toques nunca mas en tu vida… ¡nunca! –y me dio un puñetazo fuerte en el pómulo. No pude evitarlo. Le pegué yo también.



Bajé ligera las escaleras del instituto, corriendo, y esperando a que él estuviera ahí. Se encontraba en la misma posición de siempre; mi corazón bailó, y suspiré para calmarlo. Corrí hasta él, y le di un dulce beso. Me separé, sonriente, & le vi ese golpe en el rostro.
-p-pero… ¿qué te paso? –pregunté nerviosa.
-tan solo… me golpeé jugando a la gallina ciega. –lo miré seria y fijamente a los ojos. Se quedó mirándome también, y seguí mirándolo.— ¿qué?
-¿cómo que, qué? –Dije con la voz temblorosa.— te has vuelto a pelear… -lo empujé, alejándome de él, y encaminándome hasta la limusina.
-¡espera! ¡________, espera! –Me sujetó de la mano e hizo que girara.— está bien, te lo explicaré. Estaba junto a Polo, tranquilo, y de repente vino un tipo borracho diciendo cosas sobre ti & me pegó, no pude hacer nada, también le pegue.
-no te lo crees ni tú. ¿Quién va a poder hablarte de mí?
-¡sabía que no me creerías! –Dijo molesto.— ¿porqué nunca puedes creerme? ¿Tan tonto te parezco? –me quedé en silencio. De repente solté un sollozo, y me tapé la cara mientras lloraba. Joe no hacia nada, hasta que se acercó lentamente y me rozó la mano.— pequeña… -me susurró.
-¡lo que tú no entiendes es que me preocupo por ti! ¡Y llegas con golpes y hombres que te buscan y no aguanto porque odio todo eso…! –me abrazó, y lloré en su pecho.
-cambiaré… no quiero verte llorar. –rodeé su torso con mis brazos y lo apreté hacia mí.
-no quiero perderte… odio discutir. –dije.— te amo… -alzó mi cabeza y me sonrió mientras se acercaba y me besaba.

Erika me miró sonriente, mientras en su mirada se mostraba pícara. Yo me tapé la cara con la almohada, y mi amiga se acercó.
-cuéntamelo todo. –me exigió. Me quitó la almohada, y la mire sonrojada.
-¿qué quieres que te cuente? –pregunté.— no hay nada que contar.
-mientes. Joe me contó que te llevó a un lugar muy especial. –sonreí, con el corazón a mil.
-oh, Erika, fue estupendo… -y me tiré en la cama. Ella cayó a mi lado, sonriendo.
-¿cómo te sientes ahora?
-no puedo explicarlo. Me siento mas enamorada…
-qué bonito… -susurró. Nos enviamos una mirada, y echamos a reír sin parar.


Allá, en lo alto, se dibujaba perfectamente nuestro signo del amor. “IO E TE TRE METRI SOPRA IL CIELO”. Joe me llevó a que lo contemplara junto a el. Nos besábamos, no tomábamos fotos, las guardaba, la colocaba de fondo de pantalla… me abrazó por detrás, y apoyó su barbilla en mi hombro. Fuimos hasta su casa, y entré muy cómoda. Le sonreí, y lo besé mientras cerraba la puerta. Nos dirigimos hasta su habitación y caímos en su cama. Nos desnudábamos unos a otro, y nos acariciábamos con pasión. Hice el amor por segunda vez, un poco tímida aún, pero con confianza hacia mantener la calma.


Me apoyé en su pecho cuando terminamos. Era genial la sensación a la que estaba sometida, no sé, cómo pude desperdiciar esto antes…
-¿cómo lo hago? –Joe sonrió y me abrazó.
-cada vez lo haces muchísimo mejor. –alcé la vista y me beso en la frente. Yo acaricie su barbilla.
-…eres tan perfecto. Tengo miedo de enamorarme profundamente y que luego… me dejes. –mi corazón se encogió, y baje la vista, abrazando su torso mas fuerte esta vez. Ese enorme y musculoso torso.
-no pienso dejarte nunca. Estoy sometido a tus encantos, sería muy difícil dejarte ir. –me alcé con un brazo, y bese su pecho; luego me puse delante de él, mirándolo a los ojos.
-Joe, dime la verdad, ¿en realidad me amas? –asintió con la cabeza, y me siguió mirando.
-claro que te amo. ¿Por qué estás tan sentimental hoy? –solté un suspiro.
-no quiero perderte. –soltó una sonrisilla & me acerco a él para besarle. Agarre su cuello y nos besamos apasionadamente.
-necesito ir al baño. –me susurro en los labios. Asentí con la cabeza & se separo de mi, quitándose la sabana de encima & caminando desnudo por la habitación. Me sonrojé. Nunca lo había visto así, tan descubierto. Su cuerpo era genial, esa tableta de chocolate me volvía loca… es un sueño echo realidad.
Mi móvil comenzó a sonar. Lo agarré, mientras me colocaba mi ropa interior.
-¿Quién? –pregunté. Una voz masculina sonó por la otra línea.
-______, hola, ¿Dónde estás?
-perdona, pero… ¿Quién eres?
-¡soy Ian! –sonreí al escucharlo.
-hola, Ian! No te había reconocido.
-¿Dónde estás? ¿Estás ocupada? –miré a mi alrededor. Creo que “ocupada” ya no estoy.
-emm… no. ¿Por qué?
-quería invitarte a tomar un helado. Te fui a buscar a casa, pero vi que no estabas. –Joe se acercaba a la habitación, empezó a buscar en los cajones ropa mientras me miraba curiosamente.— …entonces decidí llamarte.
-oh, si. Esto… bueno, si quieres, podemos. ¿Cuándo sería? –Joe se colocó la camisa que era lo último que le faltaba & se dirigió hasta la cocina.
-hoy mismo. Te recogeré por la tarde, ¿te parece bien?
-si. Perfecto… adiós. –y colgué. Terminé de colocarme el uniforme & me fui hasta la cocina. Joe tomaba zumo directo de la caja; lo dejó y me miró.— tengo que irme.
-¿vas a verte con tu amigo? –preguntó un poco molesto. Decidí ignorarlo.
-además, tengo que estar en casa… ya sabes, mis padres me vigilan.
-no cambies de conversación. –pasó por mi lado y se dirigió hasta el cajón de comida.
-Joe, tengo que irme. No quiero discutir por una estu•pidez tuya. Adiós, nos veremos mañana. –fui hasta la puerta & sentí un vaso reventarse contra la pared, a varios metros de mi. Me quedé perpleja.—…pero, ¿qué te pasa, bastardo? ¿Estás loco o qué? –le grité agresivamente. Joe tragó saliva.
-¿y así piensas no perderme? ¿Irte donde un tío que no tengo ni idea de quién es? ¿Y si interpreto mal las cosas?
-¡sabes perfectamente que no sería capaz de hacerte eso!
-¡nunca sabes cuándo te pueden sorprender! Y vete si quieres, me da igual. –mis ojos se aguaron & me quedé mirándolo. Caminó inquieto por la sala, me acerqué a él, con los brazos cruzados.
-¿Quién te crees para hablarme así? ¿De verdad te doy igual? –Seguía caminando, con los brazos empuñados.— si piensas que así solucionarás algo, te equivocas. Saldré con todos los que me apetezca, & puedes interpretarlo como te dé la gana… -vi, cómo… pegaba un fuerte puñetazo a la pared. Deslacé mis brazos, y me limpie la lagrima que caía por mi rostro.— ¡porque te doy igual!
-¡vete de una maldita vez! –me gritó golpeando la pared una vez mas, hasta que se quedo quieto, de espaldas a mi. Me quedé en silencio, y me dirigí hasta la salida. Me limpié mis lágrimas, y salí. A unos cuantos pasos, el hermano mayor de Joe, Kevin, llegaba. Me miró desconcertado & yo lo ignoré con la vista hacia abajo.
-hola… -saludó casi susurrando. Vi como adelantaba los pasos para llegar rápido hasta su hermano & preguntarle qué paso. Salí de ese edificio, rápidamente, & llegue a casa, esperando la cita con Ian, & mi corazón en las manos de Joe.
Ding dong-.
Mi timbre sonó suavemente. Alcé la vista, y me limpie las lágrimas que habían salido una vez más. Miré por la lente; Ian. Suspiré, y abrí la puerta.
-Ian, espera un segundo. Necesito retocarme. –dije dándole la espalda rápidamente. Sentí una sonrisilla suya & me dirigí de inmediato al baño. Volví a maquillarme debidamente, pensando en que saldría con alguien... pero era hora de no pensar mas en Joe, de no pensar mas en ese personaje agresivo... salí, sonriéndole a Ian.
-vaya, qué guapa. –dijo sonriente. Como siempre.
-gracias, tu tampoco estás nada mal. –esta salida es solo de amigos. Sí. Solo amigos, como si salieran dos hermanos a pasar la tarde juntos. Claro. Eso es todo.
-¿vamos? –asentí con la cabeza y le seguí los pasos. Bajamos, y al llegar al parking, un gran mercedes negro se dibujo delante nuestro. Su mercedes.
-¡vaya! ¡Me encanta tu coche! –le alagué. Después de reír como loca, lo miré avergonzada. Parecía su niña, la cual él iba a pasear. Delante de mí se ve muy maduro.— oh dios… lo siento. Parezco infantil, pero te puedo asegurar de que no lo soy.
-¡hahahaha! No te preocupes. Me encantas tal y como eres. –me sonrojé y me mordí el labio inferior. Me abrió la puerta de copiloto y subí. Él subió después.
Ian era demasiado guapo. Sus ojos, sus labios, su pelo… todo. quería mirarlo por siempre, y que me abrazara por fin como yo quisiera y que… ¡¿se puede saber qué estoy pensando!? ¡estoy loca! Ian solo es un amigo, un amigo extremadamente guapo por el que siento una cierta atracción. No, no quiero sentir esa atracción… pienso demasiado...
-¡hey! –espabilé varias veces seguidas y sonreí junto a él. Me había quedado en el mundo de mis pensamientos.
-oh, lo siento.
-te decía que te va a encantar el sitio a donde te voy a llevar. –asentí con la cabeza y me quede callada mirando hacia la ventana mientras él conducía por las amplias calles.
Me entró nostalgia de repente. Joe está enojado conmigo. Me odia, solo por no contarle con quien iba a dar una vuelta. ¿Qué tiene de malo salir con un amigo? Es él el celoso. Quería llorar, pero si lo hacia aquí, sería muy dramático.
-hemos llegado. –salí del coche junto a él & delante nuestro se encontraba un lujoso restaurante llamado “il cielo”. Mi piel se erizo, al recordar aquel trozo de la frase. Nuestra frase. era como si me restregaran por la cara la todo lo que ha pasado.
-emm… Ian, ¿no se suponía que solo iba a ser un helado? Esto es demasiado, puede que tenga que irme y…
-no, no. Quédate, por favor. –me decía sujetándome el brazo.
-pero, ¿esto será solo como amigos? –me atrajo hacia él agarrando ahora mi mano y sonriéndome.
-si. Como amigos. –sonreí, y entramos a ese lujoso restaurante. Yo no iba vestida de la mejor manera, ya que llevaba tan solo una faldilla y una simple blusa de botones blanca junto a las converse. Me dio vergüenza entrar al ver a esa lujosa gente y yo vestida de esta manera.
-me siento avergonzada. –le susurré a Ian. Él echo a reír.
-la mayoría de la gente de aquí simplemente finge ser quien no es. No te pondrán una multa por entrar con zapatillas aquí. –el camarero llegó, indicando nuestras mesas; o mejor dicho: “cojines”.
Habían una especies de cojines blancos por toda la sala, & en el medio la mesa para poder comer. Teníamos que quitarnos los zapatos y sentarnos lo mas relajados que queramos, aunque la mayoría de gente se sentaba con las piernas cruzadas. Me senté al lado de Ian, quitándome las zapatillas junto a él & sintiéndome cómoda. Nuestro sitio estaba al lado de la ventana.
-vaya, esto es muy guapo. –susurré. Él se acercó a mi.
-puedes dejar de susurrar. A la gente no creo que le importe lo que hablemos… -me dijo también susurrando. Yo le sonreí.
-así que… este era el famoso helado.
Seguimos hablando tranquilamente. Ian era muy divertido, y cada vez que me hablaba me quedaba embobada con sus encantos. Nos dábamos la comida de forma divertida, y a veces se la metía toda en la boca. Hablamos de todo, y me contó que hubo una chica que lo estuvo acosando, pero que fue hace muchos años. Me contó que le gustaba una chica, pero no me quería decir quien, así que no insistí. En un momento, mi móvil vibró, y me disculpé con Ian para poder mirarlo. El mensaje me destrozo el corazón:


“gracias, has conseguido que duerma con dolor de cabeza.”


Cerré aquel mensaje y guardé el móvil en el bolso. Mi corazón palpitaba apresuradamente, y mis ojos me ardían.
-¿Quién era? –preguntó Ian bebiendo un trago de su vino.
-solo… era mi novio. –dije con una falsa sonrisa. Miré hacia otro lado, intentando mantener esa sonrisa, y suspiré, mirando al suelo.
-tranquila. Sea lo que sea que te haya mandado, no vale la pena si te lo dijo por mensaje. –No dije nada y lo abracé. Ian me acarició el brazo y el pelo. Me alzó el rostro, para poder mirarme. Nos quedamos mirándonos a los ojos un buen rato, y me incliné para poder besar sus labios. Me agarró el rostro, y me pegó con ansias junto a él. Fue un beso maravilloso, amargo, ya que en mi mente existía otra persona. Pero, ¿y este beso qué podía significar? No quería dejar a Joe. No. Me separé de él, de repente, y lo miré. Me levanté de la mesa y me fui hasta la salida. Estaba desconcertada. Ian tardo un poco en salir, seguramente pagó la cuenta, y se encontraba a mi lado. Lo miré, y subí a su coche.
Llegamos a casa y decidí subir a la suya. Quería cariño, quería… quería a alguien, por un momento, que no me tuviera con la cabeza dando vueltas. Entramos en su departamento, y fui la primera en entrar. Me quede en silencio, y me abrazó por detrás. No hice nada; comenzó a besarme, y me deje llevar. Fuimos hasta el sofá, y me acostó ahí. Pensaba que estaba haciendo la mayor locura que podía hacer, que esto no estaba bien, que así no podía arreglar las cosas, pero solo pensaba.

[…]

Kevin entró un poco apresurado a casa y se encontró a Joe dando suaves puñetazos a la pared con la cabeza apoyada en ella. cerró la puerta y agarro a su hermano de los brazos y lo apartó de ahí, llevándoselo al sofá y sentándolo.
-Joe. –le llamó. Su hermano parecía muy enfadado.— ¿Qué ha pasado?
-pues pasa que me pone los cuernos. –esa ultima frase la dijo a regañadientes.— y no me dice con quien mal•dito va a verse.
-eh, ¿acaso tienes pruebas de que eso sea cierto? ¿Y si solo es un buen amigo?
-¡así empiezan!
-tu tienes la mente de calle, de esos gamberros que no sabéis vivir en paz. Habla con ella, y verás como todo es mentira.
-no.
-Joe, no seas testarudo. Es una chiquilla, por favor, habla con ella. Además, ¿la quieres, no?
-… sí. La quiero.
-entonces, ve y pídele disculpas por tu absurdo comportamiento agresivo.

[…]

Sentía que esto se me iba de las manos. Pero, era todo por culpa de Joe, porque me confunde & me grita &… no pude mas. Aparté a Ian de encima y lo miré fijamente mientras él se quedaba confundido e impresionado. Se me aguaron los ojos y suspiré hondo.
-lo siento, Ian. Esto… no puede ser, no quiero que pase...
-shh… -dijo colocándome un dedo en los labios.— no digas nada. Solo fue un descontrol. –me sonrió, pero no pude devolverle la sonrisa. Asentí con la cabeza al borde del llanto y me dirigí hasta la salida. Ian antes de salir, me acarició la mejilla.— hasta luego.
Tragué saliva y me dirigí hasta mi piso. Lloré mientras llegaba. Lo primero que hice fue irme a mi habitación y querer dormir eternamente para no enterarme de lo que pasa en el mundo real.


Mi móvil sonó y fue lo que me despertó. Miré la pantalla. Joe. Suspiré varias veces antes de cogerlo, pero cuando lo hice, terminó de sonar. Esperé unos diez minutos mas y sonó de nuevo, esta vez, lo agarré de inmediato.
-¿hola? –respondí con una suave voz.
-_______, ¿puedes abrirme? –preguntó tiritando.
-Joe, ¿Dónde estás? ¿Tienes frío? ¿Por qué me llamas ahora y…?
-ábreme. Estoy delante de tu portería. –Salí de la habitación y fui hasta el balcón. Él se encontraba ahí, con los brazos cruzados mientras moría de frío. Le abrí, tanto abajo como arriba y lo abracé apenas lo vi. por mas helado que estuviera, éste era el cuerpo que quería tener para siempre en mis brazos.
-lo siento, lo siento… siento mucho haberme comportado como niña, lo siento… -me abrazó mas fuerte aún y me agarró la cara para hablarme.
-shh… tu no tienes nada que de qué perdonar. Fui yo el imbécil que me comporté violento y… solo estaba celoso. –le sonreí y volví a abrazarlo.
-te quiero, Joseph. –me besó el pelo y me abrazo fuerte de nuevo.
-y yo mas a ti.
Entramos en casa, y sin tan siquiera quitarse la chaqueta, nos besábamos como locos y nos dirigíamos hacia la habitación. Me quitó el pijama de inmediato, mientras yo lo ayudaba a quitarse su fría vestimenta. Acaricié su cabello ondulado, mientras me besaba el cuello. Una vez desnudos, me tomó en brazos, y me llevó a la ducha. Me reí junto a él, y entramos a la bañera, mientras la llenaba y caía agua de la regadera. Entre besos mojados, me recosté en la bañera y Joe entró en mí mientras el agua cada vez abundaba en la bañera. Respiré agitadamente, mientras me sonreía, y me besaba cada parte de mi rostro. Así, mojado, se veía aún más perfecto que nunca. Rocé cada músculo de sus brazos, y con mis piernas, acariciaba los de las suyas. Me fascinaba su musculoso cuerpo, todo tan… fuerte. El agua seguía llenándose, mientras seguíamos haciendo el amor, entre gemidos, risas, suspiros, besos… y amor. Me tocaba toda, y sé que lo hacia con dulzura. Lo miré a los ojos, mientras entraba por segunda vez en mí. Seguimos mirándonos, como si fuera un reto, para saber cuánto nos gustaba estar el uno con el otro. Solté un suspiro, y eché mi cabeza hacia atrás, cerrando los ojos lentamente, y dejándome llevar por él y por el agua.
Al acabar, echamos jabón como locos en la bañera y todo se convirtió en una fiesta de espuma. Jugábamos tirándonosla en la cara, o haciéndole comer jabón al otro. Resbaladizos, nos abrazábamos e intentábamos mantenernos así, pero nos resbalábamos dentro, haciendo reír al otro con gracia.

-eres todo lo que he deseado. –me susurró al oído mientras me abrazaba por detrás con los albornoces puestos. Sonreí, enamorada, y me giré para verle el rostro.
-y tu me haces llegar a tres metros sobre el cielo. –enseño esos alineados dientes brindándome una enorme sonrisa y me beso. Yo me separé, y me dirigí hasta la cama; él se tiró a mi lado.
-¿porqué me odiabas cuando nos conocimos? –reí al recordar los viejos tiempos.
-porque eras un egocéntrico que pensaba que lo sabía todo, que tenía todo a sus pies y no te cortabas en decir ni una sola palabra; ah, sí, & olías a cerveza.
-vaya, muy buena explicación. –le di un beso en la mejilla.
-¿y tu? ¿Qué pensabas de mi cuando me viste?
-pensé… ¿eso es un ángel caído del cielo o estoy ya en el cielo? –Le golpeé en el pecho.— ¡auch!
-¡sé que no pensabas eso! –dije riendo.
-¡vale! Está bien. En realidad pensaba que estabas muy buena y quería pasar una noche contigo, pero a la vez, no me atrevía, porque noté que eres una chica muy sensible.
-¿Qué quieres decir con sensible?
-así, de esta vida. Hija de mamá y papá.
-estoy orgullosa de ti. –solté después de un rato de estar callados.
-¿Por qué?
-no he vuelto a ver que te peleabas durante un tiempo, corto, pero un tiempo. Has cambiado al menos un poco.
-¿he mencionado ya que estoy enamorado?
-solo un par de veces. –le di un tímido beso en los labios. Él se apoyo en un brazo sobre la cama mientras me miraba.
-“perdona si me rio por mi desasosiego, te miro fijo y tiemblo… solo con tenerte al lado y sentirme entre tus brazos, si estoy aquí si te hablo emocionado, si estoy alucinado…” –cantó con una hermosa voz y suave melodía. Sonreí sonrojada.
-¿es tuya?
-no. Es de Tiziano Ferro. –me puse en su misma posición, sonriéndole de nuevo enamorada.
-pues es hermosa. –agarro mi rostro y me dio un suave beso.— tengo que dormir. Mañana tengo clases. –me tire en la cama y luego él se puso encima de mi. Sus fuertes brazos me rodearon de lado a lado, y lo miré, seria.— tengo miedo.
-¿de qué? –preguntó arrugando el entrecejo.
-de no poder ser feliz nunca mas en mi vida como lo soy ahora. –me acarició el cabello, y nos quedamos mirándonos así, fijamente.
-entonces, yo estoy aterrado. –se acercó y me dio otro dulce beso, bajando suavemente su manos hasta el cordón de mi albornos y quitándomelo, cayendo en la tentación nuevamente.
#.
Me sentía como si estuviera flotando. Lo mejor que me podía pasar. Abrí mis ojos, y el sol me cegó por completo, obligándome a cerrarlos de nuevo. Sentí un suspiro a mi espalda y de seguido la cama se movió. Me di cuenta de que me encontraba casi al final de la cama, casi cayendome, y que un chico perezoso se encontraba ocupando gran parte de ella. Me gire, y sonreí al verlo dormir en mi cama. Agarre las sabanas y me tape dirigiéndome al baño. *******! No! No! No! No puede ser! Me he despertado tarde! Agarré mi uniforme y zapatillas e intente cambiarme velozmente. Joe despertó.
-¡Joe, me he quedado dormida! –le grité nerviosa. Él bostezó.
-pero, ¿Qué mas da? Un día menos un día más… no hace daño.
-¡no para ti! –me coloqué las medias deprisa, vi a Joe caminar hasta el baño el calzoncillos. Qué cuerpo… ¡pero debo de dejar de fantasear! ¡Tengo prisa! Me coloqué la otra media, luego Joe se acercó a mí.
-¿porqué no faltas hoy? –lo miré a los ojos. Uno de sus rulos le tapaba medio ojo.
-no puedo… -se apoyó en mis piernas y me beso. Sentí una presión en el pecho, tan fuerte, que lo abracé, besándolo también.— Joe, no…
-te llevaré a un lindo lugar. Quédate. –giré la cabeza hacia un lado, él me beso el cuello.
-quisiera quedarme, pero es mi obligación y…
-¿qué mas da?
-lo siento pero apenas tengo 17 años y mi obligación es estudiar y centrarme en ello. Tú eres libre, aunque no del todo. Que tengas 20 no te dice que tengas que ser así de vago.
-está bien, si quieres ir. Vete. –se alejó de mi y empezó a colocarse los pantalones. Me sujeté de su espalda y lo tiré de nuevo a la cama.
-¡lo siento! –Dije sonriendo junto a él.— perdóname… ¿me perdonas? –se quedó callado por un momento, serio, pero después volvió a sonreír.
-si. Claro. –me cambie de ropa y salí junto a él en su moto.


Fuimos hasta el mar. Joe aparcó la moto cerca y nos dirigimos hasta la arena, sentados enfrente de la playa, me apoyé en su pecho y él me acariciaba el pelo.
-Joe, ¿hay algo de lo cual nunca me hayas contado? –se quedó en silencio, como pensando la respuesta. Me giré y lo miré.
-si. Hay algo.
-¿y qué es? –suspiró y luego miró hacia lo lejos.
-tengo muchas denuncias…
-bueno, eso no es un problema, ¿no? –pregunté nerviosa.
-…si lo es. Tengo tantas, que si me meten otras dos, voy a la cárcel. –suspiré. Asustada.
-pero… bueno, no es tan malo, ¿no? O sea, has hecho cosas sin sentido, de esas tontas…
-por eso me persiguen siempre esos hombres a los que tanto tienes miedo. –Tragué saliva.— pero tranquila, no me dan miedo, que se vayan a la... -lo miré, impidiendole terminar aquella frase.- Por eso mismo, porque no me dan miedo, tengo muchas denuncias.
-¿y qué has hecho como para que te denuncien tanto?
-¿porqué no dejamos de hablar de esto? –Se levantó de la arena.— además, no es algo que tenga que interesarte mucho.
-me interesa mucho mas de lo que crees. –Me levanté también, y tuve que alzar la mirada para poder verlo a la cara.— ¿Qué es lo mas grave que has hecho?
-nada.
-Joe. Dime. –Se quedo callado.— Joe… -seguía callado.— ¡Joe!
-¡cállate! ¿¡Es que no entiendes que no voy a contártelo!? –me gritó agresivamente. Me quedé perpleja, casi sin aliento. Él se tranquilizó.
-Si vas a sacar esa manera de ser tan violenta, llévame a casa. –Pedí casi en un susurro.— no. No. Mejor… me iré por mi cuenta. –caminé deprisa por la arena, Joe me llamó y me adelantó, impidiéndome caminar.
-¿te has enfadado?
-¿te parece bonito que te griten de esa manera a la cara? –dije con los ojos aguados.— eres un maleducado... nunca puedes hablar sin decir tacos...
-venga, Perdóname. –intento abrazarme pero lo empujé fuerte.
-por esa razón siempre tienes que arruinarlo todo. –caminé deprisa de nuevo, pero él volvió a detenerme.
-¿qué quieres decir?
-¡eres un agresivo! Nunca se puede hablar tranquilamente contigo sobre un tema, decente.
-¡está bien! ¡Piensa lo que quieras! ¡Te iras sola, vete! –seguí caminando y lo dejé atrás, mientras el viento derepente se sintió seco, como si presintiera el clima entre nosotros. Después de unos cuantos metros, me giré y le grité:
-¡eres un maldito bestia! –seguí caminando y me dirigí hasta la parada de autobuses, pero antes de llegar, un mercedes se detuvo a mi lado. Ian.
-¿Qué haces por aquí sola? ¿No tienes clases hoy? –me sentí un poco nerviosa al tenerlo ahí, a unos cuantos metros de Joe, pero me sentía rabiosa. Me incliné un poco para quedar al nivel de la ventanilla.
-¿puedes llevarme a casa? Me he perdido. –asintió con la cabeza, pero antes de subir, un fuerte jalón me impidió que lo hiciera. Joe tenía la mandíbula tensa y me miraba con los ojos abiertos exageradamente.
-¿A dónde crees que vas con este? –lo empujé y él me sujeto mas fuerte.
-no tienes derecho de tratarme como si fuera un objeto. -intenté safarme, pero él seguía agarrandome fuertemente.
-ah ¿no? ¿Y tú si puedes tratarme como te de la gana?
-¡suéltame, me haces daño! –le grité. Me soltó de inmediato, pero volvió a agarrarme del otro brazo.
-¡y luego me escondes cosas!
-¡pues tu eres el primero en hacerlo! –Ian salió del coche, con esas Rayban puestas. Joe me soltó, un poco sorprendido, se dirigió hasta él.
-¿qué pasa aquí? –preguntó Ian quitándose los lentes.
-tu eres ése que llego y me pegó. Eres tú el borracho… -susurro Joe.- pero qué gilip'ollas... -Lo agarró de la camisa e Ian lo empujó.— te voy a… -se lanzó encima de él y empezó a pegarle. Ian, se defendió, y volvió a pegarle también. Fue un lío. No supe que hacer.
-¡parad, por favor! –les grité. Joe lo empujó agresivamente e Ian chocó contra el coche, se recompuso y volvió junto a Joe, para pegarle. Mi reflejo fue de inmediato, entré en medio de aquella pelea y recibí un puñetazo en el brazo por parte de Ian, no me importó y lo empuje. Los dos me miraron sorprendidos, con la respiración agitada.— ya esta bien… -dije también acelerada.
Joe me miró por unos segundos, diciendome tantas cosas con aquella mirada que no supe cuales, se separo de mi, agarro el casco de la moto y subió en ella, arrancándola. Corrí detrás de él mientras andaba despacio para coger carretera, él se detuvo, sin mirarme pero escuchándome.
-Joe, llévame contigo, siento mucho lo que ha pasado. –no me respondió. Acaricié el brazo por donde tenia el casco, y subí hasta su cuello para abrazarlo.— ¿me llevas? -por fin me miró, ayudándome a subir, y alejándonos de ese lugar.
No pensé e Ian. ¿Cómo se sentiría al dejarlo así de ignorado?
Llegamos a mi portería y me baje. Joe me miraba aun enojado. Suspiré, quedándonos en silencio los dos.
-me siento estúpida. -le dije, bajandome de la moto. Joe me agarró de la muñeca.
-vamos, no digas burradas. -Solo sentí sus brazos acercarme a él y besarme el cabello.- aquel retrasado estaría colado por tí, debería de estar orgulloso de la novia tan guapa que tengo.
Sonreí, y lo bese en los labios.
-no volverá a pasar ninguna de estas cosas, ¿verdad? -pregunté.
-claro.
-nos veremos mañana. –le susurre. Me beso el cuello y de nuevo los labios. Sus labios estaban mas rojos de lo normal, & eso me volvía loca.
-esta bien. Adiós. –volvió a besarme y después me fui. Recibiendo una llamada.
#.
Una de las amigas de mi madre me pidió que le cuidara el niño mientras ella se iba a una cena de la empresa. No dude en aceptarlo, así que empezaría mañana.
-¡papa, mama! –dije alegre de volverlos a ver. Un abrazo de tres nos reconforto, estuvimos hablando de todo, hasta de la mayor tontería: nunca me dejaron con alguien vigilándome.


Casa de la señora Marianne. El niño jugaba mientras yo miraba la televisión y atenta a lo que hacía. Esperaba a Joe, lo había llamado para que me hiciera compañía.




-pero, ¿por qué vas a hacer de niñero? ¡Si odias a los niños! –soltó Polo.
-tú te quedaras con el niño, yo me iré con ________.
Toqué el timbre dos veces, esperamos un momento, y ella abrió. Me sonreía;... esa cara de niña inocente, la única que hace que mi corazón se vuelva loco. La que me encanta. Dejo de sonreír, al ver que Polo venia junto a mí. Entramos, y ella se acercó, susurrándome:
-¿no se suponía que íbamos a estar solos? –me susurró preocupada de tener a mi amigo aquí.
-para eso he traído a Polo.
-sí. Yo soy un experto cuidando niños. –dijo él guiñándole un ojo, dándole confianza, y sentándose al lado del niño que jugaba. ________ puso los ojos en blanco; supe que no confiaba ni una pizca en mi amigo.
-vamos arriba. –le susurre acercándola a mí y dándole un beso en la mejilla. Ella miró de nuevo a Polo, desconfiada aún.— tranquila, estará bien.



Subimos las grandes escaleras y entramos en la primera habitación que estaba, que era la del niño. Joe me besaba, impaciente, y yo, sonreía, tímida y feliz.
-pero… ¿y si el niño entra? –le susurré a Joe, que me quitaba la chaqueta.
-tranquila, para eso traje a Polo. –me acostó suavemente en la cama.
Nos besábamos ahora suavemente, Joe me quito la ropa delicadamente y sin darme cuenta. Yo le ayudaba a él a quitársela. Cuando, faltaba poco, para desnudarnos juntos, (habían pasado 15 minutos)
Escuché el ruido de algún vidrio romperse. Me alteré y miré a Joe desconcertada; Joe tragó saliva. Escuche mas ruido, ahora el de unas voces riendo. Empuje a Joe y salí de la cama, colocándome la ropa lo mas rápido posible; le envié una mirada de enojo, mientras él solo me miraba, inocente. salí de la habitación, colocandome la chaqueta y dirigiéndome hasta la sala. Me encontré con sus amigos causando el caos en la casa. Tierra trágame.
-¿¡qué hacéis aquí!? –les grité. Agarre al niño, que se encontraba jugando con un preservativo inflado, con un nudo, haciendole parecer que era un globo y lo lleve hasta un rincón; Joe bajo de inmediato, echando a todo el mundo.
-venga, ¡salid de aquí! –les grito pegándoles a todo el que echaba.— ¡eres un gilipolllas! –le insulto a Polo.
-¡pero si solo hice una llamada! –se quejo él.
-contigo arreglaré cuentas luego… -Joe lo empujo, y la casa iba quedando vacía poco a poco. Le arrebaté aquel objeto al niño, mirando con demasiada rabia la escena.
-¡que molestia! –Dijo un macarra saliendo de la habitación de la dueña de casa, arreglándose su ropa junto a una chica.— ¿no podías echarnos un poco mas tarde?
-que te den. Lárgate. –Le respondió Joe. el chico salió y nos quedamos solos. Mi cuerpo ardía de la rabia. Despues de que la casa se sintiera silenciosa, Joe, parado como una estatua, me envió una mirada.
-_______, yo… lo siento. No quería que… -me decía Joe.— te ayudaré a recoger todo. -y se dirigió hasta las botellas de cerveza que se encontraban vacías en el suelo. oh no... había manchado el sofá.
-vete. –dije con la voz rota. Él se sorprendió.
-¿Qué?
-que te vayas. ¡Vete! –solté al niño y lo empuje hasta la salida. Él Salió sin problemas.




-muchas gracias por todo, ________. –me agradecía la señora Marianne. Si ella supiera el caos que hubo…
-de nada. Estaré a su disposición siempre que quiera. –sonreí con esfuerzo y salí de aquella casa, nerviosa de que se diera cuenta de algo, pero creo que deje todo en su sitio. Con aquella macha invente una excusa, el niño agarró una botella de cerveza de su padre por error, y se regó en el sofá por haberse roto. Me sentí fatal por haberle mentido, pero es lo que tuve que hacer.
En estos momentos, odio la compañía con la que se junta Joe.

Al día siguiente.



-el aguacate, la fruta… -decía Erika mientras sacaba todo de la bolsa.— ya está. Todo lo que le gusta. Seguro saldrá genial.
-gracias. –le sonreí.— Kevin, llega tarde, ¿está bien? –le dije a mi hermano.
-¡he traído el trabajo a casa, me quedo! –dijo un poco estresado.
-Kevin, tengo una cena en casa…
-… ¡está bien! ¡Pero cuando vuelva quiero todo en su sitio! –asentí con la cabeza y salió. Polo y Erika se iban también.
-nos vemos después, hermano. –choqué los puños con Polo y le di un beso en la mejilla a Erika. Se fueron, dejándome mientras organizaba lo último.
Pasó una hora y ella no llegaba. Decidí que no vendría, pero no creo que tenga que perder las esperanzas y no había ninguna razón para que faltara. Marqué su número, y la llamé. Las primeras 5 llamadas me colgaba. Seguí intentándolo y a la séptima me contestó:
-pequeña, te estoy esperando, ¿Por qué no vienes?
-no voy a ir y tampoco me llames mas.
-¿pero, qué ha pasado?
-lo sabes muy bien, se perdió un collar de perlas de la casa de la señora Marianne misteriosamente. Me echo la culpa a mí. Nada hubiera pasado si tus amigos se quedaran en su sitio. No me llames nunca más. –y colgó. Me quede mirando a lo lejos, un poco frustrado; me fui a dormir, agarrando mi móvil, y enviándole un mensaje.




Mientras estaba acostada en la cama, enojada aun por lo sucedido, sentí mi móvil vibrar. Lo miré y vi que el mensaje era de Joe. Dudé en agarrarlo, pero, recordar su sonrisa… me hizo agarrarlo y tocar la pantalla para abrir ese sobrecito sin abrir.
“me haré perdonar.”
fué su mensaje. De inmediato le conteste:
“jódete.”
y le di a enviar, esperando unos segundos, para ver si me enviaría otro. Y así fue.
“buona notte, amore mio.”


Desperté con el sonido de mi madre hablando por el teléfono. Me aliste, y Salí a desayunar. Le di los buenos días a mi madre, y ella se acercó a mí.
-_______, he hablado con Ian, el chico del 3ro 2ª. –asentí con la cabeza y mi corazón se aceleró al recordar ese día en su piso.
-¿Qué pasa?
-está un poco mal. Al parecer se le ha muerto un familiar. Si lo ves, intenta saludarlo de buena manera, ¿está bien?
-yo lo saludo siempre bien, ¿por qué me dices eso?
-solo lo digo porque veo que os lleváis muy bien, y no te ha contado nada… simplemente es para que lo sepas. –asentí con la cabeza.



Me levanté de la silla, agarre la moto y me dirigí hasta la casa del Siciliano.


Llegando, caminé con los puños cerrados y con el cuerpo ardiente; estaba seguro de que fué él. Pensar que por la culpa de ese maldito _________ se haya enojado conmigo me causa demasiado enojo. Subí las escaleras, toqué el timbre y espere impaciente. Él abrió la puerta.
-¿eh? ¿Qué haces por acá? Ya no vienes a las carreras. –Mi mirada era casi asesina.— ¿qué es lo que quieres… eh? –me dio un empujoncito y eso hizo que mi furia reventara contra él.



Deje el bolígrafo en la mesa con el que hacia los deberes y me levanté, para atender a la puerta, que llamaban. Miré por el rabillo de la puerta. Joe.
-¿Qué quieres? –pregunte débilmente.
-abre la puerta. –me quedé callada. Parecía enfadado, y no quería abrirle en ese estado.— ¡______, abre la puerta! –pegó un puñetazo y me asusté. Me quede pegada a ella.
-¿¡qué es lo que quieres!? –le pregunté gritándole.
-¡abre la maldita puerta! –la puerta vibraba gracias a sus patadas y sacudidas en ella.
-¡vete, lo has arruinado todo! ¡Eres un agresivo y nunca cambiarás! –la puerta se sacudió de nuevo, yo pegue un grito ahogado.
-¡ya, venga! –esperé un momento y la abrí de un solo. Él tenía una herida abierta en su cara. Me aterré.
- ¿qué ha pasado…?
-nada. Toma. –me puso en las manos un collar. El collar de la señora Marianne. Me lo quede mirando y se dio media vuelta, para marcharse. Mi voz no funciono, no me salió palabra para decirle algo. Justo en ese momento, pasaba Ian.
-el ascensor está dañado… -me informaba. Baje la mirada y cerré la puerta. No tuve tiempo de saludarlo de buena manera, Joe está enfadado conmigo, y eso duele mucho más que cuando yo lo estoy con él.



Llegué a casa y me tiré en el sofá junto a mis hermanos. Nick miraba la tele comiendo palomitas, y Kevin revisando sus informes, como siempre.
-sois unos aburridos. –Dije estirándome en el sofá.— Kevin, por una vez has algo útil.
-esto es más útil que pasarme el día con mis amigos haciendo el vago y viajando en moto, como lo haces tú.
-hahaha, eres tan chistoso… -le respondí sarcásticamente.
-Joe, deberías de llevarme algún día contigo y tu moto. –me habló animado Nick.
-ya veré cuando… -mi móvil vibró y lo agarre de inmediato.
Sonreí al ver aquel mensaje, ignorando lo que Nick me hablaba y lo que Kevin se quejaba. Me levanté del sofá y salí de casa, leyendo nuevamente ese mensaje:
“perdonado!”.
+ El ruido se convierte en sonido. El latido se convierte en ritmo.
Fuerza hermanos, aceleren la vida a toda velocidad y nunca dejen de hacer revoluciones.
La luna se vuelve el sol. La noche en el día. Porque detrás de cada persona se esconde otra.
Quizá mas bella, quizá mas nueva, quizás la tuya.


FM 107.3 Radio Caos. Girando al contrario.+


Sonó mi móvil y lo agarré. Su voz hizo que nuevamente mi corazón revolcara de felicidad.
-bajo enseguida. –respondí. Agarre mi jersey y salí, lanzándome a sus brazos y besándonos con locura. Me pegó en la pared, acariciándome, y yo, tocando su musculoso brazo. No sé cómo lo hicimos, pero entramos en ese pequeño jardín cubierto por arbustos y seguimos amándonos ahí. Nos desnudamos, entre cada desliz de ropa, una caricia más. Me volvía loca verlo sin camiseta; ese escultural cuerpo… subí encima de él, mientras me agarraba de la cadera y lo besé, uniéndonos una vez más. Pequeños saltos, hacían que gimiera, mientras él entrecerraba los ojos y me acariciaba.
Di media vuelta y quedó él encima de mí, riéndonos, mientras nos mirábamos a los ojos.
-te necesitaba… -me susurró cerca de los labios, seguido de un abrazo.
-yo aun mas. –dije con la respiración agitada al igual que él. Lo besé una vez más, ya que nunca me cansaría, y mucho menos si esos inevitables labios se veían tan rojizos y resaltantes entre esos blancos dientes.
-¿sabes que es lo que más me gusta de ti? –me preguntó cuándo nos habíamos vestido y estábamos abrazados el uno contra el otro.
-¿Qué? –pregunté sonriente y con mariposas en el estómago.
-tu forma de ser. –me acarició el cabello, dándome un beso en la mejilla.— tu cabello… -acarició mi barbilla, besándome.— tus labios… -bajó por mi cuello, llegando hasta mi vientre, y llegando hasta nuestra marca.— tu suave piel, y nuestro tatuaje. –reí sonrojada y lo miré a los ojos.
-lo que más me gusta de ti es tu sonrisa. –lo besé en los labios, rosados, que me volvían loca.— tus labios, sobre todo. –Sonreí, avergonzada de tener que hablar así.— ¡Joe, me gusta todo de ti!
-te amo. –dijo sonriéndome y abrazándome. Yo reí, mientras me hacia cosquillas.
-te amo –repetí. Toqué su cabello, agarrando su cara.— prométeme una cosa.
-¿qué cosa? –agarre fuerte sus manos, mirándolo a los ojos.
-que nunca me dejarás. –susurré. Me abrazó delicadamente, dándome un beso en la coronilla.- Y que cambiarás.
-eso son dos cosas.
-Joe... prométemelo.
-te lo prometo, mi amor.




Mientras nos abrazábamos, cientos de gotas de agua cayeron sobre nosotros. El regador para el césped se había disparado y nos levantamos rápidamente mientras nos mojábamos bajo esos pequeños disparadores. Empezamos a reír mientras seguía cayendo el agua disparada en sereno. Un beso debajo del agua, un abrazo, una caricia. Juntos.
Subíamos por el ascensor, Joe decidió acompañarme hasta la puerta. No pudimos aguantarnos; nos comíamos la boca mientras el ascensor llegaba a su destino. Subí a su cintura, y agarré descaradamente su cabello, pegándolo más a mi y besándonos con locura. El pitido de llegada sonó, bajé de inmediato de encima de Joe & mi sorpresa fue grande. Justo a la salida, se encontraba Ian.
-hola… -susurré avergonzada. La cara me ardía y mis orejas me quemaban.
-hola. –saludo muy seriamente y sin mirarme después a la cara. Me quede asombrada de su comportamiento y se dio media vuelta, bajando por las escaleras.
-está chalado. –susurró Joe. Le mire, preocupada, y él me abrazo cariñosamente.
-tendrás que irte ya. –asintió con la cabeza y me dio un ultimo beso. De esos largos, que tanto le gustan a él.





-la odio. La odio. La odio. ¡La odio! –maldecía el día en que encontré a mi profesora de latín. Por su culpa, mi año se iría por la borda y no podría aprobarlo. Solamente por ella, no podría hacer nada.
-¡lo se! Así que, ignórala. –me decía Erika.
-¡parece que me odiara tanto como yo a ella! no puede ser que me suspendiera el examen… -me preocupaba mucho mis estudios.
-cálmate, ¿esta bien? –bajamos las escaleras de salida y vimos a los chicos jugando a pelearse. Nos echamos unas miradas, y reímos juntas.
-qué infantiles. –dije riéndome. Erika rió también y bajamos lo que faltaba de escalera para encontrarnos junto a ellos. Nos miraron y se acercaron a nosotras para saludarnos amorosamente. Joe me agarró en brazos.
-¡hey, llevo falda! –dije riendo y escondiendo mi cara en su pecho.
-tranquila, conmigo ninguno te vera tan siquiera la piel. –caminó hasta su moto y subí en ella bajando de sus brazos. Oh dios mío… me miró profundamente. Esos labios rojizos, sus ojos verdes, su cabello rizado… ¿por qué no puedo, al menos por un segundo, encontrarle algún defecto en ese rostro? Esa sonrisa perfecta, su perfume varonil, esa chaqueta negra de cuero que le hace ver malévolo pero a la vez tan atractivo hasta que no te puedes resistir; sus pectorales… basta. Ahora lo tengo enfrente, y quiero aprovechar de cada momento. Me dio un beso en la mejilla y subió detrás de mí en la moto. Un momento… ¿detrás de mí?
-Joe, ¿qué haces? –le pregunté desorientada.
-hoy manejaras tú. –me respondió sonriente y apretándome desde atrás.
-pero, ¡si yo no sé manejar! –apoyó sus manos en mis hombros y acarició todo mis brazos hasta llegar a las manos. la piel se me erizó.
-he visto brazos mas débiles que estos manejar una moto. –empuñe mi mano derecha y le di un puñetazo en el muslo. Él se quejó.— ¡auch!
-¿te parece débil este bracito? –pregunté molesta. Él se echo a reír.
-¡esta bien! ¡Eres muy fuerte, la mas fuerte de todas! –sonreí y apoyé la mano en el mando. Agarró mi cintura, indicándome qué hacer.— vale, dale fuerte al pedal. Como puedas. –di una, dos, tres. Esta vez si arrancó.
-¡vaya, se ha encendido! –Joe echó a reír junto a mi. Sentía la moto demasiado enorme desde este ángulo.
-ahora, cambia las marchas. A tu gusto. –subí el pie para ir cambiándolas. Estuvo bien.— arranca. –hice un movimiento de muñecas y la moto se disparó de un solo. Joe se sujeto empujándome hacia delante para intentar no causar daños y solté el mando. Me asusté.— vaya, ¡tendrías que darle mas suave! –contestó sonriente y feliz de lo ocurrido.
-no, mejor, maneja tú.
-no, no. Hoy lo harás tú. Venga, empieza de nuevo. –arranqué, esta vez mas despacio e intenté controlarme, pero me era imposible.
-¡Joe, Joe, Joe! ¡Ayúdame! –él solo reía. Colocó sus manos encima de las mías y me ayudó a controlar la moto. En realidad, estar delante no estaba nada mal.— esto me gusta.
-lo sabía. Así podrás darme sorpresas tú también. –sonreí y me dio un beso en el hombro.
El viento movía mi cabello de forma alocada y Joe se apoyaba en mi hombro, intentando controlarme y manejando los dos juntos. Estaba tan concentrada en la carretera que no me fijé hacia arriba.
-¿cómo ha dejado todo de ser tan difícil? Quiero estar aquí lejos, contigo, sin ningún problema, sin los míos, sin los de casa, en un sitio tranquilo fuera del tiempo… -Joe me aprieta mas hacia él mientras seguimos conduciendo.
-no te preocupes. Sé donde podemos ir donde nadie nos molestara. Podemos estar siempre, solo hace falta quererlo. –arrugué el entrecejo, sonriendo a medio lado.
-¿Dónde?
-allá, a Tres metros sobre el cielo, donde viven los enamorados. –alcé la vista, sonriente, y con mis ojos lagrimosos, mientras contemplaba su grafitti. En grande solo para mí.




-pero profesora, he entregado todos los trabajos que me pedías, he aprobado tus exámenes he hecho todo lo que decías, ¿porqué tengo que repetirlo?
-no se queje _______. Aquí mando yo, y si alguien tiene algo para decir, que me lo diga ahora mismo. –la miré con la peor mirada que podía enviarle a alguien. La odiaba, y ella me odia.
-¡no quiero hacer nada! –me levanté de la mesa y la tiré dirigiéndome hasta su sitio y tirando todos los papeles que tenia en la mesa. Al desahogarme, me quedé en shock al darme cuenta de lo que había hecho. Me tapé la boca del asombro.
-bueno… ¿sabe usted que cualquier tipo de agresión al profesor puede darle una suspensión definitiva? –me lo recordó dibujando una pequeña sonrisa en el labio y mirándome tranquilamente.
-lo siento mucho… -susurré. Salí del salón, dirigiéndome a la salida.
#•



-mamá, ella es la que no me entiende. He hecho todo lo que pedía, ¿porqué a mi? –le hablaba a mi madre con los ojos aguados.
-esta vez si te has superado. Nunca pensé que fueras a hacer alguna cosa así. –Me quedé en silencio.— tu padre ha tenido que dar una donación para que eso no pueda entrar en tu expediente. Y que no se vuelva a repetir. –asentí con la cabeza y entré en mi habitación. Mi futuro es importante, y por una estúpida profesora me saldrá todo mal.
Mientras dormía, mi móvil sonó, despertándome de inmediato y volviendo a recordar la historia de esta tarde y pensar que la Giacci no me mirará como siempre; ahora me mirará mucho peor.
-¿si? –contesté adormilada.
-hola, pequeña. ¿Estabas durmiendo? –Joe. Él siempre me alegra, al menos un poco, el momento.
-emm, si.
-pareces mal. ¿Ha pasado algo? –tragué saliva, preocupada.
-no sé si debería contártelo, son cosas de mis estudios…
-puedes contármelo. –suspiré, y se lo conté.

[…]

En una sala grande, donde todo es casi silencioso, donde entran y salen personas educadoras; que intentan dar un mejor futuro a sus aprendices. Profesores. Una sala, donde se reúnen siempre, donde guardan todo, donde hay una inmensa mesa en el medio y una silla grande. Está de espalda, y parece haber alguien sentado en ella. Humo de cigarro, y una cara extrañada.
-perdone, ¿sabe que aquí no se puede fumar? –pregunta la profesora Giacci a la persona que está de espaldas con la silla. Se gira lentamente, y la mira, dando otra calada a su cigarro y mirando fijamente a la profesora mientras coloca los codos en la mesa.
-¿usted es la Giacci? –pregunta el joven.
-profesora Giacci. ¿Puede apagar el cigarro? –con un leve movimiento, apaga el tabaco en la plantilla del zapato. El joven alza la vista.
-tiene que tratar bien a ______, ¿vale? –la profesora Giacci sonríe sarcásticamente.
-la señorita será tratada tal y como se debe, y puede retirarse de inmediato. –el joven sonríe, levantándose de la silla y acercándose a ella. Giacci lo mira sin importancia.
-solo le diré una palabra. –Dice Joe.— PEPITO. –se aleja de ella, dándole la espalda y dirigiéndose hacia la salida.
-¿¡qué tiene que ver Pepito en todo esto!? –pregunta en voz alta la profesora Giacci, pero Joe ya se ha ido, ignorándola por completo.

[…]

-Pepito, ¡hey, vamos! ¡Cógela! –le animaba Polo al perro mientras este estaba sentado encima del sofá. El perro ni se inmutaba.— Pepito… -insistió Polo. Llevaba unos 10 minutos intentando jugar con él, pero el perro era tan sumamente tranquilo, que ni se movía.— Pepit… ¡vaya perro te has traído! ¿¡Y qué clase de nombre es Pepito!?
-yo qué sé, Polo. Tal vez nunca ha conocido una pelota. –reímos a la vez. Kevin llega del trabajo, hablando con su novia y se sorprende al ver al perro. Cuelga, despidiéndose, y cruzando los brazos.
-¿qué es eso? –pregunta Kevin.
-un perro. –respondo.
-¿a, sí? ¿Y de quién es?
-suyo. –respondemos a la vez Polo y yo mientras nos señalamos el uno al otro.
-estupendo. ¡Lo quiero fuera de casa en media hora! –me riñe.— ¿capito? En media hora.



Salí a botar la basura. Hacía un poco de frío. Me encaminé de nuevo hasta casa y me tropecé con Ian. Alcé la vista y nos sonreímos uno al otro. Qué guapo se veía…
-Ian. –lo salude.— ¿qué tal estas? Hace tiempo que no hablamos.
-bueno, digamos que has estado ocupada. –asentí un poco avergonzada. Él sonrío.— ¿qué tal has estado tú?
-¿yo? Genial. –sonreí dulcemente enamorada. Seguí caminando hacia casa mientras Ian me seguía. Se veía muy guapo a la luz de la luna. ¿Lo he dicho ya? Sí. Pero es verdad.
-quería decirte que… bueno, quiero que sepas que estoy aquí cuando quieras hablar, cuando… quieras contar algo. –lo miré extrañada.
-¿Por qué me lo dices, Ian?
-no lo sé. –Sonreímos al mismo tiempo.— pero, me gusta ser muy amigo de la gente que quiero, así, siempre estaremos unidos. –subimos al ascensor, presionando el botón correspondiente.
-pues, quiero que sepas que tu también eres bienvenido en el entorno de mis seres queridos. –él me sonrió.— aunque, no sé porque te molesto tanto aquella vez que te conté eso tan importante para mí…
-¿qué cosa?
-vaya, así que puedo contarte todo… si ni siquiera te acuerdas qué te he contado. –Entonces reflexionó, y tragó saliva.— parece que te has acordado.
-sí. Sé perfectamente qué me dijiste y sé perfectamente mi comportamiento aquel día. –lo miré directo a los ojos.
-¿porqué te comportaste así? Heriste mis sentimientos, y además, pensé que se te pasaron cosas raras sobre mí por tu cabeza… -Ian esperó en la salida del ascensor y salió, un poco nervioso.
-nos veremos mañana. –salió y salí detrás de él. Se giro nervioso aún.
-Ian, ¿qué te pasa? Te comportas de manera extraña… no sé.
-hablaremos de esto, pero no ahora. –lo agarré de la chaqueta y lo miré a los ojos.
-respóndeme sólo a una cosa, por favor. –miró hacia lo lejos y luego a mis ojos. Asintió con la cabeza.— ¿yo te gusto, verdad? quiero decir, si sientes algo por mí. –se quedó en silencio y suspiró profundamente. Yo lo solté.— eso explica todo.
-la verdad… -agarró mi rostro inesperadamente y me planto un beso. Me quedé sin habla, y me dejé llevar, besándolo también y cerrando los ojos. Acarició mi cabello y bajó sus manos hasta mi espalda, apretándome más a él. Yo apoyé mis manos en su pecho y me quedé quieta, siguiéndole el beso. Ahora, todo se desbordaba. No podía hacer esto. ¿No? ¡No! ¡No podía! Me separé lentamente de él e Ian me sostenía aún la cabeza. Apenas podía hablar, ya que sus labios estabas muy cerca aún.
-no puedo; acabemos. –susurré. Él me pegó mas a él e intento besarme de nuevo. Yo me aleje un poco mas ahora.— Ian, no puedo… -volví a susurrar, pero la tentación era mucho mas poderosa.
-no pares, no ahora. –dijo y me beso de nuevo. Seguimos besándonos con locura y me pegó a la pared, esta vez se me vino a la mente Joe. Joe…
-¡no! –dije entre dientes y me di media vuelta, entrando en casa. Respiré agitadamente recordando todo ese error aún. ¿Qué me pasaba con Ian? No podía ser lo que yo me imagino. No, por favor. No.






-¿estas bien? –me susurró Joe levantando un poco la vista. Yo asentí con la cabeza.
Desabotonó mi camiseta besándome el vientre y subiendo hasta mis labios. Le sonreí, y lo abracé mientras sentía cómo entraba en mí. No quería dejarlo marchar; tampoco por una maldita estupidez mía... mi vocabulario se enreda al estar junto a él. Pero no me importa; no quiero perderlo; quiero tenerlo por siempre y para siempre aquí, en mis brazos, y sentir su respiración en mi nuca. Esa presión insoportable en mi pecho se apoderó nuevamente de mí, haciéndome caer en los encantos de este chico, dejándome llevar, apasionadamente, del amor de mi vida. Joe dio media vuelta e hizo que nos sentáramos en la cama, mientras continuábamos amándonos de cualquier manera.
Acaricié su cabello y me acosté en la cama, cayendo él también a mi lado. Lo observé por un momento, mientras miraba al cielo aún con la respiración agitada. Sus rasgos eran únicos; peculiares. Amaba cada lunar regado por su cuello... era mágico poder contemplarlo tan de cerca. Cerró los ojos y tragó saliva, giró la mirada hasta mí y me envió una sonrisa. Qué melancolía... Le di la espalda. Pronto sentí sus manos en mi cintura, acariciando mi torso y pegando su cuerpo desnudo al mío. Me dio un beso en la espalda y escondió su cabeza por mi cabello.
-te pasa algo. Sé que sí. –agarró mi mano y me apretó mas a él. Yo me quedé pensativa.— ¿he hecho algo malo? –me senté en la cama dejando caer su mano y me enrollé la sabana alrededor de mi torso. Lo miré seriamente.
-lo haces mal, Joe. –susurré. Él soltó una sonrisita burlona.
-¿quieres que ensayemos mejor? –siguió sonriendo. Yo me moleste más.
-no hablo de eso, hablo de tu forma de vida. Hoy casi me mareo al oler tu olor a tabaco y alcohol. –se sentó a mi lado y me dio un beso en la mejilla. Yo me aparté molesta.
-pequeña, te he dicho que cambiaré. –me susurró al oído.
-¿y cuando? Me estas diciendo eso desde hace meses… -bajé la mirada, un poco triste. Él suspiró.
-llegué con olor a tabaco porque todos fuman. Yo estoy intentando dejarlo por ti…
-Joe, eso no te lo crees ni tú.
-está bien. Me fume 3, pero ni mas ni menos. ¡Lo he rebajado a 3! –me acarició el cabello, besándome la coronilla.
-pero no es suficiente. De todas maneras te formas en mala vida. Tampoco estudias y no conozco a tu madre…
Se levantó de la cama buscando un pantalón que poder ponerse y se dirigió hasta la salida de su habitación. Me di cuenta de que estaba enfadado. Salí con su camiseta puesta y lo abrace por detrás. Su esplendida y ancha espalda era suave.
-lo siento. Pero, quiero que sepas que te amo tanto, que… me preocupas de verdad. –se giró, con un trozo de pan en la boca.
-si tanto me amas, no deberías cambiar mi manera de ser.
-no es tu manera de ser, Joe. Es cómo vives y frecuentas… -siguió masticando el pan tranquilamente.
-no estoy lo suficiente con mis amigos por querer estar contigo. ¿No te basta que me lo echen en cara?
-¿de verdad lo hacen? –Joe asintió con la cabeza. Yo sonreí.— eres único.
-no mas que tú… -agarró mi rostro y me besó. El ladrido de un perro me hizo sorprenderme.
-¿qué ha sido eso?
-un perro. –soltó Joe. El perro salió de la habitación de Kevin y se quedó como una estatua encima del sofá. Yo me dirigí hasta él para acariciarlo.
-¿Cuándo pensabas decirme que tenias un perro? –pregunté sonriente y haciéndole mimos al perrito. Él parecía indiferente.
-bueno, ya lo sabes. –Joe se sentó en el sofá junto a él.— lo único malo es que no sabe hacer nada mas que esto. Estar sentado como estatua o durmiendo, o comiendo y esas cosas. Polo esta intentando enseñarle algo mas.
-es una monada…

+ El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inéxplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.
FM 107.3 Radios Caos; Gustavo Adolfo Becker.+
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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 1:05 am

No pensé que me retrasaría algún día. Así que, por mi seguridad, por la seguridad de los dos, Erika me acompañó a una farmacia. Fui a casa a buscar un poco de ropa para quedarme a dormir esa noche en casa de mi amiga; cuando llegamos, lo primero que hice fue entrar al baño.
Está bien. Esto no puede ser. Debe de haber un error. Seguro no es 100% seguro. No puede ser…
Salí del lavabo con el paquetito en la mano mientras Erika me esperaba impaciente en la cama de su habitación. Tragué saliva antes de decir algo.
-gracias por dejarme quedar esta noche en tu casa. –dije con voz floja.
-pero si viniste a pasar una “pijamada” con tu mejor amiga. Ahora, cuéntame. ¿Qué ha salido?
-Era… tienes que llamar a Joe.

-hola, preciosa. –me saludó sonriente. Sin saber nada de lo que pasaba. Yo sonreí también, falsamente.
-hola. –me dio el casco de la moto y subí.
La noche pasada no pude dormir muy bien debido a mis pensamientos. Pensaba en cómo decírselo. Hubo un punto en donde llegue a querer ocultárselo, pero no era justo. Mientras íbamos en la moto a toda velocidad, como siempre, lo apreté más a mí, y se lo dije.
La moto se detuvo instantáneamente.
-baja. –Me pidió Joe.— baja. –baje precipitadamente y me quité el casco, mirándolo apenada. Tragué saliva y suspiraba suavemente. Él jugaba con el casco en las manos, pensando qué decirme.— ¿es verdad? –asentí con la cabeza. Sentí un gruñido por parte suya.— Joder… joder… ¡joder! -golpeó varias veces el casco contra la moto y luego apoyo su cabeza en él.
-tenía que decírtelo. -se quedó un momento en silencio; luego, alzó la vista, & me miró.
-está bien, vamos a mi casa y lo hablamos. –subí de nuevo a la moto, con ganas de derrumbarme.



-¿estás segura de que ha dado positivo?
-si, Joe. Lo he visto y verificado miles de veces, deja de insistir… -le contesté nerviosa mientras él se fumaba un cigarro con la pierna temblorosa y alejado de mi.
-¿puedes enseñármelo? –lo saqué de mi mochila del instituto y se lo entregué, temblorosa también. Él se tapo la boca, desesperado. Un sollozo se escuchó.— pequeña, todo estará bien. –me consoló Joe mientras yo lloraba. ¿Cómo explicaría todo esto a mis padres? ¿Qué haría ahora? Me quiero morir.
-tengo miedo, Joe… -me abrazó consolándome aun mas fuerte. Yo lo abrace buscando aferro.— tengo mucho miedo.
-escucha, iremos a un hospital. Debemos saber si esto es verdad. -¿esta bien? –asentí y me dio un beso en la coronilla. Jamás pensé que esto tendría un límite de esta manera.



-muy bien, chicos. –saludo el doctor sentándose mientras nosotros estábamos esperándolo. Él nos miro de manera agradable.— ¿Cuál es el problema?
-estoy…
-pensamos que tenemos un problemón. –me interrumpió Joe.— bueno, pues nosotros, bueno, ella piensa que esta embarazada.
-¿perdona? Querrás decir “pensamos”. –le dije a Joe, pero luego no dije nada, ya que me di cuenta de que estaba muy nervioso.
-bien, chicos. Deberemos de hacerte una prueba, señorita… -busco en unos papeles, mirando mi nombre.— ______. ¿Me puede acompañar?
-perdone, pero, ¿qué le va a mirar? –interrumpió Joe. Sentí vergüenza pero a la vez protección.
-Joe, me hará un examen. Nada más. -se acerco a mí & me agarró el rostro.
-si te hace algo... dímelo. -me susurró; yo lo aparté, sonriendo.
-vale ya. quédate, y tranquilizate. -di varios pasos hacia atrás, mirandolo. Algo de desconfianza aparecía aún en su rostro.- ¡Es tan solo un doctor! -susurré a regañadientes.




Estoy esperando hace ya desde media hora. ¿Qué harán? ¿Qué le harán? Madre mía, esto es un infierno…
-estamos aquí. –Dijo el doctor.— ahora quiero haceros unas preguntas. –asentí de inmediato. _____ se sentó en su silla correspondiente.— ¿usáis protección debidamente? –los dos nos miramos, confundidos.
-si, doctor. La usamos. No siempre, pero sí.
-ese “no siempre” puede ser un “para siempre”. Pero, os daremos los resultados dentro de una semana.
-¿una semana? ¡Para ese tiempo ya tendrá barriga! –me quejé.— no quiero esperar ni que ella espere, esto no puede ser…
-el embarazo puede ser interrumpido si es que lo está de aquí a una semana. Quizás dos. Pero, no se preocupe, todo saldrá bien.
-eso lo dices tú porque no estás en mi lugar. –le contesté cabreado y salí de la sala. _____ me gritaba desde atrás.
Salí de aquella sala y minutos después, salió _______. No podía sentirme peor en toda mi vida.




Me acerqué a Joe para intentar tranquilizarlo. Estaba muy nervioso y me ponía nerviosa a mí también. Pronto, se alejó de mí y salimos hacia la salida. La situación no podía ir peor.
-emm… te veré mañana. –me dijo sin ánimos mientras me bajaba de la moto para entrar al portal de mi casa. Me sentí aún peor.
-Joe, ¿estás enfadado, verdad? –él lo negó con la cabeza y se colocó el casco. Sus besos, esos besos suyos que nunca faltan han faltado esta vez. Me di cuenta de que desde esto, significo poca cosa para él. Agarré su cazadora antes de que arrancara la moto y volteó la cabeza para mirarme.— ¿no te despides?
Detuvo la moto, me acerqué, se quito el casco y me dio un rápido y ligero beso. Me quedé atónita. Se coloco de nuevo el casco y arrancó, yéndose definitivamente.






-me quiero morir, Erika. –agaché la cabeza por décima vez en la almohada mientras lloraba. Erika volvió a sobarme la espalda. Note que no sabía qué mas hacer.
-________, deberías de olvidarte de eso. Joe es un pasota, ya está. –levanté la vista para hablarle.
-pero seguro que me odia. Seguro que ya no le parezco tan linda porque posiblemente este embarazada y le dañe su vida de vago y… y ya no puedo más… -y volví a caer en la almohada.
-¡hey! Pero también es culpa de él. Los dos tenéis la culpa de no usar protección. Y luego… os quejáis.
-sé que está molesto. Lo sé.



Baje de la moto y dejé el casco encima de ella muy exageradamente, como si quisiera romperlo. Me senté en un escalón de las escaleras y prendí un cigarro. Hace días que no me fumaba uno, y sentí alivio al sentirlo de nuevo en mis labios.
-¡hey, estabas desaparecido! –me saludó Polo. Al querer acercarse, lo empujé con agresividad.
-vete.
-¿se puede saber qué te picó? –lo ignoré y pronto sonó su móvil. Polo contestó.— ¿sí? ¡Hola, amor! Si. Si. ¿¡De verdad!? ¡Mamma mia! Ups. Vale, vale. No digo nada. Está bien. Ciao.
Polo se sentó a mi lado y me colocó una mano en el hombro. Yo lo miré de mala manera.
-ya se lo tuyo con _______. ¡Tío, no te preocupes! Seguramente no sale embarazada.
-eso lo dices tu… -la verdad, tenia mucho miedo de que algo pudiera pasar. Tenía miedo por ella.
-¿y se puede saber porque rayos te comportas así?
-pues porque fui un imbécil al no usar protección la mayoría de veces. Joder… me arrepiento tanto…
-pues eso te pasa por imbécil. -le di un puñetazo en el brazo, mientras él se quejaba.- ¡Eh, tranquilo!
-no puedo estarlo... estoy tan nervioso que quiero pegar a algo.
-¿Qué tal está Pepito? -lo miré, de mala gana.
-¿te atreves a preguntar por el perro? ¡Estoy en una situación de los mil demonios!
-olvídate de eso por un momento. Vámonos un rato a pasear.
-no, mejor, me iré a ver a ________.



Mientras intentaba acabar mis deberes de ciencias, mi móvil sonó comunicándome que tenía un mensaje.

“puedes bajar? Estoy en la portería.”

Baje tímidamente, con la duda de que Joe pudiera estar enfadado por algo, o por mí. Pero, ¿por qué enfadarse? Si en realidad estoy embarazada es culpa de los dos, no solo mía. Salí, & lo vi sentado en su moto, esperándome. Suspiré y me acerqué a Joe. Me sonrió, y eso me calmo un poco.
-estaba haciendo deberes, no sé si sea buen momento para salir. –dije, intentando no hablar sobre aquel tema.
-esta bien, te acompaño. –arrugué el entrecejo.
-¿cómo que me acompañas? -pregunté, confundida.
-en tu casa, a hacer tus deberes.
-mis padres están… -él asintió con la cabeza.
-lo sé, y quiero entrar.
-Joe, no creo que sea buena idea que vieras a mi padre. Él aun no te acepta.
-pues hoy me aceptará. –aparcó su moto y se acercó a mi.- venga, vamos.
-no puedes, mejor, me iré contigo. -Hice ademán de cogerlo por el brazo y llevarlo hasta la moto.- Por favor, no quiero que mi padre me odie.
-quiero caerle bien, ¿vale? –me puse nerviosa. Joe entró en el recinto, agarrado de mi mano.
Subimos al ascensor y le solté la mano. Joe me miró fijamente; sentí sus ojos pegados a mi espalda. Despues de un momento lo miré a través del espejo y estaba esperando enfrente de la puerta del ascensor. Conocer a mi padre… ¿estaba loco?
-¡espera! Tengo llaves, no toques. –Abrí la puerta con sumo cuidado, antes miré a Joe.— al menos, quítate esa cazadora. –él sonrió y se la quitó, dejándola en su brazo colgada. Abrí la puerta, y me senté en la mesa junto a Joe, continuando con mis deberes, aunque no podía concentrarme.
-te ves muy guapa haciendo escribiendo. –susurró y me acarició la pierna por debajo de la mesa. Yo sonreí.
-Estas loco.
-¿por tí? sí. -& siguió rozando su pierna con la mía.
-para. Deja de tocarme, ¡no puedo concentrarme! –decía entre dientes. De repente la puerta se abrió y entró mi padre. No podía ser peor. Su mirada no fue nada mas y nada menos que de odio; pude percibirlo.
-¿se puede saber qué hace este chaval aquí? -pregunta mi padre. Con la peor cara del mundo.
-papá, él… vino, Joe vino a hablar contigo. –solté, nerviosa.
-señor, siento ser una molestia para usted, pero necesito hablarle. –habló Joe con la mejor calma del mundo. Intentando ser "educado".
-ni quiero ni debo charlar junto a ti. Te marchas o te echo. –se acercó mi padre pisando fuertemente en el suelo. Yo me interpuse.
-¡papá, pero debes escucharlo, no es como tú crees! –decía entrometiéndome.
-¡deja de contradecir a tu padre! –Me gritó mientras seguía caminando.— ¡vete a tu habitación! –dijo muy enojado. Me agarró del brazo y me empujó hacia el lugar de mi habitación.
-¡no la trate así! –se entrometió Joe. Noté cómo agarro a mi padre del brazo y éste, por el impulso, le dio un puñetazo a Joe en el pómulo. Mi novio se tocó el rostro, sorprendido, y decidió lanzarse también, pero me interpuse y lo detuve antes de tiempo.
-¡Joe, Joe, Joe! ¡No! –lo rodeé con mis brazos por su torso y me quise desmayar; una baja presión se apoderó de mi cuerpo. Alcé la vista y miré a mi padre, luego miré a Joe.— vete, por favor. –le pedí en un susurro. Su rostro, rojo de la rabia y del golpe, miró a mi padre con desprecio y me apartó suavemente, dirigiéndose hacia la puerta.
-Luego el muy capullo enseña a su hija a no tratar con violencia. -le dice Joe, sin ningún temor, mientras que mi padre, simplemente se queda en silencio.
Cuando se hubo marchado, miré a mi padre, enojada.
-ya has conseguido lo que querías. –le solté y me dirigí hasta mi habitación.


1 semana después.


Salí del instituto frustrada. Hace días que no sé nada de Joe. Lo extraño, y sé que está enfadado con lo que paso junto a mi padre. En clases era dificil concentrarse; Joseph tampoco me agarraba el movil. Mientras bajabamos las escaleras de salida del instituto, Erika pegó un grito de alegría junto a mi oído, yo quedé atónita.
-¿se puede saber qué te pasa? –le pregunté con la cara arrugada.
-mira quien está ahí. –dijo sonriente señalándo hacia la izquierda. Yo giré, y ahí estaba él. Apoyado en su moto y fumando un cigarro. Mi corazón reaccionó y quiso salir, aquí afuera, junto a mí, para ir corriendo hacia él.
-Joe… -susurré emocionada.
-ahora podrás contarle la gran noticia. –me susurró. Yo asentí, sonriente. Me alejé de ella y me encaminé hacia él. Me miro sumiso, y apagó el cigarro. Aun estaba serio.— hola.
-en realidad vine a ver a Erika. –mi sonrisa se desvaneció al escucharle decir eso. Asentí con la cabeza.
-está bien. –Dije con voz baja.— adiós. –sonreí falsamente y di media vuelta, pero antes de irme, me detuvo de la mano. Giré inmediatamente.- ¿qué pasa, Joe? –Pregunté ahora en voz alta y con los ojos cristalinos.— hace semanas que ni te veo y cuando consigo verte, ¿buscas a Erika? ¿Qué rayos tienes que hablar con ella? Si estás enfadado por lo que paso en mi casa, ¡dímelo, y lo entenderé! No soporto estar lejos de ti, no soporto verte con esa cara de palo que traer hoy! Odio esto, y quisiera odiarte… & es lo mas difícil.
Me había desahogado. Ahora ya no lloraba, ahora contemplaba a Joe, que me miraba sorprendido. Apretó mas sus brazos enrollados en su pecho y tragó saliva, encorvando las comisuras de sus labios. Me molestó mucho, al notar una pequeña sonrisa en su rostro.
-¿sonríes? –pregunte muy molesta. Echó a reír aun más fuerte y me jaló del brazo para darme un abrazo. Cómo extrañaba su cuerpo junto al mío…
-por eso te quiero. –dijo sonriendo aún. – te ves indefensa, pero cuando explotas no hay nada que te pare. –me separó, y me dio un beso en la mejilla.
-entonces… ¿te ríes porque me enfado?
-cariño, está todo bien. –sonreí, abrazándolo de nuevo. Me aleje por un momento, mirándolo serio.
-y ahora, cuéntame. ¿Por qué buscabas a Erika?
-pregúntale a ella.
-quiero que me lo digas tú.
-por favor, no quiero dar explicaciones, ¿si? –lo miré fijamente mientras él miraba hacia otro lado. Puse los ojos en blanco y me di media vuelta para marcharme. Joe me sujeto el brazo.— ¿has visto cómo eres? No puedes dejar de actuar como una niña por un momento. Yo también me canso, ¿sabes?
-pues sigue cansándote. No pienso dialogar más de esto contigo. –arrebaté mi brazo y volvió a agarrarme, esta vez mas fuerte.
-sube a la moto. –Me pidió seriamente.— sube. Por favor. –giré la mirada y me dirigí hasta su moto.
La excusa de mi extraño comportamiento, seguramente era porque quería hacerme la interesante, quería sus mimos, sus caricias y que se preocupe más por mí. Hace días que no lo veo y lo extrañe demasiado.
Después de subir, subió él delante de mí, pasándome el casco y luego arrancando la moto. Mientras el motor rugía y la brisa nos pegaba en la cara brindándonos frescor, decidí que era el momento de decirle aquella maravillosa noticia; esa que he estado esperando contarle todo este tiempo; la mejor que había podido oír por ahora.
-no estoy embarazada. –dije en voz alta para que alcanzara a oírme.
Pocos segundos después pensé que no me había escuchado, pero note cómo el motor bajaba de velocidad & la moto se iba deteniendo poco a poco. Me quedé en silencio detrás de él mientras se detenía por completo. Agarro mi brazo y me hizo bajar. Pensé que estaba molesto, que esto no iba bien, que algo no saldría como yo quería; pero al notar la sonrisa en sus labios, me quite el casco, también sonriente.
-¿me lo estas diciendo enserio? –preguntó eufórico. Yo asentí con la cabeza. El abrazo fue inmediato, transmitiéndonos calor mutuamente.
-¿estas contento? –pregunté sonriente & con una pizca de ironía. Joe me separo de su pecho, para mirarle a la cara.
-claro que estoy contento. & ahora, vamos. Iremos a casa. –me dio un beso en la mejilla y subimos de nuevo a la moto, arrancando hacia una nueva reconciliación.


Entré en su piso y lo esperé de espaldas. Sentí cerrarse la puerta y me agarro la mano suavemente, dándome ahora un beso en la frente. Me miró, intensamente y le sonreí tímida, apretando su mano y dirigiéndonos a su habitación. Cerró la puerta con seguro y me quito la mochila, dejándola caer en el suelo. Me agarró la cara con sus varoniles manos y me besó, por fin. Sentir esos suaves y carnosos labios rojos en los míos era una sensación de alivio increíble, y podía notar cómo mi mundo daba vueltas a mí alrededor. Agarré su camisa entre mis puños y el beso aumentó de ritmo; esta vez mas apasionado y salvaje. Me agarró de la cintura y me pegó a su cuerpo, mientras nos besábamos locamente. De un tirón se quitó su camiseta roja y pude tocar de nuevo aquel escultural cuerpo de atleta. Rozar cada uno de sus pectorales al igual que sus tabletas, me hacían sentir loca e incontrolable. Nos dejamos caer en la cama, suspirando el uno por el otro, mientras nos desnudábamos mutuamente.
Entre suspiros y gemidos, caricias y besos, nombres y palabras sin sentido, nos amábamos sin control, sin ritmo, sin detenernos. Sus besos en mi cuerpo me hacían sentir completa, al igual que sus caricias y susurros de “ti amo” en mi oído. Hubo un momento determinado en el que Joe se noto mucho mas cariñoso de lo normal, en el que me tomó entre sus brazos y me hacia el amor con mas amor de lo normal junto a su rapidez, que me hizo sentir en las nubes. Acercó su rostro al mío y abrí los ojos, encontrándome con ese par de color miel, mirándome directamente a los míos.
-Aunque hayan discuciones estúpidas... no me dejes nunca… -susurraba entrecortado.— nunca, ¿me oyes? Nunca. –me besó, mientras su cuerpo seguía al ritmo de nuestro amor y me tomaba desnuda en sus brazos. Me abrazó intensamente, con fuerza, y me besó el hombro. Alargué mis brazos y los enrosqué en su cuello, apretándolo hacia mí.
-no pienso hacerlo nunca. –le susurré esta vez yo.

-tenemos que ir al ponte Milvio. –dije colocándome los zapatos sentada en su cama, & Joe acostado en ella, contemplándome.
-¿qué hay allí? –preguntó indiferente.
-¿es que aún no lo sabes? –me giré de manera exagerada, mirándolo.
-no. No lo sé.
-Joe, en el puente muchas parejas cuelgan un candado, jurando amor eterno y luego tiran la llave al río.
-¿y qué sentido tiene tirarla al río?
-si alguna vez se llega a encontrar, es porque el amor no era verdadero, y si, nunca vuelve a aparecer, el amor será para siempre. –me regaló una de esas sonrisas suyas de medio lado.
-entonces, tenemos que ir. –se acercó a mi y me besó.
-pero, ahora no. Tengo que irme ya. –Se alejó, molesto.— ¿qué pasa?
-odio cuando tienes que irte de esta manera. Odio cómo te controlan. –sonreí ahora yo y me acerqué a él, acariciando su cabello ondulado y suave.
-yo no elijo cómo vivir por ahora, Joe. Hasta que no termine este año, no podré hacer nada.
-¿Qué tal te van los exámenes?
-supongo que bien.
-¿supones?
-sí. Supongo. Porque hubo alguien que me dejo el corazón roto durante días y eso no me ayudaba a estudiar. –me abrazó, cálidamente.
-te he dicho mil “lo siento” mientras estábamos perdidos hace media hora en mi cama.
-entonces quiero mil dos.
-lo siento & lo siento. –le sonreí y lo besé con ganas. Era como si estar con Joe me aliviara todos los males. Por completo.





-¿de verdad lo crees? –le pregunté, apretando mas su mano contra la mía.
-estoy seguro. –me envió una mirada conciliadora y seguimos caminando de la mano.
-no sé, Joe. Eso me parece un poco… ¿y si lo quitan de ahí arriba? hay personas que lo harían solo por molestar.
-eh, tranquila. Lo sellaremos tan bien que nadie podrá quitarlo. Ni el mismísimo Dios. –le sonreí, apretando el candado con mi otra mano.
-así que si atamos el candado, juramos amor eterno y tiramos la llave al rio, ¿no te separaras de mi?
-¿ni tú de mi? –sonreí una vez mas.
-¡yo de ti nunca! Pero, ¿tú lo harás?
-¿me ves cara de tener la mínima intención de dejarte? –le di un beso, mientras él me abrazaba suavemente.
Me quitó el candado de las manos, y lo ató entre cientos que estaban, pero el nuestro fue más especial. Joe subió al muro y quedó del mismo tamaño que la farola, atando nuestro candado en la cima de esta, escribiendo seguidamente nuestras iniciales. Sacó la llave de su bolsillo, sellando ese candado ahí para siempre. Bajó, y puso la llave delante de su nariz, mirándome fijamente.
-mira que es para siempre. –me avisó. Le di un beso, dejándole el paso.
-estas loco si piensas que renunciaré a esto.
Entonces, me devolvió el beso, y con algo de fuerza, tiró la llave al río, jurando amor para siempre, junto a mí. Nunca podrán encontrar aquella pequeña llave, y nuestro amor será tan grande, que nadie ni nada podrá derrumbarlo. Seguramente que no.




Baje de la moto, precipitándome para entrar en casa, pero su fuerte brazo se alargó para poder agarrarme antes de irme y me dio uno de esos besos, largos, dulces, apasionados. Sonreí entre besos, y acaricié su cabello, besando luego las comisuras de sus labios y dirigiéndome ya hasta el portal, mandándole un beso en el aire, mientras él lo atrapaba y hacia el gesto de guardárselo en el corazón. Sonreí enamorada, y subí a casa. No podía ser más feliz a su lado. Me sentía en wonderland.
+ Cuando el amor no es locura, no es amor.
FM 107.3 Radio Caos, Pedro Calderón de la Barca+


Llegué al lugar donde normalmente nos reunimos todos. Ya estaba un poco gastado, además de todos los grafittis que los chicos pintaban para divertirse, o simplemente para molestar a la gente. Mientras charlaba con un grupo de amigos, Camilla se acercó a mí, hecha y derecha como lo es ella, aunque es lo que parece aparentar. Con las manos entrelazadas en sí, se puso enfrente de mi, mirándome.
-chicos, dejadnos solos. –pidió ella seriamente. Intenté ignorarla, encendiendo un cigarro.
-¿Qué quieres esta vez? -le pregunté como quien no quiere la cosa. Ella apoyó las manos en los volantes de la moto, mirándome profundamente.
-quiero hablar, por si no te has enterado. –respondió secamente.
-esta bien, habla. –dio la vuelta a la moto, subiéndose en ella. La miré extrañado.— ¿quieres ir en moto?
-hablemos en un lugar mejor.
-mira, Camilla. No quiero líos, ¿vale? Así que bájate, podemos hablar aquí mismo.
-¿tienes miedo de lo que piense la gente? –preguntó, retándome.
-no le tengo miedo a nada.
-entonces, vamos. Llévame donde quieras y hablemos en paz. –tiré el cigarro, subí a la moto y arranqué enseguida.
Al dar la vuelta para poder salir del lugar, vi cómo Polo me miraba extrañado, y yo aterrado de lo que le pudiera decir a Erika, y ella a _______. La llevé a la playa, a esta hora no abría casi nadie, así que aparqué la moto y bajamos juntos. Caminé delante, apresurándome en que lo que quisiera hablar, fuera rápido e inmediato.
-ya estamos en un lugar tranquilo. ¿Qué quieres, eh? –me agarró la mano mirándome con esos grandes y tiernos ojos marrones. Echó a caminar, hacia la arena, y se sentó, obligándome a mi también a hacerlo. Soltó mi mano, y encogió las piernas, suspirando.
-¿cómo vas con tu… niña? –preguntó, con un nudo en la garganta.
-¿qué te importa? –respondí, mirando el mar.
-Joe, me importa. Por eso pregunto.
-¿desde cuándo eres tan generosa? Nunca te preocupas por nadie.
-he cambiado, así como lo has hecho tú. Por amor.
-no quiero charlas amorosas, ¿está bien? Mejor, vámonos. –antes de levantarme, me agarró, impidiendo que me vaya y sentándome de nuevo. Bufé.
-Joe, lo diré sin rodeos, & quiero que sepas que aún estas en mi corazón, aún no sales. ¿Crees que es fácil poder olvidar aquellos tiempos en los que los dos estábamos juntos? ¿Sin nadie en medio? ¿Lo crees? –Me quedé pensativo.— no, no quiero ir a las carreras, ni comer. No quiero hacer nada divertido. Estoy frustrada…
-Camilla… yo… -me colocó un dedo en los labios, mirándome con tristeza.
-sé que inventaras cualquier excusa para poder escaparte de aquí. –se quedó en silencio y agachó la cabeza, llorando. Me pongo mal al ver a una mujer llorar, no sé cómo actuar.— no quiero arruinar nada… -continuaba hablando mientras sollozaba.— pero, me es imposible vivir con este sentimiento. Quería desahogarme, y es muy egoísta de mi parte, pero te quiero, para mí. –se tapó la cara con las manos, llorando aún más. Me acerqué a ella, acariciándole el hombro descubierto.
-eh, no llores, por favor. –Se apartó el cabello de la cara y tragó saliva, sin poder parar aún.— venga, Camilla, no llores. –alzó la vista, con las lagrimas en el rostro, quedando muy cerca de mi rostro.
-te extraño. –acarició mi barbilla, agarrándomela. Alcé mi mano derecha, para agarrar yo su rostro, y pegar sus labios contra los míos, mientras que a nuestra espalda, se dibujaba muy real el castillo en donde pude notar el amor de verdad junto a _________.





En la hora de descanso, sentada junto a Erika, sonreía sin parar. Ella me dio un golpecito en el hombro, sonriente también.
-¿se puede saber porqué estas tan contenta? –preguntó, dándole un mordisco a su manzana.
-por una vez en mi vida siento que alguien me quiere de verdad. –Dije, soñadora.— Joe & yo juramos amor eterno en el ponte Milvio.
-¿de verdad? –preguntó emocionada.
-sí. Además, siempre está atento, me trata como quiero, quisiera… que nuestro amor durara tanto, que cuando nuestras almas viajen muy lejos, estemos tan juntos, que ni el viento nos disolverá.
-¿desde cuándo eres poeta? –sonreí junto a ella.
-desde que me enamoré. ¿& sabes qué es lo mejor de todo? que no tiene ojos para ninguna chica mas.


El timbre del instituto sonó, indicando la salida de todas las alumnas. Agarré del brazo a Erika, saliendo juntas para saludar a nuestros chicos. Joe se encontraba apoyado en la moto, como siempre, sonriente. Me dirigí corriendo hacia él, dándole un beso en los labios.
-hola. –le salude.
-hola. –respondió. Me dio otro beso en la mejilla & me dio el casco.
-¿sabes? Dentro de una semana me darán las notas. Estoy tan nerviosa. –me acarició la mejilla, regalándome una sonrisa.
-todo irá bien. –subí a la moto, abrazándolo por detrás. Cuando arrancó la moto, un pequeño desvío se le presentó a Joe, asustándome. Puso un pie en el suelo, deteniendo la moto.
-¿has estado bebiendo? –pregunté, nerviosa aún del pequeño incidente.
-no, claro que no. –arrancó esta vez mejor y nos dirigimos hasta casa.
Joe estuvo silencioso en todo el camino, ya que normalmente me habla, o me pasa el iPod para escuchar a Tiziano Ferro, pero esta vez no. Estuvo un poco extraño.
-no hay nadie en casa. –Dije bajando de la moto.— sube un rato. –le pedí.
-amore, estoy un poco cansado. Ayer no dormí suficiente y quiero llegar a casa. –asentí con la cabeza, acariciándole la mejilla. Extrañada. Joe nunca duerme lo suficiente y ni se queja, ni tampoco se cansa.
-esta bien, no te preocupes. –Sonreí, falsamente y le di un beso.— ciao.
Di media vuelta y sentí la moto arrancar de inmediato. Volteé de nuevo, mirándolo marchar. No quizo su beso largo, no me sonrió al despedirse, no quiso subir aunque estuviera cansado. Nunca me había dicho que estaba cansado, y no me habría rechazado. Me preocupa, y quiero saber qué es.




Mientras iba en la moto, mi corazón parecía detenerse cada vez más. El sentimiento de culpa me embargaba, hasta comerme todo el cuerpo. No sé cómo pude hacerlo, sé que la carne es débil, pero no sabía que llegaría a ese extremo. Solo pude reaccionar, cuando estaba cambiándome, en aquella habitación, la cual no había visto durante mucho tiempo; aquella habitación de la cual me habia olvidado practicamente por completo, en donde pensé que no volvería nunca mas si permanecía junto a _______; pero no fue así. Soy un cerdo;
Llegué a casa, entrando directamente a mi habitación, y dándome una ducha, duradera, intentando recapacitar aun más de lo que hice.



“Cosa c’è di sbagliato?”
qué va mal?
–y le di a enviar. En un minuto, la respuesta llegó.
“niente, amore. Cosa successo?”
(nada, amor. ¿qué ha sucedido?)
-pensé en qué responderle, pero no podía escribirle un testamento en tan solo un mensaje de texto.
“Vieni a casa mia”
(ven a mi casa)-
“No possu. Ci vediamo domani. Ti amo.”
(no puedo. nos vemos mañana. te amo.)
Dejé mi móvil en la mesa y me arrope con la sabana, tratando de adivinar qué había hecho mal, qué le habría dicho o qué le ha molestado. Intenté dormir, pero me era imposible. En estos casos, odio al amor.
Desperté, me aliste y me dirigí al instituto, intentando encontrar al Joe, pero no estaba
por ningún lado. Llegue hasta donde se encontraba Polo, abrazándose junto a Erika.
-hola, chicos. ¿Habéis visto a Joe?
-creo que está en su casa. –me respondió Polo.
-¿puedes decirle, cuando lo veas, que necesito hablar con él? –asintió con la cabeza y me dirigí a Erika.
-te espero dentro. –le di un beso en la mejilla y entré a clases, concentrándome, o al menos eso intentaba.
-¡Joe! –le saludé, besándolo..
-¿por qué tanta alegría? –respondió sonriendo.
-lo que pasa es que te noto un poco raro. ¿Te ha pasado algo?
-no, pequeña. ¿Por qué?
-por que ayer estuviste muy extraño.
-¿cómo de extraño? –arrugo la cara, como si no supiera de lo que le hablara.
-mira, Joe, no sé lo que puedas estar pasando, pero quiero que sepas que me puedes contar lo que quieras, contar conmigo. –me agarró del brazo y me abrazó, cariñosamente. Enrollé mis brazos en su cintura y apoyé mi cabeza en su pecho, aspirándolo, sintiéndolo de cerca, mío. Acarició mi cabello, y de seguido un beso.
-grazie, mi principessa. –sonreí tímidamente y me fundí mas en su pecho, donde podía notar los rápidos latidos de su corazón.
-¿vamos con Erika & Polo? –pregunté.
-¿A dónde?
-al parque.
-¿al parque?
-donde sea, ahí donde te sueles reunir. –separé mi cabeza de su pecho y lo miré a la cara.
-no… ahí no, mejor, nos vamos nosotros por otro lado.
-Joe, quiero ver quienes son tus amigos en realidad, y conocer un poco ese lugar donde tanto os reunís. Igual & me caen bien.
-no, mejor a otro sitio. Insisto.
-¿qué hay ahí para no ir? Vamos. –agarré su mano y subí a la moto con su ayuda. Antes de colocarse el casco, se giró para mirarme.
-¿de verdad quieres ir? –insistía.
-¿quieres verme enfadada? ¿No? ¡Pues vamos con ellos! –sentí cómo sonreía y arrancó la moto, siguiendo la de Polo junto a Erika.
Llegamos a aquella cancha de básquet, y en las escaleras se encontraban muchos chicos vestidos con el mismo estilo de Polo & Joe. Cazadora negra, tejanos y algún cigarro en la mano. Algunos hablaban, otros competían para saber quien hacia mas flexiones, y por otro lado, las chicas sentadas mirándolos & alguna que otra besándose con alguno. Mi mirada se cruzó con la de la chica rubia, Camilla. Aun sentía odio al verla, con tal solo mirarnos, nos transmitíamos esa mala vibra la una con la otra. Agarré la mano de Joe, siguiéndolo hacia uno de los escalones. Cuando pasamos por medio de la multitud, la única cosa que escuché fueron saludos dirigidos a mi novio. Sonreí ante su popularidad.
-volveremos enseguida. –me dijo Erika sonriente mientras me guiñaba un ojo. Agarró la mano de Polo y se marcharon. No quise imaginar qué podrían hacer, así que simplemente me limité a sonreír.
-¿no quieres ir conmigo a otro lado, también? –me susurró Joe cerca de la oreja cuando se sentó a mi lado apoyado con los codos.
-no. –respondí tímidamente y con una sonrisa tonta en el rostro.
Giré la mirada hacia otra parte, y noté cómo Camilla nos miraba atenta y con desprecio desde lo lejos. De repente Joe me giro la cara y me miró a los ojos. Nos quedamos unos segundos así, hasta que sonreí y se acerco para besarme. Su beso fue salvaje, igual a los que vi al llegar aquí. Me mordió el labio inferior, ahora se acercó más a mí, besándome más fuerte aún. Sentí que se sofocaba demasiado pronto, así que lo separé disimuladamente.
-Joe, te estas pasando. –le dije con los labios hinchados y palpitándome.
-no es verdad. –y acercó su mano de nuevo a mi rostro para besarme. Lo detuve de nuevo.
-para. –le recordé. Se alejó, apoyándose de nuevo con los codos y mirando hacia el frente. Intenté calmar el ambiente.— necesitas un corte de pelo. –le recomendé.
-¿lo crees? –preguntó tocándoselo.
-sí. Aunque sea como sea, te veras perfecto. –le di un beso en la mejilla cariñosamente.
-no utilices ese termino conmigo.
-puede que a ti no te guste, pero para mi lo eres. –me miró y me sonrió, dándome un dulce beso.


[…]

La chica rubia y de ojos marrones los contemplaba mientras su corazón se partía cada vez en pedazos mas pequeños. Sintió su cuerpo débil, y tembloroso. Odiaba ver esa escena, y se preguntaba una y otra vez: ¿para qué la ha traído?
Por otro lado, mientras los coches se atascaban unos con otros por una discución, un hombre mayor esperaba impaciente a que eso acabara. Por un despiste, miro por el espejo retrovisor; su hija se encontraba con un grupo de gamberros sin casa. Solo pudo pensar una cosa: ir, obligarla a venir y castigarla. Pero, la ha castigado, la ha obligado, y no le ha hecho caso. Miro a su mujer, preocupado. No se lo pensó dos veces y bajo del coche, dando zancadas, y acercándose rápidamente a ese grupo de muchachos. _______ al ver que su padre se acercaba, se levanto, mirándolo petrificada.
-¿¡cuantas veces tengo que repetírtelo!? –le gritó él harto ya. La agarro del brazo, intentando llevársela consigo. Pero, un brazo, fuerte también, se lo impidió.
-no es con ella con quien se tiene que enfadar.
-¡tu eres la ultima persona con la que hablaría! –le grito el señor.
-Joe, vete. –le suplicó ______ a su novio.
-no me iré. –Ahora se dirigió al señor.— Y suéltela de una vez. –gruño Joe.
-no, Joe, Joe, por favor. Déjame. –se entrometió ______ al ver que su padre y su novio se echaban miradas asesinas.— vámonos. –dijo ahora dirigiéndose a su padre y encaminándose hacia el coche.
Mientras Joe los veía alejarse, echó a correr dispuesto a quitarle de las manos a ese señor lo que él cree que es suyo, pero Polo lo sujeto de inmediato; antes de que cometiera cualquier locura.
-¡suéltame! –gritó Joe forcejeando. _______ subió al coche junto a su padre sin tan siquiera voltear hacia atrás.— ¡Polo, he dicho que me sueltes!
-¡está bien, pero te calmas! ¡calmate! –soltó su amigo dejándolo libre. Joe se dio media vuelta y lo sujetó del cuello.— piensa antes lo que vas a hacer. –Joe quedó mirando varios segundos a Polo, soltándolo al fin. Se alejó, dándole un golpe al cubo de basura que se encontraba ahí y con rabia, gruñó al aire, comunicandole la frustración que sentía. Camilla se acercó a él, al notar que se sentó.
-¿ves lo que te provoca? –dijo la rubia mientras se sentaba a su lado. Joe la agarró del brazo, levantándola de nuevo, echándola de ahí. Luego, le dio un leve empujón.
-vete, no quiero hablar con nadie. –gruñó.
-claro, así recapacitas si la niña de papá lo prefiere a él que a ti. –Joe alzó la mirada, apretando la mandíbula esta vez.
-¿te he dicho ya que te largues de mi vista? –le habló ferozmente, hasta que finalmente Camilla lo dejó solo. Como él quería.

[…]


+Tienes la mayonesa? si, la mayonesa. Esa de comida rápida.
Esa que exprimes y sale. Creo que no hay nada más difícil para hacer. Meter junto la sal, el huevo, el limón y el aceite y bueno, créeme, en comparación es mas fácil enamorarte de alguien que nunca pensaste que te gustaría.
En realidad, la mayonesa es así, te puede enloquecer de un momento a otro, un instante parece perfecta y a otro, todos los ingredientes están puestos para hacerla. Pero si logras hacerla, nada mas te detendrá.
FM 107.3 Radio Caos. Lecciones de cocina.+
...

-esta vez has pasado el límite. No te reconozco. –papá iba hablando mientras subíamos las escaleras. Me sentía muy mal. Él no me podía hacer esto.
-papá, te he dicho mil veces que lo amo. ¿Por qué no me crees?
-porque no te eduqué con el propósito de relacionarte con semejante gente. Por dios… ¿has visto tan solo el lugar en donde esos delincuentes pasaban el rato?
-no son delincuentes, no matan personas.
-aun así, quiero que sepas que no vas a estar mas cerca de ellos. La próxima vez que te pille junto a ese gamberro, nos iremos del país. –entré en casa con los ojos aguados y me encerré en mi habitación. No podía hacer nada. Me sentía como en una cárcel, pero, sé que Joe no va querer hacer lo que diga mi padre.




Una semana después.


-¿sabes algo de él? –pregunté una vez mas. Mi amiga lo negó con la cabeza. Otra lágrima salió disparada por mi mejilla.— l-lo sé. Sé que e-esta enfad-dado… -me secaba las lágrimas con la manga de mi uniforme.
-_______, amiga, no creas que es por eso. –me consolaba Erika.
-¡pero si ni me contesta el móvil! –me quejé. Secándome más lagrimas.— dime la verdad… tú sabes algo.
-¿yo? No, no sé nada. –parecía nerviosa, y sé que sabía algo.
-Erika, no me dejes de lado tú tampoco, por favor. –le rogué.
-está bien. Dijo algo, pero no es para alarmarse. –Dejé de llorar, abriendo los ojos como platos y estando lo mas atenta posible.— dijo que odia su situación y nada mas. No escuché el resto. Cuando me pilló escuchando, Polo me echó junto a él.
-sé que me odia. Seguro me va a dejar, ______. –dije volviendo a llorar.
-¡por Dios! eres demasiado pesimista.
Estaba pesimista. Pensé en todo lo malo que podía pasar Joe si se enfrentara a mi padre: denuncia, juicio y cárcel. Yo no quiero que sea así, tampoco alejarme de él. Me sentía como en una habitación que se va llenando poco a poco de agua, y esta vez, el agua me llegaba hasta el cuello.
Llegué a casa, intentando disimular mis ojos hinchados con lentes de sol. Presioné el botón del ascensor, esperándolo con paciencia. Sentía mi corazón palpitar tan fuerte, y a la vez, como si me lo apretaran en un puño. Como si no tuviera espacio para poder moverse teniendo todo un gran sitio. Era una sensación demasiado dolorosa. Entré, cuando llego el ascensor, y repentinamente, una mano masculina, lo detuvo antes de que se cerrara por completo. Ian.
-hey. –saludó sonriente y ganador de poder haber cogido el ascensor conmigo dentro.— hace tiempo que no nos veíamos. –me habló. Yo le sonreí.
-si. Hace mucho tiempo. –las puertas se cerraron, colocando el ascensor en marcha.
-hola. –se acercó y nos saludamos de dos besos en la mejilla. Me alejé tímida.
-hola.
-¿hace demasiado sol aquí dentro o es solo imaginación mía? –preguntó irónicamente seguido de una sonrisa.
-la verdad las llevo por moda, ya sabes. –asintió con la cabeza, poco convencido.
-fammi vedere quegli occhi belli.(déjame ver esos bellos ojos) –me susurró, quitándomelos con suavidad. Bajé la vista, negándome a mirarme, entonces me alzó la cabeza agarrándome la barbilla, y mirándome.— ¿qué te ha pasado?
-nada, nada importante. –el ascensor abrió las puertas, dándome la oportunidad de salir de ese apuro. Al salir, Ian me tomo del brazo.
-¿Quién te ha hecho llorar? –preguntó preocupado. Cada vez estaba más guapo... esos contorneados ojos azules hacían que me perdiera en ellos. Me quede en silencio, bajando ahora la mirada.— ¿tu novio? –alcé la vista, negando con la cabeza. Mintiendo.
-no. No lo he visto durante una semana. ¿Qué sentido tiene llorar por él?


-así que tu padre te prohíbe verlo y estas destrozada porque no te busca ni quiere buscarte... –odio que me convenza tan rápido.
Me encuentro sentada en su casa, contándole mis cosas. No puedo contarle cosas así a Ian.
-así es. –fue lo único que respondí. Ian cambio de sofá, acercándose al que yo estaba. Comencé a ponerme nerviosa.
-¿Por qué no lo olvidas de una vez? Resultaría más fácil. Menos problemas… -lo miré, dudosa. Él continuó hablando.— pero… si quieres olvidarlo, yo estaré aquí. –mi corazón latió sin cesar y sentí cómo me temblaban las manos. Lo miré, levantándome de seguido del sofá, intentando mantener la calma.
-me tengo que ir, mis padres estarán esperándome. –le sonreí y abrí la puerta, pero antes, Ian me sujeto de la mano, haciéndome girar.
-piénsatelo. –me recordó. Yo asentí suavemente con la cabeza, mirándolo a los ojos, y me di media vuelta para regresar. ¿Que me lo piense? ¿Qué estaría pensando yo si me lo pensara? ¿Yo e Ian? ¿Juntos? Suspiré, soltando toda la presión de mi cuerpo, y baje las escaleras, entrando por fin a casa.
“piénsatelo…” aun no dejo de pensar en eso. Di vueltas y vueltas en la cama, pensando en Ian, Y… en Joe. Recuerdo el rostro que puso al verme partir. Cómo vi que se enfrentó a mi padre y cómo le molesto que lo detuviera. Odio su manera de arreglar las cosas. Nunca puede dialogar, nunca puede… ser normal, sin meterse en líos, sin, preocupar a los demás. Me ha prometido cientos de veces que cambiará, pero no ha sido así.



-¡síííí! –gritaba Polo emocionado junto al gentío por mi triunfo. Una vez mas había ganado una carrera de motos.— ¡bien, campeón! –yo reía junto a él, mientras me daban mi dinero merecido. Le di la mitad a Polo, como normalmente lo hacía, y nos sentamos en un bar.— algún día me tocará ganar a mí y te daré la mitad yo.
-eso espero, chaval. –bebí un trago de mi cerveza, mirando al suelo. Polo me dio un golpe en el hombro.
-eh, ¿estas bien? –di otro trago y lo miré, pensativo.
-¿eres capullo o te lo haces? –pregunté irónicamente. Él bufó. Sabia perfectamente cómo me sentía & no paraba de preguntarmelo.
-me lo hago. –respondió de mala manera y nos quedamos en silencio un rato. Hasta que mi móvil empezó a sonar.

Nuovo messaggio

Abrí aquel sobre dándole un clic y era ella. De nuevo.
-¿porqué no le respondes de una maldita vez? –Gruño Polo.— pareces infantil con esa actitud. -Yo lo ignore, leyendo el mensaje.

”E dove è il nostro luogo di amore, dove dice a tre metri sopra il cielo?”
(& donde está nuestro lugar de amor, donde dice tres metros sobre el cielo?)

Aguanté las ganas de responderle, ir a su casa, subir por su balcón, besarla y amarla para que después todo estuviera bien. Me aguanté. No quería darle ese gusto. ¿Siempre ha tenido todo lo que quiere? Pues ahora no será así. Dejaré que sea ella quien me venga a buscar y le de la espalda a su padre. Dejaré que me venga a buscar, así como lo hizo aquel día. Para mi fue maravilloso.
-¿qué dice el mensaje? –preguntó Polo.
-dice que me dejes en paz. –bebí el ultimo trago de cerveza y agarré el casco, montándome en la moto & arrancando a todo gas.
...


El sonido del timbre sonó, para que después de unos segundos abrieran la puerta. La chica morena sonrió al verme.
-¡Joe! ¡Qué sorpresa! –dijo Erika. Yo le saludé, dándole un abrazo.
-¿puedo pasar?
-claro. –dejó paso libre y entré a su casa, sentándome en el sofá.
-¿vienes a hablar de ______? –Preguntó Erika cerrando la puerta y sentándome en el sillón que estaba enfrente mío.— si es por eso, quiere que sepas que está como loca intentando contactarte.
-¿porqué siempre quiere que sea yo el que vaya? Y por cierto, no vengo a hablar de ella. –Erika me miró, atenta.— vengo a hablar de los dos.
-¿qué ha pasado? Joseph, sé que estás molesto por lo de su padre…
-no es eso. –Tragué saliva, intentando articular palabra.— teóricamente eso también entra en la conversación. Es solo que, siento que la pierdo. Y que ella me pierde.
-¡pero si os amáis como locos!
-yo la amo a ella como loco, lo que dudo es ella a mí. –bajé la cabeza, pensativo.— a veces creo que es muy difícil estar a su lado. Su padre, principalmente, mete la pata donde no le importa.
-tiene 17 años, ¿qué quieres esperar de ella? –alcé la vista, mirando a Erika. Bufé.
-eso es lo que mas rabia me da. La mencionan como si fuera una cría, pero, no. No lo es. Y tú muy bien lo sabes. –me levanté del sillón, apoyando mis manos en el respaldo.
-Joe, yo, tu, nosotros no somos la que la vemos como niña. Es su padre, y mientras él no recapacite, o, al menos que la dejara en paz, no podremos hacer nada. –me quedé en silencio, mirando a Erika. Suspiré, y volví a hablar.
-prométeme que le preguntarás esto, sin que ella se de cuenta de que te lo pregunté yo. –asintió con la cabeza, acercándose, para poder susurrarle la información que yo quería saber.



-¡pero, papá! Simplemente es Erika. –refunfuñe al no querer abrirle la puerta a mi mejor amiga.
-la dejare subir, pero no bajas. –asentí con la cabeza, notando como abría la puerta y dejaba subir a mi amiga. Poco después, entró, sonriéndome.
-¡hola! –saludó. Nos dimos un pequeño abrazo, entrando a mi habitación.— ¿qué has hecho últimamente?
-he estado estudiando. No quiero suspender. –dejé las libretas en la cama, acostándome al lado de Erika, que leía una revista.
-es verdad. Hay que estudiar demasiado. –sonreí ante su queja. Me di media vuelta, apoyándome con mis codos en la cama.
-¿sabes algo de él? –pregunté, con voz baja.
-no. Bueno, sí. Lo he visto por el campo de básquet, pero no hemos hablado. –suspiré, un poco preocupada. Quería verlo, y hablar con él.— oh, sí. Esto no te gustará, pero se ha peleado un par de veces. –la miré con la mirada mas molesta que pude, suspirando y volviendo a mi posición anterior en la cama.
-adoro todo de él, hasta que llega una de esas noticias. –me puse un brazo por encima de mis ojos, cubriéndomelos. Sentí que Erika se estremecía en la cama, cambiando de posición.
-respondeme una cosa, así en plan de mejores amigas. –asentí con la cabeza, escuchándola.— ¿Serias capaz de arriesgarte por Joe? quiero decir, hacer alguna locura con tal de estar con él. –me quede un momento así, y me quité el brazo de la vista, sentándome y mirándola seriamente.
-¿qué clase de pregunta es esa? –pregunté.
-vale, está dicho que me he equivocado de pregunta. –Me apoyé en la cama.
-estoy planeando arriesgar todo, Erika. Simplemente, odio su manera de vivir. Es irrespetuoso aveces con las personas, rebelde, todo lo resuelve a golpes y a veces no nos entendemos. Cuando le hablo de lo importante de mi vida, es como si estuviera hablando con la pared. Algunas veces no soporto estar a su lado, porque siempre todo son complicaciones.
-no digas tonterías, ______. Él te quiere.
-sé que me quiere, pero, no lo demuestra como es debido. Le he dicho que cambiara, por mi bien, pero no lo hace.
-lo que debes de hacer es, por una vez en tu vida, revelarte, dejar de ser la hija perfecta, la niña educada, la que nunca hace nada malo, e ir a por Joe.
-pero… tengo miedo de lo que pueda pasar, Erika. Tú no lo puedes entender. –dejo la revista a un lado, mirándome fijamente a los ojos.
-¿sabes qué puedes perder si no te arriesgas, no? –me quedé pensativa, intentando recapacitar.
-¿crees que será lo mejor?
-sin duda alguna.
+Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado.
FM 107.3, Radio Caos. William Shakespeare.+
#.


Llegada la noche, escapé de casa, encontrándome con mi amiga. ¿Por qué no? ¿Por qué no hacerlo? Lo amo, y es lo que me apetece. Solo tengo en mente las palabras que le diré, cómo le mirare, y cómo acabara todo. Me arriesgué a venir a estas carreras de noche, en donde él seguramente seria el que ganara. No me había dado cuenta la popularidad que Joe tenía. Todos lo adoraban, tanto como algunos lo odiaban, y muchas lo deseaban. Eso último preferí no pensarlo y seguí caminando aferrada a la mano de mi amiga. Yo estaba temerosa de cada paso que daba, cada “cumplido” pervertido que recibía y los roces con cualquier chica, mirándome de la manera más fatal posible. Erika me sacudió la mano, y yo giré, para saber qué quería.
-Polo está allí. Tú busca a Joe, seria mejor que te viera llegar sola. –asentí con la cabeza y ella fue al encuentro de su amor. Ojala Joe y yo fuéramos como ellos. Tan tranquilos y sin discutir, pero, Erika puede contra este mundo. Yo no.
Caminé, intentando buscarlo entre la multitud. Mi corazón latía sin parar una milésima de segundo, y mis manos, asquerosamente sudadas, me advertían sobre mis nervios. Choqué torpemente contra un tipo borracho, pero me ignoró, pensando que fue el de al lado. Caminé mucho mas rápido, esquivando a gente, y, juro por Dios, que preferí haberme quedado en casa, contemplando la tele, comiendo chucherias y hartarme de lo que sea, o quedarme en mi habitación, a ver esto.
No sé qué reacción quise poner, al verlo besarse con la rubia. Con Camilla. Justo con ella. Lo que sí sé es que no pude contra el nudo que se formo en mi garganta, y el cosquilleo de frustración por todo mi pecho. Mis ojos, por fin reaccionaron, aguándose y dejándome una vista opaca y borrosa. No quería quedarme de brazos cruzados, así que me dirigí hasta su moto, su apresiada moto, que estaba a pocos metros de su lado, y le di patadas, como nunca. La gente se sorprendió al verme, y era claro, “estaba golpeando la moto de Joseph Jonas”, ¿y qué? Él me ha golpeado el corazón, con esa imagen. Seguí dando patadas, bruscamente, hasta sentir unos fuertes brazos agarrarme del torso y alejarme, mientras yo seguía dando patadas en el aire.
-¡suéltame! –grité como loca, respirando agitadamente e intentando zafarme de esos brazos. El frío de la noche lo respiraba agresivamente, haciendome sentir dolor.
-¡_______! ¿¡Se puede saber qué rayos te pasa!? –me habló él también en voz alta, aun sujetándome por detrás.
-¡déjame en paz, no quiero que me toques! –solté, intentando articular palabra mientras sollozaba.
-cuando te calmes, lo haré. –dijo, sujetándome mucho mas fuerte al ver mi siguiente arrebato.
-¡déjame en paz, Joe! Déjame… -no dijo mas nada, simplemente me sujetaba de los brazos. Lloraba como *******, y la gente veía esta escenita. Pero la verdad no me importaba. Quería darle el merecido a Joe. Obviamente no podia soltarme ni un milimetro de lo que él me tenia sujeta, era mucho mas fuerte que yo; tuve que escoger otra alternativa. Mordí su brazo, y de inmediato me soltó.— ¡eres un cerdo! –le grité, dando media vuelta y pegándole. Él simplemente se cubría, dejándome hacerlo. No quería mirarle a la cara, así que lo hice con los ojos cerrados, hasta que mi debilidad aumento, y dejé de hacerlo.
-_______... –me susurró. Arrebaté mi cabello de la cara, mirándolo con rabia.
-¿cómo pudiste hacerme esto? –susurré yo también. Camilla se acercó.
-Camilla, vete. –le ordenó Joe sin mirarla, intentando acercarse a mí. Lo empujé, al notar el mínimo roce de sus manos en mis hombros; me sorprendió la fuerza que tuve para hacerlo.— tengo que hablar contigo. –me pidió, yo negué con la cabeza. Joe no lo dudo ni un segundo, y me agarró fuertemente de las muñecas, alejándome de ese lugar, a otro más solitario.
-¡no quiero hablar contigo! Lo has arruinado todo. –le decía mientras me arrastraba. Él no decía nada, simplemente seguia caminando. Yo seguia resistiéndome. Hasta llegar a un lugar donde había pocas personas, se detuvo, aun sin soltarme. El ambiente no me ayudaba a calmarme.
-amore, tienes que escucharme. –arrebaté mi brazo para soltarme y Joe dejo caer el suyo, lentamente, soltando un suspiro. No sabía qué decirle.— no fue con intención, no sé lo que hacía. Simplemente, pensaba que tu padre me lo jode todo contigo, y es una ******* tener esta relación así.
-cuida tu vocabulario. –pedí seriamente, secándome de vez en cuando algunas lagrimas.
-lo siento. –miré al suelo, respirando un poco agitada. Joe acercó su mano, pero yo me aleje.— pequeña, sabes que no haría nada con ella. Fue simplemente, una confusión.
-¿sabes qué Joe? Por primera vez en mi vida, me enamoro, y no escojo correctamente al personaje. Siempre lo tienes que arruinar todo, y tus promesas no valen. No me valen, y simplemente no cambiaras. –Él miró hacia el cielo, tragando saliva, y posiblemente aguantando las ganas de llorar.
-si lo de mis promesas, te refieres al golpe que llevo en la cara, fue porque no tuve otra alternativa.
-esas excusas no me valen. –me limpié la siguiente lagrima, e intentaba disminuir mi ritmo cardiaco, respirando suavemente.- tu... tú no quieres estar conmigo; dímelo de una vez, y dejaremos de sufrir los dos.
-pequeña, no digas tonterias, sin ti no puedo. No me hagas sentir mas mal de lo que me siento ahora, por favor. –no lo miré, no quería ser mas débil.
-Joe… -suspiré, para poder hablar mejor.— si quieres quedarte con la rubia de bote, no hay problema. No quiero seguir con tantos problemas. Será mejor así. –di un paso hacia atrás, pero se adelanto, sujetándome.
-per favore, per favore… -cerré los ojos con fuerza para no verlo, pero con tan solo notar su llanto, mi alma calló rendida.— non lasciarmi, sei tutto per me(no me dejes, eres todo para mi). –entre abrí la boca para soltar un poco de aire. Joe me abrazo, fuertemente, y lloró en mi pecho.
-déjame. –le pedí débilmente, pero, no me soltó.- Joe, apartate. -Tragué saliva, tranquilizándome, pero me era imposible. Me acarició el cabello, y alejo su cabeza, agarrándome la mía.
-abre los ojos. –me pidió, susurrándome.
-no.
-apri gli occhi, per favore. –suspiré, y lo miré a los ojos. Temerosa.— no sería capaz de dejarte nunca, porque te amo, y si dejas que alguna de estas tonterías lo arruine todo, es porque han encontrado nuestra llave ¿lo recuerdas?, y sabes que eso es imposible de que ocurra. –su mirada llorosa y los ojos contorneados de rojo me hicieron recapacitar. Me acariciaba la mejila con su pulgar, haciendome quedar embobada.
Él decía toda la verdad. No podemos dejarnos, y yo también he pecado con Ian. Me acercó a su rostro y me besó tiernamente, pero yo me resistía, intentando hacerme la dura. Me costaba, ya que quería seguir besándolo, pero no quería ser tan sumisa.
-no, Joe… -susurré cerca de sus labios.— para. –apreté sus manos que sostenían mi cara para alejarlo de mí, pero él se negó. Me acercó de nuevo, callándome con un apasionado beso. No aguante mas y lo seguí, apretando mi cuerpo al suyo y besándolo mas apasionadamente.
-te he extrañado, mi principessa. –me abrazó tiernamente & me beso de nuevo. Rodeé su cintura con mis brazos, y alcé la vista para mirarle.
-aún no estoy del todo bien, Joe. -Sentí un beso de parte suya en mi cabello.
-lo sé.
-¿qué haremos con mi padre? –se encogió de hombro, acariciándome el cabello.
-nada. Dejaremos que se de cuenta de que no tiene que hacer nada con nosotros. –sonreí y me incliné para besarlo.
-esta bien. Solo quiero estar contigo.
-¡auch! De verdad que cuando coges rabia, no hay nadie que te pare. Tendré este mordisco para el resto de mi vida.
-te la mereces porque tienes que explicarme bien lo de aquel beso con esa señorita. –dije irónicamente.
-te juro que fue un lio. No tuve control conmigo. Además, hacia mucho tiempo que no te veía. Tú, mas que nadie sabe que un beso puede significar muchas cosas.
-¿positivas o negativas?
-de las dos. –Se chupó el labio inferior, limpiándose después por el borde.— deberías de dejar de echarte un poco menos de eso.
-¿no te gusta? –él sonrió.
-si lo llevas tú, sí. –sonreímos a la vez, uniéndonos nuevamente en un beso.

Fuimos hacia la multitud, agarrados de la mano. Parecíamos infantiles al actuar de esta manera. Pelear, reconciliar, y después todo como si no hubiera pasado nada. Aunque, sin negarlo, la mejor parte es la reconciliación. Erika y Polo nos miraron de manera extraña, pero sonrientes.
-¿ya está, no? –dijo Erika.
-cuando discutáis, por favor, no nos digáis nada a nosotros. Pedazo de tortolitos. –sonreí ante el chiste de Polo.
-ya esta todo bien. –respondió Joe. Me agarró de la mano y me dirigió hasta su moto, levantándola del suelo a causa de mis golpes, y subiendo a ella, para después subir yo y marcharnos juntos.
Llegamos hasta un parque, en donde, había un banco escondido, dentro de los arbustos, y parecía llamarse el Angolo Di San Valentin. Era famoso entre los jóvenes, no muy disperso. Escuché un sonido de queja.
-me gastaré una fortuna. –dijo Joe en voz baja mientras miraba su moto, que estaba aparcada unos metros del banco, en donde yo estaba sentada. Él seguía inspeccionándola.
-te he oído. –dije, alzando la voz. Él se giro, y me saludo de manera divertida. Se giró, y siguió mirando la moto.
Yo me apoyé en el banco, intentando ver las estrellas, ya que los árboles tapaban un poco la vista. Cerré los ojos, pensando en ese personaje de cabello castaño claro y ojos azules. Pensando en cómo se interesaba por mí, y cómo se comportaba. ¿De verdad le gusto a Ian? Pero si soy una chica tan menos que él, que no le interesaría… aunque tengo que pensar que para el amor no hay edad. Ni límites.
Sentí a Joe sentarse a mi lado, y besarme el cuello. Yo abrí los ojos, mirándolo, a la luz de la luna se veia mucho mas perfecto. Me acarició la mejilla, besándome. Seguimos el beso, mientras me sentaba en el banco, y yo quedaba debajo de él. Separe mis labios unos centímetros, abrazándolo.
-¿me quieres? –le pregunte, cerrando los ojos.
-mas que a nada. –le creí, porque no me respondió con otra pregunta. Dejamos nuestros líos a un lado, e hicimos el amor en aquel banco escondido, con historias de amor, y la nuestra sumándose a él.


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sofia1



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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 1:06 am


Me puse la blusa, que era lo último que faltaba por ponerme. Joe se encontraba sin camiseta, sentado, y mirándome. Baje la blusa, terminándomela de poner, pero Joe alargó su brazo, colando su mano en mi piel, y acariciándome.
-debo admitir que me encanta cómo te queda el tatuaje. –lo miré y sonreí, apartando su brazo y colocándome la camisa. Él se acercó a mí.
-Joe, tengo algo que decir. –asintió con la cabeza, colocándose seguidamente la camisa. Yo suspire.— siento que nuestra relación solo consiste en el sexo. Que tus relaciones han sido en sexo. No quiero que esto sea solo así. Nunca hemos salido a una cena romántica, para viajar en un jate y después perdernos una noche en la playa, a la luz de la luna, charlando y riendo. Esa seria la noche perfecta para mi, y puede que para ti, pero…
-dices todo eso porque es a lo que estas acostumbrada. –soltó de repente. Interrumpiéndome.— te estoy enseñando un mundo en el que nunca has estado, y no estuvieras si no te hubiera encontrado.
-¿y crees que me encanta este mundo? ¿Tu mundo? ¿En el que todo se soluciona con violencia y los problemas se resuelven con “una nochecita de borrachera”? no, Joseph. No.
-no quiero discutir. –se levantó del banco y se dirigió hasta a la moto. Me sentí ignorada.
-yo tampoco quiero discutir. –Dije, subiendo a la moto.— y quiero que me lleves de inmediato a mi casa.
Me dio el casco y me lo puse, mientras arrancaba la moto.
El viaje estuvo silencioso, y le pedí a Joe que se detuviera unos metros antes de casa, para evitar problemas. Baje, dejándole el casco con rabia contra el pecho, pero él por querer agarrarme, antes de marcharme, lo dejo caer.
-por favor, no me hagas esto. –Me dijo, acercándome y agarrándome la cara con sus dos manos.— no quiero verte enfadada, ni yo contigo. –me besó tiernamente, yo sonreí.
-estamos bien. –le di otro beso, abrazándolo.— tengo que irme, ya son las 5 am. –me despedí, con un beso largo, y entré rápidamente al portal. Sonriente y feliz.


Salí de casa para dirigirme a casa de Erika. Tendríamos la tarde juntas, ya que nuestras madres se encontrarían para charlar un poco. Al salir, yo era la última, y, cerrando la puerta, me encontré con Ian. Una chica subía a su departamento junto a él. Me miro, nervioso.
-vaya, tienes visita. –dije, sonriendo falsamente. Él asintió con la cabeza.
-sí, así es. –le dijo algo en el oído a la chica, esta asintió y siguió caminando, dejándonos a sola. Me cruce de brazos, mirándole.
-al menos es de tu edad. –no supe ni porque dije semejante barbaridad. ¿Estaba yo molesta de que Ian tuviera compañía?
-¿qué quieres decir con eso?
-no. Nada. Perdóname. –y me retiré, presionando rápidamente el botón del ascensor. Sus manos se posaron en mis hombros.
-aún espero por ti. No tengas paranoias sobre ella. –me quede aun de espaldas, un poco nerviosa y con la respiración entrecortada. Me giré, para mirarle, y esos hermosos ojos me miraron intensamente.— sei molto bella… -acarició mi mejilla y pegó su frente contra la mía. Cerré los ojos, con la boca entreabierta, pero sentí cómo Ian se apartaba inmediatamente.— pero tengo que resistirme. No me gusta robar lo de los demás. –dio dos pasos hacia atrás y siguió subiendo las escaleras.
Bufé, y entré al ascensor, que hace tiempo había llegado. Aún, me siento un poco confundida. No debería de molestarme que él tuviera sus citas… no debería.
-amore, te noto rara. –dijo Joe, arrancando la hierva mientras estábamos sentados en el césped. Yo gire la cabeza, para mirarlo. El sol del medio día hacia que sus ojos, color miel, resaltaran ante todo.
-¿Por qué? –él giro la mirada y miro hacia Polo & Erika, que jugaban a revolcarse por el césped.
-siento que tu mente esta en otro lugar. –Me miró de nuevo, haciéndome derretir. Con tan solo esa mirada, sentí un pellisco emotivo en el corazón.— si te pasa algo… dímelo.
-no. No me pasa nada. –me agarro el rostro con sus dos manos, y me miro mas de cerca.
-¿es por mí? –me quede en silencio un momento, y luego agarre ahora yo su rostro, acariciándolo, sintiendo entre las llemas de mis dedos la barba que empezaba a salirle.
-claro que no… ¿por qué lo dices? –detallo mi cara, para luego acercarse y besarme con ternura. succioné su labio inferior, queriendo besarlo con muchas mas ganas, sin cansarme...
Un balón calló encima de nosotros. No separamos, interrumpiéndonos. Un chico fuerte, se acercó a nosotros, a recuperar su balón. Su mirada asesina hacia Joe fue inmediata. Después, sonrió.
-oh, el gran Joe. ¿Tengo que correr? –agarré la mano de Joe al ver que hacía el mínimo movimiento. Él me miró, y me acarició la mejilla, ignorando al chico.
-recoge tu maldito balón y lárgate de una vez. –dijo Joe, amenazantemente y mirándome. Supe que quería resistirse, respetar que estaba conmigo.
-gracias. –Contestó irónicamente el chico.— vaya… sigues con la princesita. –Joe inmediatamente giro la cara, pero hice que me mirara.
-Joe, ignóralo. –le pedí en susurros. Entonces, se me vino a la mente que fue él quien quiso hacerme de todo aquel día, a la salida del restaurante.
Aquel tipo se atrevió a llamarme por el hombro. Me sorprendí de lo ******* que era, entonces Joe no aguanto y se levantó.
-no debiste de haberla tocado. –dijo Joe, agarrándolo de la camiseta, bruscamente.
-vamos, Joseph. Si sabes perfectamente que me encantan las niñas como ella… -Joe no esperó ni una décima de segundo para poder lanzarse sobre él y pegarle. Me levanté del sitio, y me entrometí, intentando separarlos.
-¡Joseph, basta! ¡Parad ya! –les grité a los dos intentando separarlos, pero ellos me ignoraban. Estaban tan enganchados, que no podía hacer gran cosa. No soportaba esta situación, nunca puedo estar en paz… mi corazón palpita demasiado rápido…— no puedo mas. –me rendí, y me alejé de ellos, agarrando mi mochila escolar y retirándome, con un par de lágrimas. Sentí los pasos de Erika acercandose a mí.
-espera, ______, espera. –Me detenía Erika.— ¿A dónde crees que vas?
-no soporto mas verlo así, Erika. No soporto ver como arregla todo con violencia, no pertenezco a su entorno… -me limpie las lagrimas intentando ser valiente, pero simplemente era demasiado débil.
-ya Polo los esta deteniendo, tranquila.
-no. Tranquila no lo estaré nunca, así que déjame, quiero irme de aquí.
-¡no te vayas! –me pidió de nuevo mi amiga. Yo me gire, para hablarle.
-¡si quiere seguir matándose, que lo haga! –dije refiriéndome a Joe.- ya no me importa... -Seguí caminando, lo más rápido que podía. Con el corazón en un puño.

Llegue a casa con los nervios de punta & queriendo estallar. Me sentía realmente estresada, no quería pensar en nada que se refiriera a Joseph Jonas, pero me era imposible. Mi corazón parecía apagarse cada momento un poco mas, & eso me dolía, físicamente y moral, también. Cerré la puerta detrás de mí, & mi padre me calló encima, de nuevo refunfuñando por llegar tarde. Lo deje hablar, y me enfrenté a él de una vez por todas. Tenia que hacerlo ahora, cuando tenía mis sentimientos a flote;
-¡papa, basta ya! ¡Estoy harta de que decidas quienes serán mis acompañante y quienes no! ¿Acaso yo escojo a los mugrientos clientes tuyos o elijo quienes serán tus amigos? ¡No! Entonces déjame, por una vez en tu vida, elegir lo que yo quiera. ¡Desátame las alas! Porque si no te has enterado, las tengo largas, simplemente tú no me las desatas.

Seguí mis pasos, dirigiéndome a la habitación, y cerrando la puerta con fuerza.


Al día siguiente desperté con la cabeza dándome vueltas. Hoy me darían las notas de la escuela, y, sé que me ha ido bien, solo que con mi profesora, tengo mis dudas. Me levante de la cama, alistándome, y marchándome, sin dirigirle palabra a mi padre. Con la charla de ayer, lo he dejado atonito. Quedaría con Erika para saber cómo nos fue, así que fuimos juntas. El gran mostrador colgado en la pared con la lista de las alumnas aprobadas, me hacía temblar las piernas. Erika y yo nos acercamos, temerosas. Entonces, todo salió de maravilla.
________ ________“aprobada” y Erika Cavalli “aprobada”. No pudimos evitar reír y celebrarlo mientras nos abrazábamos emocionadas. Dos harleys se acercaron a la entrada del instituto, entonces, supimos quienes eran. Erika se dirigió contenta hacia Polo, y yo, desvié mi mirada, caminando hacia otro lugar, evitando a Joe.
-¡hey! –Me agarró del brazo, haciéndome girar.— lo siento mucho, de verdad. –lo miré a la cara. Al menos esta vez no tenía ningún golpe. Me quedé en silencio, entonces, él hablo de nuevo.— dime algo…
-lo que pasa es que no sé qué decirte, Joseph. –miré hacia el suelo, pero él me levanto la vista.
-sé que estas molesta, pero… odio verte así.
-y yo verte así a ti. –se quedó en silencio, entonces me abrazó delicadamente.
-perdóname. –susurró. Caí dentro de una nube al apoyarme en su pecho, junto a su calor temporal, y ese cosquilleo insoportable de mi estómago. Una vez mas ignoraba lo pasado y seguiamos como si nada. Me separé, mirándolo.
-eres irremediable. –él sonrió.
-¿Qué tal te fue? –sonreí, olvidando todo lo pasado.
-de maravilla. He pasado.




-no entiendo, ¿por qué cuando le tengo cariño a pepito lo tengo que devolver? Se la pasa jugando, come bien, ¿qué mas va a querer?
-si, Polo. Pero aun no le has enseñado a buscar las cosas. –le dije mientras tocaba el timbre de la portería.
-bastaba otra semana, lo sé. –refunfuñaba Polo en voz baja.
-¿Quién es? –contestó la voz en la otra línea.
-¿si, señora? Dog sister, el perro esta abajo. Baje rápido. –respondí.
-sí, baje rápido, ¡porque sino lo pienso mejor! –se entrometió Polo.— ¡Y dele gracias a Dios que este perro no habla, porque si no quería venir conmigo!
-déjalo, Polo. –dije mientras lo agarraba del brazo y lo arrastraba hasta la moto.— ¡ciao, pepito! -Me despedí, colocándome el casco.
-¡ciao, pepito! –se despidió también Polo.- Y avisame si no te quieres quedar, puedo venir a buscarte. -Arranqué la moto, dejando al perro mientras él esperaba a su dueña y Polo seguía refunfuñando en la parte de atrás de la moto.


-lo sé, yo también pienso que este color es mejor que aquel. –decidíamos Erika y yo el color del pintauñas que usaríamos.
-¿crees que Joe está mejorando? –le pregunté de repente. Ella sonrió.
-¿y te atreves a preguntarlo?
-¿porqué dices eso?
-_______, ¡ese chico ha cambiado demasiado desde la primera vez que lo vi!
-es verdad… no debería de preguntar semejante barbaridad. –El teléfono sonó, así que respondí enseguida.— ¿alo?
-Alo, buenos días, ¿con la señora Gervasi, por favor?
-no está, lo siento. ¿Quién habla?
-la profesora Giacci.
-oh, profesora, buenos días. Quería agradecerle…
-no la denunciaré solo por que quería a mi perro. –Arrugue mi entrecejo, mirando a Erika.— pero quería informarle a sus padres.
-¿denunciarme? –pregunté confundida.
-usted y su amigo delincuente me quitaron a mi perro, pero pagarán.
-profesora, yo no... ¿profesora, alo? –pero había colgado. Presioné el botón de colgar, suspiré hondo, y me senté en la silla.
-¿qué ha pasado? –pregunto mi amiga al ver mi rostro, preocupado y enojado a la vez. La miré, suspirando de nuevo.





Me encaminé hasta aquel bar. Cosas de fuera serían normal, pero mis cosas personales... Joe se había pasado de la ralla. Con los pasos un poco desviados, y nerviosa de regresar a este sitio, lo vi sentando junto a sus amigos, tomándose algunas cervezas. Entré al bar, entonces Polo me miró, dándole un par de golpes a Joe en el brazo para que girara y me viera. Mi cara no era de agrado, así que Polo dejó de sonreír.
-¡amore! –dijo sonriente Joe. Se levantó de la silla, acercándose, pero antes de que me besara, me retiré, apartando su cara con mi mano.
-sal fuera, por favor. –le pedí, entonces le di la espalda y me encaminé. Pude notar la escena de los chicos, mirándonos muy desconcertados y algunos sonidos de lamentación. Me detuve a unos pocos metros de distancia. Joe me seguía los pasos, con las manos en la chaqueta.
-¿qué pasa? –preguntó, mirándome con esa intensidad tan suya. Joe estaba hermoso… siempre lo estaba, pero no era momento para fijarme en él.
-¿te suena de algo sobre el perro de mi profesora? –pregunté irónicamente, su expresión cambio, de tranquilidad, a asombro.
-sí. ¿Le paso algo a Pepito? –preguntó bromeando, desviando el tema.
-Joe, es serio. –dije, cruzando los brazos. Su rostro divertido desapareció.— ¿me lo quieres explicar? ¿Cómo te paso por la mente chantajear a mi profesora?
-_______, ¡lo hice por ti! –Dijo con el rostro un poco afectado.— ¿entiendes?
-sí, pero no tenias que haberlo hecho de esa manera. –bufé, un poco inquieta. Él mantenía la mirada fija en mí, un poco lamentable.
-lo hice por ti. –repitió.— así que no vengas a decirme qué hice mal.
-¿te parece poco secuestrar el perro de mi maestra? –pregunté enojada. Él sacó las manos del bolsillo de la chaqueta y se las pasó por la cara, suspirando y mirando al cielo para después mirarme a mí.— ¡no sé de qué manera hacerte entender que no quiero problemas, ni que los tengas tú!
-está bien, lo siento. –sonreí falsamente, chasqueando la lengua.
-¡estoy harta de tus lo siento, Joseph! Y harta de oírte decir que cambiaras. Pero no, aquí te encuentro, con tu grupo de amigos que seguramente a final de su ronda saldrán sin pagar a esa pobre gente. –Solté alzando la voz.
-yo sí pago. –refunfuñó.— y pago porque cada vez que lo hago me acuerdo de ti.
-no digas cursilerías. –nos quedamos en silencio. Me mordí el labio inferior, con la vista gacha, & suspire intentando calmarme. Joe seguía mirándome, así que alce la vista del suelo y lo miré, enojada. No dije nada, y di media vuelta para irme.
-¡hey! ¿Donde vas? –preguntó, acelerando los pasos y sosteniéndome la mano.
-déjame en paz… -respondí con la voz rota. Arrebate mi mano de la suya & él no insistió mas, dejándome partir. Subí al coche, junto al chófer de la familia y observé cómo empezaba a dar patadas al árbol. Cerré los ojos, intentando olvidarlo.
Los últimos tres días la pase en mi cama, sin ganas de nada, intentando pensar en cómo poder estar bien con Joe, en cómo… en cómo dejar de amarlo a pesar de todo. Daba vueltas en mi cama, de vez en cuando una lágrima se asomaba, y de vez en cuando, quería morirme. Me levanté, quitándome la camiseta y mirándome frente al espejo enterizo postrado en la pared de mi habitación. Bajé mi pantalón hasta la parte baja de la cadera, suficiente como para contemplar por completo aquel tatuaje. Pensé que recordar todo lo bueno pasado junto a él me haría recapacitar. Mi primera vez… mi miedo, lo pase junto a él. Aquel recuerdo único y tan valioso en mi vida. Recuerdo cada una de sus caricias, sus delicadas penetraciones y sus besos en mi tatuaje. Recuerdo cómo me trato ese día. Como si un caza fortuna encontrara el diamante mas caro del mundo, como si un científico descubriera el mejor descubrimiento de toda la vida. Me entregué a él por completo, & él lo hizo conmigo también. Sonreí ante ese fabuloso recuerdo. Mi móvil sonó, justamente pensando en él.
-¿Qué vaya a qué sitio? –pregunté, intrigada.

Erika me acompañó. Me había llamado para que supuestamente fuera a un sitio en donde me encontraría con Joe. Yo quería encontrarme con él, y poder aclarar todo. Me siento mal. Siempre discutimos y volvemos… bipolares en el amor.
Llegó en su moto, y se detuvo enfrente de nosotras. Le sonreí, acercándome a él. Erika desapareció, como si supiera que el momento tiene que ser de nosotros. Se quito el casco y bajo de la moto, mirándome. No dijimos ni una palabra durante ese momento, simplemente nos miramos, y sonreímos.
-cierra los ojos. –me pidió Joe. Sonreí aun más y sentí, como un pañuelo pasaba por mis ojos.
-déjame adivinar… ¿Una sorpresa? –pregunté ilusionada.
-algo así. –me cargó en brazos y me ayudo a subir a la moto. Cuando él subió, rodeé su torso con mis brazos y apoyé mi cabeza en su espalda, ciega, pero enamorada.

La moto se detuvo, pero, por costumbre, me mantuve en silencio. Joe me ayudó a bajar & me sostuvo de los hombros. Un suave cosquilleo recorrió mi cuerpo, al sentir un aire frío.
-¿Dónde estamos? –pregunte sin aguantar la curiosidad.
-espérame aquí. No te muevas. –asentí con la cabeza & escuche a lo lejos cómo hablaba con un hombre.
No solo escuchaba eso, sino el sonido de muchas personas. Joe volvió a mí & me sostuvo de los hombros, guiándome mas seguramente. Pude notar que caminamos sobre madera, & que luego el suelo parecía de mármol, por lo duro que era. Me beso el hombro, y yo sonreí.
-ya casi llegamos. –Cada vez el murmullo de la gente se alejaba mas y mas, y una vez mas Joe me soltó, alejándose unos pasos.— ya casi…
Sentí la cerradura de una puerta. Me moría por saber qué era, y sabía que me iba a sorprender. Agarró mi mano, y me guió. Caminé con miedo de chocar contra algo, así que alargué mis brazos y caminamos. La puerta se cerró detrás de nosotros y caminamos un poco más. Ahora el suelo que pisábamos parecía una moqueta. ¿En donde me encontraba? Agarre su mano con fuerza, y el aire fresco me pegó de nuevo en la cara.
-apóyate aquí. –me ordenó, colocando mis manos en unas frías varas de hierro. Me sostuve, y suspiré.
-Joe… siento el mar. –susurré curiosa de saber en dónde estábamos. Sentí una risilla suya. Su aliento se sintió de repente en mi nuca, y sus manos acariciaron suavemente mis brazos. Sonreí, y sus manos desataron en pañuelo que cubría mis ojos.









Una vista perfecta del mar se dibujaba enfrente de nosotros dos. El sol, las gaviotas, el agua… estábamos en un crucero, en un crucero… los dos.
-Joe… è bellissimo… -no tenía palabra para describir lo que estaba haciendo por mí. Hace tiempo le reclame por pasar tiempo de una manera distinta, & él me la estaba brindando. Me giré, precipitadamente, avergonzada de haberle dicho aquello, pensando en que él nunca podría brindarme algo así, & lo miré a los ojos.— no tengo palabras. –dije negando con la cabeza.
-no tienes que decir nada, amor. Cumplo con lo que debo. Quiero demostrarte que por ti, por tu amor hacia ti, puedo hacer cualquier cosa que me pidas. Quiero demostrarte, que te amo de verdad. –sonreí, soltando a la vez un sollozo, y lo abracé.
-il mio príncipe… -susurré, alzando la cabeza, y uniéndome a su beso. Nuestros labios se movían al compás, como si fueran echo a medida. Sus manos resbalaron por mi espalda, pegándome más hacia él y con sus labios, dominaba mi boca, de manera única. Me separé, con la respiración agitada. Joe me acarició la mejilla, dándome otro corto beso.
-vamos. Tienes que alistarte. Esta noche será inolvidable. –sonreí, confundida.
-¡pero no he traído nada!
-no te preocupes de eso. Erika me ayudo.
-¡mamma mia, cómo te amo! –salté a sus brazos sonriente junto a él.

Me puse un vestido negro, sencillo, junto a unas sandalias y baje. Joe me esperaba a la salida. Iba con una pantaloneta de color beis, & una camiseta blanca. Su cabello alborotado (ahora se lo había cortado) y negro lucía perfecto, junto con esas combinaciones de luces que se encontraban a nuestros lados, hacían resaltar ese color miel de sus ojos. Extendió su mano, y se la recibí, encaminándome junto a él, para pasar la noche.
Después de sentarnos mientras el resto del personal charlaba, bailaban o lo que quiera que hicieran, hablábamos de cosas. Nuestras cosas. Sus cosas, y las mías también. Mientras yo le hablaba, de mis cosas, él me miraba, atento, & sentía que mis palabras no tenían sentido. Mi boca hablaba, pero mi mente se concentraba en su belleza, en su mirada atenta a mí, y sus pequeñas sonrisas de repente.


Sus pequeños gestos, movimientos, y palabras eran como si me obligara a escucharla, a estar por ella. ¿Se habrá dado cuenta de la atención que le doy? ¿Se habrá dando cuenta de cómo muero por ella? ¿De mis miradas de estúpido? Solamente espero que no; porque no quisiera ser tan vulnerable ante ella. & lo cierto es, que, siempre lo soy, solo que soy una pizca atento y reacciono como debe ser. Sus pequeñas palabras parecían una larga oración delante de mi, esos ojos, profundos y aquellos labios, que me pertenecían, y no me cansaría de besar. Quería darle a entender que toda mi atención seria para ella si me lo pedía, que todo lo mío, si ella quisiera, se lo brindaría sin más. No podía ser más estúpido e *******, y lo sé, pero ella lo es todo. Para mi lo es.
-Joe, ¿me estas escuchando, verdad? –preguntó entrecerrando los ojos. Sonreí, acariciándole la mejilla.
-claro. Ibas por donde fuiste a Londres y el guardia de seguridad del museo te detuvo pensando que trabajabas ahí.
-¡oh, sí! Esto tampoco te lo puedes perder… -me contaba su vida, me contaba todo lo que ella hizo.
No importa, yo quería escucharla. No importaba si la conversación se basara siempre y simplemente en ella, yo quería que fuera así. Mi vida no seria de agrado por contar. Estaría todo bien así.
-el mar es hermoso. Me encanta… -susurró apoyándose en la silla y mirando hacia el mar, que se formaba delante de nosotros, en movimiento, mientras el crucero viajaba.
-tan hermoso como tú. –le halague. Ella se sonrojó, sonriendo.
-cuéntame cómo pudiste hacer esto. –preguntó, mirándome.
-poco a poco. Me costó pedirle a Kevin una ayuda, pero al final fue él quien más me ayudo.
-quería agradecértelo, pero no sé cómo. –me incliné hacia ella, besándola.
-no debes agradecerme nada. Con tu felicidad, ya me lo das todo.



Lo abrace, brindándole cariño. ¿Era posible querer tanto a alguien? Después de llevarnos como el perro y el gato, aunque era yo la que me resistía. Me acerqué a sus labios rojizos y los besé, con ternura.
-gracias… -le repetí, y me quedé enganchada en su cuello, respirándolo, y adormeciéndome en su pecho. Él me acaricio el cabello.— no se qué excusa pondré al llegar a casa.
-¿puedes evitar ese tema durante esta noche? –me preguntó, divertido. Alcé la vista y sonreí.
-¿subimos a la habitación? –se levantó, agarrándome de la mano, y riéndonos los dos al compas.
Llegamos, divertidos, mientras yo corría, para evitar que él me pillase. Me tire en la cama, rodando, mientras él salto en ella, abalanzándose sobre mi. Reíamos como locos, mientras dejábamos la habitación echa un desastre al jugar con las almohadas. Volví a subir a la cama, y me quede quieta, mirándolo con una mirada muy atractiva, sensual. Joe me contemplo, sin sonrisa en su rostro, pero fascinado. Tragó saliva, y sonreí pícaramente. Baje la corredera de mí vestido, dándole la espalda y dejándolo con curiosidad de más. Lo miré, y seguía bajo el dominio de mi sensualidad. Baje una tira, seguida de la otra, dejándola rozar en mi hombro, y deje caer el vestido por fin. Me senté en la cama, dándole la espalda aún, para que no contemplara todavía mi desnudez. Sentí sus pasos acercarse a mí, y quedándose ahí, parado, sin hacer nada.
-dijiste que nada de sexo. Me estas matando, en ese estado. –confesó. Yo sonreí, atrevidamente.
-no dije que no lo tuviéramos durante la noche. –se acercó, y cerré los ojos. Me besó el hombro, suavemente. Yo suspiré, con el corazón a mil.
Alce las manos al cuello de Joe, y él a mi espalda, paso las suyas por delante, acariciándome el pecho. Los acarició, mientras me besaba. Mi respiración y ritmo cardiaco se aceleró, obligándome a girar y a besarlo intensamente. Joe aprovecho cuando nos separamos de quitarse la camisa. Tomó mi cuerpo en sus brazos y me beso el cuello, bajando hasta mis senos, y besándolos también. Caímos acostados en la cama, mientras él aprovechaba para quitarse los pantalones, abriéndose paso entre mis piernas y entrar en mí cuando la excitación ya era muy elevada entre los dos. Mordí su labio, mientras cerraba los ojos con deseo y pasión. Sus gemidos y suspiros eran seguidos, y me miraba, queriendo llegar a la luna. Agarre sus cabellos, y su cabeza, mientras bajaba un poco sus besos por mi pecho y cuello. La cama se movía al compás, y la brisa del mar entraba en nuestra habitación, colocando el ambiente más provocador aún.
Los rayos intensos del sol me cegaron al abrir los ojos. Despejé mi vista y sonreí al recordar la noche pasada. Llena de pasión y amor. Desearía que volviera a repetirse. La respiración de Joe pegaba contra mi hombro, y su brazo, atravesado por delante de mi torso, permanecía sublime, mientras dormía. Me giré, para mirarlo. Las fracciones de su rostro se suavizaban y sus labios se endurecían. Acaricie su cabello, y se movió, acomodándose a mi lado. Parecía un ángel cuando dormía; no me cansaría de mirarlo, pero, su móvil vibró y me interrumpió. Me alerte, temiendo de que se despertara, pero no lo hizo. Quite su mano suavemente de encima de mí y agarré el móvil antes de que lo despertara. Un nuevo mensaje, & era de Camilla. Mi pecho se encogió y abrí aquel sobrecito vibrante, mientras empezaba a leer:


>“vienes esta noche otra vez? Te espero (=”

Ella no iba a dañar mi pequeño rato junto a Joe, no iba a impedir que me divirtiera, ni iba a causar una discusión entre los dos. Además, no tenía que haber visto aquel mensaje. Lo deje, ignorándolo, y sonriéndole a la vida. Cruce la habitación, y me duché, colocándome ropa cómoda. Al salir del lavabo, Joe se encontraba en la cama, mirando su móvil. Al verme llegar, reaccionó, y lo dejo de inmediato en la mesa. Yo le sonreí.
-buongiorno. –le dije, guardando algunas cosas en mi diminuta maleta.— ¿has dormido bien?
-sí. –responde simple. Lo mire por segundos y continúe cerrando mi maleta. Cuando termine, me senté a su lado. Joe acerca su mano y me acaricia el cabello húmedo, yo sonrío.— la noche pasada a sido una de mis mejores noches.
-¿de verdad?
-si. –respondió y se acercó para besarme. Toco mis labios, y… me separe. Imágenes no debidas de él y camilla aparecieron en mi mente.
-¿Por qué no te vas a duchar & salimos antes de desembarcar? –le propuse y así lo hizo.
Me asome en la ventanilla de nuestra habitación, viendo a la gente contemplar el mar, sin preocupaciones, y sin notar dolor alguno en su corazón. No estaba dolida, claro que no. Ni mucho menos. No podía estarlo…
Joe salió de la ducha, y se cambio, guardando también un par de cosas en la maleta. Lo miré, y en la parte baja de su hombro tenia algo morado… me parecía un chupetón. Yo no le he hecho nada… preferí dejar de pensar en eso y sonreír. Él me miro, sin problema alguno.
-¿vamos a ver un rato en mar de día? Dicen que hay probabilidades de ver algún pez.
-se llaman delfín, Joe. –sonreí y me acerqué a él, saliendo de la habitación. Pasó su brazo por encima de mis hombros y me beso el cabello.
De repente mi vista se vio borrosa gracias a una gruesa capa de lágrima, que luchaban por salir fuera. Trague saliva y suspiré, mirándole, sonriendo. Es imposible no estarlo, la verdad, estoy muy lastimada.
Salimos y desayunamos cruasanes con zumo de naranja, & después contemplamos el mar, intentando encontrar algún animal marítimo. Vimos dos delfines, que se asomaron, pero después se marcharon. Joe se poso detrás se mi, apoyando su barbilla en mi hombro izquierdo y alargando los brazos, hasta colocarlos en la reja. Yo seguí mirando el mar, mientras en mi mente, había un mar de confusiones.
-te pasa algo. –Dijo, directo.— y no me quieres decir qué.
-¿Por qué piensas eso? -pregunté, como si no supiera de qué estuviera hablando.
-apenas te dejas tocar. –me aparte de entre sus brazos, colocándome a su lado.
-eso es mentira. –dije, acercándome a él y besándolo en los labios.
-haces esto ahora porque te he preguntado.
-no. Lo hago porque te quiero, ¿está bien? –miró hacia otro lado, y apoyé mi cabeza en su pecho, abrazándolo mas a mí.
Sentir su olor, sus masculinas manos sujetándole de los hombros, y el picor de su barba que empezaba a crecer, me hacía sentir mucha mas atracción de lo que sentía normalmente por él. Cerré los ojos, dejando que el viento nos acompañara.
-pensé que esto haría que supieras cuando te amo, y que no dudaras de mí. –dijo de repente. Alce la vista, y me separe de él, apoyándome en la barra, mientras contemplaba el mar.
-no sé porque dices eso. Te quiero, y de verdad que agradezco demasiado esto. Yo no… no sé cómo agradecértelo, ya casi te he dado todo de mí. No sé si tenga algo más valioso que ofrecerte. –se acercó y me abrazó por detrás, dándome un beso en la mejilla.
-no tienes nada de qué agradecerme. Recordemos que estamos aquí por errores míos, pero si quiero que me demuestres que me amas, con el día a día. –suspire, y asentí con la cabeza.
Di media vuelta para quedar enfrente de su rostro, y contemplarlo. Sus acaramelados ojos de color miel soltaban un brillo especial, algo que me llego directo a corazón, y algo, que seria difícil ver en otro chico que no fuera él. Joe es perfecto, demasiado perfecto, tanto físicamente como interiormente. Acaricié sus labios, y él se acercó poco a poco a los míos, besándome. Nuestras bocas se movían con ligereza, suavidad, percatándonos de cada movimiento y disfrutando de ellos. Sus labios se movieron al borde de mis labios, besándome luego la mejilla, y pasando hasta la cien. Bajo sus besos hasta mi cuello, y de ahí, apoyo su frente, mientras yo sentía su cálida respiración en mi pecho. Acaricie su cabello, enredando mis dedos en él. Al abrazarme noté el desbocado palpitar de su corazón, siguiendo el ritmo del mío, come se fatto l’amore insieme.



-os juro, que estoy perfectamente. –dije por tercera vez a mis padres, quienes me cuestionaban por haberme escapado de casa sin decirles nada.
-no quiero decirte nada mas. –se rindió mi padre. Puso las manos en las caderas, y suspiró.— tiro la toalla con ese absurdo tema. Tu no harás caso, y nosotros nos cansamos. Si quieres estar con ese muchacho, has lo que quieras, pero veras, que por tu bien, seria mejor que lo dejaras ahora. –agarró su chaqueta y maletín, saliendo de casa a trabajar. No supe qué quiso decir con esas palabras, así que miré a mi madre confundida.
-¿qué pasa, mamá?
-nada. –me dio la espalda, recogiendo mi pequeño maletín.— pégate una ducha y relájate, espero que te hayas divertido. –le sonreí, agradeciéndole. Avance mis pasos hacia mi habitación, pero mi madre me interrumpió.— por cierto, cariño. No me pegues nunca mas estos sustos, ¿vale? Al menos, antes de irte, dímelo. –asentí con la cabeza, y antes de entrar, me acerqué a ella, abrazándola.


Al día siguiente decidí ir a visitar a Ian. Mi madre me comunicó que estaba cumpliendo años, así que era buena idea estar un rato, acompañándole. Toqué el timbre, y el ruido de personas y música se sentía desde afuera. Deduje que solo no se encontraba. Me arregle un poco mi sencillo peinado y me arregle el vestido, sencillo también, de color crema, por encima de las rodillas y un escote con forma de corazón. Apreté el paquete en mi mano, envuelto en papel de color lila y un lazo dorado. La puerta se abrió, con Ian sonriente, y sus cabellos despeinados.
-¡vaya, ________! ¡Che sorpresa! –saludó, radiante. Llevaba puesta una camisa azul cielo, combinando perfectamente con sus ojos.
-Ciao, Ian. Feliz cumpleaños. –dije sonriente y extendiendo la pequeña cajita hacia él. La miró, y me agarro de la mano.
-grazie mille… -apretó mi mano y me condujo hacia el interior de la casa.— pasa, estamos celebrando un poco. –entré por completo y cerró la puerta detrás de él. Me intimidé un poco al ver a todas esas personas veinteañeras dispersadas por la casa; yo parecía una completa niña al lado de ellos.
-oh, grazie. –dije en voz suave cuando me trajo una copa de cava. Me miró a los ojos, y brindé, por su cumpleaños.
-ven, te presentaré a unos amigos. –me dio leves empujoncitos en la espalda y me acercó al grupo que conversaba.
Todos me miraron, yo sonreí, saludándolos uno a uno. Pensé que esta fiesta seria muy larga, la verdad, cada vez me sentía un poco incomoda. Al terminar de saludar a sus amigos, me senté en unos de los sofás, contemplando la fiesta mientras bebía de mi copa. La verdad, solo contemplaba a Ian. Veía cómo disfrutaba de la fiesta, y lo guapo que era. En uno de los bailes de grupo, una chica, morena, alta y de buena talla se paro enfrente de él, bailando de una manera exótica. Ian, sonriente y con las mejillas coloradas a causa del calor y alcohol, agarró su cadera y bailaron divertidos. Quise girar la vista hacia otra parte, así que bebí de mi copa, fijando la vista en ella. Una chica, sencilla, se sentó a mi lado.
-agobiante, ¿verdad? –preguntó. Gire la cara hacia ella, con el ceño fruncido.
-¿me hablas a mí?
-sí. Estaba diciendo, que es agobiante.
-¿por quien lo dices? ¿Te molesta mi presencia? –ella soltó una risilla.
-¿tú? No, tranquila. Además, apenas te haces notar. Digo que es agobiante ver a Ian con otra mujer, sobretodo, con esa mujer. –la miré durante unos segundos, y ella bebió de la lata de cerveza que tenia en su mano. Yo sonreí forzadamente.
-no sé ni siquiera de lo que quieres decir. ¿O acaso te gusta Ian?
-no, cariño. Lo digo porque sé que a ti sí. –Sonreí, de nuevo.— aunque pienses que eres demasiado niña para él, te aseguro que él piensa lo contrario.
-no. Es muy raro que lo digas tú, alguien que ni conozco, y… ¿sabes? Creo que iré a por más de esto. –dije señalando mi copa. Me aleje de ella, mientras sonreía.
No tuve idea de lo que le habrá dicho. Empecé a sacar mis conclusiones, de si era adivina, o si era alguien que ni siquiera existía… decidí no pensar más y me fui al baño, para retocar mi cara. Pase el pasillo, buscando la puerta indicada. La encontré, entrando y cerrando la puerta a mis espaldas, aunque no alcancé a cerrarla toda, cuando alguien entró de sopetón e hizo que me apartara de ella. Me giré rápidamente, y vi que era Ian. Suspiré de alivio al saber que era él y no algunos de sus amigos que quería hacer algo.
-eh, me has asustado… -dije, pero él se puso el dedo índice en sus labios, indicando que me callara. Cerró la puerta con seguro, y de su bolsillo sacó la cajita de color lila con el lazo dorado. Mi regalo.
-quiero abrirlo junto a ti. –susurro sonriente. Yo le respondí, con la misma sonrisa.
-¿Por qué susurras? –pregunte susurrando también.
-oh, no. Ya está… era solo para que nadie supiera que entré aquí. –Dijo, hablando ahora en un tono mas normal.— ¿estas lista? Voy a abrirlo. –asentí con la cabeza y esperé a que lo abriera. Al abrirlo, sonrió, sacándolo delicadamente.— vaya, esto si que es original.
-es una concha, del fondo del mar. La han encontrado, y un noble señor me la regaló. Pensé que era un regalo estupendo para ti. –alzó la mirada, cálida y penetrante, con aquellas cejas tan naturalmente delineadas & marcadas. Se acercó unos pasos a mí, quedando cerca.
-es hermosa… -susurro mirándola de nuevo, y alzando la mirada una vez mas.— igual que tú. –me quede en silencio y alzó su mano, acariciando el hoyuelo de mi cuello, y acercándose. Tragué saliva, y suspiré, alargando mi mano para alejarlo.
-no, Ian… yo… -me aparté, pero sus fuertes brazos me detuvieron. Guardo rápidamente la concha en su bolsillo y me sujeto de la cabeza, mirándome.
-compláceme, solo por esta vez. –nuestras miradas se cruzaron, mientras mis manos temblaban, y mi respiración se aceleraba. Negué con la cabeza y me aparté una vez mas, pero otra vez mas él me sujetó.— per favore… -acarició mis labios con su dedo índice, y acercándose mas a mi, mientras me tomaba de la barbilla, y me besaba. Puse las manos en su pecho, suavizando mi comportamiento, y deje que sus labios besaran los mío con plena experiencia. Cerré mis labios al mismo tiempo que él cerraba los suyos, siguiendo un tímido beso por parte mía. Bajo sus manos hasta mi hombro, bajando al igual sus besos, y dándome besos allí.— ti voglio… -susurro cerca de mi piel. Trague saliva, para controlar mis nervios. Subió de nuevo besos, encontrándose con mis labios. Apartó el cabello de mi cara, y me pegó contra la pared. Alce mis manos, separando sus labios de los míos, incapaz luego de mirarle a los ojos.
-esto es un error…no debí haber venido. –salí precipitadamente del lavabo y salí del piso de Ian, desconcertada, y nerviosa aún. Suspire varias veces, antes de bajar las escaleras, y llamar a Joe.
-amore, ¿qué ha pasado? –preguntó, de nuevo con el ruido de motos y gente de fondo.
-Joe, ¿puedes venir a buscarme? Necesito hablar contigo. –respondí.
-está bien, dame… 20 minutos, ¿okay? –y colgó. Me senté en la portería de casa, y lo esperé. No tardo los 20 minutos en llegar, así que cuando lo hizo, subí a su moto, apoyándome en su espalda, y mirando las calles pasar.
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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 1:08 am

Llegamos a un parque, y estaciono la moto al lado del banco en el que nos sentaríamos. Él me regalo una sonrisa al verme, y se sentó a mi lado, acariciando mi mejilla.
-¿porqué estás tan guapa hoy? –no sonreí, simplemente me limité a suspirar y a mirarle nerviosa.
-justamente por eso te llamé, Joe…
-¿para ver lo guapa que estas? –preguntó interrumpiéndome. Yo sacudí la cabeza.
-déjame hablar. –le pedí.— hoy es el cumpleaños de Ian… -su rostro no pareció agradable.— la fiesta estuvo normal, al menos para mi, pero en un momento determinado… me beso, cuando yo me dirigía al lavabo. –se quedo pensativo… bajando la mirada a sus pies, empuñando sus manos.— y no ha sido la primera vez… -alzó la vista, sonriendo, tan falsamente, que dolía.
-¿y te atreves a decírmelo? –preguntó, con esa sonrisa falsa.
-Joe, quería que nuestra relación fuese sincera… -su mirada se desvió, concentrándose ahora en sus puños.— pero, todos han sido de su parte, yo nunca he querido… -me callé, porque sabía que estaba mintiendo al decir que nunca quería. Joe se quedó así, como una estatua, mirando fijamente a sus manos, que temblaban. Tragué saliva, respirando con dificultad.— Joe, por favor… dime algo.
La tensión aumentó, así que me quede en silencio yo también. Mi corazón me impedía respirar normal, ya que no paraba de palpitar exageradamente. Alargué mi brazo, y toqué uno de esos rizos que se empezaban a formar en su cabello, ya que se lo había cortado. Él separo su cabeza un poco, hasta dejar que mi mano callera. Suspiré, antes de echarme a llorar, y me tragué las lágrimas que estaban a punto de salir. Pasamos no se cuánto tiempo en ese estado, silencioso y demasiado molesto. Hasta que se movió, se levanto cogiendo su casco, y colocándoselo.
-te llevare a casa, vamos. –las venas de sus manos se hincharon al hacer presión en los volantes de la moto. Suspiré, profundamente.
-no subiré hasta que me digas algo. –le dije. Se quedó un momento en silencio, y se quitó el casco para mirarme.
-¿acaso quieres que te grite y explote contigo hasta el punto en que no quiera verte jamás? –preguntó, violento. En este caso, mis lágrimas fueron libres de salir.— no quiero discutir, sube.
Fue un error haberle dicho eso, demasiado mal. Subí, sujetándome en la silla, esta vez no en su torso, y arrancó la moto, dirigiéndonos a casa.
Al llegar, baje muy rápido, para poder sollozar lejos de él, sin que se diera cuenta. Me puse la mano en mi boca, llorando. Abrí la puerta, para subir las escaleras, y lo hice deprisa, entrando en casa, directo a mi habitación y llorar como tonta. No sé porqué lo hacía, pero me ponía mal, verle mal. No sentí su moto arrancar, así que me asome por la ventana y seguía ahí, sentando, sin moverse. Me iba a decidir por bajar, pero en un momento dado, arrancó, y se fue deprisa.
Se suponía que no debíamos de discutir más, y al parecer esa propuesta es imposible de cumplir.




-alguien quiere verte. –me susurró la chica encargada de la biblioteca. Me pregunté, porqué esa persona no llegaba hasta mí, así que me encogí de hombros y salí, viendo a aquel hombre de ojos azules mirándome, sonriente. Me acerqué lentamente, un poco separada de Ian
-Ian, quiero decirte algo… -le dije.
-no, vine yo a decirte algo. –me interrumpió.— quería proponerte a salir, esta tarde.
-Ian, justo eso es lo que te tenía que decir. Por culpa de… por culpa de nuestros calentones, discutí muy fuerte la noche pasada con él, y no quiero volver a hacerlo. De verdad, lo siento mucho, pero es mejor que dejemos de vernos. –se quedó un poco perplejo, arrugando su entrecejo, y amagando para agarrarme.
-pero, él no debe de enterarse.
-¡por favor, Ian! Yo… no quiero. –Asintió con la cabeza, frunciendo los labios, y alejándose.— lo siento… -asintió con la cabeza, dándome la espalda, y encaminándose hasta irse por completo.
Cuando termine de leer en la biblioteca, mientras caminaba hasta casa, pude encontrarme con Joe. Iba vestido con una camiseta verde olivo de rayas negras, serio, camino hacia mi. Su forma peculiar de caminar me hizo tambalearme, y lo miré fijamente a los ojos. Saco las manos de sus bolsillos, quedando a pocos pasos de mí.
-Ciao. –dije, sonriéndole, pero permaneció serio.
-he estado pensándolo… -esas palabras me estremecieron, sintiendo lo peor.— lo pensé bien, y creo que no debo de enojarme contigo. Yo también he hecho mis cosas con Camilla. Así que, estamos en paz.
-Joe, lo llamas como si lo hiciésemos a posta.
-está bien, quería decir que, ya no hay problema. –sonreí, acercándome poco a poco a él, y colocando mis manos en sus pectorales.
-¿puedo darte un beso? –pregunté. Él sin decir nada, agarro mi cabeza y pego sus labios contra los míos, volviendo a crear esa reacción química, que hacia que nuestros corazones bailaran juntos, al compas de nuestros besos necesitados.
Cerró la puerta de entrada de su casa, tropezando mientras nos besábamos. Coló sus manos por debajo de mi blusa & me quiso quitar el sujetador, pero atrape sus manos, mirándolo a los ojos, a esos ojos ansiosos, medio cerrados.
-despacio… -le pedí. Soltó un corto suspiro & volvió a besarme. Sacó las manos de la blusa y me agarro de la espalda, sujetándome mientras nos acostábamos en el sofá. Al rozar mi pierna por el bulto de su pantalón, pude notar lo excitado que estaba, así que se me escapó una pequeña sonrisita, besándolo más apasionadamente.
Cada roce, cada mirada, cada susurro, cada sumersión… parecía como volar en la galaxia o como caer a la velocidad de un meteorito en la tierra, veloz, y ardiente. Pero, lo veloz, se volvía lento, muy apasionado, hasta llegar a un punto en donde mi mente no pensaba en nada, en donde solamente existía una persona, & era él. Nuestras pieles al rozar, al tocarse directamente producían una electricidad, que no se sentía exteriormente, pero sí interiormente, haciéndose notar demasiado, y obligándonos a besarnos, para nivelar aquella soltura.



La contemplé mientras dormía, con la respiración tranquila, y suave. Parecía dominar por completo en mí aunque estuviera sumisa en el sueño, dominaba en mí por cada movimiento que hiciese, actuase o dirigiese. Dominaba en mí con sus palabras, por las más mínimas, por cada susurro… pensé por un momento; ¿qué me pasaba? He cambiado por completo por una chica que, si no hubiera conocido bien, la odiaría, y quisiera solamente pasar una noche con ella. He sentido mi cambio, he sentido que he dejado gran parte de mi vida anterior por estar con ella, & me parece bien, me parece genial, simplemente estar con ella, me parece extraordinario. Miré sus labios, encorvándose mientras respiraba suavemente, & de vez en cuando, sonriendo inconscientemente. Alargué mis dedos, rozando su mano, que estaba cerca de la mía, y seguidamente besándola. Quisiera saber qué poder tiene, para hacerme caer rendido a sus pies. Estoy completamente seguro, que si no fuera ella, quien me hubiera echo eso de besarse con otro tipo, la dejaría y la olvidaría en el tiempo que cogía la moto y arrancaba. Acaricié su suave cabello, sumergiendo mis dedos en él, y acercándome, para que su atractivo olor penetrara en mi olfato.
-sei tutta la vita mia…(eres toda mi vida) -susurré, cerca de su rostro.—…me fai llegare a tre metri sopra il cielo. (me haces llegar a 3MSC)



-¿tienes allí mi calcetín? –me preguntó, colocándose lo último que le faltaba: los zapatos.
-sí, aquí están. –se los lancé, y los recibió sonriendo.— ahora que estas de vacaciones, podríamos salir mas.
-me parece bien. Podríamos ir a tomar un helado. –asentí con la cabeza, acercándome a ella y abrazándola por detrás. Pasó sus delicadas manos por mis brazos, girando la cabeza y regalándome un beso.— te veo mañana, ¿okay? –asentí de nuevo y la solté, mientras se acomodaba la ropa.




Bajamos de la moto, al lado de esa calle tan veraniega, y con el sol, a nuestra espalda, ya que estábamos a la sombra. Joe salió del local con dos cucuruchos de helado. Vainilla, mi preferido. Me envió una sonrisa desde lo lejos, acercándose & entregándome mi helado.
-¿sabes cómo sabría mejor? –preguntó después de unos minutos en silencio comiéndonoslo.
-¿cómo? –pregunté yo.
Dibujó una sonrisa de medio lado en su rostro & acercó su helado por mi pecho, haciéndolo recorrer por mi abdomen. Iba en bikini, así que no fue problema. Lo miré, con la mirada ardiente, y suspiré, cuando noté sus besos subiendo por mi vientre. Cerré los ojos, respirando lo que el corazón acelerado me permitía, y acaricié su cabello, mientras llegaba a mi pecho.
-Joe… -susurré. Él me agarró con fuerza la cintura, y me acercó a él, sonriente.
-te dije que así sabría mejor… -me susurró él en la oreja. Mi helado se calló, y agarré su cabeza, para besarlo. Joe se alejó unos centímetros.
Pasó su dedo índice por su helado, agarrando un poco, y untándomelo en el cuello, por detrás de la oreja. Lamió esa zona, y seguido me besó con fiereza. Apoye mis mano en sus pectorales desnudos, y noté cómo se encogían al acercarse a mí. Baje mis manos hasta sus abdominales, mi parte favorita, y acaricié cada uno de esos músculos cuadrados, que también se contraían al hacer un movimiento. Retiró sus labios de mi cuello y me miró. Mi vista se fijo en esos labios, mas rojos aún por causa del frío helado; sonreí.
-¿vamos con los chicos? –me preguntó. Asentí con la cabeza, y me agarró de la mano, encaminándonos. A unos pocos metros, se escucharon risas; no me había percatado de que había personas en la heladería, enfrente de nosotros dos.

Pisamos la arena, y me quite las sandalias, para saborear con mis pies la arena. La falda playera se movía al compás de viento que pegaba, era una sensación increíble. Polo & Erika se encontraban muy cariñosos. Erika sosteniendo la cabeza de su novio en sus piernas, mientras le acariciaba el rostro. Llegué, y me senté enfrente, Joe lo hizo después.
-llegáis justo a tiempo. –Dijo Erika.— nos íbamos a meter un rato en el agua. –sonreí, mirando a Joe.
-eso es genial. –contesté.— ¿vamos?
-vamos. –contestaron al unísono. Erika & Polo no esperaron ni un segundo mas y se marcharon corriendo, metiéndose en el agua mientras jugaban. Yo decidí quitarme la larga falda, & noté cómo Joe me contemplaba. Sonreí de medio lado y lo miré, quitándomela por completo.
-¿en qué piensas? –le pregunté tirándole la falda en la cara. Él se la quitó, levantándose.
-en ti. –me respondió, dándome un beso en la frente y agarrando mi mano, para marcharnos al agua.
Pensé que caminaríamos normales, pero se agachó, agarro mis piernas, y se levanto corriendo hacia el agua. Grité, riéndome a la vez, y deteniéndome, hasta que una ola nos tumbó. Me levanté después de lo pasado, vi cómo Joe reía.
-¡pensé que me ahogaría! –le grité, aun con la respiración agitada. Él se acercó, y me beso. Me encantaba verlo mojado.
-fue divertido arrojarte. –sonreímos a la vez y me besó en los labios, con ese sabor salado & con ese dulce amor. Me colgué de sus brazos para flotar mejor y quedar a su altura dentro del agua. Sus besos pasaron por mi mejilla, hasta llegar a mi oreja.— ¿porqué no lo hacemos aquí? –aparté la cabeza, mirándolo.
-no. Erika y Polo están presentes. –dije, desviando luego la mirada hacia ellos dos, que permanecían abrazados y besándose.
-a ellos no les importa nuestra presencia. –dijo Joe, & entonces entendí lo que hacían. Lo miré, dudosa.
-estamos bien así, Joe. Me molesta tener que hacerlo, delante de ellos. –Joe miró hacia la pareja, que seguían a lo suyo.
Luego, volvió a mi rostro, y sentí sus manos bajar por mi espalda, colándose por mi panty, y tocándome la nalga. Cerré los ojos, tímida. Sacó una de sus manos para agarrarme la nuca y besarme, volviendo ese beso apasionado. Al separarnos, tragué saliva, y apoyé mi frente en su nuca, cerrando aún los ojos. Sus manos pasaron por delante, y entonces abrí los ojos, mirándolo, y agarrando su mano.
-no. –susurré. Estaba avergonzada.
-cariño, déjame mostrarte cosas nuevas. –suspiré con el corazón a mil y cerré de nuevo los ojos, apoyando mi cabeza en su cuello esta vez, y gimiendo suavemente. Acarició mi cabello, alzándome la cabeza y besándome.
-¡chicos! –nos llamaron los otros. Alce mi cabeza rápidamente y me aleje de Joe, apartando ligeramente su mano.— ¡venid, haremos una fogata! –me di cuenta de que la tarde oscurecía, así que intente caminar hasta ellos. Miré a Joe, y agarré su mano, guiándolo hasta la orilla.
-has dejado que mi cuerpo reaccione. ¿Crees que es presentable ir hasta donde ellos así? –sonreí sonrojándome y le solté la mano.
-sal cuando se te haya pasado. –le avisé. Me envió otra sonrisa, y salí del agua. Erika & Polo preparaban unas cuantas maderas cogidas de las personas que tiran muebles viejos, haciendo fuego.
-¿Qué hace Joe? No me digas que no lo consientes demasiado y tiene que acudir a manuela. –me habló Polo, mientras prendía el fuego.
-¿manuela? –pregunté confundida. Él & Erika se echaron a reír.
-______, su mano… -me susurró cerca del oído mi amiga, entonces me sonrojé aún mas.
-no, es solo que quería estar un poco mas en el agua. –invente como excusa. Ellos volvieron a reír. Poco después, Joe salió del agua, sentándose a mi lado.
-decidimos quemar un poco de nubes. –Avisó Erika sacando una bolsa llena de ellas.— tomad, son palillos. –los 3 agarramos uno cada uno y lo pinchamos en la nube, mientras lo acercábamos en el fuego. Cuando estuvo un poco dorado, me lo acerqué suavemente a la boca, mordiendo un trozo.
-te ves hermosa a la luz del sol ocultándose… -susurró en voz baja Polo a Erika, pero nosotros lo alcanzamos a oír. Joe me miró, mientas me comía mi dulce nube. Erika & Polo empezaron a besarse, y me incomodó un poco. Joe me agarró la mano, y lo miré, confundida.
-ven conmigo. –me dijo despacio. Agarró una toalla, & me levanté junto a él, caminando hasta no se donde. Nos alejamos bastante de los chicos.
-Joe, ¿Dónde vamos? –le pregunté, él siguió caminando, hasta detenernos detrás de una de las rocas de la playa, que nos tapaba la vista de Polo & Erika.
-dijiste que te molesta la presencia de ellos dos, así que, ahora no los ves. –tendió la toalla en la arena, mirándome.— ven, acércate.
Di varios pasos, caminando despacio, y agarré su mano, que estaba tendida. Me dio un ligero beso en los labios, y agarró mi cadera. Me sujeté de su cuello, acariciándolo y enredado mis dedos en su cabello, mientras él me desató el cordón de mi sujetador. Aparté mis manos, mientras él me lo terminaba de quitar, y me contempló por un momento.
-sei molto bella. –me susurró, y se acercó a mí, besándome de nuevo. Baje mis manos hasta el botón de su pantalón, desabotonándolo y bajándolo. Me di cuenta de que no llevaba calzones.
-¿viniste preparado para la ocasión? –pregunté divertida. Simplemente escuché una risilla suya. Me tomó de la espalda y nos acostamos en la toalla, mientras su cuerpo quedaba en medio de mis dos piernas. Pensé que podría llegar alguien, así que no estaba del todo cómoda, aunque la playa estuviera solitaria.— haz que me olvide del resto del mundo, per favore… -le pedí cerca de su oído.
Me beso en los labios intensamente, y me quitó el panty del bikini, quedando por completo desnuda. Joe guió su miembro al sitio correspondiente en este caso, y me mordí el labio inferior al notarlo. Ardiente, y palpitante. Lo abrace mas a mí, mientras gemía, y Joe me besaba, acariciando mi cuerpo, con esas manos tan masculinas, haciendo que me olvidara por completo del resto del mundo tal & como se lo pedí.
-te amo, te amo con locura… –me acerqué para besarlo, y me separé, rodeando mis brazos en su cuello.
-y yo a ti.

-acércate, te ayudaré a atártelo. –me dijo Joe al ver que me costaba atarme el cordón del sujetador del bikini. Le di la espalda, apartando mi cabello a un lado, y me lo ató. Por último me dio un beso en la espalda, y sonreí.
Mi mente se fue de este sitio, al recordar ese día en el cumpleaños de Ian. Mi corazón se aceleró y mi sonrisa desapareció. Me levanté, esperando a Joe mientras recogía la toalla y nos encaminamos hasta nuestro sitio. Antes de llegar, Joe envió un fuerte silbido, para que se dieran cuenta de que llegábamos. Conversé unos cuantos momentos junto a Erika, hasta que me despedí de ella y subí a la moto de Joe. La chaquetilla de verano que llevaba puesta se me movía rápidamente a causa de la brisa que pegaba al correr en la moto, y la delgada camiseta de Joe, me permitía notar cada musculo de su torso.
Al llegar a casa, nos despedimos como siempre, con esos largos besos y caricias sin parar.
-te llamaré luego. –me dijo despegando los labios de los míos. Yo asentí con la cabeza.
Nuestros despidos solían ser largos, así que, después de todo, entré sonriente al portal.
-__________. –me llamó una dura voz masculina cuando iba a coger el ascensor, haciendo que me girara bruscamente, y lo mirara al rostro. Me quedé en silencio, girando nuevamente al cabeza, atendiendo las puertas del ascensor.
-lo siento, Ian, no puedo hablar ahora… -le contesté cuando las puertas se abrieron y aproveche para entrar. Él entrometió su cuerpo, impidiendo que las puertas se cerrasen. Me quedé con los ojos muy abiertos mientras lo miraba.
-sí que puedes. –dijo.— no volverá a pasar nada, tranquila. -Asentí con la cabeza y me crucé de brazos, mirando al suelo. Las puertas se cerraron.— quería pedirte mil disculpas, me siento arrepentido. –alcé la vista.
-¿te arrepientes? –le pregunté con cierto dolor en la voz.
-eso creo… -chasqueó la lengua, fastidiado.— tú y tu chico… estáis muy enamorados. No suelo romper parejas, ¿sabes? –Tragué saliva, bajando de nuevo la mirada a mis pies.— así que… quería comunicarte que estoy con alguien ahora. No tendremos problemas al cruzarnos. –alcé nuevamente la vista, como si quisiera transmitirle la presión de mi pecho.
-oh, eso es genial. –musité.— me alegro por ti.
-¿te alegras? ¿Lo dices enserio? –preguntó, ladeando la cabeza y entrecerrando los ojos.
-sí, por supuesto. –respondí inmediatamente. Las puertas se abrieron.— yo me bajo aquí, adiós. –me envió una sonrisita, mientras salía del ascensor y él seguía subiendo.



-¡pero no te estoy diciendo tal cosa! –le grité, dándole a entender de una buena vez que había interpretado mal las cosas.
-me estabas diciendo que me acosté con ella cuando estuvimos peleados, ¿cómo quieres sino que me lo tome? –me gritó también. Me crucé de brazos, suspirando.
-vi el mensaje, -repetí.— y Joe… me vinieron un montón de cosas a la cabeza. Pero, no te estoy echando en cara algo que ni sé si hiciste en realidad.
-me lo estas echando en cara, con ese “no sé si hiciste en realidad…” me estás diciendo cosas que no son.
-por eso quiero que me expliques… -le rogué, tragándome las lagrimas. Me ponía mal pelearnos.
-fui a su casa, es cierto. –Me limpie la lágrima que callo disparada cuando acabo de decir esa frase.— te lo juro, no quise nada, y no paso nada. Simplemente ella intento hacer algo que yo le impedí de inmediato.
-Joe, si me estas mintiendo, juro por Dios que no sé qué haría. –le dije en voz baja. Él tragó saliva, pasándose las manos por la cara.
-te estoy diciendo toda la verdad. –hubo un silencio, que fue roto por mí.
-y ahora respóndeme, ¿porqué no me hablaste nada de ese mensaje? Te pusiste nervioso cuando aparecí y tú tenías el móvil en la mano.
-pensé que interpretarías todo mal. Además, estábamos demasiado bien como para estropear el viaje. –Giré la mirada para otro sitio. Una lágrima callo sin permiso.— no llores… per favore.
-no estoy llorando. –gruñí mientras me limpiaba la lágrima. Hubo otro silencio, esta vez mas largo, en donde solamente se escuchaba mi respiración agitada.— esa chica quiere arruinarlo todo, no me soporta…
-lo siento… -me giré descaradamente para mirarlo con furia.
-¿lo sientes? ¿Qué sientes? ¿Qué se entrometa de esta manera?
-no. Siento que te haga sentir de esa manera. Si los dos la ignoramos, posiblemente se olvide.
-Joe, por favor, no me hagas reír. O sea, que tu plan es ignorarla, mientras ella intenta seducirte, y yo ignorarla, mientras intenta quitarme al novio. Bonito plan, ¿no?
-no lo digo de esa manera… -soltó un largo suspiro, mirándome.
-no sabes ni qué decir. –me trague la siguiente lágrima, cruzándome de brazos. Joe se acercó, para brindarme un abrazo, pero lo aparté. Seguidamente, mi móvil sonó.— ciao, mama.
-cariño, necesito que vengas al hospital. La madre de Ian está en estado grave, y él está solo y preocupado. No estaría mal que le hicieras un poco de compañía. –me dijo mi madre, con el ruido del hospital de fondo.
-pero, ¿cómo esta ella?
-siendo sincera, posiblemente no pase los dos días… -suspiré, nerviosa.
-está bien, iré para allá. –colgué y agarré mi bolso, colgándomelo en el hombro y encaminándome hacia la salida. Joe me siguió.
-¿qué ha pasado? –me preguntó, pisándome los talones.— ¿A dónde vas?
-al hospital, la madre de un amigo está muy grave. –Joe me agarró del brazo, cogiendo los cascos de la moto con la otra.
-te llevaré. –lo miré unos segundos, entonces no me resistí. Subimos a su moto, encaminándonos hacia el hospital.
Cuando la moto se detuvo enfrente de ese sitio, en donde posiblemente personas estén saliendo de la muerte, y otras rindiéndose a ella, caminé apresuradamente a la sala de espera. Mi madre seguramente estaría atendiendo a la madre de Ian, ya que trabaja ahí. Joe no tardó en colocarse a mi lado mientras caminaba. Ian se encontraba con los codos en las rodillas y su cara apoyada en sus puños. Le envié una mirada de preocupación a Joe, y segui caminando, acercándome a Ian & sentándome a su lado. Él alzo la vista.
-_________, ¿qué haces aquí? –me preguntó, con una voz débil, y rota.
-mi madre me lo ha contado. –sus marcados ojos azules no parecían tan encendidos como siempre, y los parpados los tenia un poco caidos. Alce la mano, y le acaricie el cabello por la parte de la nuca.— ¿has dormido?
-lo he intentado. –agarró mi mano y la sostuvo encima de la mía. Joe se acercó.
-¿qué tal estas? –preguntó, como si estuviera obligado a decirlo.
-del mismo modo en que sabes que tu madre morirá dentro de una horas. –respondió. En ese momento, supe lo mal que se llevaban. Aparte mi mano con suavidad, y miré a Joe, bajando luego la mirada hasta Ian.
-yo… me ire a fumar un cigarro. –dijo Joe & asentí con la cabeza, dejó los cascos de la moto en la silla continua a la mia y se marchó, con las manos en los bolsillos. Antes de estar lo suficientemente lejos, Ian se levantó.
-te acompaño. –le dijo. Joe lo miro molesto, y siguió caminando, mientras salian los dos por aquella puerta de cristal.
[…]

Joe encendió su cigarro, con la incomodidad en la piel, y miró a aquel hombre, rival, contemplándolo. Le echó una mirada completa, y alzó la cabeza en forma de saludo.
-¿fumas? –le preguntó Joe, ofreciéndole la cajetilla. Ian negó con la cabeza.
-no. –respondió simplemente. Joe volvió a guardar la cajetilla, hablando de nuevo, mientras el humo salía por su boca.
- ¿entonces por qué me acompañas? ¿Conoces ese dicho que es mejor solo que mal acompañado? –Ian soltó una risa falsa.
-vine a hablar, dialogar. Quizás no conozcas esos términos. –Joe sacudió la cabeza.
-¿sobre qué? ¿vienes a inventar un plan conmigo para pelearnos por mi chica?
-no, pero si te parece buena idea, no dudaría en hacerlo. –Joe dio otra calada a su cigarro, tan profunda que se pudo notar el fastidio; soltó el humo, ignorando lo que Ian decía, como si estuviera solo.— vengo a decirte que es una chica estupenda.
-ya me he dado cuenta.
-y quería decirte las cosas que hice, por amor. Y son cosas que no suelo hacer. –Joe lo miró, queriendo vomitar. ¿qué se creía? ¿acaso le iba a dar un sermón sobre amor? ¿qué va a saber ese de amor? Joe lo miro, curioso de lo que diría.— no suelo destruir parejas, pero, ella y yo hemos tenido nuestros cruces.
-¿a qué te refieres con cruces? –preguntó.
-ya sabes, palabras y hechos. –Joe quizo cogerlo del cuello y alzarlo hasta dejarlo sin aire. ¿Acaso le estaba provocando? Ese hombre se estaba pasando, pero Ian se sentía sublime. Sabia que Joe tenía que escuchar primero antes de actuar.
-te estas pasando. Explicame a qué te refieres.
-le he robado varios besos, pero, para mi desgracia, ella no los ha recibido de manera adecuada. –la sangre de Joe se relajo por sus venas, ahora las ganas de ahorcarlo no eran las mismas, ahora, simplemente quería cogerlo y arrancarle la boca por haberse atrevido a besarla. Ian soltó una risita tonta.— no es que esto sea conversación para hombres, pero la quiero. Y no me importaba tener que enfrentarme también a su novio.
-¿tambien?
-su padre. No permite que nadie este con ella.
-lo se. –Joe se sentía aun extraño. ¿De verdad aquel tipo le había dicho que quería a su chica? No terminaba de creérselo.
-¿sabes? Ella es… muy especial. Despierta en mi lo que ninguna chica puede.
-cállate, no quiero oír salir de tu boca esas palabras, vuelvo a oír una gili*polles mas, & no respondo.
-no pienses mal, simplemente digo sentimientos. No cosas relacionadas a la erección de cualquier cosa. –Joe se quedó en silencio.— tienes suerte de tenerla.
-me lo recuerdo cada día. Y no te hagas ilusiones, ella ya tiene dueño.
-lo dices como si fuera un premio. –Joe se quedó en silencio otra vez, mirándolo con rabia y tirando el tabaco, para retirarse de ese sitio.
-cuida tus palabras. La trato como mejor se merece. –antes de marcharse, Ian lo agarró del brazo, y se enviaron una furiosa mirada. Era realidad, esa chica lo tenía loco.
-cuídala y respétala como se merece. –le dijo.
-lo hago como nadie más sabe hacerlo. –dicho esto, se marchó, llegando hasta donde estaba _________, con la cabeza apoyada en la pared y los brazos cruzados.
Le sonrió a Joe, cuando éste se sentó a su lado, pasando un brazo por detrás de ella, y ella, acostándose en su pecho. Qué aliviado se sintió al sentirla tan cerca... & pensar que está con él & no con aquel imb*ecil de Ian. Tiene mucha suerte.
-me siento mal por Ian… él es muy buen chico, no merece que su madre se vaya. -musitó _________.
-no sé porque estamos aquí. Ni siquiera somos familia, ni amigos.
-Joe, esto se llama cortesía. –dijo ella molesta y apartándose de él. Joe volvió a atraerla a sus brazos.
-está bien, doña cortesía. Lo siento. –ella volvió a sonreír, alzando la cabeza, y besando esos labios por segunda vez en aquel dia. Le encantaba la idea de hacerlo poco, para cuando lo hiciera, se sintiera en la gloria. Ian se acercó, con el corazón en un puño, mientras se sentaba al lado de ella y _________, se apartara de Joe, para no incomodarlo.
-¿quieres que te traiga un café? –le ofreció __________ a Ian. Se sentía incomoda al tenerlos a los dos cerca & tener que estar pendiente de los dos.
-no, gracias. Estoy bien. –dijo débilmente.
-¿has visto ya a tu madre?
-unos minutos antes de que llegaras. Estaba muy mal. Es demasiado frustrante… -_______ no sabe cómo sentirse, ni como actuar, de manera que simplemente se limita a estar callada. Por otro mando, Joe permanece de brazos cruzados, mirando al suelo. Ese lugar le producía nauseas.
-Ian… -sale una señora de una puerta, mirando hacia Ian, que parecía nervioso de la noticia.
Era la madre de _______, que lo atendía. Ian se levanto del asiento, alejándose con ella, y entonces Joe y _______ contemplaron aquella escena. En la que Sandra, la madre de _________, comunica lo sucedido a Ian, que parece no creérselo, y dirigirse hasta la pared. _________ mira a Joe preocupada, y se levanta, mientras Sandra la atiende.
-su madre ha muerto. –le susurra a su hija, con pesar en la voz.
Ella parece desplomarse, pero se mantiene fuerte, contemplando a Ian que sostenía la cabeza apoyada en la pared y les daba la espalda.
_________ no supo qué hacer, así que simplemente se limito a acercarse y acariciarlo por la espalda, para después pasar sus manos por delante y brindarle un abrazo consolador. Ian se quedo un momento sin hacer nada, tragándose las lágrimas que tenía a punto de salir, y vio cómo aquellas pequeñas y delicadas manos lo acariciaban, rodeándolo con sus brazos y dándole un abrazo. Puso sus manos encima de las de ellas, acariciándolas, y queriendo voltearse para que ese abrazo fuese mas conciliador.
Por otra parte, Joe contemplaba la escena. Parecía que quisiese pararse de ese asiento y arrebatarla de encima de él, pero lo pensó mejor, y prefirió quedarse ahí, porque sabia que ella lo hacia por consolarlo.

[…]

Pocos minutos después me aleje de Ian, mientras seguía quedándose en esa postura, me dirigí hasta donde Joe. Él se levanto, y me agarro de repente de la mano, dirigiéndome hasta la salida del hospital. Intenté zafarme, ya que me parecía una locura que llegara así de repente. Siguió caminando dándose media vuelta, y besándome. Agarro mi cabeza, pegándola más a sus labios, y me separo después, mirándome con ansias.
-¿qué fue eso? –pregunté, con la respiración agitada y los labios húmedos a causa de su beso.
-lo siento… no aguantaba más. –me dijo. Sonreí, y volví a unir mis labios con los suyos. Esta vez, nos besamos más apasionadamente. Pegó con fuerza mi cuerpo al suyo, y sus besos pasaron por mi mejilla, bajando hasta mi cuello. Abrí los ojos, avergonzada, y lo separe un poco.
-Joe… debemos de detenernos. Esto no está bien aquí. –le susurré. Levanto la mirada, con esos profundos ojos de miel.— ¿Por qué no te vas? Pareces cansado, como si no hubieras dormido lo suficiente.
-¿desde cuándo necesito yo dormir? Además, quiero quedarme.
-Joe, no eres ningún dios para mantenerte despierto todo el tiempo que quieras. Deberías de irte a dormir.
-dormiré en una silla.
-Joe…
-¿en dos? –sonreí, dándole una palmada en la frente.
-vete. Te contare mañana lo que ha pasado. Yo quizás me vaya más tarde, junto a mi madre.
-quiero quedarme. –insistió. Me lo quede mirando, estudiando su reacción. Entonces supe porqué quería quedarse.
-Ian no intentara nada conmigo, está demasiado destrozado, Joe. Deberías de ahorrarte esos pensamientos en momentos como estos. –sonrió y me dio un beso en la mejilla.
-te veré mañana. –sonreí aun mas, al notar su expresión tranquila.
-adiós. –le dije. Se acercó una vez más, y se despidió de mi con esos besos largos tan suyos.




Entré, con los pelos de punta. Aquel sitio me causaba repelús, al saber que había una persona muerta, la cual era vista por todos sus familiares y amigos íntimos velándola. Joe no quiso separarse de mí, pero tampoco quiso entrar, así que lo que hizo fue esperarme cerca en un bar, tomándose un café, mientras conversaba con Polo & Erika. Estiré mi vestido negro, y me acerqué a Ian, que estaba en la misma posición en que lo encontré cuando llegue al hospital. Con los puños sosteniendo su cabeza y los codos en las rodillas. Me senté a su lado, y agarré sus manos. Él levanto la vista, con el contorno de sus ojos rojos.
-¿otra vez cerca? –pregunto, intentando hacerse el bromista. Pero ninguno de los dos sonreímos.
-¿la has visto ya? –él negó con la cabeza, suspirando.
-no quiero verla. –dijo, mirando hacia lo lejos. A cualquier lugar, menos hacia el ataúd.
-no juzgare eso. –apretó mis manos, respirando con dificultad. Lo miré, frustrada, quería hacerlo sentirse feliz, pero no podía, ni sabia cómo. Me acerqué, y le di un beso en la mejilla, colocando el puente de mi nariz en su cuello. Ian coloco su mano encima de mi hombro.
-te quiero. –susurró.
Sentí cómo mi corazón se aceleraba, y desee hacer otra cosa, que permanecer en silencio. Estuvimos largo rato en esa posición, mientras notaba cómo sus manos temblaban. Supe que para cualquier persona, lo que le sucede, seria una terrible tragedia. Desearía no tener que vivirla nunca.
Pronto, una chica de cabello corto, con cara en forma afilada, labios delgados, ojos grandes y alta, se acercó a nosotros. Me separé de Ian, mientras ella se inclinaba hacia él, y colocaba sus manos en las rodillas de él.
-amore, ce tutto bene? –preguntó ella, mirándolo con tristeza. Ian simplemente la miro.
-niente è bene. –respondió después de un rato. Me quede en silencio. Ella se sentó a su lado, y le dio un beso en los labios. Supe que aquella chica era su novia. Después de que pasaran unos segundos, me levanté.
-Ian, me tengo que ir. –apoye una mano en su hombro.— que te mejores. –dije, sonriéndole. De fondo, se escuchaban los sollozos y llantos de otras personas. Este entorno me ponía mal.
-no te vayas, por favor. –me pidió, agarrando mi mano y mirándome con aquella mirada de cachorrito. Yo halé un poco mi mano, pero él me la apretó.— per favore… -me lo pensé, y luego me senté de nuevo en ese sitio, con su mano agarrando la mía, y su novia la suya. Fue una situación demasiado incomoda para mí. Demasiado.
#.


-¡vaya, si que has tardado! –se quejó Erika, apartándose de Polo para darme un abrazo. Yo suspire.
-lo siento. Tuve que permanecer allí, necesitaba apoyo. –me separe de ella, sentándome al lado de Joe, que simplemente me miraba. Yo acaricie su mejilla.— ¿qué sucede? –le pregunté. Él sacudió la cabeza, dando a entender que nada. Mire a Erika, que me dijo sin hablar y moviendo sus labios: “está molesto”.
-nosotros pensamos en que íbamos a dar una vuelta. –dijo Polo, con un tono obviamente falso.
-sí, nos iremos. –le siguió Erika, guiñándome un ojo a continuación. Sonreí, y me despedí de los dos mientras se marchaban. Joe siguió removiendo su café, como lo había hecho durante todo este tiempo.
-estamos solos, dime qué te pasa. –le susurré. Él me miró, un poco molesto, como había dicho Erika.
-te pasaste 3 horas ahí metida. Dijiste que estarías como máximo media hora. –dijo. Yo suspiré una vez mas.
-me vi comprometida a acompañarlo en el sentimiento, Joe. Su madre era una de las mejores amigas de mi madre, tenía que hacerlo.
-¿sí? ¿Y quién lo dice?
-no seas así. –respondí, apartando mi mano y mirando hacia el frente.
-¿así cómo? –preguntó, aun mirándome.
-pues así, Joe. Porque yo no me comporte como tú ni me interese lo que a ti, no significa que no pueda ser como soy.
-explícate.
-¡porque tú nunca hayas sido cortés en tu vida no significa que yo tampoco lo sea porque simplemente tú estés aquí!
-sí, claro. ¡Tú y tu cortesía! -dijo.
-sí, yo y mi cortesía. –respondí. Después de unos minutos en silencio, quise tranquilizar el ambiente. Joe se notaba tenso.— Joe… es tan solo un amigo, por favor. No sé… porqué te comportas así.
-¿un amigo que te ha besado las veces que ha querido? –preguntó, mirándome enojado.
-han sido todos un error, creo saber que lo suponías.
-elige de una vez con quien te quedas, porque si te dejas besar de esa manera mientras estas conmigo, tendré que considerarte como te mereces. –me quedé con los ojo como platos. Mi garganta se secó, y mi mente, no podía recopilar ese dato que acababa de soltar.
-¿me estás diciendo que soy…? –Mis ojos se aguaron, y me levanté de la silla, agarrando mi bolso, y saliendo de aquel local.
Su fuerte brazo me sujetó, parándome en seco, y no hice más que lanzar mi bolso a su cara, pegándole. Aquella escena fue realmente estúpida.
-¡no me toques! –le dije, ahora llorando. Él se cubrió, mientras yo le pegaba. Entonces me detuve.— porqué sé, que ahora vendrás diciéndome que te perdone y que no fue tu intención. –nuestras miradas se cruzaron por unos segundos, mientras yo sollozaba. Joe arrugo la cara, tragando saliva, y metiendo las manos en el bolsillo de su pantalón. Me dio la espalda, encaminándose. Se volteó de repente, para decirme algo:
-ya he pagado la cuenta del bar. –me dijo, girándose de nuevo, y caminando.



Erika estaba sentada enfrente de mí, con las piernas cruzadas, mientras me miraba. Yo, limándome las uñas, la miré.
-me dio a entender de que le parecía una cualquiera. –dije, en voz baja.— eso me dolió demasiado, Erika. Ahora sé lo que piensa de mí.
-amiga, entiéndelo. Tiene a un hombre, mayor que él, que intenta seducirte, tú que te dejas…
-¡eh, yo no me dejo! –le interrumpí.
-como decía…, que vive a dos pasos de tu casa, puede verte todo los días, y de tu misma clase social… podría seguir diciendo cosas y no acabar, ahora, ¿crees que no seria para preocuparse?
-pero no para que se comportara de tal manera. –me quejé.
-simplemente, supongo que él está celoso de Ian, y tiene miedo de que llegue un desconocido y le arrebate la novia. –toqué el collar que él me regalo y que no me había quitado desde que me lo puso. Mi tacto notaba perfectamente la letra de su inicial. Suspiré, dolida.
-no sé qué hacer… -le confesé a Erika. Ella se quedo en silencio, entonces, de repente lanzó un cojín, sonriente.
-espera un momento… ¡a ti te gustan los dos! –dijo, como si hubiera descubierto algún enigma. Yo fruncí mi ceño.
-no. A mí me gusta Joe, amo a Joe, y no hay nadie más. ¿Entendido? –le rectifiqué.
-pero te preocupas demasiado por Ian… no sé. –miré la foto que nos habíamos tomado aquel día con la vista de nuestro grafiti a la vista. Sonreí, y mi corazón bailó.
Toc toc toc. De mi ventana provenían sonidos, como si alguien las tocara. Yo & Erika nos asomamos, mientras veíamos cómo Joe se apoyaba a las barras de hierro, para no caerse. Me levante de inmediato de la cama, abriéndole. Pero no le deje pasar.
-quiero hablar contigo, te lo suplico. –me dijo. Mire hacia atrás, Erika, que contemplaba la escena maravillada.
-¿qué tienes que decir? –le pregunté, con voz seria. Él sacó de su bolsillo una flor. Era una rosa.
-te he traído esto. –me la ofreció, mientras en mi cara se dibujaba una sonrisa divertida, recibiéndola.
-Joe, esta flor es de las que mi madre planta, justo ahí fuera. –él también sonrió, entrando por completo a la habitación. Erika se reía por detrás.
-Ciao, Erika. –le saluda Joe.
-¿eso es un despido o un saludo? –le pregunta ella divertida.
-tómatelo como quieras. –pero sé que Erika quería quedarse. Joe se giró, mirándome. Yo estaba sonriendo, a causa del tema de la flor.— ¿me perd…?
-sí, Joe. Te perdono. Siempre lo hago, así que… -él solto una sonrisa, acercándose a mí y besándome tiernamente. Erika le tiro un cojín, riéndose a carcajadas.
-¡L’amore! –dice. Yo sonrío, & Joe me toma de las caderas, besándome de manera romantica.
-te agradecería que nos dieras un poco de intimidad. –le dijo Joe. Ella volvió a tirarle el cojín, divertida.
-¡luego quiero detalles! –dice, dirigiéndose a mí. Joe me mira, asombrado.
-¿le das detalles de todo lo que hacemos? –yo sonrío, tímida.
-¡ciao, tortolitos! –dice ella, saliendo de la habitación, y poco después, saliendo de casa. Estábamos solos, así que no tuve problema en tirarme en la cama con él de forma divertida. Joe alzó la cabeza, mirándome
-te necesito. –me susurró cerca de los labios. Yo rodeé su cuello con mis brazos y le bese la mejilla.
-y yo a ti.
Nuestros cuerpos desnudos se abrazaban mientras la tarde caía. El musculoso torso de Joe pegado a mi espalda me hacía sentir una corriente eléctrica, que no dejaba que parase de sonreír, mientras apretaba su mano debajo de la mía. Alargué mi brazo, volteando el pequeño reloj digital y mirando la hora. Mis padres casi llegaran, así que me di media vuelta, mirando a Joe, que dormía profundamente. Me alcé, y empecé a darle cortos besos por todo el rostro, mientras le susurraba.
-Joe, levántate. Mis padres podrían llegar en cualquier momento. –pero él simplemente soltó un suspiro. Apretó sus manos por debajo de mi espalda y pegó su frente en mi pecho.— Joseph, mis padres llegaran pronto. –le insistí, mientras los dos dibujábamos débiles sonrisas. Alzó sus manos, aun con los ojos cerrados, y agarró mi cabeza, besándome en los labios. Luego se separó, suspirando, y abriendo los ojos por fin.
-ojala y pudiera despertar así todos los días. –dijo, seguidamente bostezando. Yo sonreí, regalándole un beso en la mejilla.
-adelante, vístete. –le exigí, mientras yo lo hacía. Antes de vestirme por completo, me atrajo hacia él y me beso en la mejilla.
-mi princepessa. –dijo, luego soltándome y poniéndose los zapatos. Me sonroje ante su sobrenombre.
-¿puedo hacerte una pregunta? –le pedí, mientras se colocaba la camisa.
-claro. –termino de ponérsela, & me miró, sentándose a mi lado en la cama.
-nunca me has hablado de tu madre. Quiero saber de ella. –se silenció durante unos segundos, como pensando en qué decir. Así que, simplemente se paso la lengua por sus labios.
-no hay nada qué decir. –dijo. Agarré su mano, mirándolo a los ojos.
-por lo que me dijiste, es una de las personas que mas amas y admiras. –Joe se quedó una vez mas en silencio.
-supongo que es así.
-entonces, ¿porqué no quieres hablarme de ella?
-es un tema complicado.
-puedo seguirte. –alejo su mirada, fijándola en un cuadro de la pared de mi habitación.
-resumiéndote todo, un día, la descubrí con otro hombre, y no pude aguantar las ganas de darle una paliza a aquel tipo. Simplemente pensaba en papá, y en cómo se sentiría, no tuve cabeza en ese momento. Simplemente me limité en deshacer toda mi rabia contra aquel desconocido. Me acusaron de agresión. Desde ese día, mi madre y yo apenas nos vemos y mi actitud ha cambiado, ya no era el niño tonto de antes. Cuando sé que ella está en casa, no voy. Y si hacen alguna comida juntos, prefiero escaparme. –tragué saliva ante esa historia corta pero fuerte. Ahora entiendo el porqué de su vida casi siempre en la calle.
-¿qué dijo ella en el proceso? –pregunté, pidiendo detalles.
-ni siquiera se presentó. Pero, no pasó nada después. Prefiero olvidarme de ella.
-Joe, eso es muy cruel. ¿Pensaste alguna vez en cómo se sentiría?
-¿acaso lo pensó ella con papá? –me quedé en silencio.— le dio la puñalada por la espalda… y él que la quiera tanto…
-pero, ¿se lo has contado a tus hermanos? –Él negó con la cabeza.— ¿me lo has contado solo a mí?
-sí. –sonreí, acercándome y dándole un beso en la mejilla.
-eso es muy bonito de tu parte. –le susurré. Él me acercó a su torso, dándome un plácido abrazo.
Después de vestirnos completamente, se acercó a la ventana, atrayéndome por última vez y besándome, un beso largo, lleno de amor, y ansias aún.
-no. ¡No! –Le pedí, entre jadeos y risas, que no bajara por la ventana.— Joseph Jonas Miller, ¡tengo una puerta! –le dije, pero él me ignoró.
-por aquí es mucho más divertido. –Dijo, bajando poco a poco.— Y desde aquí, hay un ángulo en el que te ves perfecta… -sonreí ante su chiste & bajo por la ventana, y antes de que yo pudiera decir otra palabra mas, ya sus pies tocaban el suelo. Me tiró un beso en el aire.— ¡ti amo! Ti chiamo dopo(te llamo despues). –dijo, creando en su mano el signo del teléfono y empezó a caminar hacia su moto, que estaba a pocos metros aparcada.
Iba a subir a ver qué tal seguía Ian, con el tema de su madre, pero no me hizo falta, al verlo pasar con su novia mientras discutían un tema. Sus miradas se centraron en mí al tiempo en que abrí la puerta. Ian sonrió.
-¿qué tal estas? –le pregunté.
-intento estar mejor. –la chica de talla alta me miraba, como si le pareciera raro de que su novio hablara conmigo. Entonces luego lo miró, confundida.— oh, lo siento. ________, ella es Nikki.
“tu novia, te faltó por decir.” Pensé.
-ciao, un placer. –le dije. Ella simplemente sonrió forzadamente. Ignoré su ignorancia.— Ian, yo quería hablarte algo. Si puedo.
-claro. –se aceleró al decir.— espérame arriba. –le susurró a la chica.
-no tardes. –le respondió ella, dándole un beso delante de mi, como si ya no tuviera claro de que es su novio. Nos enviamos unas sonrisas falsas, y me dirigí a Ian mientras ella desaparecía por las escaleras.
-¿qué querías decirme? –preguntó. Yo suspiré.
-primero que todo quiero que sepas que puedes llamarme cada vez que me necesites, y… -suspiré una vez más.— quería preguntarte qué hablaste con Joe.
-cosas de hombres. –respondió con una débil sonrisa en su rostro. Yo le devolví la sonrisa.— ¿solo querías decirme eso?
-no. –musité.— sobre el “te quiero” del otro día, yo también siento lo mismo por ti, pero hacia Joe es mucho más fuerte.

+En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber.

>FM 107.3 Radio Caos, William Shakespeare.+









4 meses después.

El roce de sus dedos en la piel de mi mano hacía que éste frío pareciera mucho más helado de lo que es. El cosquilleo inevitable, sin poderlo parar nunca, continuaba día a día. Su cabello, más largo esta vez, tocándole las cejas y rizado con ese color castaño oscuro tan suyo, seguía igual de atractivo como siempre, al igual que sus ojos, que con el frío del invierno, parecían mas encendidos.
-¿vamos a la playa? –preguntó, apretando sus manos en mi pecho para abrazarme por detrás. Yo aparté el libro, alzando la mirada.
-Joe, primero; te estaba leyendo a Shakespeare, ¿cómo puedes interrumpir algo tan bello? y segunda, estamos en invierno, no hay muchos ánimos para ir hasta la playa. –él me besó la punta de la nariz, inclinándose. Yo puse de nuevo la vista en el libro.
-lo sé. –Dijo, sonriente.— ¿porqué no vamos hasta donde los chicos? Hoy es el cumpleaños de un compañero.
-hablando de cumpleaños… -susurré.
-¿qué pasa?
-mañana es el mío. –se apartó de detrás de mí, dejándome desinclinada por un momento, hasta que me compuse.— ¡Joseph, eso es peligroso! –dije acerca de dejarme caer.
-¿porqué no me habías dicho lo de tu cumpleaños?
-no lo se… la verdad, simplemente no lo pensamos.
-no tengo nada preparado para ti… -dijo lamentándose. Yo sonreí.— te llevare lo que sea, ¿está bien?
-no importa. Tu presencia vale más que mil regalos, además, ya me diste el regalo hace mucho tiempo. –dije señalándole el collar con su inicial. Él sonrió, agarrando el que yo le di a él.
-pero… tengo que prepararte algo de todas maneras. –me ofreció su mano, ayudándome a bajar de aquel muro y encaminándonos hasta su moto. Antes de subir, me tomo de la cintura y me pegó hacia él. Yo sonreí encantada.— júrame algo.
-¿qué cosa? –pregunté. Él se humedeció los labios, mirándome a los ojos.
-que me amas y me amarás tan profundamente como yo a ti. –sonreí, acercándome a sus labios y regalándole un beso.
-te lo juro, Joe.

[…]


[…]
#•

-Ciao, preciosa. –me saludó, como si se hubiera olvidado de todo. Yo me quedé en silencio, intentando ser noble.— ¿no hablas?
-¿Dónde estuviste ayer? –le pregunté, agarrando los libros que me llevaba a casa para poder seguir estudiando. Hace dos semanas había empezado la universidad.
-estuve… sí, estuve en casa.
-¿durmiendo? –pregunté, con el entrecejo fruncido.
-sí… ¿porqué tantas preguntas?
-solo han sido dos preguntas.
-lo sé, pero me pones nervioso. ¿Qué ha pasado? –mis ojos se aguaron. ¿Tan imbécil podría llegar a ser?
-Joe… ayer fue mi cumpleaños. –le recordé con tristeza.— fue mi cumpleaños y te lo repetí cientos de veces mientras preferías emborracharte con el cumpleaños de tu amigo. –suspiré, intentando no sollozar. Él me detuvo en seco.
-_______, yo… no… -se pasó el vaso de plástico que tenia en las manos de una a otra.— no sé qué decirte.
-lo sé. Nunca sabes qué mas decir aparte de un “lo siento”. –seguí mi camino, mientras él me seguía por detrás. No quería tampoco hacerle sentir tan culpable, después de todo, simplemente era mi cumpleaños, el día en que dejo de estar a cargo de mis padres para poder seguir una vida con él. Pero no le importó.
-mira, te he traído té helado. –Dijo nervioso entregándome el vaso.— amore, me siento demasiado culpable. No se… cómo recompensarte.
-no. No hace falta ya nada, mejor… olvidémoslo. –lo miré a los ojos, mientras él se limitaba a mirarme con aquella mirada de arrepentimiento. Sonreí, bebiendo luego del té.— muy bueno. Sabor a… ¿melocotón?
-has acertado. –Dijo, regalándome una sonrisa mientras me besaba en la mejilla.— ¿vamos?
Asentí con la cabeza, siguiéndole los pasos mientras él pasaba su mano por detrás de mi espalda. Llegamos hasta el coche, el cual le pedía de vez en cuando a su hermano. Subí, de copiloto, mientras dejaba mis libros encima de mi regazo. Joe subió segundos después, mirándome luego de reojo, acariciándome la mejilla. Supe que quería pedirme de nuevo disculpas, pero negué con la cabeza, rogándole que no. Se acercó y me dio otro beso en la mejilla. Seguí bebiendo de mi té helado, mientras él arrancaba.



-¿de verdad que no estás enfadada? –preguntó, por quinta vez, durante esta tarde. Yo suspiré, cerrando mis ojos y apoyando mi cabeza en su pecho desnudo.
-no. Te dije, que NO. –me besó el cabello, y me apretujo más en sus brazos. Sonreí al recordar mi regalo de cumpleaños por parte de mis padres.— ¿sabes cuál ha sido el detalle de mis padres?
-¿nos dejaran en paz? –dijo bromeando. Yo sonreí.
-no. Mucho mejor. –alce la mirada, para poder mirarlo a los ojos.— me han regalado un piso, para mi sola. ¿Puedes imaginar…? –pero no alcancé terminar mi frase cuando Joe se me abalanzó sobre mí, sonriente. Yo quedé debajo de él.
-¿eso significa que ya no mas regaños de papá? –asentí con la cabeza. Él me beso en los labios, dulcemente.— eso es genial.
-lo sé, y también podrás venir todos los días que quieras.
-iré siempre. –me tomó la cabeza entre sus manos, y me acercó lentamente para besarnos. Su puerta sonó, y me puse un poco nerviosa. Sus hermanos habrían llegado.
-oh, Joe… ha llegado alguien. –dije alarmada, mientras me separaba de él y empezaba a vestirme.
-no te alarmes, ellos esperaran. –nos vestimos, mientras jugábamos pasándonos las cosas del otro. Me beso por última vez, y abrimos la puerta.
Kevin se encontraba parado sacudiendo un papel entre sus manos. Miró a Joe con desagrado. Dio un paso adelante, enfadado, molesto… no sabría cómo describir ese gesto en su rostro. Miré a Joe, que sonreía.
-¿qué ha pasado Kevin? ¿Se te mancho el esmoquin de café? –bromeó Joe. Kevin le pegó el papel en el pecho.
-¿qué significa esto? –dijo, refiriéndose al papel. Joe lo agarró, sacándolo y mirándolo. Se lo devolvió, encogiéndose de hombros.
-no lo sé. –dijo indiferente.
-¿no lo sé? ¿Es lo único que puedes decir? –quise preguntar de qué se trataba ese papel, pero no me atreví.— este señor, quiere denunciarte por agresión. ¿Y te atreves a ser indiferente?
-¿puedes evitar ese tema ahora? –dijo a regañadientes.
-no puedo, porque no hay ningún mes en que descanse por culpa tuya, por culpa de tu comportamiento, que es por eso que los vecinos… -Joe se acercó a él hasta quedar a centímetros de su rostro.
-¿y dime tú cuando has hecho algo para aliviarlo cuando algo te parecía injusto, eh? Nunca, porque eres un cobarde, o, quizás… ¿Por qué papá se enfada? Vaffanculo, Kevin. –y dicho esto, me tomó de la mano y me sacó de aquella casa.
Sus pasos eran demasiado rápidos como para poderlos seguir con normalidad. Me solté de su mano, un poco agitada. Lo miré, queriendo saber detalles.
-detente un momento, no puedo seguirte los pasos así. –él se acercó unos pasos mas a mí. Yo tragué saliva, mirándolo.— explícame qué ha sido eso.
-¿qué ha sido el qué? –preguntó, agitado también.
-esa denuncia, ¿por qué nunca me hablaste de ella? –Él simplemente se quedó en silencio.— dímelo. –le pedí. Él amagó antes de hablar.
-era un día que estuvimos con los chicos, corriendo en moto… -mis ojos se aguaron. Me había mentido.— primero que todo, no quiero que pienses nada malo, ni que…
-prosigue. –le insistí interrumpiéndole.
-e-estabamos corriendo… y bueno, llego la policía y tuvimos que irnos de inmediato. Un amigo, empezó a discutir con aquel señor, y, él decidió darle un manotazo para despertarlo, ya que estaba borracho, pero, me entrometí, y le pegué yo y se formó una pelea. Pronto su mujer llegó en un coche, y pudo reconocer mi rostro. Pensé que se olvidarían, pero no fue así.
-¿hace cuánto fue?
-hace unos dos meses… -suspiré. No podía resistir mas esa situación. Al ver mi reacción, Joe se acercó precipitadamente, agarrándome de las manos.— por favor, no…
-me mentiste, me dijiste que no volverías a meterte en líos, que cambiarías… -una lágrima calló. Creo, que lloraba, era por la forma en que no aguantaba estar con alguien así. Con ese comportamiento.— déjame…
-no. Por favor… -me sujetó más fuerte de las manos, y sus ojos se aguaron.
-necesito tiempo para asimilar con quien estoy, Joe… no puedo… -miré sus manos, y después, incapaz de mirarle a los ojos.— suéltame. –le pedí. Soltó un suspiro, soltándome, y dándome media vuelta, para marcharme.




Última edición por sofia1 el Mar Jul 05, 2011 7:48 pm, editado 1 vez
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sofia1



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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 1:09 am

Llegue a casa, demasiado silenciosa, un poco frustrante esta vez, y todo oscuro. Encendí la tele, intentando olvidar lo pasado, pero no podía. Joe, Joe… su nombre rebotaba en mi mente, sacudiendo cada neurona que tenía en funcionamiento en ese instante, y haciéndome sentir culpable. Pensé, que, si estoy con él, lo único que conseguiría era seguir como antes, en que nos peleamos, nos reconciliamos, se mete en líos, me molesto, otra vez nos reconciliamos… somos muy distintos, y sé que los polos opuestos se atraen, pero esta vez, parece ser más difícil de lo que pensaba.
Salí de la universidad, sujetando con fuerza mi carpeta, y mirando hacia la nada, mientras los demás pasaban por mi lado. Aquel chico con cazadora no se encontraba ahí, sonriente mientras esperaba a por mí; y ha sido por culpa mía. Pero… así lo quiero, quiero pensar, qué puedo hacer si seguimos. No me gustaría pensar la parte negativa, pero… esa siempre la hay junto a Joe.
Erika me miro por tercera vez en estos segundos que habían pasado. Yo intentaba concentrarme mientras hacía mis deberes de investigación, pero mi pecho me lo impedía. Ella alargó su brazo por encima de la mesa, mientras me agarraba las manos. Yo alce la mirada, con los ojos aguados.
-¿quieres hablar? –me preguntó. Yo tragué saliva para desatar el nudo de mi garganta, pero no dije nada, simplemente volví a bajar la mirada a mi libreta.— he hablado con Polo; me ha dicho que Joe también está destrozado.
-yo no estoy destrozada. –le corregí débilmente.
-no es que quiera decirte cosas para que te de pena, pero deberías de saber cómo se siente él también.
-Erika, no me importa saberlo. No quiero saberlo, y quisiera acabar mis deberes. –aparté mis manos de debajo de las suyas y empecé a escribir.
-¿cómo que no te importa saberlo?
-así como lo oyes. Sé que se estará emborrachando con esa panda de hombres sin vida para desahogar las penas. –Erika dio un pequeño golpe en la mesa que hizo que me respingara.
-perdona, pero uno de esos hombres sin vida es mi novio, al cual amo y no me importa cambiarlo, ¿está bien? –aparté la mirada, de nuevo a mi libreta.
-yo no soy tú. –le solté. Ella se cruzó de brazos, y la mire de reojo.
-¿sabes? Si sigues así de amargada, te quedaras sola, como esas viejas que tienen 40 gatos en casa. –y dicho esto se levantó de la mesa, saliendo de mi casa.
Poco después, el timbre de casa sonó. Me levanté para abrir, y una sonrisa divertida se dibujo en mi rostro.
-¿quieres decirme que me harás compañía junto a mis gatos? –le pregunté a Erika de forma divertida, ella sonrió y me abrazó. Yo hice lo mismo.
-lo siento amiga, es solo que me da mucha rabia verte tan… indecisa. Pero sé que te tomas tu tiempo para pensar las cosas, así que… lo siento.
-deja ya de decir “lo siento”. A demás, sé que lo que dijiste es verdad.
-no, no era verdad. ¡Te lo juro! –yo sonreí.
-lo que dijiste es verdad, Erika. A veces hasta yo misma pienso que soy demasiado seria, y para otras personas eso no resulta fácil.
-entonces, ¿volverás con Joe? –se separó de mi, mirándome a la cara. Antes de hablar suspiré.
-no lo sé, Erika. Aun tengo que pensar con claridad.

[…]

Joseph jugaba con el balón de futbol en su mano, mientras estaba acostado en cama de su amigo, Polo. Su mente últimamente no estaba en el lugar que debía de estar.
-¿quieres un trago? –le propuso su amigo señalándole una botella de vodka.
-no. –respondió, dándose media vuelta en la cama, haciendo rechinar su chaqueta negra de cuero.
-últimamente estas hecho un aburrido. ¿No puedes olvidar a la niña?
-no es una niña. Ya va a la universidad. –respondió suavemente Joseph.
-pero para mí sigue siendo una niña. –Insistió su amigo, llevándose nuevamente la botella a los labios.— ¿por qué no te ves con Camilla? Ella puede subirte los ánimos. –propuso de manera divertida.
-no, Polo. Esperare a que _______ se decida.
-te arruinas la vida con esa. –contestó Polo, cansado de que su amigo crea que aquella chica es lo único que existe para Joseph.
-pienso arruinármela si es necesario.


“vienni a la nuova casa mia”.
(Ven a mi nueva casa)

Aquel mensaje fue la alegría de Joe, que sentía su corazón latir desbocado; no tardo en agarrar la moto y dirigirse hasta el nuevo piso de __________, donde se había mudado hace una semana. Joe contó el tiempo en que no estuvieron juntos; pasaron exactamente separados 4 semanas y 2 días.
El timbre sonó, y ella apareció detrás de la puerta, con el cabello detrás de las orejas y mirándolo seriamente. __________ estaba nerviosa, no sabía qué decirle, pero quería hablar con él. Al parecer, ya había aclarado todo en su cabeza, y la respuesta era positiva, solo que necesitaba no perder el control.
-pasa. –le dijo ella, apartándose y dejando entrar a Joe. Este le envió una mirada al departamento, que faltaban algunas cosas por colocar. _________ se acercó, queriendo abrazarlo de inmediato, pero, en vez de eso, controlándose, se sentó en una de las sillas altas de bar. Él se acercó a ella.
-aquí estoy. –dijo Joe, indicándole que empezara a hablar.
-sí, y por eso me cuesta empezar. –Joe se acercó a aquella delicada chica, colocando su mano en su cabello, acercándose para besarla. Un dulce y tímido beso sucedió entre los dos, pero _________ se apartó, mirándolo.— Joe, se suponía que tenemos que hablar…
Pero él no le permitió decir nada mas, tenía su cabeza entre sus manos & la besaba dulcemente. Aquella chica lo era todo para él, no podía perderla, no podía dejarla marchar, no podían separarse… no se imaginaba su vida sin aquella seria chica que hacía que fuera mas suave en su vida, que abandonara la vida que tenia antes & se centrara mas en lo que es la realidad. Ella hacia que se diera cuenta de sus errores, ella hacia que Joseph Jonas tuviera mas sentimientos, & ella hacia que él se enamorada mucho mas de ella. Separó sus labios, abrazándola & sintiendo los delgados brazos de _________ rodeándole el torso, & sus sollozos silenciosos. Joseph cerró los ojos con fuerza, abrazándola fuertemente & respirando de ella, mientras con sus sentimiento a flor de piel, sus lagrimas caían por su mejilla.
-Te amo, __________. Eres lo que mas me importa en este mundo… te amo.
+¡Oh amor poderoso¡ Que a veces hace de una bestia un hombre, y otras, de un hombre una bestia.
William Shakespeare.+

Joseph se preparaba para poder ir lo más presentable posible a la fiesta la cual le había invitado ________. Pensó primero en ir con algún traje de su hermano, Kevin, pero pensó que seria demasiado, podría ser cualquier fiesta normal y corriente. Mientras su amigo estaba sentando en su cama, charlando con él, Joseph rebuscaba entre su armario, alguna ropa que no estuviera rasgada o que no fuera cazadoras negras.
-no puedo, Polo. –repitió Joe, mientras escogía una chaqueta de tela, elegante.
-pero, ¿qué te importa? Ven igual. –le insistió su amigo.— todavía logras llegar a la fiesta.
-no puedo. –Dijo Joe, probándose la chaqueta.— ¿qué tal me queda?
-da asco. –repuso Polo.
Joseph se miró, fijándose si realmente le quedaba mal. Se la compuso, mirándose en el espejo, entonces su amigo tenía razón. Aquella chaqueta no tenía gusto. Polo se tiró en la cama, con alguna esperanza de ganar aquella carrera. Su única esperanza, su único deseo era aquello.
-esta noche gano yo, seguro que sí. –susurró. Joseph se probó otra chaqueta, esta vez una de cuero. Pensó que era la mejor, la más indicada, y además le gustaba. Se la sacudió un poco por los hombros, y miró a su amigo.
-¿Y esta? –preguntó.— ¡Hey!
-oh, sí, mucho mejor. –opinó su amigo.
-vamos. –le apresuró Joe, mientras salían.
Agarraron cada uno su moto, mientras Joe le deseaba suerte en la carrera. Se dirigió hasta casa de _________, para ir a recogerla. Llevaba un vestido de color melocotón, y una chaquetilla por encima; todo elegante. Por un momento Joe se arrepintió de haber cogido la chaqueta de cuero, pero eso nunca le importaba. Le dio un beso, sujetando su cabeza entre sus manos. ________ sintió aquel beso extraño, como si, sintiera que desaparecería.
-estas muy guapo. –le alagó ella, mirándolo.
-tú lo estas mucho mas. –la acercó de nuevo, besándola otra vez.
-prométeme que no harás una de las tuyas... seras decente.
-vale, señorita. -Ella sonrió, subiendo en la moto & abrazándolo fuertemente; Aquel sentimiento que sentía en ese momento era muy extraño; se atemorizaba.
#•

Aquella llamada fue el mayor lio que hubiera escuchado por teléfono. Su amiga la llamó, indicándole aquel desagradable accidente, y _______ junto a Joe, no dudaron en dirigirse hasta el lugar de las carreras. La moto llegó sin pensarlo. ________ bajó, sin tan siquiera esperar a que la moto parase, y se dirigió hasta Erika, que lloraba desconsoladamente y la abrazó. Joseph se dirigió hasta aquel manto blanco, y destapó el rostro, mirando a su amigo con los ojos cerrados, como si fuese a dormir durante mucho tiempo; o al menos eso esperaba.
-Polo… -susurró, como si aquel susurro pudiera regresarlo a la vida.
Algunos guardias lo alejaron, para poder llevarse el cadáver. Joseph los separó, empujándolos y con el rostro caliente, frustrado. No pudo pensar otra cosa, que dirigirse hasta la moto de su amigo, y golpearla hasta dejarle caer el tubo de escape. Fuer por aquella moto que había muerto, todo por aquellas malditas carreras; Cómo pudo ser tan idi'ota... _________, al ver aquel comportamiento, junto con sus lágrimas, decidió escapar de aquel lugar. No soportaba más la situación, era hora de darle fin a todo aquello. Joe, al ver que se marchaba, la agarró del brazo, jalándola bruscamente hacia él, y obligándola a retroceder, ella, resistiéndose, intento soltarse forcejeando.
-¡déjame en paz! ¡Basta! –le gritó ella.
-¿A dónde vas? –le preguntó gritándole y con la voz ronca.
-¡déjame en paz! –repitió ella.
-¿qué te pasa? –le preguntó al borde de los nervios, Joe. Las miradas de ambos eran de agonía, frustración y desespero.
-no puedo… -dijo ________ llorando y sacudiendo la cabeza. Una vez más intento escapar, pero Joseph la sujetó de los hombros, empujándola nuevamente. Con tan solo la mirada, le pidió explicaciones.— nunca se puede ser feliz contigo. –le echó en cara _________, Joseph la miró, rencoroso.
-¿no se puede ser feliz conmigo? ¿Qué quieres decir? ¿Qué no te he dado nada? –le preguntó con un tono de voz violento, pero a la vez dolido.— ¿eso quieres decir?
-no, digo que en un minuto estas en el paraíso y luego en el infierno contigo. –musitó _______, mirándolo fijamente a los ojos. Joseph quiso llorar.
-¿es mi culpa que Polo esté muerto? –le preguntó, con la vena del cuello hinchándosele. Esta vez, alzó mucho mas la voz.— ¿¡es mi culpa!?
-¡sí! ¡Es tu culpa, de tus amigos y de la vida que llevan! –le gritó ella cerca del rostro. El impulso, hizo que la mano de Joe se alzara, propinándole a _________ una fuerte cachetada para hacerla callar. No pudo creerse luego lo que había hecho, las miradas se delataron, avisando el fin. Joe intento acercarse, pero _________, con el corazón a mil, con la respiración entrecortada, y las manos temblándole, se colocó una sobre la mejilla palpitante y ardiente, mirándolo con rabia.
-basta… -susurró.— esta vez se acabo en serio. –dijo, marchándose en cuanto pudo.
No podía mas, sentía su corazón explotar, y lloraba, queriendo sacar toda la rabia y frustración que llevaba dentro, tocándose aún aquel lugar afectado de su mejilla. Si seguía con Joe, posiblemente nunca llegaría a ser feliz por completo, por el tipo de vida que lleva & que ella odia; no podía continuar.
Por otro lado, Joseph, no supo qué hacer, simplemente se quedó parado ahí, en shock, queriendo reaccionar pero le era imposible, pensaba que aquello no era real, que ella simplemente le dijo todo aquello porque estaba nerviosa, al igual que él, pero al notar que se encontraba solo, pensó que era verdad. Quiso morirse, encontrarse junto a su mejor amigo, el cual ya no estaba para consolarlo de manera brusca. Ahora, se sentía realmente solo, sin Polo, y sin la chica de la cual sentía que su vida valía más que la de él mismo. Ella, que era su todo, & no pudo resistir más tiempo, y se convencía de que la culpa era suya, por no cambiar, por… todo. Pero, él le brindó lo mejor de él, renunció a gran parte de su vida por estar con ella, por hacerla sentir especial… ahora todo se había ido por la borda, ella no quería seguir, y Joseph quiso desaparecer del planeta. ¿Entregar todo por nada? desgraciadamente, eso le pareció.


Roma. Presente.

La pequeña cazuela hervía el agua mientras permanecía sentado esperando a por ella. El frío del invierno hacía que recordara demasiadas imágenes; tantas, que su corazón pedía a gritos que las borrara de su mente. Joseph se levantó, sirviéndose el té en la pequeña y blanca taza. Al tenerla en las manos y recordar quién bebía como loca aquella bebida, lanzó la taza lo mas lejos que pudo, reventándola contra la pared. Pensó de inmediato que aquel comportamiento fue el culpable de todo, y enseguida recogió la taza, limpiando todo lo que había manchado. Después de hacer aquello, decidió ir hasta su habitación, acostarse en su cama, que era lo único que realmente se le daba bien en aquellos tiempos, e intentar dejar que el tiempo le absorbiera. La única fila de palabras en su mente eran: “¿porqué tuvo que suceder aquello? ¿Por qué? Si era todo en mi vida.” Pensar eso noche y día no funcionaba a olvidar el pasado, que era su mayor deseo en ese instante. Se preguntaba cada noche, ¿por qué dijo tantas mentiras? ¿Por qué juraba que lo amaba? El dolor en el pecho aumentó, al recordar aquella playa que visitaban con frecuencia. Un suspiro hizo que lo aliviara durante un segundo, pero de nuevo volvía, apretándole ahí, justo en el corazón, más fuerte cada vez. No valía llorar, no podía rebajarse a tanto nivel, según lo que pensaba. Pero, no pensó lo mismo la noche en que acabo todo, en donde el lloriqueo era la principal escena de su habitación. Cerró los ojos, recordando aquel día en que él se porto realmente mal, y sintió otro de esos dolores tan fuertes que le da, cuando la veía llorar.

Los días no fueron iguales, todo, en general, cambió. Aquella cancha de básquet no era la misma, se sentía vacía aun así con todos esos muchachos ahí, intentando ganarle a los otros haciendo flexiones, u otros bebiendo… Camilla permanecía sentada en las escaleras junto a su amiga, las dos pensativas, intentando encontrar qué decir, ya que aunque todo fuera casi igual que antes, se sentía esa gran presión en aquel lugar.
-terminaron hace seis meses, ya que le importa. Tienes el camino libre. –le dijo Andrea, a Camilla. La rubia suspiró.
-sí, pero igual ha sido difícil verlo por acá. –dijo lamentándose Camilla.
-sí, es cierto.
-Bueno, pero igual no me importa tanto…




Tirado en el sofá, Joseph hacía zapping por la tele, intentando entretenerse con algo, ya que no quería salir, y el frío del invierno le prohibía hacer cualquier cosa. Su timbre sonó, y se levantó perezoso, abriendo la puerta. Erika se encontraba detrás de la puerta, con aquella cara tan triste… Joe quiso decaerse de nuevo, pero, eso no serviría.
-Hola. –la saludó Joe, dejándola pasar.
-disculpa si llego así… -empezó a hablar Erika. Se enviaron una mirada, recordando mentalmente que los dos han sufrido.— Te quería dar esto. –alargó su brazo, entregándole un objeto en forma rectangular y plano. Joe la miró, y fijo su vista en aquel objeto, agarrándolo, y sosteniéndolo en las manos. Erika lo miraba curiosa, y una débil sonrisa apareció en el rostro de Joe, al ver la foto de él y Polo, abrazados y sonrientes. Cómo deseó regresar a esos tiempos. Acarició la parte por donde se encontraba su amigo. Sintió un sollozo, y apartó el cuadro de foto, para atender a Erika.— Joe, te lo ruego, abrázame…
Joe no lo dudó ni un minuto y la abrazó, intentando tranquilizarla. Aquel abrazo le recordó tanto a _________, que decidió separarla suavemente, y acariciarle el rostro.
-lo extraño tanto… no puedo más. –decía ella con las manos temblorosas.
-claro que podrás… -la animó Joe, con el corazón en un puño. Se alejó de él, acomodándose la ropa, sintiéndose apenada.
-disculpa. –dijo Erika. Se quedó un momento en silencio, mirando a Joe. Entonces no pudo contenerse más y preguntar-: ¿te ha llamado? –Joseph simplemente negó con la cabeza. Con dolor en la mirada, le preguntó él a Erika.
-¿tú sabes algo de ella?
-desde hace tiempo no sé nada. Últimamente no salgo tan a seguido. –Suspiró, mirando con fortaleza a Joseph.— escucha, yo te lo debo decir… está con otro.
Joe tragó saliva, mirando esta vez con mas dolor a Erika, mientras aquellas miradas se quedaban fijamente entre los ojos del otro, Joe apartó la vista, dando varios pasos para distraerse. ¿Era posible ir de mal a peor?
-Joe, te lo ruego, no hagas nada. –le pidió la chica, mientras miraba cómo empuñaba las manos.




Aquel grafiti en lo alto permanecía igual que antes, como si no supiera nada del mundo, inocente; un grafiti que significó amor descontrolado, amor apasionado… sigue ahí, sin saber nada.
_________ pasaba aquel pintalabios por sus labios, dándoles color, pero por mas color que le pudiera poner, no cambiaría el color de su corazón en ese instante. Se miró una vez mas en el espejo, y suspiró, mirando a su madre.
-rápido, te está esperando. –dijo su madre, mientras ella se levantaba deprisa, y salía de su casa.
Le dio un tímido beso a Ian, mientras este se sorprendía de lo guapa que se veía esa noche. Agarró el paraguas, colocándoselo por encima de ella, y encaminándose juntos hacia el coche. _________ no pudo creer quien se encontraba allí, delante del coche, debajo de la lluvia, mirándola fijamente. Por detrás del cristal, pudo notar el rostro de Joe, & éste, sentir un dolor insoportable, al verla acompañada de esa manera. Sus lágrimas no se notaron, por causa del agua que recorría su rostro, y ella, nerviosa, le envió una mirada a Ian, que aceleró para decidir no seguir mirando a aquel hombre, que odiaba. Solo la miraba a ella, esperando una respuesta, una señal, algún signo de que aquello no podría haber terminado, pero no sucedió nada. Joseph se apartó, y el coche arrancó lentamente, mientras Joe permanecía apartado, mirando ahora por el cristal derecho a ________, que bajó la mirada.

Dos cuerpos desnudos descansaban encima de una cama, uno, efusivo, de haber conseguido por fin a la mujer que ama, & otro, dolido, por haber perdido a su primer y único amor. Con una lágrima cayendo silenciosamente, _________ notó la mano de Ian acariciarle el vientre, mientras seguía, su mano se desvió hasta su tatuaje, el cual ella eligió como un lugar íntimo, sagrado… apartó la mano de él inmediatamente, y cerró los ojos con fuerza, encogiendo sus labios, mientras otra lágrima salía disparada.
+Uno no se enamoró nunca, y ése fue su infierno. Otro, sí, y ésa fue su condena.
Robert Burton+



7 Meses despues

Joseph, parado delante de aquella portería, a la que había asistido durante días, coincidió un único día con _______, que salía, vestida mas mujer, maquillada… ya no era la chica de la cual él estaba enamorado. Una mirada rápida, hizo que el corazón de Joe se disparara, y quisiera acercarse a ella. Fue vestido de manera corriente, sin botas militares, sin chaquetas de cuero, sin ropa desgarrada; la impresión de _______ fue increíble, y una sensación de angustia le invadió el pecho. Se detuvo varios metros, esperando a que él se acercara. Joe no tardó en hacerlo, y el silencio fue perturbador.
-hola. –le saludó ella, con una tímida sonrisa en los labios.
-has cambiado mucho… -dijo él, con voz temblorosa. Ella arrugó el entrecejo.— quiero decir, para bien.
-gracias. Espero que tú también. –Desde luego Joe se sorprendió de su cambio, su voz era más seria, menos tímida que antes.— estaba visitando a mis padres, justo ahora me iba hacia mi departamento…
Pero al notar la mirada de Joseph inspeccionándola & dándose cuenta del vientre abultado que tenía, no pudo continuar la frase. Lo miró a los ojos; estaban aguados & quería llorar. Se hizo el fuerte; apretó los labios, tragó saliva, & mostró los dientes imitando una falsa sonrisa.
-…felicidades. Te deseo… lo mejor… -& apenas pudo articular palabra. Una lágrima calló por su mejilla, la cual fue atrapada por su mano, limpiándola apresuradamente.— perdona.
Aquello era demasiado para ___________. No podía seguir allí, si no, terminaría igual que él. Respiró profundamente, mirándolo, o eso intentaba.
-no te preocupes.
Él asintió con la cabeza. Ella lo miró, queriendo acabar con aquella plática, no quería saber más nada de él, quería olvidarlo por completo, para dejar de llorar cada noche. Joseph, metió sus manos en los bolsillos, para esconder el temblor de ambas. ________ carraspeó, agarrando el bolso en sus manos.
-yo… debo irme. –dijo ella, & por un momento pensó que la criatura de 7 meses de su vientre le hablara, reclamándole cosas; pidiéndole que no fuera tan tonta en dejarlo ir, pero no podía seguir como antes.— que todo te vaya bien en la vida, Joseph.
Joseph… aquel nombre lo dijo como si se tratara de un desconocido, como si… nunca hubiera vivido una historia con él. Joe se subió en su moto, sin tener fuerzas algunas, agarrando con fuerza los mandos, y arrancando. No podía hacerse la idea de que su niña, su pequeña, pudiera estar embarazada; & de otro.

Joseph alistaba aquella mochila, en la que metía ropa como podía. Pensó por un momento en echar a quemar toda aquella tela sin sentido; ya no le importaba tan siquiera llevarse ropa, le daba igual; pero entonces lo pensó dos veces y siguió metiendo ropa. Entre chaquetas y jerséis, todos de color oscuro, su hermano mayor, Kevin, lo miró desconcertado. Joseph lo ignoró por completo.
-¿qué estás haciendo? –le pregunta Kevin. Joe le envía una rápida mirada, y sigue empacando.
-me voy. –contesta simplemente.
-¿porqué? ¿Qué ha pasado? –el rostro de Kevin mostraba tristeza. ¿De verdad su hermano se marchaba? Amagó en preguntarle si todo aquello era por aquella chica, pero prefirió dejar ese tema olvidado.
-no es tu problema, Kevin. –Metió otros dos jerséis y agarró aquella mochila de viaje, mirando a su hermano.— yo no soy como tú.
-¿Cómo yo?
-sí, apegado a tus cosas, a tu vida, a tu trabajo que te absorbe… -Kevin se sentó enfrente de él, mientras Joseph cerraba la mochila.
-ya no tengo trabajo. –le comunicó su hermano.
-¿te despidieron? –preguntó Joe, sorprendido.
-sí.
-¿porqué?
-ellos nos englobaron a nosotros en la fusión. –Kevin sonrió para sí, como si aquello no le importara; pero sí.
-¿qué harás ahora? –preguntó su hermano con voz delicada. Sabía cuánto significaba para Kevin tener una vida organizada y con trabajo fijo.
-no lo sé. –Joseph volvió a lo suyo; intentando organizar mejor la mochila para que pudiera cerrar. Kevin se acercó un poco a él, hablándole casi en un susurro.— yo también derrame sangre.
-¿de qué hablas? –preguntó Joe, mirándolo.
-Ambrosini, el amante de mamá. –Joseph parecía quedar petrificado.
-¿lo sabías? –preguntó.
-sí.
-¿porqué no lo dijiste?
-por papá. –era de esperar. Su hermano no le hubiera echo eso a su padre. Joe sonrió, dejando la mochila.
-¿quieres dar un paseo en moto? –su hermano sonrió, al igual que Joe.
-sí. –aquella respuesta hizo que el corazón de Joe se alegrara. Para Kevin, subirse en moto era lo peor que había en el mundo, pero él supo que acepto por poder estar junto a su hermano.



Es hora de volver a casa. Es hora de volver a empezar, lentamente, sin dar demasiadas sacudidas al motor. Sin darle demasiadas vueltas. Con una única pregunta: ¿Volveré a estar alguna vez allí arriba, en ese lugar tan difícil de alcanzar? Allí, donde todo resulta más hermoso.
Desgraciadamente, en ese mismo instante, ya sabe la respuesta.
+Todo lo que debes hacer es ponerte los audífonos,
echarte en el suelo y escuchar el CD de tu vida, pista tras pista, ninguna se puede saltar, todas han pasado y de una forma u otra, servirán para ir hacia adelante. No te arrepientas, no te juzgues. Se quien eres, y no hay nada mejor para el mundo. Pausa, rewind, play aun, aun y aun más. Nunca detengas tu reproductor, sigue registrando sonidos para lograr explicar el caos que tienes dentro.Y si te sale una lágrima cuando las escuchas, No tengas miedo, es como la lagrima de un fan cuando escucha su canción preferida.
FM 107.3 Radio Caos, y el resto, es ruido blanco.+
Epílogo: l'amore non cambia mai.



2 años después.

Joseph.

El avión aterrizó, dando señal a que volvía a Roma. Todos los recuerdos regresaron de golpe, como si el tiempo no se hubiera dedicado a destrozarlos de una vez. De todas maneras, aquella huida de dos años no sirvió de nada, Joseph siguió en velo todas las noches, sin pegar ojo, pensando en cómo estaría, qué estaría haciendo, cómo le iría… se acordó cada cumpleaños, recordando la vez en que se le olvidó y quiso morirse al hacerla sentir olvidada, quiso llamar todas esas veces, pero al coger el auricular, la mano le temblaba, colocando nuevamente el teléfono en su estado normal. Recordó cada día especial para ella, cada acontecimiento… pero de nada servía recordarlo, si no se atrevía ni siquiera a mandarle un email. Nueva York no sirvió de nada, no sirvió conocer nuevas mujeres, acostarse con ellas, y salir varios días con alguna. No sirvieron de nada, ninguna podía llegar a su altura, a la altura en donde su corazón reaccionaba con tal solo mirarla. Vivió días felices, sí, pero no fueron todos; la mayoría se lo dedicaba a recordarla mientras trabajaba en un Mc Donald’s. Recordó cómo odiaba ella esas comidas… su respuesta siempre era que la carne no era lo que parecía y el pan estaba hecho de trigo viejo.
Él notó su cambio, se dio cuenta en su nueva manera de vestir, en su nueva manera de pensar… ahora odiaba su vida pasada y odiaba haber vivido en ella.
Al bajar las escaleras del avión, quiso dar media vuelta y quedarse de nuevo dentro de él, que lo llevara al destino que sea, que… lo perdiera una vez más. Su hermano lo esperaba fuera, con un nuevo coche. Kevin abrió los brazos, dándole la bienvenida.
-¡Joe! –anunció Kevin, dándole un fuerte abrazo.
-hey, Kev. ¿Te has dejado barba? –preguntó Joe, divertido.
-¿se nota mucho? –preguntó su hermano, tocándole la barbilla.
-era broma. –Miró el coche, el cual llamó su atención de inmediato.— ¿es tuyo?
-sí. ¿Te gusta?
-¿puedo conducir yo? –preguntó Joe, ignorando la pregunta de su hermano. Kevin lo dudó, entonces le ofreció las llaves.
-solo por hoy. –ayudó a su hermano a meter la nueva maleta (esta vez decente) y entró de copiloto. Kevin no se pudo abrochar bien el cinturón de seguridad cuando ya Joe arrancó velozmente.


Dormía en un plácido sueño; estar nuevamente en su cama le era genial, & aquel cambio de habitación que le había hecho su hermano era único. Nick, mucho mas mayor ahora, decidió irse a vivir con su padre, quería estudiar lo mismo que él, así que por eso lo hizo; eso significaba que solo quedaba Joe & Kevin. Las persianas se abrieron bruscamente, mientras el sol entraba sin permiso.
-¡buongiorno! –saludó su hermano, haciendo ruido. Joe quiso matarlo; estaba en un buen sueño.
-¿se puede saber qué haces? –Contestó Joe.— estaba durmiendo… -y se puso la almohada encima de su cabeza. Kevin se la retiró inmediatamente.
-no, nada de dormir. Ahora mismo, tienes que levantarte. Una entrevista de trabajo te espera. –Joseph apartó la almohada de su cabeza y lo miró.
-¿estas hablando enserio?
-sí. –contestó su hermano, feliz de poder haber echo algo bueno por él.
-¿y qué es? –preguntó, mientras se sentaba en la cama y arrugaba la cara por causa de la claridad extrema de esa mañana.
-vas a trabajar como ayudante de producción de un programa de televisión.
-encima… -refunfuñe.— ¿crees que querré trabajar en uno de esos puestos en los que no hacen nada mas que hablar de quien se ha operado las tetas? Paso.
-no; en ese programa no hablan de tetas. –Joe le envió una última mirada, levantándose de la cama y dirigiéndose hasta la cocina.
-lo haré sólo porque no tengo otra cosa mas que hacer. –dijo.— y… gracias.
-de nada.



Tú.

La mañana era cada vez mas pesada. Otra discusión más con Raoul; ella no soportaba mas aquella relación, aunque no podía negar que adoraba las reconciliaciones. Él siempre le llevaba algo para disculparse, cualquier cosa, la más significativa, pero para ella valía mucho. Los últimos dos años no sirvieron para que su mente se despejara; cada vez que pasaba por aquel parque recordaba sus años anteriores, viviendo locuras con él, con Joe. Cuántas veces en la noche se preguntó lo injusta que fue con él al acabar así; aún lo amaba, & sentía todas aquellas sensaciones de enamorada al ver la fotografía escondida que tenía de él. Pero aquel rebelde nunca cambiaría; seguiría igual que siempre, cosa que ella odiaba a morir. No aguantaba más, por eso la explosión de aquella noche, y quiso dejarlo así, para que las cosas no se volvieran a repetir. Oh, Polo… aún no termina de creérselo; con Erika, las cosas ya no son iguales, ya no se ven, ya no se llaman; ya no se hablan. Ella era parte de aquel pasado, y quería dejar atrás todo aquello. Con Ian nada funcionó, simplemente fue pasajero, algo que ella tuvo que aceptar, aunque le doliera. Dos desastres amorosos seguidos… pero apareció Raoul, un hombre hecho y derecho, del cual está profundamente enamorada, y siente que su vida prosigue junto a él; a pesar de la diferencia de edad. Se sentó en el sofá, al notar que Raoul cerraba la puerta de manera brusca; no quiso oír lo que dijo antes de salir, de todas maneras, tampoco le escuchó. Su móvil sonó, indicando que era su amiga, Ruth.
-¿no ibas a venir a acompañarme? –le preguntó su amiga apenas descolgó el teléfono. _______ se estiró en el sofá.
-me siento un poco mal, Ruth. ¿Qué tal si te acompaño mañana? –le propuso.
-¡pero es hoy que viene Tiziano Ferro! ¿Cómo quieres que deje que te lo pierdas? -_______ sintió una pulsada en el corazón. No quería escuchar al hombre que canta las canciones que un día Joe le susurró al oído.
-hey, no insistas. Te veré mañana, mándale un beso a Raoul de mi parte, eso no quiere decir que tú se lo des. –bromeó.
-ya quisiera él… ¡pero al menos mira la tele! –se apresuró su amiga en decir.— espera, ¡oh Dios! Me acaban de decir que está entrando… te dejo. ¡ciao, ti amo! –y colgó. Desde luego era la mejor amiga que había tenido. Ella tenía suerte de trabajar en un programa de televisión; casi todos los días conocía a un famoso. __________ recogió sus libros, revisándolos. Ya faltaba poco para que acabara los estudios y por fin pudiera trabajar como directora de cine; o eso esperaba, para poder entrar con buen pie en ese mundillo se necesita tener mucho carisma.
Al cabo de 15 minutos, su móvil sonó; un nuevo mensaje de Ruth.

“Sé que no estás mirando la tele. ¡Enciéndela!”

Sonrió, y la encendió. Tiziano Ferro apareció en la pantalla más guapo que nunca, aunque el dolor repentino en su vientre hizo que su mundo no fuera tan bueno, por ahora.
Joseph.

Aquel sitio le resultó incómodo. ¿Por qué tanto jaleo? Igual y es así como se trabaja en un programa de televisión. Un señor calvo se le acercó, dándole la mano. Joe le sonrió.
-tú eres Joseph Jonas. –indicó.
-sí, yo mismo.
-bueno, creo que tenemos algo para ti. –Soltó su mano, dándole la espalda y comenzando a caminar, Joe le siguió de inmediato.— tienes suerte de que sea amigo de tu padre; podré darte algo muy bueno.
-me alegra. –odiaba que usaran aquel termino. “tienes suerte de que sea amigo de tu padre…”
-podrás empezar aquí, en esta sala, con estos chicos. –cinco hombres se giraron, saludándome con la mano mientras delante de ellos se mostraban las grabaciones de lo que sucedía en el programa & un montón de botones y teclado debajo de las pantallas. Miré de nuevo al señor.
-Carlos. Mucho gusto. –dijo el calvo.
-¿no cree que empiezo demasiado rápido? –preguntó Joe, alucinando de lo directo que iban.
-¿quieres el trabajo o no?
-claro, por supuesto, pero…
-pues, hala. Ya está. –le dio dos palmaditas en la espalda & se retiró. Joe se quedó un poco asombrado, de cómo entro de inmediato a aquel trabajo. Entró más en aquella sala y saludó a uno de los compañeros que estaban sentados vigilando en programa, el chico le envió una agradable sonrisa.
-a veces puede ser un poco precipitado. –Dice el chico.— conmigo pasó igual. Raoul, un placer. –le tiende la mano & Joe la recibe.
-Joseph, encantado. –Aquel tipo le pareció tan agradable a Joe con tan solo mirarlo… algo en su mirada le recordó a Polo, & no supo qué.
-puedo enseñarte qué puedes ir haciendo. –se levantó de la silla y se dirigió hasta un ordenador.— tendrás que ir preparando la lista y todo lo que falta para la gran fiesta de la compañía de televisión. Va bene?
-si, sí. –se sentó enfrente de aquel ordenador y comenzó a teclear. Se aburría demasiado.— ¿hace mucho que estás aquí?
-sí, ya llevo casi 7 años; es lo que me apasiona. ¿Y tú? Me han hablado que has venido de Nueva York; è bello, eh?
-sí, lo bastante para quedar satisfecho. –Joseph recordó porqué razón se había ido a Nueva York; sintió un pellizco en el corazón.
-¿y qué tal la familia? –preguntó Raoul, echándole una mirada y volviendo a la pantalla. Las risas de las personas parecían burlarse de Joe; al menos fue la paranoia que él tuvo.
-be… molto bene. –El chico no había acertado de manera correcta en la pregunta, así que para desviar el tema sobre él, le preguntó.— ¿y tu?
-¿yo? Genial; he encontrado a la mujer de mi vida, y deseo formar una familia con ella.
-eso es muy buen plan. –contesta Joe, sonriéndole.
-lo sé.
-¿después de esto quieres que vayamos a tomar un café? –le propone Joe; Raoul le sonríe.
-estaré encantado. –una chica entra apresurada en la habitación de ordenadores, mientras los dos se giran inmediatamente para ver quien era. La chica mira a Raoul, señalándolo con el dedo.



Última edición por sofia1 el Mar Jul 05, 2011 7:50 pm, editado 1 vez
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sofia1



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MensajeTema: Re: A TRES METROS SOBRE EL CIELO   Lun Jul 04, 2011 1:10 am

-tu amada te manda muchos besos; ¡deberías de avisarle que no soy ninguna mensajista para andar enviándoos mensajitos! ¿Va bene?
-¿mensajista? –Dice Raoul.— me gusta tu palabra.
-¡calla!, la advertencia también va para ti. –su mirada se cruza con la de Joe, que sonríe divertido ante la escena. Por un momento, a aquella chica le parece haber visto un ángel.— Ciao. –le saluda a Joe.
-Ciao. –responde, regalándole una sonrisa encantadora. Se sonroja & sale de la habitación. Joe vuelve a reír divertido.
-se llama Ruth, la mejor amiga de mi novia. –Explica Raoul.
-¿siempre es así?
-siempre.



Una jornada agotadora; Raoul vuelva a su casa. Aquella noche lo único que quería era poder ver a su chica y brindarle el amor que sólo él podía darle. La encontró en el sofá, mirando un libro, con la tele apagada y tan solo la lámpara alumbrándole. Ella alzó la vista, sonriéndole, mientras él se acercaba y le daba un beso en la mejilla. Luego, su mirada se desvió hacia la pequeña persona que se encontraba dormido en el sofá continuo; aquel niño era precioso.
-¿por qué no está en su cama? –susurró Raoul a _______. Ella miró al niño, con esa intensidad que solo una madre podía brindarle a su hijo.
-no quiso dormir en su cama; ha visto “Tiana y el Sapo” & tiene miedo de que llegue el personaje malo y lo convierta a él también en sapo. –sonrieron a la vez, echándole una mirada.
-¿qué tal lo llevas? –preguntó él, sentándose a su lado y acariciándole el cabello.
-por suerte, bien; David me ha dado muchísimo trabajo hoy, pero, ha estado bien.
-ha llegado un nuevo ayudante a nuestra sala; tu amiga le ha echado el ojo.
-propio de ella. –Susurró _______, sonriendo y dejando el libro.— siento haber fallado hoy. Me entere que Tiziano Ferro fue.
-sí; tuviste que haber ido, pero tranquila, puedes ir mañana o el día que quieras.
-iré el lunes con David; sabes que le encanta ir.
-te estaré esperando. ¿Vamos a dormir? –le propuso Raoul.
-claro. –Respondió ella, dándole un beso.— Pero primero, lleva a ese pequeño monstruito a su cama.
-como usted mande, jefa.


Joseph caminaba por las calles lentamente, pensando en el “grandioso” trabajo que le consiguió su hermano mayor, que por primera vez se daba cuenta de lo que hacia por él. Sonrió. Sus pasos eran lentos, sin prisa, pensando en tonterías repentinas, como el momento en que se acostaría a dormir, o en cómo le iría mañana en el trabajo. Unos pasos acelerados le hicieron girarse repentinamente, mirando a la chica pelirroja que se encontraba mirándolo. Ruth. Otra vez aquella chica mirándolo con aquella mirada. ¿Querrá algo más?
-Ciao. –Saluda Joseph, sonriéndole divertidamente.
-Ciao, Joseph. ¿Vives por aquí?
-en realidad, a unas cuantas calles mas arriba. Me gusta caminar.
-oh, genial; porque a mi también, & de hecho, vivo a unas cuantas calles mas arriba… también.
-entonces, déjame acompañarte.
-por mi perfecto.

Aquello no pudo haber sido otra indirecta mejor enviada. Los dos sabían qué les apetecía en ese momento, pero lo ignoraron, charlando de cosas & conociéndose mutuamente. Joseph pensó que era una chica muy guapa; muchas caderas, curvas & buen culo. Típico que por el aspecto físico los hombres se fijen primero en eso. Labios carnosos, ojos verdes & grandes & encima le tira la caña. Joseph pensó que pronto pasaría algo, o simplemente lo suponía.
Al llegar a la casa de Ruth, un acercamiento de su parte le hizo dudar demasiado a Joseph; un beso en la comisura de los labios. Un “nos veremos mañana” & encima una cena para mañana en la noche. Tenia pinta de querer todo rápido. Al menos eso era de gran distracción para él. Al despedirse, siguió caminando, llegando a casa & acostándose en la cama, una vez mas, con la imagen de aquella sensible chica que hace años que no la ve. Se preguntó, por milésima vez, ¿porqué guardo esa maldita foto en mi cartera? Al parecer quería hacerse daño el mismo, pero… al menos, mirar aquel rostro, le saciaba la sed que tenía.



No paraba… simplemente parecía seguir así para siempre; pero a Joseph le gustaba. El día pasó tan rápido… ya se encontraban en la cena & por debajo de la mesa Ruth rozaba su pierna con la de él, mientras lo miraba con la mirada mas sexy que podía dar. La cena iba por el segundo plato, & era una ensalada de marisco. Joseph, nervioso & un poco agitado también, agarró su móvil, escribió algo en él & segundos después le llegó un mensaje a Ruth.

“quieres juego? Te espero en el lavabo de caballeros.”

Aquello no pudo ser más excitante para aquella loca chica. Joseph se levantó de la mesa, le envió una ultima mirada divertida & sin esperar, ella le siguió, entrando los dos como locos al servicio & viviendo la noche que los unirá, al menos por ahora. Igual & aquella chica le ayudaba a olvida su gran & primer amor, pero lo veía realmente difícil, a Ruth la veía como una folla-amiga. Esa chica le atraía mas por el físico que por otra cosa, pero… nada perdía con intentar.

Al día siguiente, en el trabajo, las miradas entre los dos no podían disimularse. Joseph le sonreía & ella respondía con otra sonrisa. Raoul se acercó a él con un paquete de papeles en la mano, era hora de trabajar.
-Necesito que me hagas un gran favor… de todo corazón, ¿podrás hacerlo? –le pidió Raoul, mirándolo.
-Claro, puedes contar conmigo. ¿Qué pasa?
-estos papeles tienen que estar en la sala de grabaciones ya, pero yo tengo que empezar a hacer el montaje que lo necesitan también para este momento, así que si me llevas estos papeles a la oficina que está justo al lado de la sala, seria estupendo.
-venga, dame.
-grazie, grazie mille. –unas cuantas sonrisas fueron bastante para decir un “hasta luego”. Mientras Joseph caminaba a paso rápido hacia la oficina, se topaba con mucha gente, pero, pudo lograr su objetivo. Eso & algo mas.
Ella estaba ahí. Al dejar los papeles en la mesa, su quijada calló al suelo, al contemplarla. Mas guapa que nunca, mucho mas mujer… ella. Tenía el pelo mas largo, hasta los codos, de ese castaño claro que tanto le gustaba. No. No podía describirla en su mente… estaba perplejo & no podía casi ni pensar. No podía hacer ningún movimiento. De repente todas las imágenes vividas juntas se le presentaron en su mente, haciéndole arder más el pecho. Tragó saliva & quisiera que esa reacción tan acelerada de su pulso pudiera calmarse. No podía. Sus ojos se aguaron pero pudo contenerse.
-¡Joe! –saludó ella con sorpresa. “¿Cómo puedo estar así de tranquila? ¿No recuerda nuestro pasado o acaso soy el único afectado?”— ¡mamma mía! Has cambiado mucho.
-sí, supongo.
-Es increíble encontrarte ahora… ¿por qué no vamos a tomar algo & nos contamos nuestras vidas?
-tengo trabajo, podría ser otro día. –se sentía como un estúpido hablando. Simplemente quería escapar… una vez más.
-oh, de eso no te preocupes. Puedo comentarle eso a alguien, tú ven conmigo. -& le agarró de la mano, & él quiso volar & todo pareció un sueño & la amaba mas que nunca.


Le seguía los pasos mientras ella comentaba lo contenta que estaba de verle & un poco de cómo le iban sus estudios. Por dios… no podía entender nada de aquello de lo que salía de su suave boca; era muy doloroso volverla a ver… & pensar que ya se había recuperado; bah… tonterías. No podría nunca. ___________ sacó las llaves de un coche & pulsó el botón para desactivarlo. Un mini Cooper se presentó delante de ellos, aparcado perfectamente. Ella le envió una sonrisa, indicándole que subiese, & así lo hicieron. Al colocar las manos en los volantes, se quedó quieta, de repente soltando una sonrisa & mirando a Joseph, que intentaba mantener los nervios controlados, mirándola, tan enamorado que parecía imbécil.
-es la primera vez que conduzco desde que nos conocimos. –Dice ella, sonriendo de su chiste.
-sí. –dice, sonriendo débilmente.
-¿puedo llevarte a donde quiera? -ella parecía tan… normal.
-sí. –responde Joseph, únicamente con monosílabos. Ella sonríe, arrancando el coche.
El lugar no pudo ser otro. Decidió coger ese, porque era el que realmente pensaba adecuado. Al bajar del coche, ___________ se quitó los tacones, acariciando la arena con sus pies & sintiendo cómo caía la noche. Joseph la seguía, embobado, & escuchando aún su exitosa carrera como estudiante. Le hacía varias preguntas, pero él contestaba como podía. No quería revelar todo aquel sufrimiento, parecía una relación tranquila entre los dos. Mientras caminaban por la arena, él no pudo voltear a mirar hacia aquel sitio, en donde quedaron simples recuerdos, que parecen coger vida de nuevo.
-¿lo recuerdas? –le pregunta __________ refiriéndose al castillo abandonado que se asomaba delante de ellos.
-claro. -___________, dudosa, deja caer los tacones & suspirando, le envía una mirada a Joseph, acercándose a él, & queriendo abrazarlo, de una vez por todas.
Sí, ella también tenía el corazón a mil & hablaba porque era lo único que la mantenía fuera del estado de nervios. Alza su brazo, acariciando su mejilla, aquella que tanto había echado de menos & que tanto había besado; él, al sentir su tacto, cerró los ojos, girando el rostro para oler el perfume de su mano. Ella presiona sobre la zona, sintiéndola más.
-te he extrañado mucho… ¿lo sabes? –le susurró, con un nudo en la garganta.
-yo también… -Dijo Joseph, agarrando su pequeña mano junto con la suya.
___________ dio varios pasos mas hacia delante, acercando su rostro al de él, aunque se le hiciera muy difícil, a causa de los años, & por miedo al rechazo. Pero no fue así, al sentir de nuevo los labios de Joe junto con los suyos, su mundo, el mundo de los dos dio vueltas, sintiéndose adolescentes aún. Joseph la sujetó de la nuca, disfrutando de aquello, tratándola delicadamente… amándola con cada suspiro que soltaba a causa de la efusividad que sentía en aquel instante, durante aquel beso. _________ le quitó su americana & Joseph, tirando de su vestido, lo desató, dejándola semidesnuda delante de él & sin querer despegar los labios de la mujer que tanto ama, acarició de ella lo que le permitía, lo que ella quisiera, & esa vez dejaba que hiciera lo que él quisiera. Sus pechos eran algo que también había extrañado, mientras los masajeaba en su mano, se fueron acostando en la arena, cayendo uno encima del otro. Ella, quitándole la camiseta a Joseph, acarició también aquel cuerpo que tanto deseaba & amaba, aquel escultural hombre, que tanto echó de menos. Fuera pantalones, fuera camisas & ropa interior, en ese momento no existía el “No”, era tan inmensa las ganas que tenían en uno del otro con estar juntos que se olvidaron de todo, querían amarse, demostrarse todo lo que se querían aún, & Joseph demostrarle la mejor parte de él. Al entrar en ella, no pudo notar mejor la gloria, ver el rostro enrojecido de ________ por la excitación hizo que sonriera & volviera a besarla. Una vez mas, & otra, & otra… hasta cansarse, aunque ese termino no existía en ese momento. Todo fue tan perfecto… no podía haber sido mejor.


Silencio. Era lo que existía ahora. Silencio & lluvia cayendo sobre los dos. Y ¿ahora qué decir? ¿qué comentar? Todo estaba tan confuso. Joe, al tenerla sentada delante de él, cubriéndose con su vestido, quiso acariciarla, alargando su brazo & tocando su mejilla, pero ella, suavemente se apartó, dejándole caer la mano. Aquello dolió. ¿Se arrepiente?
-tenemos… que irnos. –comentó _____________, levantándose & colocándose el vestido. Joseph hizo lo mismo, silencioso. Al llegar, detuvo el coche. La lluvia había aumentado.— ¿Estas seguro que quieres que te deje aquí?
-sí, aquí es perfecto. –abrió la puerta, pero antes de que pudiera salir, lo detuvo, sujetándolo como pudo, mirándolo con tristeza.
-Joe… yo… lo siento. Estoy con alguien… lo siento. –él, sin decir nada mas, le sonrió, con todas las fuerzas que pudo, y suspiró disimuladamente.
-buena suerte.
& se despidió con la mano, alejándose & cerrando el coche, que apenas hizo este acto, arrancó, alejándose de allí; pero… ¿Seria capaz de dejarlo una vez mas en la lluvia? ¿Solo? No quería repetir aquella escena otra vez, no quería irse, & dejar escapar a su verdadero amor. Él tampoco lo quisiera así. Ni mucho menos. Así que… detuvo el coche, saliendo de él, & corriendo a toda pastilla hacia su dirección. No importa si se acababa de romper el tacón, da igual, lo dejó & se arrojó a los brazos de aquel hombre que en realidad amaba besándolo. Joseph, confundido pero sonriente, acarició su rostro.
-¿Qué significa esto? –preguntó Joe, sujetándola entre sus brazos, mientras los dos sonreían mutuamente.
-significa que me quedo contigo, Joe. Que no me importa lo demás, no quiero perderte, no quiero dejarte ir otra vez… eres otro, & eso me gusta. –Joseph la besó una vez más, sin poder ocultar su efusividad.
-te amo… nunca he dejado de hacerlo.
-yo también te amo, & Joe… tienes que conocer a alguien.

5 Meses Depsues


& aquello fue mas bello que la felicidad que habría podido desear, mucho mejor que todo el dinero del mundo, mucho mejor que todo lo que hay a su alrededor. Su hijo, el gran tesoro ahora de su vida, fue lo mas bello que pudo haber visto. & pensar que se había echo paranoias con el embarazo de ________, & resulta ser suyo, SUYO. Ahora, con la mujer que ama & otra vida uniéndose a su circulo, Joseph se sentía el hombre mas afortunado del mundo, después de todo aquello… lo pasado, su mejor amigo…; pero sabe que lo lleva en el corazón & es lo mas dulce que puede tener. Los recuerdos de Polo son buenos, & ese gran amigo, siempre permanecerá dentro de él. No pudo haber sido mejor, & es que… no hay mal que por bien no venga.

Con aquel hermoso niño en su brazo, y esperando otro niño que pronto tendra en brazos y _________ dándole un beso en la boca mientras acabada de despertar, Joseph sintió que su vida no podía ser mejor. Un hijo… & soy padre. Aun le sorprendia haber asumido tan fácilmente todo aquello, pero lo sentía tan suyo, que era fácil amarlo. Nicholas, parecía exactamente el retrato de él, & aquella actitud tan divertida también. Él & _______ a veces bromeaban mientras discutían porqué el niño se parecía todo en Joseph & nada a ella, aunque, para ella aquello era lo mejor que podría haber pasado. Sí, tener a dos exactamente iguales costaba trabajo, pero era lo que le llenaba de vida cada mañana.
OMNIA VINCIT AMOR, era el lema de los dos. “el amor lo vence todo”.
FIN.
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A TRES METROS SOBRE EL CIELO

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